Ya todo está escrito, solía decir Betini. Y después de regalarle al mundo esta u otra de sus máximas, desviaba la mirada, generalmente hacia las ventanas.
Nunca supe si buscaba ver mutar el paisaje ante su declamación o si tan sólo necesitaba admirar su propio rostro en el reflejo de los cristales.
Ya todo está escrito, en palabras del gran Betini, fue la frase que me persiguió durante toda la carrera de Periodismo y Letras, como un depredador hambriento y cebado que anda tras la huella sanguinolenta de su presa.
Yo odiaba a Betini, pero jamás se lo dije, y juntos interpretábamos una coreografía simulada y perfecta que nos permitía compartir espacios, charlas, clases y recreos sin problemas. Pero lo que sentía por mi compañero era un hecho casi tan irrefutable como que él me odiaba a mí. Tal vez por distintas razones, pero con la misma intensidad y sutileza.
Betini se fumaba los libros de la biblioteca con esmero y salvajismo, anotando siempre sus resúmenes en cuadernos de espiral, mientras yo peleaba bañado de sudor, empantanado en los prólogos y en las notas previas, rara vez logrando sacar en claro más de una o dos ideas que siempre resultaban inútiles para pasar las pruebas. Sus monografías y trabajos regresaban tal y como las había entregado, impolutas y acompañadas de alguna felicitación o una palmada en la espalda. Por el contrario, mis presentaciones volvían a mis manos repletas de tachones que tapaban párrafos enteros, flechas hacia todos los márgenes, donde se multiplicaban las notas, las correcciones, los signos de pregunta y los de exclamación. Si conseguía pasar los exámenes era porque me las apañaba para espiar las respuestas por sobre el hombro de algún compañero. Nunca logré una nota más alta que la mínima para no reprobar, mientras que Betini llenaba su libreta con números de dos cifras y congratulaciones.
Éramos, en esencia, distintos, pero nos motivaba la misma fiebre por lo escrito, la misma pasión ante un futuro que prometía poblarse de hojas en blanco que nos dedicaríamos a llenar.
Los escritores y los autores son, principalmente, seres viciosos empecinados en encontrar alternativas para no trabajar. Esa frase es mía, no de Betini. Betini habría dicho que ya todo está escrito y que nos conviene reinventar nuestra voz y retomar el camino ahí donde otros no se animan a actualizar. Puras habladurías, puras máximas insulsas e inconducentes, puras tapias levantadas para entorpecer el camino y no dejarte avanzar.
Lo supe tarde. En ese entonces, las frases de Betini me paralizaban, obligándome a buscar en las mismas ventanas, alternativamente, una señal de que algo podíamos lograr y el rostro de mi compañero, desfasado por una sonrisa cruel y oscura.
Fueron cinco largos años los que pasamos yendo del aula a la biblioteca, de la biblioteca a la cama, donde los sueños se nos hacían pedazos por el cansancio, donde estrangulábamos las almohadas para no llorar.
Una sola vez, lloré. La tarde en que nos agarramos a trompadas con Betini, episodio que terminó con mi cuerpo rodando por la escalera, rebotando como una pelota cuesta abajo en un descenso interminable y brutal, al cabo del cual resulté con una pierna rota y el hombro fuera de lugar. Ya ni recuerdo por qué empezó la discusión, pero sé que las palabras se volvieron hirientes, los párrafos eran lanzas envenenadas y las manos se volvieron molinetes que nos hincharon los pómulos y embotaron los ojos. Hubo narices sangrantes, patadas en la espalda, rodillazos en la frente, tropezones, tirones de pelo y jadeos de furia, hasta que el hijo de puta me empujó y me fui de culo sin pisar los primeros tres escalones.
Betini fue el único que no se molestó en bajar a ver si la desbarrancada no me había costado la vida. Fue un golpe tremendo, del cual todavía me queda una pierna que cojea cuando hay humedad.
Mientras me daban las primeras curaciones en enfermería, recuerdo, vino a verme el director y se sentó en la punta de la cama, observándome unos segundos antes de hablar.
—Lo siento —dijo—. Espero que esto te haga recapacitar, todavía estás a tiempo para estudiar otra cosa.
