Peinate que viene gente


Primera esquina con tetas

Cuando la Nelly sacaba la torta a la vereda pasaban cosas. Yo era boludo pero no tanto, me daba cuenta. Primero la gente se arremolinaba sobre la mesa esperando que ella repartiera las servilletas húmedas y pesadas. Al principio había un respeto de turnos que hasta se podía confundir con camaradería, pero todo se iba al carajo cuando alguien daba el primer codazo, en respuesta al avivado que pedía doble ración para un supuesto amigo que estaba lejos de la mesa:

¡No é paaamí; é pa´l flaco, loco!

Eh, ocote, ¿vo ti ái creído que somo todo boludo? Rajá IÁ di acá.

El éxito de las tortas de la Nelly, entiendo bien ahora que soy grandecito, no radicaba en el punto del bizcochuelo —aunque hay que darle crédito a la textura y a la esponjosidad, endemoniadamente tentadoras—; lo que ocurría en esa esquina nada tenía que ver ni con la suavidad del dulce de leche rebajado con crema, ni con las chispitas de crocante: todos los que venían el sábado a ese córner de Güemes sabían que por tres billetes, además de la generosa porción, tenían una platea preferencial de las mejores tetas de aquél lado de La Cañada, cada vez que la Nelly se agachaba y las bamboleaba sobre la mesa.

A mí la Nelly me tenía cariño. Yo le daba una mano con el cobro, intentando manejar a una jauría hambrienta y empingada que, aún con los lienzos tirantes como inauguración de mástiles, se las ingeniaban para acomodarte algún que otro fiasco entre los billetes. Era un negocio de calle, la plata iba y venía rápido, y si no tenías cuidado te enchufaban hasta papel de cuete.

¡Qué vasé faaalso, ortiva; é gueeeno, mirá: é puulenta!

Los sábados a media mañana el barrio se revolucionaba cuando la Nelly se inclinaba con sensualidad sobre la mesa, y la platea masculina bullía esperando ver la tela de la camisa abrirse en una V generosa que de pedo cubría un cuarto de teta. Ancianos, jóvenes, niños; todos pedían que les hicieran lugar y vociferaban:

¡Falto ió, Nelly! ¡A mí me saaltiáste!

Ella se limitaba a entrecerrar los ojos ladeando la cabeza, una mueca de niña tonta que lejos estaba de ser casual, una postura estudiada con ímpetu frente al espejo para lograr el efecto adecuado, un mohín que iluminaba su rostro con inocencia lasciva y chinesca.

El flequío ese é de peetera —solía escucharse entre los parroquianos soldados a las baldosas.

El show terminaba cuando la madre de la Nelly —una señora gorda que tenía bigotes y un aliento como si se hubiera comido una ensalada de culos— disolvía la tertulia con estruendosos chancletazos que repartía a diestra y siniestra. Y la Nelly se reía. Todavía hoy, si cierro los ojos, puedo ver a la chica más caliente de la cuadra chupándose los dedos chocolatados entre risotadas cristalinas mientras su progenitora ejercitaba los brazos como molinetes sobre el lomo de los vecinos incandescentes.

En el barrio no las querían. Se rumoreaba que el padre de la Nelly había muerto con una pierna a cada lado de una tapia, de un balazo servido por el dueño de la casa que lo descubrió cuando intentaba sacar una reposera. Aún yo siendo pendejo entendía que madre e hija montaban el espectáculo de los sábados para hacerse unos mangos y de paso escandalizar a los maridos y a los hijos de las viejas que las cuereaban entre escobas y veredas:

Tení que sacále TODA la guita a eto cuuliáu, Nelly. Y iá que toy ió me saco la bronca cagándolo a palo, JAJAJA.

Yo los sábados andaba solo y me quedaba a comer con ellas. Después de la tortilla y el vino, la vieja iba y se tiraba a roncar sobre un camastro que rechinaba como cien bancos de iglesia. Era nuestro momento, limpiábamos la mesa y contábamos la guita con la Nelly. Esa era la parte más inquietante de la semana, el lapso de tiempo que yo aguardaba con impaciencia, convencido de que alguna vez tomaría coraje y optaría de forma correcta ante la elección que todas las semanas se me planteaba después de alisar los billetes. Me miraba seria y decía:

¿Querí que te pague o preferí chuparme las teta?

Siempre, cada vez, yo hacía lo mismo: chapaba un toquito de monedas y salía corriendo tan rápido que, cuando pasaba por la cortina de la puerta, las tiritas de colores se me enganchaban en el cuello y en las piernas y terminaba tirando el barral a la mierda, mientras la risa de la Nelly me acompañaba tres cuadras que dolían como una operación sin anestesia.

