[…] si viene un auto de frente con las luces altas, tenés que mirar fijo la línea amarilla de la banquina que está a la derecha para no encandilarte —explicó Bela.
Yaco miró la pampa anochecida y desierta por la ventanilla. Si algo le caía mal era mantener una conversación forzada; cumplir con el ritual del acompañante le resultaba una responsabilidad insoportable.
—¿Y cómo sabés a qué distancia está un auto que viene de frente? —retomó ella—: mientras veas que las luces no se le separen, lo tenés lejos; cuando empezás a distinguir los dos focos es porque se acerca.
Él se limitó a mirar el parabrisas. Le gustaba ver la ruta metiéndose debajo del auto mientras la línea blanca parpadeaba incansable hasta que aparecían las franjas amarillas. Por la banquina les galopaba al costado una hilera discontinua de matorrales que se encendían por un segundo antes de desaparecer. Tenía ganas de mear, pero se mantuvo en silencio.
—¿Estás molesto por algo? No decís nada.
Resopló. Bela le hablaba por encima de dos tetas gordas de las que nacían unos brazos cortos y robustos. Era una mujer comprimida y elocuente. De su culito compacto brotaban dos piernitas nudosas de rodillas cuadradas. Habían estado cogiendo duro y parejo todo el fin de semana. ¿Lo mejor? En cuarenta horas ella no lo dejó meter una sola vez la mano en la billetera.
—Estoy pensando que somos dos desconocidos —reflexionó él—. Hace un par de días no teníamos idea de que el otro existía. Una ronda de cervezas y dos polvos después, estamos cruzando esta pampa desolada para buscar una hostería con pileta donde nos dejen jugar a la luna de miel improvisada.
Bela sonrió por cortesía, pero el comentario, lejos de divertirla, la molestó. “Luna de miel improvisada”, ella misma había acuñado el término la noche anterior, cuando casi se quedó sin voz de tanto gritar “más fuerte”. Eligió restarle importancia al asunto. Le gustaba Yaco. Lo primero que le llamó la atención fueron sus piernas fuertes y sus hombros anchos. Cuando cogía no transpiraba, eso también le gustaba. Y que echaba polvos largos, rítmicos. Hacía mucho que no tenía orgasmos tan intensos y sostenidos. Perdió la cuenta, la noche anterior parecía un deja vù de su cabeza aturdida rebotando sobre la almohada.
—Dicen que es una hostería muy buena, que tienen una pileta olímpica y que en ningún otro lugar se ven las estrellas como ahí —comentó para encender en él un mínimo entusiasmo.
—Una vez salté de un trampolín muy alto —le respondió con desinterés—. Deben haber sido unos tres o cuatro metros.
—¿Te gusta nadar?
—La pileta no tenía agua. Lo que yo quería era romperme la cabeza. Ahí descubrí que no puedo… —Yaco dudó unos instantes—. Bueno, que no puedo matarme.
Volvió a sonreír, un poco para seguirle la corriente, otro tanto para no pensar en que la conversación no sólo le molestaba, sino que empezaba a asustarla. La ruta se había convertido en una alfombra recta que partía en dos un desierto regado de arbustos que descansaban sobre sombras azuladas. La luna, que apareció como una gruesa rodaja de hueso en el horizonte, ahora había trepado hasta ubicarse sobre sus cabezas.
—Me hago pis. Paremos un toque —propuso él.
Cuando el motor se apagó los acribilló un coro de chicharras y grillos. Yaco se desabrochó el pantalón, dio dos pasos y dejó escapar un chorro grueso y espumante. Quiso escribir algo con la meada, pero le puso demasiado énfasis a las primeras letras y le faltó tinta para completar una palabra. Bela se había ido hasta la parte trasera del auto y orinaba en cuclillas mientras pensaba en que siempre estaba la posibilidad de parar en una estación y pedirle a Yaco que bajara a buscar cigarrillos mientras ella aceleraba el auto y lo dejaba. Le gustaba pensar en su libertad. Ningún hombre había conseguido jamás obligarla a hacer nada. Soltó un pedo cortito y discreto antes de ponerse de pie con una sonrisa. La idea de la estación le había devuelto la tranquilidad, como un comodín entre todas sus cartas.
—Este lugar es una tumba —le dijo él a la inmensidad que tenían por delante.