La exposición descarnada de su pensamiento, la posibilidad de que la voz del resto de las personas en esa universidad se resumiera en su boca, me quebró por la mitad. Nadie vino a visitarme la semana que pasé en enfermería. Además de llorar con la cabeza cubierta por las sábanas como si fuera un cadáver literario que no se resigna a dejar el lugar, tomé coraje. Las palabras del director y los golpes de mi compañero sirvieron para que me prometiera reponerme y salir de ahí para demostrarle al mundo de lo que era capaz.
Otra cosa ocurrió en esa habitación pequeña y blanca donde yo respiraba la desesperación que alienta a los miserables, esa que huele como algodón, alcohol y metal: tuve mi primera relación sexual.
Milena era enfermera. No la había visto nunca antes de esa semana, a pesar de que compartíamos el pabellón de almuerzo y otros espacios comunes. Se presentó una tarde con una jeringa en una bandeja pequeña y se mordió el labio inferior al menos tres veces intentando colocar la aguja dentro de mi vena. Yo ni sospechaba que pronto descubriría el cuerpo robusto y abrasador que albergaba su delantal. Fue la segunda jornada, cuando le tocó la guardia nocturna y para mi sorpresa se deslizó en la habitación con la luz apagada, camuflándose de oscuridad. Recuerdo el crujido de los elásticos de la cama, el ruido de sus zapatos cayendo al suelo, el roce áspero de las sábanas y su delantal, el peso cálido de sus senos escabulléndose de mis manos, la curva turgente de su culo sobre mí, subiendo interminables veces para volver a bajar, el olor de su pelo asfixiándome, el sudor de sus labios regándome de sal, el entrevero volcánico de sus muslos atenazándome y engulléndome como a un pequeño animal.
Terminé la carrera en el tiempo estipulado, aunque no recibí honores ni distinciones. Unos años después (ayer), con los brazos de la memoria cansados y sin fuerzas para sujetar postales borrosas del paso por la universidad, levanté el diario y leí de la muerte de Betini.
Una foto vieja de nuestro anuario en blanco y negro junto al mapa repleto de flechas y tachones que rescató la guardia oficial. Me recordó a mis monografías malogradas. La guerrilla había encontrado en mi ex compañero un cerebro privilegiado además de un brazo fuerte para reclutar.
Imaginé su cuerpo caído, sus ojos abiertos con el brillo evanescente y embargado en la contemplación de un último paisaje empecinado en no mutar, mientras la vida se le escapa a chorros por los agujeros de las balas. Toda esa acumulación de conocimientos y libros estrujados que ya no servirían para nada, toda esa llama interior silenciada a la sombra irregular de los helechos, las hormigas delineándole los párpados, el sudor secándose sobre el cutis ceniciento que se enfría lentamente bajo el sol tropical.
Le alcancé el diario a mi mujer.
—Increíble —dijo.
—Era un idealista.
—Nosotros no podemos quejarnos.
—Claro que no. Con el taller de motos no nos va tan mal.
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Tags Bitácoras: Breve historia para pasar el tiempo mientras se busca algo mejor para contar
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Comentario de nene — un 9 abril 2008, tipo 1:31
Jajajaja ‘el taier de motos’ me lo imagino diciendo.
Y te vuelvo a decir que siempre que empiezo a leer una de tus historias te imagino como protagonista…
Comentario de José Playo — un 9 abril 2008, tipo 2:35
nene: …lo que no queda claro si es malo o bueno, ja. “Taier”, ja.
Mefuiadormir.
Comentario de nene — un 9 abril 2008, tipo 3:10
No es que sea malo o bueno, José; pero le ponés esa impronta ‘playesca’ (ja) que hace que yo sienta que sos el del papel principal
estoy trabajando. ja?
Abrazo.
Comentario de DARIO — un 9 abril 2008, tipo 6:52
A todos siempre nos gusta imaginar que la vida de alguna u otra forma tiene logica y terminan pagando los que las hicieron no? Betini no se merecia la muerte, pero si tal vez una buena sacudida, que se yo.
