Peinate que viene gente


Talentos

Ilustración y Colllllage: José PlayoDicen que la duración de un cd (80 minutos) se estipuló para que pudiera grabarse enterita la novena sinfonía de Ludwig Van Beethoven. Si hay algo que admiro mucho es la capacidad de este tipo para hacer lo que hizo. Un talento, un virtuoso, un groso.

Mi vecino toca la flauta.

Es un chico de unos doce o trece años que toca la flauta y vive perdiendo la pelota por encima de la tapia. Después me toca el timbre, yo abro la puerta y él, sin mediar
salutaciones, me larga un categórico:

—La pelota.

Ya tenemos como un acuerdo tácito. Si toca el timbre y me mira con esos ojos profundos perdidos en el fondo de su enorme cabeza, yo tengo que saber de qué se trata.

—La pelota.

La madre, se nota, no respeta mucho sus habilidades. Tampoco es que el cabezón este sea un milagro de la genética, pero le pone huevos con la flauta. Muchos huevos. A la mañana sopla como un poseso, intentando sacar algunos movimientos de la novena:

Na na na na na na na na na nan nannn naaa naaa nanán.

Y la madre, menos virtuosa que él, le grita desde la cocina:

—¡Dejá de joder con esa flauta de mierda!

En el acto la flauta emite un último estertor sibilante, como una rendición que asusta. El patio del cabezón queda mudo. Desde su casa sólo se oyen los utensilios de la cocina chocando entre sí a manos de la madre. Él, lo presiento tapia de por medio, hace dibujos con la zapatilla sobre la tierra, cabizbajo con su enorme cabeza, flauta muerta en mano.

Si Beethoven viviera, calculo, no lo felicitaría ni lo crucificaría: es sabido, Beethoven era sordo como esta pared que nos separa.

De un lado yo, que escucho; del otro lado él, que es cabezón y ensaya con la flauta.

Pienso en los talentos. Pienso en cómo me hubiera gustado a mí tocar el piano o la guitarra. Sobre todo por ese placer hedonista de pelar la viola sobre la recta final de un cumpleaños y conquistar corazones y bombachas. A veces, cuando escucho Chopin, me veo a mí mismo también en un gran salón donde mucha gente en pelotas copula mientras yo interpreto alguna Mazurca.

En medio de esa fascinación onírica, suena el timbre.

—La pelota.

Voy hasta el patio, tomo el balón, lo sopeso y lo arrojo, con la redentora intención de darle en la boca a la madre del cabezón.

En mi mente, la gente en pelotas del salón se queda mirando un piano vacío, porque ya no estoy. Cuando suena el timbre me voy lejos del piano, hacia otro mundo que es hermoso, que está lleno de cabezones que emulan a un compositor muerto, que me tiene a mí y lo tiene a él, tapia de por medio, con una pelota y el misterio de los hombres que se pasan el balón en vano entre los ladrillos y el cielo.




Compartir el post (imprimir; mandar por mail; agregarle moño y eso):

  • Print
  • email
  • Meneame
  • Google Bookmarks
  • del.icio.us
  • Technorati
  • Digg
  • BarraPunto
  • Live
  • MySpace
  • Reddit
  • StumbleUpon
  • Wikio
  • LinkedIn
  • Yahoo! Buzz
  • Bitacoras.com
  • Yahoo! Bookmarks
  • MSN Reporter
  • Netvibes
  • RSS
  • PDF
  • Tumblr

1 aporte »

(¡quiero dejar un comentario!)

RSS feed para los comentarios de esta entrada. TrackBack URI

  1. 1

    Pingback de Peinate que viene gente » Blog Archive » Sobre cómo embalar un blog en cajas un 21 Noviembre 2008, tipo 12:30


    [...] pero a mí me dio mucho miedo tenerlos en la vereda del frente. También de la misma época es Talentos, uno de mis preferidos, esa clase de textos que disfrutás releyendo de vez en cuando, para [...]


Dejar un comentario

>>>los comentarios ofensivos al pedo serán eliminados<<<



Ir arriba
ecoestadistica.com

Peinate que viene gente la tiene más grande con WordPress - Plantilla basada en GimpStyle de Horacito y configurada lascivamente por José, que la tocó y se fue.
Entradas y Comentarios feeds. XHTML y CSS válidos.