Una sola vez me quedé. Ella me miró con cara seria y después me agarró la mano y se la puso en el cuello. No me puedo sacar de la cabeza la forma en que se le curvaba el grito al heladero que pasaba por la calle mientras la exploraba con los dedos inseguros y más fríos que un glaciar.

—HEEE-LÁO-LÁOOOO…

La muñeca me temblaba y el ronroneo de la Nelly me hacía atragantar.

—PALITO-BOMBÓMHELÁOOOOO…

Encontré los pezones mucho más rápido de lo que pensaba. Con la nariz enterrada en una marea asfixiante de tetas saladas que olían a jabón Gran Federal, torcí la cara diez veces atrapando y soltando la piel rugosa hasta que la Nelly me dijo ” vamo al baño yanomá”. Le seguí el culo hasta el cuartito y nos acomodamos entre el inodoro y la bacha. A mí la cabeza me latía como si el corazón y los sesos se me hubieran cambiado de lugar.

—HEEEEE-LÁO-LÁAAAOOOOO… —y el flequillo de la Nelly empezó a bajar.

Mientras ella se agachaba llevándome al piso, escuché por la ventanita que el heladero hablaba con el viejo de la quiniela:

Parece que lo de La Tela fue un tornáo. ¿Vo te acordái de la cantidad de perro que había en La Tela?

Sentados en el suelo sobre mis monedas, nos empezamos a masticar.

Seee, qué manera de habé perro en La Tela.

Yo imaginaba racimos de perros que recorrían las calles de tierra deshojándose en polvareda mientras me raspaba los codos con el estucado y el revoque grueso, cada vez que cambiábamos de lugar.

Bueno, apena arrancó el vientazo y se formó l´huracán, lo perro empezaron a volá como si fueran bolsa suelta.

¿Se los ievó el viento?

No sabé cómo volaban, lo culiáo. Al otro día dicen que todavía seguían caiendo perros muerto del cielo hasta por Amheguino Norte. Assí la cantidá de bicho.

Mientras le chupaba los dedos y confundía el sabor del chocolate con el de la guita, imaginé que del otro lado de los ladrillos grises, más allá del marco de la ventana que babeaba cemento, había animales muertos colgados de los árboles, regados sobre los techos, estrellados contra los patios.

Poquito nomás pude aguantar.




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  1. 1

    Trackback de Bitacoras.com un 17 enero 2009, tipo 3:40


    Información Bitacoras.com…

    Si lo deseas, puedes hacer click para valorar este post en Bitacoras.com. Gracias….


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  2. 2

    Comentario de Virginia un 17 enero 2009, tipo 4:25


    Qué bien escrito! Felicitaciones.


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  3. 3

    Comentario de Walterio un 17 enero 2009, tipo 8:55


    Delicioso! la Nelly me hizo recordar a mi profesora de geografía de cuarto año, que se agachaba sobre nuestras carpetas con la blusa abierta y nos señalaba un río diciendo su nombre: Misisipí ! (así con acento en la última i).


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  4. 4

    Comentario de chichas un 17 enero 2009, tipo 11:54


    asi es… quien no tuvo una vecina. esa que mostraba las tetas con tanta soltura. me ponia loco. se las miro o no se las miro? se habrá dado cuenta? que buenas tetas. excelente

    saludos


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  5. 5

    Comentario de Maria Tomasini un 17 enero 2009, tipo 13:35


    !Que bueno, pero que bueno!. Leyendolo, ¿la imaginacion no se lo pinta?


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  6. 6

    Comentario de nico un 17 enero 2009, tipo 14:17


    Magistral. Hermoso.
    a mí me agarró el último huracán en Pueyrredón y Cañada. No me ahogué de pedo.
    un abrazo


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  7. 7

    Comentario de Nicasius un 17 enero 2009, tipo 15:03


    lindo texto. Brindo por todas esas Nellys que hacen nuestra vida mas amena y placentera.
    saludos jose


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  8. 8

    Comentario de Fabiana un 17 enero 2009, tipo 15:52


    ¡Qué lindo recuerdo de la infancia! Jaja.
    ¡Con semejantes tetas no debe ser fácil olvidarla!
    Buen fin de semana.


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  9. 9

    Comentario de Karmakiller un 17 enero 2009, tipo 17:33


    Mmm… ese vicio de la visión y el chocolate.

    Un ritual indecoroso y una ilusión trascendente.

    Muy buen escrito amigo José.

    un abrazo!