En la línea lejana del horizonte nacía un serrucho desafilado de montañas que llegaba hasta donde la vista alcanzaba. El único auto con el que se cruzarían en todo el resto del viaje pasó junto a ellos y tocó bocina.
—La gente siempre toca la bocina cuando te ven meando en la banquina —dijo intentando sonar divertida, pero la verdad era que estaba asustada.
“Este lugar es una tumba”, repitió para sí. Un latido pesado le nació en el pecho cuando imaginó a Yaco arrastrándola entre los matorrales para dejarla a merced de los bichos del desierto. Se obligó a no pensar en la lengua áspera de las comadrejas, en la mordida enérgica y voraz de las hormigas.
—¿Puedo manejar tu auto?
La pregunta la tomó por sorpresa. Tal vez para no no evidenciar el temor que sentía, o por la culpa de sentirse descubierta en su estrategia de abandonos en estaciones de servicio, respondió que sí y ocupó el lugar del acompañante en silencio.
Yaco dio arranque, consultó el tablero y la palanca de cambios, acomodó los espejos y puso en marcha el auto. Sus manos acariciaban el volante con suavidad. Bela se concentró en los dedos grandes y fuertes que empujaban la palanca de cambios sin forzarla. “Es más suave para manejar que para coger”, pensó.
Pronto ganaron velocidad otra vez y Bela aprovechó para buscar un cigarrillo en la cartera.
—Una vez puse una palangana con agua llena de sal, metí la pata descalza y agarré un cable pelado —comentó él con una sonrisa—. Me acuerdo del chisperío. Y de que tampoco sirvió para nada. Ahí fue que empecé a darme cuenta.
Ella soltó el humo y bajó la ventanilla antes de hablar:
—¿Qué te pasa, chabón? Me estás empezando a poner nerviosa. Estaría bueno que dejes de hablar de suicidios y esas boludeces. Yo estoy de vacaciones, quiero disfrutar, divertirme. No sé qué te parece a vos, pero a mí tanta cosa fúnebre me deprime.
—Te estoy contando una gran verdad —fue toda su respuesta.
—¿Qué verdad, loco? Me estás comiendo la cabeza. Te pido de buena onda que la termines acá con esas pavadas, o…
El ímpetu de su reprimenda quedó sepultado bajo la ausencia de argumentos que sonaran realmente amenazadores. Su parlamento interrumpido olía a miedo, producía el efecto contrario de imponer autoridad. El eco de sus palabras sonaba como un ruego infantil y desesperado.
—A tus técnicas de manejo deberías sumarle este truquito con las luces —dijo él antes de girar la palanca que había detrás del volante y dejar la ruta a oscuras.
Bela estiró la mano por instinto para ponerse el cinturón de seguridad. El auto iba como una flecha ciega encarando la negrura con violencia, el motor bramaba bajo el peso del pie en el acelerador. Era horrible escuchar, además, cómo estallaban las polillas y los cascarudos contra el parabrisas.
—Una vez me pegué un tiro con una escopeta —dijo él—, pero creéme: nada de nada funciona.
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Peinate que viene gente la tiene más grande con WordPress - Plantilla basada en GimpStyle de Horacito y configurada lascivamente por José, que la tocó y se fue.
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Comentario de El Rafa — un 10 febrero 2009, tipo 11:51
Espectacular, estremecedor e inquietante… no pude evitar imaginar al tipo como un Gilgamesh macabro.
Gracias.
Comentario de Liam — un 10 febrero 2009, tipo 14:21
Existe algo irresistible, aparentemente, en la inmortalidad, lo de arrastrar a los mortales contigo mientras vos seguis viviendo.
Excelente, un abrazo.
Comentario de Martín - Aquende Libros — un 10 febrero 2009, tipo 15:09
zafa ;-)
Comentario de Tampax ultra — un 10 febrero 2009, tipo 15:31
Muy bueno. Me hizo acordar un poco a El Irrompible, una película con Bruce Willis que extrañamente estaba bastante buena y que pasó sin pena ni gloria por las salas.
Comentario de Javier — un 10 febrero 2009, tipo 16:26
Me gusta la tensión que se genera a partir de las primeras palabras de Yaco, a través de la acidez del diálogo. Y más cuando cuenta, como al pasar, su primera muerte frustrada.
Me encanta la ambientación, es algo que siempre me atrae de tus textos. La ruta de noche, la pampa interminable, los matorrales vistos desde la ventanilla.
