Peinate que viene gente


¿Se cree que soy pelotudo?

Frente al escritorio, se llevó los dedos en punta hacia la sien y dio los buenos días. Del otro lado de la mesa, meciéndose con ansiedad en una silla, el hombre de bigotes lo estudiaba a la espera del parte.

—Buenas tardes, mi capitán —saludó.

Al capitán le picaban los huevos, hacía mucho calor en la habitación, pero debía mantener las formas: su rango le quitaba toda posibilidad de andar pellizcándose las pelotas frente a los subordinados.

—Corte la formalidad y vaya al grano, soldado, que no me aguanto la calor.

El que estaba de pie puso los brazos paralelos al cuerpo y golpeó los tacos antes de distender la postura.

—Tenemos los primeros resultados. La droga funcionó a la perfección.

El capitán se peinó fugazmente un lado del bigote y sonrió con regocijo.

—¿En los tres voluntarios?

—Si me permite la expresión —dijo el soldado conteniendo la risa—, quedaron rayados como compaq sin caja. O babeados como bebé con sonajero. Para que se entienda mejor, estaban más dados vuelta que soquete en un campamento…

leer lo que falta de: ¿Se cree que soy pelotudo?…




Fetichismo mercantilista

Sólo cuando estás probándote los zapatos nuevos te das cuenta de lo viejos que estaban los que tenías puestos.
(8) rispostas
| # | desaforismos avorazados |




Primera esquina con tetas

Cuando la Nelly sacaba la torta a la vereda pasaban cosas. Yo era boludo pero no tanto, me daba cuenta. Primero la gente se arremolinaba sobre la mesa esperando que ella repartiera las servilletas húmedas y pesadas. Al principio había un respeto de turnos que hasta se podía confundir con camaradería, pero todo se iba al carajo cuando alguien daba el primer codazo, en respuesta al avivado que pedía doble ración para un supuesto amigo que estaba lejos de la mesa:

¡No é paaamí; é pa´l flaco, loco!

Eh, ocote, ¿vo ti ái creído que somo todo boludo? Rajá IÁ di acá.

El éxito de las tortas de la Nelly, entiendo bien ahora que soy grandecito, no radicaba en el punto del bizcochuelo —aunque hay que darle crédito a la textura y a la esponjosidad, endemoniadamente tentadoras—; lo que ocurría en esa esquina nada tenía que ver ni con la suavidad del dulce de leche rebajado con crema, ni con las chispitas de crocante: todos los que venían el sábado a ese córner de Güemes sabían que por tres billetes, además de la generosa porción, tenían una platea preferencial de las mejores tetas de aquél lado de La Cañada, cada vez que la Nelly se agachaba y las bamboleaba sobre la mesa.

leer lo que falta de: Primera esquina con tetas…




Observadore

Hoy, viendo a una persona que se escarbaba los ojos con dos dedos, comprendí por qué no podría usar jamás lentes de contacto: me faltan huevos.
(5) rispostas
| # | desaforismos avorazados |




No delivery land

Esta es mi nueva geografía. Una siesta en la que hago equilibrio sobre los últimos cachivaches que pudimos embutir en la parte de atrás de la F10 de Diego. Una siesta para descubrir que si pisás a fondo el pedal de “esta chata vieja”, el motor brama hasta cantar noventa kilómetros por hora sin que se vuelen demasiados pantalones ni colchones, a lo sumo algunos papeles y una tetera.

A la primera noche en los nuevos hogares siempre la precede una jornada diabólica de correrías y decisiones apresuradas. Pensaba en eso mientras transitábamos como saetas la costanera, desde donde sólo hay campo y hasta que empieza La Cañada:

—Ida y vuelta. Ida y vuelta. Ida y.

El sol calentaba la chapa de la Ford hasta la temperatura justa para cocinar un codo o una rodilla. Con goteras de sudor pringoso íbamos bautizando dinteles, escaleras, libros y muebles. Llegábamos a destino, desatábamos las cuerdas, bajábamos los armatostes y los pasábamos entre jadeos por el hueco mezquino de una escalera. A veces teníamos que cortar cosas con una sierra, o desatornillar camas y cómodas para volver a ensamblarlas en la planta alta. Después tomábamos algo de una botella y saltábamos otra vez sobre la caja de la camioneta, ahora vacía, nunca más caliente.

leer lo que falta de: No delivery land…




Opiniones sobre las frías cremas

1) Siempre ponen el Dulce de leche o el Chocolate al fondo del cucurucho y te coronan todo (excesivamente) con Limón o Frutilla, siendo que estos últimos sabores son los que te sacan la sed. Todavía no he clavado codos en el mostrador de la heladería que a este procedimiento lo resuelva a la inversa, como tiene que ser.

2) En materia de "tomar" un helado sé que: a) Jamás integraré el grupo de los que disfrutan de un vaso de agua después, ni del grupo de los que toman gaseosa ¡o soda!, éstas últimas saben calientes y espumosas, como meadas cáusticas y no da. b) Ni en pedo gastaría un pedido en llenarme la trompa de "pistacho" o "crema del cielo"; gustos a bolsa de súper, no me vengan a joder. c) Son muy pocas las personas que optan por el Menta Granizada, y no se llevan bien con el bando de los "Uvas al Rhum", que siempre hacen buenas migas con los "Quinotos al Whisky".

3) Dicen que todavía, en algún escondido lugar, hay una heladería que junto con el kilo te da cuatro cucuruchos barquillos sin cobrártelos aparte.

4) El que clavó un pico con vertedor de agua en los locales es un visionario; el que ideó la mugre del tacho de basura con tapa rebatible, un imprudente.

5) Es irritante el espacio vacío y diáfano del fondo de los envases de un kilo, ese que los heladeros se empeñan en no llenar para mantener intacta la pulcritud del telgopor.


(45) rispostas
| # | desaforismos avorazados |




P de Paintball

Había una vez unos tipos que se creían unos vivos bárbaros y se fueron a jugar al paintball. Trabajaban juntos, o algo así. Llegaron a la mañana al predio y empezaron a pasarse un termo con café. Hacía un frío de cagarse encima.

—Este café tiene gusto a meada —dijo el Achaque Gutiérrez.

El Cabezón sopesó el arma y preguntó:

—¿Y esto cómo mierda es?

—Hacemos dos grupos y nos cagamos a tiros —aclaró uno del bando contrario.

El instructor les dio las pautas a tener en cuenta. “No se vayan a sacar el casco. Guarda. Hubo un tipo en Rosario que perdió un ojo”, decía. O “Tengan cuidado que si no usan protector, se pueden volar un huevo”. Los demás hacían chistes sobre el tamaño de los huevos de Galíndez, que era más bien bajo. Medía uno cincuenta si se ponía en puntas de pie. Le decían Bocina Galíndez y tenía la voz finita, como la de un chico.

leer lo que falta de: P de Paintball…




Contraindicación en los prospectos

"No me gusta el agridulce", dicen algunos. Y almuerzan y cenan con Coca. ¿Quién carajo los entiende?
(0) rispostas
| # | desaforismos avorazados |





Ir arriba
ecoestadistica.com

Peinate que viene gente la tiene más grande con WordPress - Plantilla basada en GimpStyle de Horacito y configurada lascivamente por José, que la tocó y se fue.
Entradas y Comentarios feeds. XHTML y CSS válidos.