Belén nos llamó al día siguiente del sepelio para que le diéramos una mano con las cosas de su padre. Quedamos en pasar por su casa a la siesta, así que nos encontramos con mi hermano un rato antes en la plaza para tomar el colectivo.
Encontré a Juan sentado bajo un árbol, con diez centímetros de lapicera perdidos dentro de la oreja en medio de una frenética rascada con espasmos.
—Es una infección —explicó—. Por eso me pica tanto.
Me impresionó la forma en que se escarbaba el oído medio, pero aunque temí que pudiera lastimarse, no le dije nada.
—¿Arreglaste con Belén?
—Sí. Nos espera.
Mientras caminábamos hacia la parada, Juan sacaba la lapicera, estudiaba lo que había salido adherido a ella, la limpiaba en su pantalón y la introducía de nuevo. Cada vez parecía ir más adentro.
—Tenemos que tomar el 600 —indiqué.
—No tengo cospeles.
—Dejá, yo te presto.
Llegamos a lo de Belén a eso de las cuatro. Nuestra prima no tenía buen aspecto. En su expresión demacrada y ojerosa el peso de una noche sin sueño parecía una presencia viva.
Nos hizo pasar y tomamos café con bizcochuelo en la cocina antes de empezar.
—Lo que más me importa es que tiren todo lo que no sirva. El papi juntaba mucha porquería.
Juan, que ahora utilizaba el mango de una cuchara en lugar de la lapicera, asentía.
Belén y él fueron muy amigos cuando chicos, pero desde hacía unos años ya no se frecuentaban.
Me puse a mirar por la ventana que daba al patio, donde Ernesto tenía sus plantas. Había decenas de yuyos de todos los colores y tamaños, distribuidos en una cantidad de macetas. Algunos estaban secos.
—… y después habría que tirar todas esas plantas de mierda.
Juan se ofreció a llevar las macetas a un vivero que había a la vuelta, dijo que tal vez podríamos sacarles unos pesos y a Belén le pareció una buena idea.
Nos pusimos de pie, apuramos lo que quedaba en las tazas y tomamos el balde, la escoba y las bolsas.
La habitación estaba en la planta alta, Belén se quedó abajo acomodando la cocina.
La de Ernesto era la más grande de todas las piezas. Había un ropero en una pared y mi hermano lo abrió para ver si podía rescatar alguna prenda del muerto. Armó dos pilas de ropa sobre la cama. Mientras las camisas y los trajes volaban hasta el colchón, me puse a ver una repisa recargada de fotos y adornos. Me sorprendió encontrarme a mí mismo en un retrato infantil en blanco y negro. Debo haber tenido cuatro años y en la imagen estaba con Ernesto en el jardín de la casa, con una sopapa en la mano.
—Acá hay un portafolio —dijo mi hermano.
Era un maletín como el de los médicos. Lo subimos a la cama y forzamos el cerrojo. Adentro encontramos un montón de papeles.
—¿Y esto qué mierda es?
—Son poemas, Juan.
Eran cientos de poemas. Había hojas sueltas, encarpetadas, anilladas, encuadernadas. Todos escritos con la misma letra. Al parecer, Ernesto garabateaba en sus horas libres.
Mi hermano tomó uno de los primeros y leyó en voz alta:
Hormigas culiadas
me comen
los geranios
con dientecitos de barniz,
con determinación.
Hormigas culiadas
yo soy el que riega
y quita los yuyos
de
las macetas,
y ustedes vienen de noche
traicioneras
a trepar lo que abono
y a traficarme
hojas jugosas
en la cara
¿por qué no se llevan,
digo yo,
las que están secas?
Hormigas culiadas
si las llego a ver
alguna mañana
mientras me clavo el café
y el primer cigarro
guay de ustedes
que voy corriendo
busco la lupa
y las baño de sol
puntual
hasta
incinerarlas.
A Juan le pareció muy gracioso.
—Esto es de maricón —observó—. El viejo me parece que estacionaba el auto en las dos cocheras.
Si bien es cierto que yo no entendía nada de poesía, los versos ríspidos de Ernesto me parecían buenos. Le dije que fuera a preguntarle a Belén qué hacer con ellos, así que mi hermano partió y yo me quedé sobre la cama, revisando más papeles.