No me termina de convencer (acá, en este contexto) la escatología, tanta meada y pedos en un texto tan corto. El pedito, en realidad, me suena como forzado (por vos, no por ella. Aunque tal vez ella también lo forzó, antes de volver al auto…). O innecesario, excesivo: agachada al borde de la ruta, echándose una meada y largándose un pedo. Le faltó un provechito, nomás.
Aunque el borde de la ruta tiene ese nosequé…
Comentario de Trinyti — un 10 febrero 2009, tipo 17:08
Hola José, van dos comentarios:
1) El primero es deuda de antes. Quería decirte que, cuando te vi en Cosquín y te comenté que había trabajado algunos textos tuyos con alumnos, no quise explayarme por demás, no quería aburrir, me imaginé que mientras menos ahondara en mi historia sería mejor. También me paso de vuelta con la “escuetitud” aveces. Me pasa, de vez en cuando, que me prefiguro como será un encuentro y para no estropearlo casi ni intervengo. Estúpida y cándidamente me imaginé diciéndote cosas inteligentes u originales y luego, ante el vértigo de tener tantas cosas por decir preferí ser breve.
Doy clases en 5to y 6to año del secundario y en terciarios y en ambos, desde diferentes lugares te he mencionado. Con los chicos de 5to te metí a la fuerza (jejeje) en la unidad de literatura contemporánea, qué tal? Ah, Parachutes les encantó, y Fuma también
2) En cuanto al cuento: me encantó como se va oscureciendo y enrareciendo el clima dentro de ese auto a partir de elementos muy simples; mientras te leía me iba acomodando en la silla con incomodidad y nerviosismo mientras me imaginaba que Bela estaría haciendo lo mismo.
Comentario de gnusiervos — un 10 febrero 2009, tipo 17:27
muy bueno, me gusto mucho. Como dice trinyty se va oscureciendo gradualmente y eso es lo mejor
gracias por publicar todo esto y felicitaciones por el blog en general.
No hacer comentarios permanentemente no significa no leer con atencion y alegrarse cuando google reader me avisa que “peinate” tiene algo nuevo.
exitos
rr
P.D.: hacia falta el pedito despues de la orina ?
Comentario de Asterion — un 10 febrero 2009, tipo 17:41
Me gusta el punto en que dejás el relato. La duda de si se trata de un inmortal buscando confirmar tal condición, o de un completo desquiciado, o de un jodón de siete leguas que tiene todo bajo control…
Un condimento importante en el terror es lo desconocido, ese momento en que se pierde el control de una situación. Creo que logras transmitir ese sentimiento que se va apoderando de la protagonista.
Comentario de xavier — un 10 febrero 2009, tipo 19:49
Me gustó, y mucho. En cuanto al comentario de Javier no estoy del todo de acuerdo.
Si bien la meada y el pedito están medio de sobra en un cuento tan oscuro, sirven de justificativo para que él quiera matarla. Aparte de toda la charlatanería vacía del viaje, al tipo le terminó de llenar las pelotas verla en esas condiciones.
Por eso digo “no estoy del todo de acuerdo”. No encaja del todo, pero le da una excusa al tipo.
Comentario de Fabiana — un 10 febrero 2009, tipo 20:01
Me encantó el diálogo de los protagonistas. Estuvo impagable.
Saludos.
Comentario de Bodie — un 10 febrero 2009, tipo 20:54
Buenísimo.
Me hizo acordar a los cuentos sombríos que escribió Casciari en Orsai en los últimos meses
Comentario de Sabri — un 10 febrero 2009, tipo 21:20
Qué placer volver a leerte.
Me gustó mucho…aunque me dejó con ganas de más.
Un beso enorme!
Comentario de Arlequincita con fiaca — un 10 febrero 2009, tipo 21:47
José! Me dio mucho miedo. Pero, al contrario ( o tal vez no ) de los otros comments, yo sentí que le había errado a sus maneras de suicidarse sólo para llevarse a alguien consigo.
Me puso la piel de poyyyo ( pobres gallinas, siempre las ocupamos para la comparación, les dí vacaciones)
Beso
Comentario de OLANDO MARTINEZ — un 10 febrero 2009, tipo 22:20
Lo encuentro muy bueno. Muy bien logrado. Con gran economia
de lenguaje, sin largas descripciones, logra hacernos imaginar
las escenas.
Esta frase es muy simpatica:
“Quiso escribir algo con la meada, pero le puso demasiado énfasis a las primeras letras y le faltó tinta para completar una palabra.