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  10. 10

    Comentario de Sabalero un 17 enero 2009, tipo 19:40


    Mi profe de Educación cívica!!! que tetasssssss!!!!!!!!!
    Gracias playo por hacerme acordar.
    Tengo un amigo que dice que si el infierno (o el cielo que es lo mismo) la puerta de entrada es la linea que divide un par de buenas tetas (ahora que lo pienso capaz que eso lo dijo alguien groso y como yo osy medio bruto el me lo hizo creer como suyo, si alguien sabe sáqueme la duda).
    Jorge


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  11. 11

    Comentario de Sabalero un 17 enero 2009, tipo 19:42


    que si el cielo o el infierno existen quise decir


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  12. 12

    Comentario de Pupi un 17 enero 2009, tipo 20:49


    Muy bonito José :) Un beso


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  13. 13

    Comentario de letransfusión un 17 enero 2009, tipo 23:26


    No, no, no!!! Esa Nelly con todo y tetas será inmortal!!!

    OmShantiHaribolHareKrishnaHareRamaInlakesh!!!


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  14. 14

    Comentario de Juan un 18 enero 2009, tipo 11:25


    Y con la mente totalmente en otro lado totalmente. Excelente relato.
    Saludos,
    Juan


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  15. 15

    Comentario de dax un 18 enero 2009, tipo 12:07


    Excelente post, leyendo volví al barrio, las polvaredas de las calles de tierra y a esas tetas que tanto avivaron mi imaginación para las puñetas siesteras en mi pre adolescencia.
    Yo también brindo por todas las Nellys que definieron los gustos de tantos de nosotros.

    saludos,
    dax///


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  16. 16

    Comentario de xavier un 18 enero 2009, tipo 21:12


    Muy bueno. El pobre chico no la habrá pasado tan bien si aguantó poquito no? La Nelly me hizo acordar a mi primera calentura.


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  17. 17

    Comentario de Natushka un 19 enero 2009, tipo 1:31


    “un aliento como si se hubiera comido una ensalada de culos” JAJAJA. Diossss que risa, pero que imagen desagradable si las hay.
    Magistral lo suyo, Playo. Cada vez mejor =)


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  18. 18

    Comentario de Seba un 19 enero 2009, tipo 8:41


    Amigo Cortázar, al principio pensaba que los pastelitos serían de Cannabis, eso me pasa por intentar subestimarte lejos de ser básico has vuelto a dejarme una sonrisa grande.. que joder, te merecés estatuas de bronce llenas de caca de paloma con tu cara en cada plaza de este mundo de locos.

    Abrazos pa vos y besos pa la flía.


    Reply to this comment

  19. 19

    Comentario de vagina way un 19 enero 2009, tipo 9:05


    Me encantó! Buenísimo. Otro cuento “Revelación”. Qué bien escribís José Playo.


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  20. 20

    Comentario de Javier un 19 enero 2009, tipo 9:23


    Como siempre, leerte es un placer. Y también imaginar las tetas de la Nelly, aunque son placeres distintos. Por suerte.

    PD: Me matan las traducciones cordobés – español de tus diálogos. A ver cuándo hacés un compilado.


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  21. 21

    Comentario de Martín - Aquende Libros un 19 enero 2009, tipo 9:49


    Bolú, tenés que leer “La culpa es de los padres”, de David Voloj.
    Cuando vengas te lo presto.

    Muy bueno el cuento, me gustó mucho. (Como siempre, le haría unos retoques, pero tengo la mente aún en estado vacacional).

    A ver si nos juntamos, che, estas temperaturas se merecen una cervezita. O un asadito en la residencia veraniega de Ceballos River, el Little Hills.

    Abrazo.

    Ah, me olvidaba, Aquende Libros reabrió sus puertas luego de unas reparadoras vacaciones.


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  22. 22

    Comentario de Dr. CroW un 19 enero 2009, tipo 9:52


    Las mejores tetas que he leido.
    La traducción cordobés – español es INSUPERABLE

    Abrazo José


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  23. 23

    Comentario de lulilu un 19 enero 2009, tipo 10:44


    Hola José! historias como estas escucho de mi hermano, amigos y de mi marido.
    La verdad es que no era nada fácil hace unas décadas, dar con una teta en vivo y en directo!
    Tu historia está muy bien contada y es muuuuy tierna…
    Tengo un hijo de 3 años y a veces me pregunto si le costará tanto esfuerzo y sacrificio, como a su papá y a los de su generación, tener una teta a mano?
    En fin, igual, no es una imagen que me quite el sueño…
    Beso! Gracias por el humor!