Descubrí que la mayoría de los escritos hablaban de las plantas y de las hormigas. También encontré una pila de cartas atadas con una cinta. Me sonaba el nombre del remitente, pero no me atreví a abrirlas, así que las dejé a un lado y me entretuve con un cuadernillo entero dedicado al amor.
Un poema en especial me llamó la atención:
La cocina es un campo de batalla
para ella y yo.
Los lunes reorganizamos ejércitos a mansalva,
le damos al amor
otra razón.
Amar es no perecer al encontrarse,
moverse bien,
ofrendar trescientos gramos
de corazón.
Jugamos, claro,
no hay cuartel
en la pasión.
Enemigos del amor,
cuando uno retrocede
al otro le sobra espacio,
le abunda el sol;
fuego cruzado,
ternura,
fusiles ardientes en rendición;
es esta cocina un erial de besos acallados,
una media mañana de lunes
y sobre migajas
amanecemos desayunándonos
ella y yo.
Pensé que tal vez Belén querría guardarlo, así que bajé las escaleras para mostrárselo. Mientras avanzaba con pasos lentos, repasaba una y otra vez los versos y el remitente de las cartas.
Me asomé al living, pero me detuve en la puerta: sobre el sillón ella gemía con la cabeza de mi hermano entre las piernas.
Pasé sin hacer ruido a la cocina y me serví otra porción de bizcochuelo.
Desaté el nudo que envolvía los sobres y abrí la primera carta.
.
.
.
Tags Bitácoras: cuentito oscuro, no me gusta mucho, igual comparto
viejo, relato
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Comentario de nene — un 12 Mayo 2008, tipo 2:10
Es bueno, José, cómo que no te gusta mucho…?
Aguante la madrugada para hacer las cosas que de día no por estar inmerso en otros menesteres…!
Y como dijo el Bambino Veira (otro que estacionaba el auto en las dos cocheras): “Al día habría que ponerle un toldo…”
Comentario de nene — un 12 Mayo 2008, tipo 3:26
“…las cosas que de día no podés hacer…”, tendría que haber escrito.
y aguante también el disco “Seventh tree”, de Glodfrap, ya que estamos.
Comentario de Pedro Paso — un 12 Mayo 2008, tipo 8:14
“Sobre el sillón ela gemía con la cabeza de mi hermano entre las piernas”: ¿y el luto?.
Comentario de Roma — un 12 Mayo 2008, tipo 8:35
A mi me gustó, ciertamente.
Comentario de Guty — un 12 Mayo 2008, tipo 10:06
Contá qué decían las cartas. Cuál era el remitente, esos detalles queremos
Comentario de anita — un 12 Mayo 2008, tipo 11:52
siempre pienso eso.. el dia que yo me muera, la cantidad de cosas escondidas que me van a encontrar!!! pero ya voy a estar finada, nadie me va a decir nada….jejeje
Comentario de Federico Gauffin — un 12 Mayo 2008, tipo 13:51
¡Epa, epa!
Comentario de anitax — un 12 Mayo 2008, tipo 14:15
ahh bueno, a vos no te gusta, pero yo quiero leer la continuación. Dale, me gustaría saber como sigue la cosa… es para engancharse.
Comentario de anitax — un 12 Mayo 2008, tipo 14:19
ups! y por que me salió esa carita verde tan enojosa?
Comentario de Dayana — un 12 Mayo 2008, tipo 14:20
Me encantó el cuento!
Off topic: ya leí enterito La belleza del escándalo. Muy bueno, lástima que ahora voy a tener que busca el libro de peinate y Peguelé mientas espero que publiques la novela (muy bueno lo del Continuará, ahí nos cagaste a todos, jajaja).
Comentario de "el que sigue" — un 12 Mayo 2008, tipo 14:22
Los poemas estuvieron un poco modernos para un viejo… digo. Pero me hicieron reir igual. Y hasta terminé caliente y con dudas…digo.
pd: esos finales te destartalan la cabeza, je. es un efecto muy interesante.
Comentario de Jafi — un 12 Mayo 2008, tipo 15:11
Lo hiciste con “la belleza del escandalo” y ahora con este…..
Yo le puedo dar miles (a lo sumo un par) de finales a este cuento, pero no es lo mismo que leerlo.
Demando Finales.!
Pd: ya no te apollo mas!
Comentario de Jackie — un 12 Mayo 2008, tipo 15:16
Me dieron ganas de rascarme el oido.