La descripcion de la ventosidad, tambien me parece excelente>
“Soltó un pedo cortito y discreto antes de ponerse de pie con una sonrisa
Comentario de OLANDO MARTINEZ — un 10 febrero 2009, tipo 22:29
No me termina de convencer (acá, en este contexto) la escatología, tanta meada y pedos en un texto tan corto. El pedito, en realidad, me suena como forzado (por vos..
—-
Para gustos.
El cuento me parece excelente desde todo punto de vista.
La atmosfera de terror o tension se logra de golpe.
Pero esas pocas frases las encuentro bien dichas. Hay sonoridad
en las frases. Fluyen para usar la descripcion que ya uso
antes.
Mear en una carretera es lo mas normal del mundo.
Rexuerdo que El pasado domingo, 15 minutos antes de la una
de la tarde, antes que abrieran las
puertas de la biblioteca tuve que esconderme para mear.
Pensaba: “No me importa si me
agarra la policia , tengo defensa. No aguantaba mas.
Trackback de Bitacoras.com — un 11 febrero 2009, tipo 0:55
Información Bitacoras.com…
Si lo deseas, puedes hacer click para valorar este post en Bitacoras.com. Gracias….
Comentario de Gony Ramone — un 11 febrero 2009, tipo 5:03
Muy bueno lo tuyo, José. Es una historia imposible de dejar pasar.
Comentario de CERDOS Y CERDAS — un 11 febrero 2009, tipo 5:16
JOSÉ, HABRÁ SEGUNDA PARTE?
Comentario de profe — un 11 febrero 2009, tipo 10:07
Muy buen relato.
Pero confieso que la escatología también me molesta un poco, aunque está excelentemente descripta.
Comentario de OLANDO MARTINEZ — un 11 febrero 2009, tipo 10:11
A mi me parece simpatico. Muy bien logrado. Hay maneras
inteligentes de referirse en la literatura a esas
“cochinadas” que son solo necesidades fisiologicas. Y me
parece que Playo lo logra.
He copiado a otro comentarista y mi opinion quizas no se
entiende.
Comentario de Any-Cosquin — un 11 febrero 2009, tipo 10:11
Me atrapo!!
Algunas reminiscencias de un cuento que lei en el “pendulo” hace millones de añs, no por el argumento sino por el clima.
Pd: te conoci y escuche en Cosquin en la Feria del libro, me suscribí,te sigo..nos leemos!!!
Comentario de Trinyti — un 11 febrero 2009, tipo 12:20
@Asterion: acuerdo plenamente con vos Asterion.
Un gran acierto es el punto en que José decidió dejr de relatarnos la historia.
La otra cosa interesante, que también me parece un acierto, es que no hay un narrador que nos diga que el tipo es un desquiciado, o un inmortal desesperado, o que al menos nos acompañe en la duda, sino que es el propio personaje, con sus diálogos cortos, con ese tema recurrente y siniestro acerca de suicidios fracasados, el que nos empieza a hacer sentir incómodos. Y, comparto con Asterion, se vuelve una incomodidad que se transmuta fatalmente en terror pues deja de resultar comprensible. Bela comienza a saber que las cosas no están bien cuando las palabras de su compañero no pueden ser explicadas desde los parámetros con los que uno se mueve en la cotidianeidad; sino, qué clase de loco intenta suicidarse varias veces y puede contarlo con ese gado de frialdad? seguramente un loco, o algo nuevo que no se conoce y entonces arriba esa sensación de estar ante un abismo.
Eso sentí en los últimos renglones, abismo.
FELICITACIONES JOSÉ.
Comentario de Edu — un 11 febrero 2009, tipo 14:05
que cagaso papa!!!
Comentario de El Negro Castro — un 11 febrero 2009, tipo 18:23
Muy buen relato José.
Excepto la pedorrada que pusiste del pedito de la mina… para mi eso cagó el cuento… en serio.
Es como ver El Silencio de los Inocentes en la parte que la describe Anthony Hopkins a Jodie Foster y que en el medio del relato Jodie se tire un pedo.
O dándote otro ejemplo memorable, la Coca Sarli nadando en pelotas por el medio del río y que se pare en el medio y se tire un pedito en el agua… “cagaría” la escencia de lo que se quiere mostrar.
Igualmente está muy bueno eh, perdón José por la crítica, pero es lo que sentí cuando lo leí.
