Omar, el instructor, fue el último en saltar. Del otro lado del marco curvo de la puerta estaba el cielo con las nubes rastrilladas por un aire embravecido.
—¡Jerónimoooo! —gritó.
Veinte habían salido de la nave. Una vez que el pie se hundía en el vacío, los cuerpos se precipitaban de un sacudón hacia fuera, donde la ley de la gravedad se comía uno a uno los trajes de colores, escupiéndolos después sobre la inmensidad de la geografía cuadriculada.
Bastó una seña para que los integrantes del grupo pegaron los brazos al cuerpo y se dirigieron hacia el centro, donde tenían planeado formar La Estrella Humana.
—Saltar desde esta altura —arengó Omar con las mejillas flameando— hace que recordemos que somos pequeños, hace que comprendamos la profundidad del horizonte, desenfocado como una aureola interminable —dijo, y señaló un punto lejano en el que los demás repararon embelezados.
Había pasión en su mirada, pero Omar evitaba sonreír; abrir demasiado la boca a esa altura, lo sabía, acarreaba el riesgo de una sorpresiva voladura de los plomos de las muelas. Sólo la práctica constante y los años permiten atesorar las mañas que salvan a la gente.
Se volvió cuando uno de los muchachos de la formación le tocó el hombro:
—Omar, soy Luis, no sé si te acordás…
—Qué hacés, Luisito; claro que me acuerdo —respondió palmeando el hombro del novato.
—Mirá —comentó Luis—, yo no soy muy poético, pero quería decirte que, como este es mi primer salto grupal, tengo la sensación de que el mapamundi nos está chupando la pija, no sé si me explico…
Omar aferró uno de los brazos de Luis con firmeza.
—Está bien, te entiendo y acepto que lo compares con algo tan banal. Disfrutalo mucho, la primera experiencia es la mejor y la intensidad no se repite jamás en los saltos posteriores.
Omar sabía que a veces el esplendor de la altura hacía que la gente se aturdiera y hablara pavadas. A él mismo le había ocurrido la primera vez, no paró de llorar hasta que tocó tierra, emocionado, vaya uno a saber por qué, con el recuerdo de los pastelitos con dulce de batata que le hacía su madre en una niñez lejana.
Observó el mundo debajo de sus pies e hizo señas al grupo para que se juntaran. Era hora de repetir las instrucciones.
—Como ya saben, vamos a formar La Estrella Humana —anunció—. Para eso quiero que recuerden que acá arriba somos todos parte de una cosa mucho mayor, y que necesitamos de la confianza, la coordinación el…
Luis, que seguía a su lado, volvió a tocarle el hombro.
—Estoy hablando —explicó, paciente, Omar.
—Ya sé, ya sé; sólo quería decirte que te admiro mucho, como instructor, digo. Tenés los huevos muy bien puestos.
Omar sonrió sin abrir la boca y asintió. Volvió a dirigirse al grupo:
—Primero quiero que nos ubiquemos…
—Y lo de tener los huevos bien puestos —interrumpió otra vez Luis—, no lo digo sólo por animarte a dar estos saltos…
Omar se volvió y le habló con calma:
—Luis, entiendo que estés sintiendo muchas cosas, pero estamos con el tiempo jugado, si no armamos La Estrella Humana ahora —explicó—, el salto habrá sido en vano, y…
—Mi mujer se llama Clara —dijo Luis.
Omar lo miró en silencio. El viento se embolsaba debajo de sus sobacos, haciendo que sus hombros se levantaran en un involuntario gesto de indiferencia.
—¿Clara?
—Sí. Clara. Y me confesó todo.
Los dos hombres permanecían ahora enfrentados cara a cara bajo la mirada atenta del grupo. Enfrascados en la conversación, se habían alejado algunos metros. Los demás no podían escuchar el diálogo desde donde estaban, pero, a pesar de que el viento rebotando en las ropas apagaba las voces, intuían que algo había sucedido, ya que Omar había empezado a gesticular y a hacer ademanes, juntando las manos delante de su pecho, como si estuviera rezando.
—Perdonáme, macho —dijo Omar—. No sé qué decirte, yo no sabía que Clara…
Luis lo escuchaba paciente, pero negando mecánicamente con los ojos cerrados. Su cabeza iba y venía de un lado a otro, mientras las aletas de su nariz se sacudían enloquecidas.
