—Otra vez tarde —dijo Iñíguez.
Volantti venía con la cara desfigurada de sueño, la ropa desaliñada.
—Si le cuento, no me lo va a creer, jefe, así que mejor ni le cuento.
Los dos habían coincidido en la máquina de café del pasillo. Qué mal culo tengo, pensaba Volantti, justo cuando llego tarde a este gordo de mierda se le ocurre tomar café acá.
—Mejor cuente, Volantti, que hoy tengo tiempo de sobra para escuchar excusas.
Volantti vaciló. Iñíguez era un gordo jodido. Te tiraba letra para hacerte entrar, y cuando entrabas, te la ponía hasta el pecho. Sin embargo, Volantti se la jugó. Por ahí serviría para recomponer la cosa, por ahí se ablandaba el gordo. A veces un hombre tiene que jugarse las cartas ahí, al lado de la maquinita del café, en el pasillo del laburo.
—El chico… —empezó Volantti con la mirada como perdida, con la mano buscando los palitos de plástico para remover el café. Iñíguez lo miró de reojo mientras sorbía su bebida con cuidado para no quemarse—. El chico me tiene mal —siguió Volantti— se despierta a cada rato y la madre no acusa recibo. Las mujeres creen que poniendo la teta ya está, ya cumplieron su parte.
—La paternidad, Volantti, cosa seria —reflexionó interesado y con aire de añoranza Iñíguez.
—Sí —contestó Volantti aprovechando el viento favorable—. La verdad es que se empiezan a ver cosas que uno ni se imagina. Los chicos lloran mucho. Y hay que levantarlos, pasearlos en brazos. Tienen el sueño frágil, es como que te dicen «acá en esta casa se acabó la tranquilidad, me importa tres carajos que mañana tengas que madrugar».
Iñíguez sonrió con una mueca sobradora. Aires de padre con hijos grandes, actitud de tipo que ya está de vuelta, que la vivió y ahora puede mirarte por encima del hombro.
—Los chicos son muy demandantes. Los padres no tienen idea de lo que representa tener un crío —sentenció.
Volantti asintió con la cabeza mientras soplaba el borde del vasito de telgopor.
—¿La madre está todavía de licencia? —preguntó el jefe.
—Sí. Tiene para rato. Y encima sigue con sueño, cansada. No levanta la cabeza de la almohada. Cuando el chico empieza a llorar me talonea por debajo de las sábanas como si yo fuera un caballo de tiro y ahí me tengo que parar, ponerme las pantuflas y salir rajando. Para colmo, tenemos piso de parquet, los otros días casi me mato de una resbalada.
Iñíguez disimuló una risita. Volantti se la cazó al vuelo.
—Ni hablar de las veces que me he dado el dedo chico de la pata con el borde de la cama, o con la mesita de luz. ¿Vio que uno cuando se levanta así es como si estuviera chupado?, no coordina, no entiende, no sabe ni qué hora es, si es de noche o de día. Ya me pasó un par de veces que en vez de
levantarlo al crío levanto un oso de peluche, o un paquete de pañales; a esa hora le juro que no entiendo nada.
Iñíguez sonrió y largó un aprobador «je» por encima del humito del café, como recordando su propia experiencia.
—No sé cómo habrá sido en su caso —siguió Volantti—, pero lo que es en casa, mi mujer es como que la tuviera comprada. No sé, no se mueve, no se molesta. Ya le digo, pone la teta y con eso piensa que está todo solucionado. A mí me irrita un poco, pero no le discuto nada. El médico nos dijo que está con estrés post parto.
—¡Claro! —acotó Iñíguez.
—Yo no entiendo a los médicos, sólo la piensan en femenino, y a nosotros que nos caguen las palomas, si me perdona la expresión. Ni libros sobre paternidad tenemos, todo viene para la mujer. No hay nada más feminista que la maternidad. No hay nadie más feminista que un obstetra.
—Jejé —volvió a soltar Iñíguez. Volantti sonrió internamente.
Ahora no le iba a aflojar la rienda.
—¿Usted tiene chicos? —preguntó sabiendo de antemano la respuesta.