Bueno pensamientos limados de un martes muuuuuuuy temprano.
Un abrazo y como siempre es un gusto pasar por aca.
Comentario de Patricio — un 9 abril 2008, tipo 9:58
Impecable, como siempre.
“…las hormigas delineándole los párpados…”
Esa frase me causó. Posta.
Comentario de juanperse — un 9 abril 2008, tipo 12:23
la moraleja seria “muerte a los ñoños” ¿?
Comentario de federicogauffin — un 9 abril 2008, tipo 12:46
Cómo no me pasó eso? A lo mejor yo sí recapacitaba! Jajaja
Comentario de Dr. CroW — un 9 abril 2008, tipo 13:18
Gracias por amenizar mis horas de sufrimiento en el laburo con tus creaciones.
Comentario de Walterio — un 9 abril 2008, tipo 13:20
José: En esta historia hay un sesgo nihilista que me sorprende. Si bien la ironía cruza por el final intentando atemperar el destino violento de Betini, es más fuerte el peso que tiene el fracaso en ambos personajes. Creo que es la primera vez que hallo esto en uno de tus relatos ¿significará que te estás poniendo grande? Con esto quiero decir que quizás el humor ya no te esté alcanzando para satisfacer tus inquietudes literario-existenciales y comiences a indagar en otros territorios.
Me gustó, aunque el párrafo de la iniciación, me pareció encajada al estilo de los best sellers yanquis, en los que para ser atractivos, si o si tienen que tener en algún capítulo la inevitable escena sexual (eso si, vos las escribis infinitamente mucho mejor que ellos).
Comentario de Walterio — un 9 abril 2008, tipo 13:21
Ah! también me llamó la atención los comentarios generados por este cuento.
Comentario de javier — un 9 abril 2008, tipo 13:51
hola:
Volvi a leer peinate, pero no espero agradecimientos por ello jeje.
Anoche me enganche con el cuento del “pedo en el cumpleaños”.
Me encantó y tambien este que acabo de leer.
No esperaba ni este ni el otro final, ¿soy muy ingenuo?
Con candor
Javier
Comentario de nikolina — un 9 abril 2008, tipo 16:27
y es que a veces el destino te quita cosas para darte otras…
lindo relato
saludos
Comentario de Eli (la eli) — un 9 abril 2008, tipo 16:51
José, hoy me sumo a la parecicación de Walterio. Estaba tratando de darle forma a la idea, de poner en palabras qué era lo que no me terminaba de cerrar en esta historia y entonces leí los comentarios de Walterio, el sí que sabe expresar lo que yo apenas pude intuir!
Comentario de davidjams — un 9 abril 2008, tipo 17:43
esto es pura caspa
http://delole.wordpress.com
Comentario de Elfer_net — un 9 abril 2008, tipo 21:35
Me pasa exactamente lo mismo que nene cuando leo tus relatos, es mas en un momento estaba diciendo por dentro “este culiado de jose se culió una enfermera”, jajaja. besos y abrazos a todos.
Comentario de Sole — un 9 abril 2008, tipo 21:43
Guau! por eso todavía quiero ser escritora….
a pesar de transitar caminos no paralelos, todos los soñadores llegamos al mismo destino-.
Comentario de Sole — un 9 abril 2008, tipo 21:44
(agrego a lo de javier,y a otros que vi por ahi)….a mi me gustó más el del cumpleaños gaseoso, que éste…fue más…”bonito”….
Comentario de matias — un 9 abril 2008, tipo 22:39
Me gustó muy mucho el final.
Saludos, José
Comentario de Tomasini Maria — un 10 abril 2008, tipo 1:13
El comentario de Walterio hizo que releyera el cuento, no puedo polemizar con el porque es evidente que es mucho, pero mucho mas sutil que yo para tamizar un cuento Playo, ya al principio senti el fracaso de Bertini y…., dos antagonistas, uno perfecto el otro imperfecto,envidiandose mutuamente, quiza…
Pero el final …….