—Yo no hice tu curso de Estrella Humana de mierda para encararte. No voy a ser tan pelotudo de venir a hacer un escándalo a esta altura para que me pidas perdón —volvió a interrumpir Luis con un tono siniestro—. A ver si sos inteligente, ¿qué creés que hago yo hablando con el tipo que se acuesta con mi mujer a semejante altura? ¿Ah? ¿Qué creés que hace un tipo despechado que se toma el trabajo de hacer tu curso del orto y bancarse tus lecciones estúpidas todo este tiempo?
Omar sintió que el terror le trepaba por las piernas. Era un cosquilleo que iba más allá de la sensación opresiva del traje pegándose en la piel, era la caricia del miedo colándose por los poros, desestabilizándolo, resquebrajando su entereza.
Volvió la cabeza. Había un montón de pares de anteojos de sol mirándolos, ¿sabrían de qué estaban hablando? ¿Sabrían lo que Luis acababa de decirle?
Pensó en la mochila. Pensó en los sistemas de seguridad. Pensó en las posibilidades de que Luis metiera una tijera o desatara algunos nudos cuando todavía estaban en tierra…
Miró hacia abajo.
Una de las ilusiones más comunes entre los que saltan desde estas alturas es que en realidad no se está cayendo. Cosas que hace el paisaje, la falacia óptica de estar en suspenso de manera permanente.
No habría Estrella Humana esa tarde. Y Omar flotaría un rato más antes de llegar al suelo.
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volvi, de, vacaciones, y, empiezo, en, breve, a, ponerme, al, dia, gracias, a, todos, por, el, aguante, durante, la, ausencia, les, dejo, un, breve, relato, para, ir, poniendonos, a, tono, abrazos, grandes, para, los, visitantes, y, energicos, comentaristas
volvi, de, vacaciones, y, empiezo, en, breve, a, ponerme, al, dia, gracias, a, todos, por, el, aguante, durante, la, ausencia, les, dejo, un, breve, relato, para, ir, poniendonos, a, tono, abrazos, grandes, para, los, visitantes, y, energicos, comentaristas
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Comentario de matias — un 1 marzo 2008, tipo 19:18
Como para no darte la bienvenida con el relato que te despachaste….
Saludos, José… Muy bueno el cuento…
Comentario de Gala — un 2 marzo 2008, tipo 0:33
Pufff… Todo un estratega macabro el loco, eh?
Comentario de nene — un 2 marzo 2008, tipo 4:19
Me gustó mucho, José.
Se vé que volviste con tutti frutti.
Abrazo.
Comentario de tylelly — un 2 marzo 2008, tipo 6:03
Me haces pasar buenos momentos con tus cuentos surrealistas, gracias por compartirlos.
Saludos
Comentario de Camilooh — un 2 marzo 2008, tipo 16:07
ei man!
la verdad q estos cuentos tuyos, playo, me ponen la piel de gallina y me dan calambre… no podes ser tan bueno, un maestro!!!
un abrazo y segui contando mas q lo has lindo.
Comentario de ILU P — un 2 marzo 2008, tipo 16:09
Bienvenido che…
acá con ansiedad… q se yo.
Besos
Comentario de moscarey — un 2 marzo 2008, tipo 21:57
jajaj es buenisimo José, todavía estas shockeado por la avioneta, como pego eso eh, que buen post. Gracias por volver. Un saludo cordobé.
Comentario de Lau Trejo — un 3 marzo 2008, tipo 0:06
Excelente!!!!
Los invito a Alta Gracia el 22 – 23 y 24 de marzo a una Feria de Diseño Independiente + cultura con dj, clowns, bandas en vivo
mas info en mi blog
http://lausnm.blogspot.com/
adeusssss
say no more
Lauris
Comentario de Crysty — un 3 marzo 2008, tipo 9:08
hola,. me ha gustado mucho tu blog, me he entretenido y he encontrado cosas muy interesantes. Me fascina navegar por la web, y encontrar blogs y más blogs como este. Por eso creo que tengo que compartir un concurso que acabo de encontrar, en donde regalan un Dominio y Hosting Profesional Gratis, para crear o mejorar los blogs,.. lo están haciendo en Bloggea2.com
Yo ya me inscribí ;) , y sin ser egoísta, quería compartirlo contigo, para que quizás participes o se lo cuentes a tus lectores, y así ayudar a que existan más y mejores blogs..
Saludos,.. Crysty
Comentario de Lucas, desde Dublin — un 3 marzo 2008, tipo 9:52
Caraxo, se me erizaron los pelos de la nuca… No me queda claro en que forma floto Omar antes de tocar el suelo, ni de que forma hizo contacto. Esta bueno que quede como un evento incierto.
