Peinate que viene gente


Post parto

A las 17.40 del 21 de noviembre, mi hija respiró su primera bocanada de aire.
Un aire quirúrgico, aséptico, yodado. Yo también lo respiré, de pie junto a su madre, que la parió a la vieja usanza: con las piernas abiertas, a los gritos y con los puños apretados.
Esa noche, en el hospital, esperamos. Una enfermera la trajo y nos explicó sucintamente qué, cómo, cuándo, cuánto.

No entendimos nada y tampoco preguntamos.

Durmió en una cuna improvisada y nosotros la vigilamos. Se movía y nos mirábamos. Levantaba una mano y callábamos. Abría un ojo y la besábamos.
A las dos de la mañana se la llevaron.
La seguí. Por un pasillo largo y silencioso, hasta que se perdieron detrás de una puerta vaivén. Tuve miedo. Esperé ahí, comiéndome las uñas, cerrando las ventanas, masticando caramelos, elucubrando.
La primera noche en casa repetimos la operación.

A los pocos días, perdimos la noción del tiempo y del espacio.

Un par de noches atrás llovía. Yo caminaba por la habitación con este ser pequeñito en brazos, embobado por la forma en que sus ojos enormes, redondos, medio ciegos, tremendamente calmos, perseguían los relámpagos. Primero la luz, en seguida una mirada al vacío, después el trueno y el respingo entre las manos.

Tiene una piel tibia y narcotizante que no logro disociar de mi ropa ni un palmo.

Los padres primerizos dudan.
Nosotros dudamos.
Discutimos acerca de la intensidad de una corriente de aire, de cuán abrigada es una prenda, de cuánto necesita que palmeemos su dorso antes de ponerla otra vez a dormir, y nunca boca abajo.
Somos dos enormes boludos contentos, trasnochados.

De repente nuestro mundo ha caído, rendido ante una conquista que es a veces el preludio de un eructo, otras el festejo banal ante un gorjeo no ensayado.
No sé cuánto durarán estas mañanas en las que envidiamos a quien se levantó primero y ya la tiene en brazos.

Obsesión estúpida de novatos.

Sueños revueltos entre tules, una vida que se mide de a tres horas por teta, a veces cuatro.
Esto es la alegoría de la escisión del ser humano.
Carne con carne, piel con piel.
Y al pie de su babero, después del pezón, yo le canto.




Compartir el post (imprimir; mandar por mail; agregarle moño y eso):

  • Print
  • email
  • Meneame
  • Google Bookmarks
  • del.icio.us
  • Technorati
  • Digg
  • BarraPunto
  • Live
  • MySpace
  • Reddit
  • StumbleUpon
  • Wikio
  • LinkedIn
  • Yahoo! Buzz
  • Bitacoras.com
  • Yahoo! Bookmarks
  • MSN Reporter
  • Netvibes
  • RSS
  • PDF
  • Tumblr

1 aporte »

(¡quiero dejar un comentario!)

RSS feed para los comentarios de esta entrada. TrackBack URI

  1. 1

    Comentario de carola un 14 Noviembre 2008, tipo 17:34


    qué hermoso.
    ya te lo dije, ahora lo repito, sé que no es tu intención, pero no sabés cuánto me están ayudando estas cosas que escribís sobre todo lo que pasa por traer niños al mundo, a mí, paranoica pero feliz futura madre madre primeriza a una edad en la que generalmente se empeizan a perder algunas valentías…
    gracias!!!!

    ResponderResponder

Dejar un comentario

>>>los comentarios ofensivos al pedo serán eliminados<<<



Ir arriba
ecoestadistica.com

Peinate que viene gente la tiene más grande con WordPress - Plantilla basada en GimpStyle de Horacito y configurada lascivamente por José, que la tocó y se fue.
Entradas y Comentarios feeds. XHTML y CSS válidos.