Un saludo
Comentario de carlos — un 10 abril 2008, tipo 10:32
muy bueno José, te puse un link en mi blog
saludos
Comentario de Lucas, desde Pest — un 10 abril 2008, tipo 15:44
Hubo un fragmento de segundo en el que relumbro cierta soberbia setentista. Me refiero a Betini, que se las sabia todas, que se compro la verdad en el almacen de la vuelta y era tan prolijo y pulenta que la vanidad lo llevo a la lucha armada.
Suena bien feo no? sobre todo para los no soberbios que agarraron los fierros y la pagaron igual o peor que Betini.
Uno los ve a los k y piensa que ellos tambien fueron Betinis pero con mas suerte o cintura. Y te siguen cargando el asco aunque se saquen 10 y vos 4.
Nosotros, mientras, con las manos llenas de grasa y aceite 2T.
Abrazos.
L
Comentario de José Playo — un 10 abril 2008, tipo 16:25
nene: sí, lo había entendido, es que me causó mucha gracia. Mucha gracia.
DARIO: tal vez se trataba de eso, la historia: una justicia divina sobre un dilema intrascendente.
Me alegro qeu te sirva para recrear.
Patricio: esa fue la frase/imagen que le dio origen al cuento, aunque no lo creas.
juanperse: o a los escritores, ojo.
A mí las moralejas me dan miedo y no me terminan de cerrar.
federico: ¿lo de la enfermería? ;)
Doc: gracias a vos por hacérmelo saber.
Walterio: no deja de asombrarme cómo se puede sacudir el polvo sobre las huellas para descubrir los pasos, cuando uno cree que los ha dado sin chistar. Tenés razón, la voz de la historia es pesimista, pero no sé si tiene que ver con que haya cambiado la perspectiva o si el ensayo salió para ese lado y no hubo ganas de editar. Gracias, Walt. Esto es, ni más ni menos, lo que hace de los blogs una herramienta de gran valor para alguien que escribe cosas, poder discutirlas con tiempo y libertad.
Me hiciste cagar de risa con el párrafo de la iniciación, me salió el fetichista de los uniformes de salud de adentro, no lo pude evitar.
Contame acerca de los comentarios, que me quedé con la duda.
javier: qué bueno, javier. No se trata de ingenuidad, se trata de poner la cabeza un rato en otro lado y ya.
Buen candor. Buena vuelta. Abrazo.
nikolina: gracias, abrazo.
Eli: que Walt tenga más entrenamiento para bajarlo a idea no quita que la sensación esté y sea real. Yo también la tuve cuando lo escribí. Me pasó que a medida que avanzaba me preguntaba “esto, ¿adónde va?”. Gracias igual que a él.
davidjams: ponete head and shoulders.
Elfer: casi me ahogo de la risa, boludo. ja. ¡TANTO TIEMPO!
Sole: ¿los escritores son siempre pesimistas?, me pregunto a veces. También está bueno discutir eso, creo que el post da para más.
Es cuestión de gustos. Un conocido me dijo que lo tenía harto con las cosas escatológicas, eso sí qeu es una cagada. Es al pedo no intentar otras mierdas para no patinar.
matias: gracias, saludos.
Tomasini: contá, contá, me interesa mucho.
carlos: ¡Gracias, Carlos!
Lucas, desde Pest: tal vez la historia apuntaba para ese lado, porque al comienzo también me pareció que la idea era una gran lucha de egos con sobrepeso, cosa que creo inherente a esta tarea de escribir.
Pienso en voz alta; tal vez el cuento sea un desliz, un lapsus de emotividad, un intento de radiografía de lo que pasa en las letras hoy acá.
De cualquier modo, repito, me pone muy contento que se ponga de manifiesto en los comentarios algo que no cierra y que lo podamos charlar.
Gracias a todos, che.
Comentario de Euge — un 10 abril 2008, tipo 16:37
A mi tu veta dramática me gusta mucho, casi tanto como la humorística. Pero no me cerró mucho la forma en la que murió en muchacho este Bettini. Y bue…, no siempre se puede ser condescendiente, verdad?
saludos!
Comentario de José Playo — un 10 abril 2008, tipo 16:39
Euge: claro, lo interesante es que se expongan los gustos y los disgustos, así se puede probar cosas nuevas que capitalicen lo que hay que capitalizar. Gracias, Euge.