-0-
Supe de alguien que murió sola y casi en la miseria; no tenía a nadie y otra persona que la procuró en sus últimos años, le prestó una casita para vivir. Cuando la anciana murió, la benefactora se llevó la sorpresa de su vida: la difunta dejó dos frascos grandes llenos de monedas de oro, cajas con vajillas de porcelana, mantelería, cubiertos de plata, joyas…
-0-
El poder de las hormonas, mezclados con atracción, no respetan el luto, yo pensaba distinto hasta que fui al sepelio de la madre de él… fui a darle el pésame y el abrazo que me dio, no fue precisamente de agradecimiento… una cosa llevó a la otra y… no era mi primo jajajajaja.
Comentario de Chipako — un 12 Mayo 2008, tipo 20:27
Lindo cuento, hay gente que dice que los velorios son un buen lugar para conseguir sexo, la verdad es que nunca he puesto a prueba esta extraña teoria, me cuesta muchisimo ir a un velorio, de buscar chicas en uno ni hablar.
Espero que “La Belleza…” llegue pronto al Ateneo de Comodoro para comprarlo, asi sigo engrosando mi “Playo Collection”.
Abrazo.
Comentario de Gabriela — un 12 Mayo 2008, tipo 20:44
Eh nooooo ahora quiero saber quien eran esas cartas!! Asi no valeeeeeeeeeeeee!!!!!!!! Joseeeeeee como nos haces esto?
Comentario de martin m — un 12 Mayo 2008, tipo 22:16
está bueno, josé. me parece el capítulo uno de una posible novela. qué decis ¿esto continúa o queda ahí?
saludos.-
Comentario de Lore — un 13 Mayo 2008, tipo 0:49
jajaja que final inesperado!!!!!! me encanto!
Comentario de Tomasini Maria — un 13 Mayo 2008, tipo 3:51
Siempre que leo sus cuentos me preparo para el final, de simples impactan, aunque me quede con las ganas.
Tuvimos que darle una leccion de Jose Playo a un pendejo iletrado de la Libreria Ateneo, no lo destruimos, pero lo abrumamos. Un saludo enorme.
Comentario de El Mauri — un 13 Mayo 2008, tipo 9:43
perdón que me haga el “quesiió” (como diría el negro Alvarez) pero yo ya me veía venir que entre Juan y la prima había algo, desde que “se dejaron de frecuentar”; después de esa frase lo primero que pensé era eso (será que tengo la mente podrida?).
Pero sí quisiera saber lo de las cartas, eso seguro.
Buen cuento, como de Costumbren amigo Playo (Pequeño saltamontes!)
Abrazo.
Comentario de El Mauri — un 13 Mayo 2008, tipo 9:45
ah! me olvidaba. Hormigas culiadas!!!!!!!!!!!!!!!!!!! jajajajaja genial, me hizo cagar de risa
Comentario de Gustabo — un 13 Mayo 2008, tipo 12:05
Se ve que no solamente al hermano de Juan le gustaba meterse la birome en el oido “medio”…al frente veo un negro que se saca los mocos…me mira…ahora me dio miedo…es bueno lo que lei.
Comentario de elroberdesdemicélu — un 13 Mayo 2008, tipo 14:34
No se si podré xq nca lo ic pero ahí va. Conozco un caso de 1 orgía después de un velorio. De locos
Comentario de elroberdesdemicélu — un 13 Mayo 2008, tipo 14:37
Creo que quedó el post!! Ojalá no sea muy caro este servicio xq es el célu corporativo!! JAJAJA. Saludos José C.
Comentario de "el que sigue" — un 13 Mayo 2008, tipo 22:47
ALGUIEN LEYO LO QUE ESCRIBIÓ EL ROBER? POR DIOS!
Comentario de Lucas, desde Pest — un 14 Mayo 2008, tipo 16:27
Che Rober, invitame al proximo velorio que tengas, yo llevo vinos (y forros en la guantera). Alguna vez he ido a uno de esos en los que uno ‘entierra el pelado’. No Pelado, a vos no, me refiero a otro pelado.
A proposito Rober, vos sos el Rober amigo de Mariano y el Pelado?
Buenazo el cuento Iosephus, tantas veces uno ha ido callado a comer bizcochuelo…
Abrazos che,
L
Comentario de anana — un 15 Mayo 2008, tipo 9:24
che estaba lo más pancho leyendo el poema y de tanto reirme me ahoge con el café …
todavía no se me va el tono rojo de la cara, lo lloroso de los ojos tampoco
Comentario de José Playo — un 19 Mayo 2008, tipo 15:05
nene: lo veía medio chato, no sé porqué. Ja, muy buena la frase del Bambino.