Saludos y espero leer pronto otro texto tuyo.
Comentario de Gastón — un 11 febrero 2009, tipo 19:30
Particularmente me gustan los relatos de suspenso con algo comico que escribis (no recuerdo ahora los titulos de los otros que e leido) Creo que es una situación más real, que allá suspenso no implica que la mina no se pueda tirar un pedo, por citar una parte.
Me atrapa la forma en que describis el contexto o la ambientación (como lei en uno de los comentarios).
Muy bueno José, un abrazo desde Matienzo
Comentario de Sei — un 11 febrero 2009, tipo 19:48
..
Creí que había perdido tu dirección y por suerte la encontré en el rincón con telarañas de “mis favoritos” del explorador.
Que suerte volver y encontrarme con este pedazo refinado y bien contado de pura intriga.
Comentario de CERDOS Y CERDAS — un 11 febrero 2009, tipo 20:58
José, si tenés un tiempito te invito a que te pases por el chiquero de mi blog: ww.cerdosycerdas.com … a ver qué opinás… saludos
Comentario de OLANDO MARTINEZ- en defensa del pedito — un 11 febrero 2009, tipo 21:32
En el 100 % de la literatura moderna hay malas palabras.
En casi todos los best seller se escribe : que te den por el
culo. Le dieron por el culo. O vete a que te den por el culo”
Una frase semejante esta en cada novela que se lee, algunas
mas o menos justificadas y mas o menos bien logradas.
En el propio Quijote, dicen hideputa (creo que esa el la palabra
que usa Sancho y el Quijote) varias veces
————————————–
Veamos”
Soltó un pedo cortito y discreto antes de ponerse de pie con una sonrisa
Por que me gusta esa oracion???
Primero, la sonoridad de la frase. Al leerla es , sin bromas,
poetica por su sonoridad. Ademas, no se trata de esos pedos ni
escandalosos
ni que apestan. Es solo discreto, y corto. Paf. Y basta.
Segundo: Son cosas que suceden todos los dias. O acaso los
que recjazan ese lenguaje no pedan nunca?
Tercero. Un gas , puede ser comico.
Y eso justifica que la mujer sonria. O sea, da a entender que se
le escapa.
Comentario de OLANDO MARTINEZ- en defensa del pedito — un 11 febrero 2009, tipo 21:55
Continuacion;
El buen narrador tiene que usar trucos para que meter al
lector en escena haciendo que se imagine la situacion.
Esta frase:
“Me hago pis. Paremos un toque —propuso él. ”
logra hacernos :”ver” la escena.
A todos nos ha ocurrido viajar por carretera y tener que parar
por esa razon y , enseguida, .
“Vemos a los personajes bajandose del auto.
El otro elemento que es real y que todos, supongo, hemos
pasado por eso, es que orinando se nos escape una flatulencia.
Con la edad, a mi me pasa con bastante frecuencia, pero si
no lo leo en esta historia no me hubiera percatado.
Asi que. En mi opinion. Ese par de parrafos son excelentes.
Comentario de Melody — un 11 febrero 2009, tipo 22:02
Me gusta…. esta muy bueno… tiene un toke makabro e inkietante ke te hace imaginar mil kosas ke podrian suceder en una ruta de noche….. gracias por alimentar a esta imaginacion. jaja
Comentario de OLANDO MARTINEZ — un 11 febrero 2009, tipo 22:48
Me volvi a leer la Primera parte de la Irrupcion de los
Finaditos. De verdad que ahora no recuerdo un cuento
tan bien redactado como ese. Tendria que pensar.
Parrafo a parrafo es una belleza.
Comentario de Dorotea — un 11 febrero 2009, tipo 23:01
Imágenes del cuento que me dieron ganas de tener una cámara de fotos (y andar por ahí cerca)
“la luna, que apareció como una gruesa rodaja de hueso…”
“deja vù de su cabeza aturdida rebotando sobre la almohada…”
“nacía un serrucho desafilado de montañas…”
“cómo estallaban las polillas y los cascarudos contra el parabrisas…”
Comentario de Lucas, desde la Republica — un 12 febrero 2009, tipo 0:10
Bien, Bien, Bien
Comentario de lulilu — un 12 febrero 2009, tipo 9:02
Hola José! que lindo relato!