Comentario de anita — un 10 abril 2008, tipo 21:59
coincido con walterio! es absolutamente cierto. como carajo hacen uds para expresarse tan plenamente??
Comentario de Walterio — un 10 abril 2008, tipo 22:52
José : lo de los comentarios lo dije porque de repente tu cuento me hizo ver claramente que ya pasé una frontera: mientras algunos celebraban el costado gracioso del relato, yo solo reparé en el amargo peso del destino que no le da escapatoria ni al brillante, ni al supuesto mediocre (estar del otro lado de los 40 te lleva inevitablemente a ese tipo de balances, comparaciones y cuestionamientos)…
Comentario de ircopcito — un 11 abril 2008, tipo 11:43
Grande José, tiempo sin pasarme, mis disculpas :)
Cuando leí “anécdota estudiantil” me cagué todo (Señorita, se están copiando) pero veo que no, no se asemejan. Creí que teníamos un vínculo telepático xDDD
“…Los escritores y los autores son, principalmente, seres viciosos empecinados en encontrar alternativas para no trabajar…”
Sublime. Supongo que estará escrita en el otro blog ¿no? Es merecedora de ello.
A ver si logro pasarme más seguido, gusto de leerte como siempre…
Aioz.-
Comentario de Patroclo — un 11 abril 2008, tipo 18:06
Me encanta como esccribes. Pasar´´e m´´as a menudo por aqu´´i
Comentario de Fantini — un 11 abril 2008, tipo 22:35
Che Gualterio, soy Fantini, a ve’ si te deja’ de escribi’ pelotudece
con etilo academico y te veni’ pal canal que hacemo el programa del domingo. Pa canal 10 boludo eh, no comolojotro dia que te fuite al canal de ameghino sur.
Comentario de Walterio — un 12 abril 2008, tipo 10:13
Ah si! como escribió La Rochefoucauld:
“Los espíritus mediocres condenan generalmente todo aquello que no está a su alcance”.
Ojalá el troll muera indigesto en la bosta de su propia ignorancia (eso es mío).
Comentario de José Playo — un 13 abril 2008, tipo 1:36
Perdón que no he estado contestando, pero me anda como el ojete internet.
Abrazos.
Comentario de José Playo — un 13 abril 2008, tipo 2:11
Ah, Fantini, para meterse con Gualterio tenés que hacerlo con altura, vas por mal camino.
Comentario de el bobero — un 14 abril 2008, tipo 10:54
Bueno, algo similar me sucedio. Pero yo considero que hay dos tipos de escritores. Los que saben del proceso ytecnica, y los que tienen ingenio.
Me gusta leer de los segundos, por eso estoy aca.
saludos
Comentario de Walterio — un 14 abril 2008, tipo 12:49
Creo que sin “proceso” ni “técnica”, el “ingenio” se diluye.
Para mí el proceso es personal e intrasferible pero la técnica es un conjunto de procedimientos contruidos de manera colectiva y que se constituyen en un código de inteligibilidad.
La técnica aporta estructuras básicas, para seguirlas o dislocarlas, pero siempre está presente en la superficie o en la profundidad. Sin técnica es imposible captar la escencia de lo que es un relato, ahora bien, quizás lo que pueda estar ausente sea la teoría y en ese caso lo que se dice “genio” es pura intuición que se abre paso por caminos ya racionalizados.
En tal caso, la intuición es la cómplice perfecta del talento.
Comentario de el bobero — un 14 abril 2008, tipo 19:38
Walterio, comprendo. Pero aveces el uso excesivo de las formulas del lenguaje terminan arruinando algo simple. Me parece que la tecnica debe ser una linea delgada entre el ignorante y el escritor, no mas que eso. El arma, solo la gomera, para escribir. De ahi en adelante cada estilo es personal.
Comentario de anita — un 14 abril 2008, tipo 21:09
che walterio, no te hagas el Betini desplegando tanto vocabulario eh? Ojo! mira como terminó betini…
Comentario de José Playo — un 16 abril 2008, tipo 12:35
anita: Walterio es un maestro. Tal vez tenga que ver con eso.