—Sí, pero ya son grandes. Ya están crecidos. Aunque le digo una cosa, Volantti, esto recién empieza. No sabe lo que le espera cuando empiezan con el colegio, los útiles, las levantadas temprano para el desayuno. Y después crecen un poco más y te buscan la billetera. Después ya los desconocés, ya no sabés quiénes son, andan por la casa como zombies, comiendo, desacomodando todo, robándote las llaves del auto, cuestionándote por la forma en que hacés las cosas… Espere a que le roben para siempre el control remoto del televisor… ahí lo quiero ver.
Volantti advirtió que el tema se le iba de las manos. El jefe había perdido la sonrisa y ahora arrugaba la nariz y mordía el borde blando del vaso de telgopor. Supo que si no lo hacía volver, perdería su oportunidad:
—Pero bueno, en teoría, esta que me toca es la mejor etapa, ¿no jefe? —preguntó como distraído.
Iñiquez guardó silencio unos instantes, respiró hondo y asintió.
—Esta mañana le cambié los pañales y me embarré hasta los codos. Menos mal que toman leche y no comen asado, que si no, en lugar de un baño, me tengo que hacer un exorcismo…
Iñíguez volvió a sonreír.
—Los pañales… —dijo nostálgico.
—… y los chupetes… —agregó Volantti.
—… los chupetes… —repitió Iñíguez.
—Suerte que están los abuelos. Es como que los viejos ya lo hacen para darse un gusto. No la sufren como uno. Total ellos duermen bien, y después de una buena noche de sueño, se bancan una guardería entera. Pero uno, uno que viene mal dormido, estresado, aturdido, meta pasear el crío todo lloroso madrugada tras madrugada… es como si se le bajaran las defensas. Le digo una cosa, he descubierto que el ser humano resiste más allá de lo imaginable. La paternidad es como una prueba de iniciación, una demostración de fuerza y entereza. Algo comparable a lo que hacen las tribus en África. Es como ir a la selva a meterle un flechazo a un león y traerlo al hombro para la cena. Un laburo de locos, digo.
—Es difícil, Volantti. Pero si me permite el consejo, no le afloje. Disfrute como pueda de esta etapa. Lo realmente complicado todavía está por venir. Esto es moco de pavo en comparación con los planteos existenciales que hacen los hijos cuando empiezan a crecer. Ya le digo, ven dos programas de mierda en Discovery Channel y le vienen a plantear a uno boludeces sobre el capitalismo salvaje, el aislamiento del ser humano, la antimateria como nueva forma de generar energía, el hambre en los países del tercer mundo y toda una sarta de estupideces para las que uno no tiene respuestas. Bastante tengo yo con preocuparme por poner un plato de comida todas las noches en la mesa como para andar pensando en el destino de los animales en vías de extinción. Si quiere saber la verdad, Volantti, por mí que se caguen los osos Panda. A mí me quita el sueño que el novio de la más grande tenga un arito en la oreja y se siente en mi living y me fume los puchos, qué quiere que le diga…
—La droga… —sentenció Volantti con aire de sociólogo doctorado en Harvard—. Si tiene arito, seguro que anda en la falopa.
—Es músico, el hijo de puta —corroboró Iñíguez con pesar—. Toca la batería.
—¡Puf! —exclamó Volantti con gesto de exagerada preocupación.
—No quiero ni pensarlo. Melenudo de mierda…
—¿Tiene pelo largo? —preguntó Volantti levantando distraídamente la ceja derecha.
—… y un tatuaje —agregó Iñíguez—. Un tatuaje de una calavera…
Los hombres guardaron silencio. Sostenían los vasitos de café, ambos con la mirada perdida en los dibujos de la alfombra del pasillo.
Fue la secretaria la que rompió el hechizo, anunciando que había una llamada urgente para el jefe.
—Bueno, Volantti. Tómelo con calma. Ármese de valor y enfrente las cosas como corresponde. Aunque ahora no lo parezca, está haciendo un buen trabajo. Eso es lo importante, despreocúpese un poco, intente relajarse.
Se despidieron y tiraron los vasitos en el tacho junto a la máquina de café.
Ya en su escritorio, Volantti reflexionó.