Solamente el cagaso padre (termino a incluir en el diccionario de la RAC) que le debe haber agarrado, es venganza y advertencia suficiente como para no cascotear ranchos ajenos nunca mas. Si ademas tuvo problemitas con el paracaidas, bueno…
Jodidos los gorreados (otra palabra para la RAC) que se llaman Luis. Yo se porque lo digo, he sido gerente de banco en Praga…
Bienvenido Jose, gracias por este cuento.
L
Comentario de Lucas, desde Dublin — un 3 marzo 2008, tipo 9:55
Y la imagen del pete geodesico, sublime…
L
Comentario de José Playo — un 3 marzo 2008, tipo 9:56
matias: gracias, un gusto volver a leernos.
Gala: es un lado que me tira mucho, sí.
neen: gracias, nene. sep, acástamo.
tylelly: ¡qué bueno!
Camilooh: gracias, loco. Te mando un abrazo.
ILU P: es hasta que rompamos el hielo, gracias y beso.
moscarey: ja, tenés razón. Gracias por el aguante, loco. Abrazo grande.
Lau: ¿ah?
Crysty: muy viral lo del hosting como premio, ya va la segunda al estilo de esa que me llega.
Lucas, desde Dublin: a mí tampoco me queda muy claro cómo termina. Un buen castigo sería hacerle creer al gorreador que algo malo va a pasar, pero por otro lado, cabe la posibilidad de la venganza sangrienta. Me gustan ambas alternativas. Gracias por la bienvenida. A todos. Abrazos.
Trackback de planetalibro.com.ar — un 3 marzo 2008, tipo 11:00
El vértigo de una caída libre
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Comentario de grillito — un 3 marzo 2008, tipo 11:57
me dio miedito… muy bueno. :)
bienvenido, josé!
besosss
Comentario de "el que sigue" — un 3 marzo 2008, tipo 12:07
que jodido luis che. La fidelidad ya esta pasada de moda -espeedyficate Luis-
Bienvenido Playo!
Comentario de Luchino — un 3 marzo 2008, tipo 12:40
Jajajaja! Sos un grosso josé… Esos cuentos macabros, calculadores, crudos y escalofriantes son realmente geniales…
Abrazo!
Te ves al rato!
Comentario de Dr. CroW — un 3 marzo 2008, tipo 13:58
Muy bueno José, como siempre.
Me hubiera gustado leer como se hace teta contra el suelo, pero igual me gustó jajaja
Comentario de José Playo — un 3 marzo 2008, tipo 14:31
grillito: no temas, es normal con los que sufrimos vértigo… Gracias, es un gusto estar de nuevo por acá.
elque: gracias, Cristian. Abrazo grande.
Luchino: gracias, Luchino. Un placer haberte conocido personalmente. Abrazo.
Doc: mucho sin ver tus comentarios, loco. Muy bueno verte por acá también. Te debo la descripción del tortazo.
Comentario de mariano463 — un 3 marzo 2008, tipo 17:06
Muy bueno, José, y perdón por no haber comentado desde hace ya mucho tiempo, pero te sigo todos los días los post. Me hizo acordar a un cuento de Fontanarrosa, pero éste tiene el vértigo del skydiving, lo que lo hace diez veces más terrible, yo sé porqué lo digo, también fui gerente de banco en Praga… saludos para todos .
Comentario de La Marce — un 3 marzo 2008, tipo 19:57
José… Muy bueno, muy bueno, muy bueno. Ahora bien, mis cuentos terminan muy parecidos a los tuyos y estaba pensando que era alguna cosa retorcida mía nomás. Celebro haber visitado este blog, me reconcilia con mis fantasmas… ¿ ?????
Comentario de José Playo — un 4 marzo 2008, tipo 10:25
mariano: todo bien, comentar está mejor cuando se hace con muchas ganas, leer vale igual o más todavía. Abrazo y gracias.
Marce: son estilos, supongo. Mande saludos a sus finaditos en sábanas.
Comentario de Eli (la eli) — un 4 marzo 2008, tipo 13:10
José: muy bueno! es genial cómo podés escribir a partir de cualquier experiencia (esto nace después de ese vuelo increible que hiciste, o no?) felicitaciones, como siempre!
Comentario de Literaturame.net — un 5 marzo 2008, tipo 1:00
Un cuento corto ambientado en el aire.
Comentario de Victoria — un 6 marzo 2008, tipo 22:55
Lo de la sensación del mapamundi…
Genial.
Comentario de José Playo — un 7 marzo 2008, tipo 11:08
Eli: gracias, es para los que dicen que no hago literatura de alto vuelo, JA.
Victoria: es una de mis partes favoritas. De hecho, esa fue la génesis del cuento.