Walt: ayer te vi parado en la esquina de Dámaso Larrañaga y Buenos Aires (creo). Te grité por la ventanilla del auto, pero no me escuchaste. Y lo que acabás de comentar me parece muy bien. También es una visión de la que aprendo.
ircopcito: los verdaderos links en internet son siempre cerebrales. Voy a pasarla al otro, tenés razón.
Abrazo grande.
Patroclo: cuando quieras, te esperamos. Abrazo.
Fantini: bué.
el bobero: gracias por la parte que me toca, y lamento que el debate entre vos y Walterio haya quedado trunco, venía muy interesante.
anita: queremos tanto a Walt.
Comentario de Jackie — un 16 abril 2008, tipo 15:32
No puedo identificar a José como el némesis de Betini en la historia, no puedo imaginarlo reventándose a golpes, aunque no sé, supongo que en algún momento de nuestras vidas nos llegará el agua a los aparejos y reventemos una que otra cabeza.)
Nunca está de mas tener un poco de Betini y un poco de estudiante rebelde: ese equilibrio evita que nos transformemos la viva imagen de la rebeldía galopante, o en la flemática petulancia de un eterno sabelotodo. (Para quien no entienda, me chupa un huevo :P)
Por eso admiro y quiero tanto a Walterio, porque aún con su delicioso sentido del humor, de una, surge el egregio profesor.
Comentario de Walterio — un 16 abril 2008, tipo 22:41
Otra vez que me hacen poner colorado! tengo mis mañas, me cuelgo con un tema, veborreo porque soy bastante discutidor y termino buscando la quinta pata del gato.
Pero lo que más me gusta es que al final la descubrimos entre todos…
Comentario de Walterio — un 16 abril 2008, tipo 22:59
Anita: estuviste cerca! Una noche a la salida de un boliche, cuando todas las tribus se cruzan en los puentes, un amigo se acercó mucho para decirme algo y desde una horda que salía de cierta bailanta gritaron una boludez que respondí de este modo: “dejá de proyectar en nosotros lo que seguramente tenés ganas de hacer con alguno de tus amigos y no te animás por traumado” la estampida fue automática pero no ME alcanzaron…
José: siempre que en la calle te cruces con mi “soporte material”, podrás gritarle y hasta apalearle que no se dará cuenta. Mi mente seguramente se hallará a años luz de distancia.
Jackie soy profesor por accidente… (a veces siento que vivieras a la vuelta de casa).
Comentario de Luchino — un 17 abril 2008, tipo 0:59
Genial, aunque no logro que me disguste del todo Betini por el final que tuvo… me resulta muy duro cualquier tipo de historia relacionada a “guerrillas” y “represión” (por no decir genocidio)…
Igualmente muy bueno, jajajaja… muy inspirador lo de la primera relación con la enfermera…
Abrazo!
Te vez al rato…
Comentario de José Playo — un 17 abril 2008, tipo 14:18
Jackie: a mí me atrae el travestismo literario, me gusta ponerme en la piel de personajes que me parecen lejanos, distantes, poco afines, y ver qué pasa. Sin duda, el otro de la historia puedo ser yo, pero desde lo construido con los materiales que tengo a mano. Jamás iría a una escuela de escritores, le temo mucho a los Betini que andan sueltos.
Aunque, ojo, comparto plenamente lo que expusiste en el segundo párrafo, eso es el Yin y el Yan (que ahora no sé si se escriben así, estoy con baches cerebrales graves por el cansancio mental).
Walterio: yo te hago el aguante a morir, Walt. No dejes nunca de comentar.
Ah, estás mucho más flaco, se te ve bien, chango.
Luchino: gracias. En algunos casos, son escenarios y nada más, tampoco me gusta meterme en esos terrenos con liviandad.
Comentario de tan versátil — un 18 abril 2008, tipo 12:44
creo que se cumple para toda actividad artística, porque los escritores, por ejemplo, buscan concretar su pasatiempo y que alguien se lo pague. un montón de fundamentos se acompañan después, pero creo que esa es la verdad de base. y qué buena es.