En el portarretratos, la imagen de su mujer sosteniendo al bebé en brazos lo enterneció. «Es la última noche que salgo de joda», se dijo pasándose la mano por el pelo.
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Cuento con el que arranca
el libro de breves relatos
Peguelé hasta dejarlo morado.
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Comentario de Lucas — un 29 Septiembre 2008, tipo 15:53
che playo hoy anduvo mal la página por unas horas. voy a tener que imprimir posts de emergencia, para leer en el laburo cuando se te cae el server.
¿tenés idea a cuanto está la jeringa para cargar cartuchos?
Trackback de Bitacoras.com — un 29 Septiembre 2008, tipo 15:56
Información Bitacoras.com…
Si lo deseas, puedes hacer click para valorar este post en Bitacoras.com. Gracias….
Comentario de José Playo — un 29 Septiembre 2008, tipo 16:10
@Lucas: sí, efectivamente. Pero no tengo idea por qué. Si se repite el error, hablaré con la gente del hosting. Son cosas que pasan… Abrazo y gracias por avisar.
José.
Comentario de letransfusión — un 29 Septiembre 2008, tipo 16:47
Maravilloso!!! Un relato excepcional. Hace tiempo, recién empezaba a visitar el blog, leí de cuando una de tus niñas te dio una patada en los huevos y decías algo como que la paternidad es una patada en los huevos que te deja de rodillas pero con una sonrisa… Desde ese momento hubo empatía, también soy padre…
Un abrazo!!!
Comentario de José Playo — un 29 Septiembre 2008, tipo 17:18
@letransfusión: todavía me patean. Que me pateen los huevos, creo, es la historia de mi vida. Me alegra saber que hay empatía, muchas gracias por contarlo. Abrazos.
Comentario de Gonz@lo — un 29 Septiembre 2008, tipo 17:30
Felicitaciones José.
Imagino que ese Volantti ya había gastado excusas “matando” a tíos, abuelas, perros, accidentes de tránsito…
Si lo ves a Volantti decile que lo mejor es usar excusas completamente inverosímiles, tanto que le hagan creer al jefe que es imposible que haya sido inventada. Los argumentos que incluyen a la mafia china normalmente no surten efecto porque se pasan de rosca y ya no te la creen…. pasa que casi nadie sufrió a la mafia en serio.
Si Volantti llega a ser tu alterego, no creo que tengas problemas en inventar excusas increibles.
Ojalá ni vos ni nadie que lea esta página sean mis jefes porque voy a estar hasta las pelotas.
Comentario de Ramiro — un 29 Septiembre 2008, tipo 20:58
¿O me estoy volviendo loco, o este cuento ya lo leí en otro lado?
Sacame de la duda (no vale responder “ambas”…)
Ah… Muy buena la página. Cuando leí por primera vez una Peinate, me pareció una revista bastante pajera, y aunque no cambié de opinión, ahora me gusta y visito bastante seguido esta página.
Saludos
Comentario de Federico Gauffin — un 30 Septiembre 2008, tipo 7:20
¡¡Jajajajaaaaa!!
¡Muy bueno, Playo!
No había pensado en esa excusa, me parece que (apenas tenga laburo) la voy a implementar, aunque me tenga que inventar un vástago mío.
¡Salute!
Comentario de Fledermaus — un 30 Septiembre 2008, tipo 11:04
José, si tuviese que ponerme a enumerar las excusas que puse (y pongo) cada vez que llegué tarde a algun laburo… no termino más.
Pero así como cuando lo leí antes, es una excusa muy zarpada. Ataca el lado tierno del jefe, que lo tiene muy oculto… pero lo tiene.
Me acuerdo una vez, que hasta con lágrimas en los ojos fui a pedir un día franco (para ir a ver una banda a bs as)… no voy a revelar mi historia ni mis fundamentos. Pero fue la última vez que mentí tan descaradamente.
Un abrazo, josé.
Comentario de P Granovsky — un 30 Septiembre 2008, tipo 11:16
Mentir es verdaderamente un arte, quiza lo mas complicado es convencer a la victima de que uno es muy malo para mentir
Comentario de letransfusión — un 30 Septiembre 2008, tipo 12:21
jajajajaja….