Por estar tan bien logrado, uno se mete en la parte de atrás del auto, como un acompañante más…que miedito. Te aseguro que yo, como Bela, también me puse el cinturón…
Siga escribiendo, y no le de bolas a los giles que critican por criticar, va… envidian le llaman… (por el cuento anterior lo digo)
Beso!!!!
Comentario de OLANDO MARTINEZ — un 12 febrero 2009, tipo 9:43
Releyendo a los Finaditos- parte dos ahora.
La pantalla del televisor estaba dividida en dos, de un lado se sucedían las apocalípticas imágenes de los muertos vivientes tomadas por los móviles de exteriores, del otro lado, Jorge Cuadrado entrecerraba los ojos y se mordía el labio inferior mientras una voz en off relataba los sucesos:
—Córdoba se ha poblado de muertos vivientes. Estamos reportando en directo desde la peatonal de la ciudad, que se ha convertido en un caos (las imágenes mostraban a un grupo de zombies atacando a una señora ciega que solía cantar melodías populares a los gritos). Recomendamos a las personas que no salgan de sus hogares y que se mantengan en un lugar seguro hasta que las autoridades puedan… (ruidos, gritos, gruñidos y silencio).
—
Eso es exquisito. Y lo que sigue mejor.
Que recuerde, ahora, solo dos historias me han impresionado
pero ni siquiera creo que a ese nivel : El Topo Gigante, de Kafka.
y , de Cortazar : “Amamos tanto a Gloria”
Comentario de OLANDO MARTINEZ — un 12 febrero 2009, tipo 10:01
Y la parte tres. De nuevo. Maravillosa historia.
Un absurdo de zombies exquisito, narrado con tal maestria
que te parece estarlo viendo. Frases originales. Dialogos
ingeniosos, escelente humor y una trama logicamente enlazada
de principio a fin.
No me cansaria nunca de leerlo , pero en etapas, para saborearlo
de a poquito:
Lo que encontramos una vez que estuvimos en el techo nos dejó pasmados. A donde quiera que miráramos se veían columnas de humo y edificios en llamas. El panorama era desolador; algunos helicópteros sobrevolaban la ciudad a gran velocidad y los gritos en la calle se mezclaban con las sirenas de los policías y los bomberos. Mi compañero tenía razón, Córdoba era un caos, una sinfonía de autos chocando y gente muriendo sobre las veredas.
Mientras Limpieza corría hacia la cornisa, saqué el celular y leí el último mensaje que mi mujer me había mandado:
“AY UNO LOCOS EN LA CALLE Q MUERDEN LA GENTE. TRAE PAN CNDO VELVAS”.
Comentario de martin — un 12 febrero 2009, tipo 12:28
Me gusto, pero al relato lo podrías haber terminado con un buen polvo y un camión con 40.000 kgrs.-
Comentario de Teb — un 12 febrero 2009, tipo 17:16
José:
Muy buen relato.
Siempre te leo a vos y a los comentaristas habitués. Y realmente disfruto del estilo y contenido que desborda el blog.
Un abrazo.
Comentario de Gavilandia — un 13 febrero 2009, tipo 12:10
Lo lei casi sin respirar. Excelente. Tuve que apagar la musica de la atencion y tension que me generaba.
Saludos.
Comentario de Java — un 13 febrero 2009, tipo 13:06
Soy tan mamerto que no se si postee bien el comentario.
Abrazo
Comentario de Carranza — un 14 febrero 2009, tipo 1:19
Me imagino encima cuando él termina contando lo de la escopeta a ella con un celular entre las piernas mandando un mensaje a la madre pero poniendo que???
O pensando si en la próxima estación decide separarse raudamente sin sufrir ninguna vejación.
O tal vez la loca sea ella, al no aceptar a una persona que tuvo lapsus de locurus and suicidens en algunos momentos.
Sea como sea, Playo, corto, intimidante, muy bueno y hasta para contarle de medianoche en un fogón.
Mis respectivos saludos
Comentario de lulilu — un 14 febrero 2009, tipo 19:11
NANDO: acabo de leer tu comentario del post anterior(con respecto al Flamenco) y si, sos un ANIMAL!!!!!!!!!
