Peinate que viene gente


Harry Boster y la Cámara Séptica

Ilustración y Colllllage: José PlayoAbro la puerta y ahí está Don Adams.

No va vestido como Superagente 86; lleva una remera de color estridente, bermuda y alpargatas. Lo hago pasar a la cocina, donde el piso está inundado de un agua grasienta y maloliente.

—La cloaca, papi —sentencia después de mirar debajo de la pileta.

Saca de una bolsa un martillo y un pico y empieza a romper el cemento del patio. Destapamos una cámara de inspección y el olor es insoportable. Por ese tramo han circulado los restos de miles de cenas y almuerzos.

Don Adams desenrolla un cable de acero y mete un extremo en el líquido pastoso. Yo miro sus movimientos, se ha puesto boca abajo y sacude el brazo con un ritmo masturbatorio, hundiendo el cable en las profundidades del caño, llenándose de esa cosa apestosa los brazos, los hombros.

Algunas gotas le cuelgan de la frente y la nariz.

—¿Conocés Europa? —le pregunto.

—Wá conocé, si la moto que tengo de pedo que me hace 12 con un litro —me explica.

El olor es como una presencia viva, como una mano coqueta que nos toca las narices. La perra en el patio se enloquece, se babea, ronda por todos lados intentando hacerse de un espacio para meter la lengua. Cansado de patearla, decido atarla al fondo.

—Si no tengo los planos de cómo van estos caños, voy a tener que levantarte todo el piso, papi —me dice Don Adams.

Le pido que me espere y voy a buscar al ex inquilino de la casa que vive a unas cuadras. Es un tipo insoportable que no para de hablar sobre cómo lo jodieron los propietarios. Mientras caminamos de regreso no dejo de pensar que tal vez sea mejor convivir con el tufillo nauseabundo antes que tener que escuchar una palabra más de la boca de este pelotudo.

Llegamos. El ex inquilino está intrigado. Supongo que quiere ver cómo nos las hemos arreglado con la propiedad, o cómo están las cosas ahora que él ya no está a cargo de la casa, se le nota en la mirada que escudriña los rincones. Cuando pasa al patio se queda mudo. El contraste debe ser chocante.

Cuando nos instalamos, estos fondos eran un basural roñoso; escombros, alambres, los pastos altísimos, plantas espantosas comiéndose el terreno. El ex inquilino mira el pasto ahora cortado, la superficie cuidada y limpia.

—Al pedo hiciste esto, no te van a reconocer un mango —me advierte.

Siempre tengo ganas de mandarlo a la puta que lo parió a este tipo. Es irritante la manera en que pretende aleccionarme. Una vez vino a invitarme para jugar al fútbol, le dije que no me gustaba jugar al fútbol y me palmeó el hombro con ademán condescendiente, asegurándome que me guardaría un lugar si cambiaba de opinión.

Ahora repasa con un pie el recorrido del desagüe hasta la entrada del pozo negro. Le da un par de indicaciones al plomero y lo acompaño hasta la puerta.

—Yo soy buen tipo —me dice antes de irse—. Pero no he querido venir a visitarte mucho porque no quiero ser pesado.

Por suerte se va. Verlo partir es un alivio. Vuelvo hasta donde Don Adams pelea con el barro del infierno. El Superagente 86 ha destapado el pozo a martillazos en mi ausencia. Ahora todo huele a mierda. Es un olor increíblemente hostil, que se pega en todas las superficies. Me pide una linterna
y nos asomamos. Allí abajo bullen los desperdicios fisiológicos de miles de personas acumulados a lo largo de 60 años. Don Adams, inmutable, se tumba sobre el hueco y mete las manos.

Me arrodillo a su lado. Siento que el recuerdo de este vaho me forzará a guardar una dieta estricta hasta el día en que me muera. Sobre nuestras cabezas, el cielo encapotado es un revoltijo de nubes circulares y díscolas que se desplazan por un lienzo azul, tal y como lo hacen las aureolas de podredumbre en este foso del infierno sobre el que estamos parados.

—Por qué me preguntaste lo de Europa, papi —me consulta Don Adams.

—Quería saber —le digo.

Él se incorpora, enciende un Parliament que enseguida se pone marrón donde sus dedos lo tocan. Resopla. El olor parece no inmutarlo.

—Vó tai aaasqueáo —me diagnostica.

Niego lentamente con la cabeza.

—A mí ese continente me da más miedo que caerme acá abajo —le confieso.




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3 aportes »

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  1. 1

    Comentario de Nicasius un 4 enero 2009, tipo 18:11


    Muy bueno el texto, y el blog en general tambien.

    Es la primera vez que comento a pesar de que lei mejores o mas graciosos post pero lo que me sedujo de este era su estado intacto, virgen esperando a ser comentado.
    Si algun dia te da ganas vove a postear

    saludos jose


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  2. 2

    Pingback de Peinate que viene gente » Blog Archive » Viaje a lo inesperado y algunos trastornos menores de ansiedad un 18 marzo 2011, tipo 13:24


    [...] Ya lo dije alguna vez, Europa me da miedo. [...]


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  3. 3

    Pingback de Reseña de los libros Peinate que viene gente, La belleza del escándalo y Peinate Vol. II – Dayana un 31 octubre 2011, tipo 20:38


    [...] Harry Boster y la cámara séptica [...]


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