Voy a tener que bajar Glodfrap para opinar.
Pedro Paso: luto no significa abstinencia, ojo.
Roma: qué bueno que así sea. Gracias.
Guty: empecé a trabajar en ellos, pero la historia se me iba a hacer muy larga, eso en el blog no se perdona.
anita: ni hablar, yo también me cuelgo con eso de vez en cuando.
Federico: sí, sí.
anitax: estoy pensando en alguna historia con continuidad, mal me salió mi primer intento con la Córdoba post apocalíptica y la invasión extraterrestre y el periodista que tipea sus últimas palabras en la vieja redacción-museo de un conocido diario local.
El problema con las continuaciones es, justamente, que continúan. Soy inconstante por naturaleza.
Esa carita es la que te ha regalado Wordpress para que uses como avatar, pero no me preguntes cómo se cambia, porque ni idea.
Dayana: gracias, Dayana.
Rta al Off: qué alegría saber que así te resultó. El Pulpo me mandó un mail de no sé qué cosa literaria, pero no me puso cuándo es o era. Lo del continuará viene a probar lo dicho en el comentario anterior a anitax.
Abrazos.
elque: yo me lo imaginé muy puteador al viejo, tratando de poetizar sus enojos y esas cosas, de ahí el mal trato para con las hormigas.
Que te hayas calentado es muy bueno. Te recomiendo que aguardes un post medio hot que estoy preparando y por el cual me van a crucificar.
Jafi: no me puedo sacar la dedicatoria de tu libro de la cabeza.
Comentario de José Playo — un 19 Mayo 2008, tipo 15:15
Jackie: tremenda la historia de los frascos, me gustó mucho.
La otra también, bah, pero para no comprometerte, no pregunto
De todas formas, prueba que el luto no es una banda negra de la cintura hasta el suelo.
Abrazos.
Chipako: a mí tampoco me ratonea la idea de un velorio, pero no al pedo se escriben tantas comedias con eso como eje. NO es tan descabellado pensar que el ser humano tiende a compensar las pérdidas con nuevas génesis.
Ojalá esté pronto en Comodoro. Aguante Comodoro.
Abrazo y gracias, Chipako.
Gabriela: son pequeñas licencias de un perverso
martin m: andá a saber. De estas cosas inconclusas tengo un disco duro lleno. Es la historia de mi vida, che.
Lore: ¡buenísimo!
Tomasini Maria: noooo, no te puedo creer que hiciste eso, Maria. Me puse colorado. Muchas gracias, aunque había un par de vendedoras ahí que tenían muy buena onda con la Peinate, no sé quién será el chico. Gracias, Maria. Un beso.
Mauri: jaa, pero está bien, supongo que es lo que pasa con todas las historias, no se puede engañar a todo el mundo con ellas, y eso es sanísimo. De todas maneras, cuando puse lo de “se dejaron de frecuentar” sabía que no faltaría el mal pensado (como vos y como yo) que estiraría la masa de esa empanada.
Abrazo, Mauri. Este cuento, te cuento, nació con esa frase, con “Hormigas culiadas”. Es el primer poema de un libro de poemas que no voy a publicar jamás, que versa sobre las nimiedades de la vida cotidiana.
Gustabo: gracias, Gustabo. Ojalá te pases más seguido. AH, recibí tu correo, pero estoy medio atrasado con las respuestas, ya te lo voy a contestar. Abrazo.
elroberdesdemicelu: nos morimos por los detalles, che. No está bien tirar la piedra y esconder a un montón de gente garchando.
(Ojalá no te fajen de la compañía con esto de celularear blogueando).
elque: ¿lo de postear del celular o lo de la culiandanga para matar el duelo? Las dos cosas me impactaron
Lucas, desde Pest: debería haber una máxima al estilo de “los bizcochuelos se comen callado”. Abrazo y gracias, che.
anana: uh, jaja. Lo siento, lo siento. Es un muy lindo comentario.
Comentario de nene — un 19 Mayo 2008, tipo 23:54
José: Por las dudas, el disco de Goldfrapp al que quise hacer alusión es “The Seventh Tree”.
Aclaro porque es un dúo de música electrónica, en sus otros álbumes, en éste no sé qué les pasó.