Con todo esto de la paternidad me ha dado por recomendar aquí una buena “nivola”: Niebla de Miguel de Unamuno.
Aquí un fragmento del porque esta recomendación:
Comentario de Julieta — un 30 Septiembre 2008, tipo 17:06
Buenísimo tu relato ,el diálogo entre el jefe y Volatti completamente creíble …Me encantó…
Comentario de Lucas, de regreso — un 30 Septiembre 2008, tipo 17:36
Playo, la bipaternidad te esta afectando de un modo curioso, ahora hasta estás imaginando las excusas que le darías a un jefe que no tenés (acaso lo bueno de tener jefe es la posibilidad de mandarle fruta a lo pavo).
Un lujo Unamuno, siempre. Gracias changos.
L
Comentario de Gabriela — un 30 Septiembre 2008, tipo 18:28
Me puedo robar algunas de las historias recientes para hacer mi storyline???
Comentario de Martín — un 30 Septiembre 2008, tipo 18:33
Yo creo que la verdad está sobrevalorada y que, normalmente, la mejor opción es mentir. Muchas personas van por el mundo y, con el pretexto de ser sinceros, te sueltan cada verdad en pleno rostro.
Celebro que haya algunas personas con la capacidad de esconderme ciertas verdades y disimularme ciertas imperfecciones.
Volantti, es un ser ficcional que sabe mentir. Es como una mentira al cuadrado. Bien por él.
Comentario de elodea — un 30 Septiembre 2008, tipo 23:05
@Martín:
…lo que mata es la sinceridad
Comentario de Marbot — un 1 Octubre 2008, tipo 0:34
Ajá, yo ya lo leí en alguna versión anterior de la web, es fabuloso. Saludos!
Comentario de Martín — un 1 Octubre 2008, tipo 11:59
@elodea:
Es cierto, en comparación, la humedad no es tan terrible.
Comentario de javier — un 1 Octubre 2008, tipo 15:03
excelente!!!
Comentario de SUCIA RATA_CRUEL — un 2 Octubre 2008, tipo 14:38
ME GUSTO TU CUENTO, BUEN RITMO Y LINDO, ME HIZO PASAR UN RATO AGRADABLE LEYENDOLO Y CREO QUE ESO ES LO IMPORTANTE EN LA VIDA, PASAR RATOS AGRADABLES QUE HACEN LAS HORAS LOS DIAS Y LOS MESES DE NUESTRA VIDA
Comentario de Viejo — un 3 Octubre 2008, tipo 11:31
Qué hijo de puta. Seguro que Volantti es el que pone de excusa al hijo por todo… Incluso si no se quiere juntar con los muchachos, o ir a algún compromiso. Y te puedo asegurar que antes del hijo era la mujer, y antes… alguna otra excusa.
Genial el cuento.
Abrazo!
Comentario de Alejandro — un 3 Octubre 2008, tipo 11:52
Me encanto la historia y el debate q se armo con la mentira…
Aca dejo una frase que lei una vez en un blog y la guarde pq me gusto:
La verdad es fria, no resulta comoda. Una mentira es mas hermosa.
Es mucho mas interesante y provechoso fantasear que decir la verdad.
Joseph Weil (1877-1975) Estafador
Comentario de La Tota — un 7 Octubre 2008, tipo 19:52
Playo, sos genial!!!
No tengo hijos, soy soltera.
Estoy del otro lado, soy la hija que lleva al novio baterista a la casa, sin aros, sin tatuaje, pero melenudo!!!
Cada vez que lo ve el viejo se pone verde, se calla, y no me habla.
Sos genial
Comentario de muchasmiradas — un 12 Octubre 2008, tipo 14:37
A este relato lo leí en tu libro, muy bueno. =)
Comentario de manzana — un 17 Octubre 2008, tipo 17:33
Excelente rerlato!
PD: probablemente no te acuerdes de mi persona, en caso de que si lo hagas, te pido disculpas.
Comentario de moquero — un 30 Octubre 2008, tipo 23:56
me tiene las bolas llenas el de bitacoras.com