    Reply to this comment

  24. 24

    Comentario de Alabama un 19 enero 2009, tipo 15:33


    Jajajaja, excelente! me encanta cuando se pone doble equis y cordobesazo.
    Saludetes, Don Plaio.
    : )


    Reply to this comment

  25. 25

    Comentario de El_Agustín un 20 enero 2009, tipo 17:12


    Muy buena!!!
    Es el sueño del pibe el de cogerse a la vecina mas grande…
    Quién no se ha “guanteado” con eso?
    Saludos.


    Reply to this comment

  26. 26

    Comentario de Javier GD un 21 enero 2009, tipo 1:06


    Polenta con pajaritos a la cordobesa…


    Reply to this comment

  27. 27

    Comentario de Lucas, de regreso un 21 enero 2009, tipo 10:20


    Estupendo, Jose! Celebro a todas las Nellys que pululan entre el cuento y los comments. Las profes, las celadoras, las vecinas, todas las incontables Nellys que nos cascoteaban las siestas y las noches.
    Lo de los lienzos tirantes me hizo acordar a las mananas en el secundario en las que menos de la mitad de los flacos salian al recreo: el pantalon de sarga del uniforme era el mas inicuo delator de nuestras calenturas biblicas (incitadas, claro, por las polleritas minimas y las camisas transparentes de nuestras companeras y los jeans ajustadisimos de las celadoras).
    Abrazos y welcome home para los que han vuelto.

    L


    Reply to this comment

  28. 28

    Comentario de el viejo nabo un 22 enero 2009, tipo 11:26


    Quedo en mi boca el sabor del gran federal, en mi nariz el aspero perfume de la ensalada de culos, mis retinas quemadas con la rugocidad de los pezones. !que linda manera de transmitir imagenes. fue para mi como un hermoso Video de las tetas de mi barrio que se llamaban Amanda!


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  29. 29

    Comentario de Tampax ultra un 22 enero 2009, tipo 21:07


    Me hacés acordar mi infancia / adolescencia en el barrio con calles de tierra donde el tiempo no pasaba más.
    Te cuento que vino de visita mi suegra, con un plumón para hacerse la raya de nuevo y revista abecedario bajo el brazo. Así que ya leí P de Paintball completa y me estoy devorando el resto. Está increíble. Lo voy a recomendar en mi blog.
    Saludos.


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  30. 30

    Comentario de OLANDO MARTINEZ un 24 enero 2009, tipo 10:32


    Esta bien escrito. Pero bajen de esa nube . Nada magistral


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  31. 31

    Comentario de Agus un 26 enero 2009, tipo 1:19


    Me imagino que no extrañas la inocencia que te proveia la niñez, no?


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  32. 32

    Comentario de El Dogo un 30 enero 2009, tipo 15:08


    Una perlita la historia. Cuantas veces habré buscado ilusamente un pezón en escotes generosos cuando niño (ya no… claro). Hace tiempo que no estaba por acá, pero veo que tu talento no se disuelve con el tiempo.


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  33. 33

    Comentario de Juan un 20 febrero 2009, tipo 14:20


    Tetas.


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  34. 34

    Comentario de elrober un 21 febrero 2009, tipo 18:17


    boló!!! mi vieja se llama Nélida y le dicen Nelly, pero nunca tuvo buenas tetas, en los 70 no se usaba tener tetas. Mi viejo es de Güemes y lo que nos reunía en la esquina de Corro y la Costanera (calles de tierra por alla por los 80) no eran las tetas de ninguna tortera, sino las golosinas caseras de Don Pepino, preguntale a algún vecino NYC (nacido y criado,no New York City) de alrededor de 30 años, y vas a ver. Pregunte mucho Playo, como García Marquez.


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  35. 35

    Comentario de José Playo un 23 febrero 2009, tipo 0:33


    @elrober: qué guiño el de no usar tetas en los 70…


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  36. 36

    Pingback de Adelanto: Peinate que viene gente vol. II un 3 agosto 2009, tipo 20:54


    [...] flequío ese é de peetera —solía escucharse entre los parroquianos soldados a las baldosas. […]  Loading … [...]


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  37. 37

    Comentario de elrober un 7 agosto 2009, tipo 19:39


    @José Playo: a algún loco o genio se le habrá ocurrido , me había olvidado que comenté en este post, averiguaste lo de don Pepino? vivía a media cuadra del puente de Corro sobre costanera


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  38. 38

    Pingback de Peinate que viene gente » Blog Archive » Escritor cordobés reclama usufructo de numerosos orgasmos femeninos que él ni enterado que provocó un 25 febrero 2010, tipo 20:49


    [...] con la sexualidad como tema recurrente (en Peinate, su blog, hay ejemplos como Lavado caliente, Primera esquina con tetas, y Los riesgos de patear descalzo, por citar [...]


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