Comentario de tan versátil — un 18 abril 2008, tipo 13:06
“Los escritores y los autores son, principalmente, seres viciosos empecinados en encontrar alternativas para no trabajar. Esa frase es mía, no de Betini.”
Sobre esa frase de tu posteo era mi comentario. Sigo leyendo el blog.
Comentario de letransfusión — un 18 abril 2008, tipo 21:32
Voy en sentido contrario leyendo el blog y veo que por aquí hay muchos seres viciosos empecinados en encontrar alternativas para no trabajar. Desde hace mucho que soy parte de este clan, nada más que no lo había hecho consciente. Me identifiqué mucho con el de los tachones, las malas notas, etc. De hecho ni siquiera he sido calificado, en este sentido soy autodidacta, por lo que no he tenido “maestros” que me digan lo que está bien o mal o que si la técnica y tantas cosas. sólo voy y el camino es áspero.
Saludos letransfusionados y alucinados. ;)
PD Creo que voy leer más que comentar, esto ya parece spam. . :p
Comentario de Walterio — un 19 abril 2008, tipo 13:00
Por favor! díganme la fórmula! estoy harto de darle clases a una horda de críos empecinados en comprobar “la teoría involucionista de las especies” y de tener que dibujar la decadencia turística yanqui!!!
Quiero ser otro ser vicioso empecinado en encontrar alternativas para no trabajar!
Comentario de moscarey — un 22 abril 2008, tipo 22:45
Los escritores y los autores son, principalmente, seres viciosos empecinados en encontrar alternativas para no trabajar.
Demasiado realista para mi gusto. Hermoso Jose, como siempre. Un saludo, que todo este muy bien.
Comentario de Viejo — un 23 abril 2008, tipo 10:10
Excelente.
Ahora, desmenuzando el cuento (si se me permite), yo creo que los dos tienen un poco de razón. Lamento que el narrador de la historia haya terminado en un ‘Taier de motos’, no sé si fue más realista que Betini, pero sí las circunstancias lo llevaron a hacer algo que le diera de comer.
Tampoco creo en la frase ‘los escritores son seres empecinados en encontrar alternativas para no trabajar’, porque producir algo que se consume y ganar guita de eso es un laburo o metier (agregar a palabras que me caen ligeramente como el culo), y si te gusta, mejor. Sé que es un cuento, que no hay moraleja ni tomás partido por uno o por otro, pero sin embargo pareciera que Betini es el ‘malo’.
Me alegro que quien escribe el relato se haya garchado la enfermera. No, joda, jeje. Me alegro que quien escribe el relato… bah, ya me olvidé lo que quería decir. Ah sí! que haya mantenido su forma de pensar y hacer las cosas, y no ser complaciente con los profesores que querían corregirlo. Después de todo en una cosa como la literatura debe ser complicado corregir, más allá que la técnica y estructura no? Eso sí, andá a saber de qué eran las monografías. Puede que el tipo estaba empecinado en demostrar que Cervantes jugaba a las carreritas sobre su pegaso contra Shakespeare en su Delorean volador, o simplemente una descripción narrativa de un suceso, qué sé yo. Estoy divagando. Estoy en el laburo y no tengo nada para hacer. Anyways…
Te mando un abrazo, nos vemos José…
Comentario de Gustavo — un 14 mayo 2008, tipo 14:23
Me pareció un relato muy bien relatado..pero pasa lo que ultimamente me pasa…del idealista al taller de motos hay un campo gigante…y yo no quiero que se olviden de nosotros…no me gustaría tener un taller por no-opción, quisiera uno por pasión a los fierros…no sé, es lo que siento…que valoro más de lo que pienso….
Comentario de Gustavo — un 14 mayo 2008, tipo 14:24
Me pareció un relato muy bien relatado..pero pasa lo que ultimamente me pasa…del idealista al taller de motos hay un campo gigante…y yo no quiero que se olviden de nosotros…no me gustaría tener un taller por no-opción, quisiera uno por pasión a los fierros…no sé, es lo que siento…que valoro más de lo que pienso….
Comentario de natywzz — un 22 mayo 2008, tipo 21:08
wajajjajaja me rey muxo con el “taier” jajja q dyvertydo
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