Comentario de lulilu — un 14 febrero 2009, tipo 19:15
NANDO: acabo de leer tu comentario del post anterior(con respecto al Flamenco) y aunque me hizo reir, no tengo otra cosa que decirte que SOS UN ANIMALITO!!! (o eras)
Va con onda…
Muero por el flamenco…(lo bailo muy bien)(modestia aparte)
Comentario de M de Emanuel — un 15 febrero 2009, tipo 2:04
Podría incluirse este cuento en la bibliografía vampiresca que tan de moda se puso…buen cuento, la escena de lso 2 meandos fue muy real y sobre todo la de los pelotudos que te tocan bocina cuando pasan por tu lado…
Comentario de vagina way — un 16 febrero 2009, tipo 11:03
Me gustó mucho, muy buen clima de suspenso, sentí una gran identificación, con la mina, ja!! eso de darle las llaves cuando le pide el auto… el no poder decirle que no… son momentos de adrenalina, yo creo que ahí en el fondo, se entrega, que sea lo que sea… Excelente! Yo creo que sabés describir situaciones cotideanas tan claramente que te dispara instantaneamente la identificación.
Comentario de Fitzcarraldo — un 16 febrero 2009, tipo 19:19
Muy buenas..
Entré a éste blog por casualidad, si es que acaso no todo es causalidad, como seguramente le ha pasado a mucha gente; y la verdad es que me enganché con el clima de éste relato y lo leí completo.
Y eso tiene una sola interpretación en mi conducta internetiana: me banqué llegar hasta el final porque me gustó.
Así de simple.
Buen clima. Diálogos y situaciones naturales. Intriga.
Y un final que resulta atemorizante para el que se compenetra y sigue la historia, pero que además es absolutamente de terror para el que lo vive.
Hace más de 40 años, siendo yo un chico, viajábamos de noche por la ruta 5 con rumbo a Buenos Aires toda mi familia. A saber: mis padres y mis dos hermanos.
El vehículo: un Citroen 2CV que el viejo había comprado 0 km y que fielmente nos levaba a todas partes.
El piloto: la vieja (joven en esa época), con una experiencia de manejo que no creo que haya sido demasiada. Seguramente sabía lo justo como para que le dieren el carné.
La hora: 2 o 3 de la mañana, calculo. Porque el viaje siempre se planeaba para llegar a una hora adecuada a destino, y para eso había que tener en cuenta la velocidad del 2CV.
En un instante que nunca podré olvidar ( y creo que mis hermanos tampoco) se aproximaba un camión de frente y la vieja se preparó para poner luz baja. El Citroen tenía una llave de luz de tres posiciones, que si no recuerdo mal eran: alta, baja y apagado. La vieja, quizás un poco por los nervios o porque no estaba muy compenetrada de la cosa, en lugar de poner la baja apagó todas las luces. Y de pronto nos vimos avanzando hacia el camión pero sin ver absolutamente nada. Fue un momento de verdadero terror. Me acuerdo de haber gritado: “Mama tirate a la banquina”. Pero la vieja demostrando nervios de acero, o por estar paralizada, por suerte no movió el volante. Y el viejo, que siempre resolvía todo, encontró la llave de las luces y las volvió a prender.
Fueron dos minutos, o menos.. pero interminables.
Este buen relato me hizo revivir ese momento.
Gracias por compartir esta buena pieza literaria.
Ahora voy a seguir leyendo por acá.
Saludos cordiales.
Comentario de Trinyti — un 19 febrero 2009, tipo 12:30
che, José, estamos huérfanos, aparecé!!!
jejeje
Abrazo y espero que andes bien.
Comentario de florencita — un 19 febrero 2009, tipo 13:45
las chicas también meamos!! y se de algunas (yo no,por supuesto) que hasta se tiran pedos con olor, que feeeo!!!
Comentario de alma — un 19 febrero 2009, tipo 16:27
que locura, me atrapo lo intrigante del relato, mucho suspenso.
imagino varios finales..todos terribles!
saludos!
Comentario de lulilu — un 20 febrero 2009, tipo 9:24
José no te borres!
Comentario de Pedro Palacios — un 20 febrero 2009, tipo 20:38
Me gusto, me resulto interesante. Estoy harto de leer pavadas.
Comentario de Hogenheim — un 22 febrero 2009, tipo 21:41
Impactante.
La verdad muy, muy bueno.
El giro me gustó mucho.
Keep up the good work.
Comentario de José Playo — un 23 febrero 2009, tipo 0:24
Gracias por los comentarios, me quise poner a responder uno por uno, pero estoy con una contractura como no he tenido jamás.
Abrazos.
Comentario de quito — un 24 febrero 2009, tipo 11:22
a diferencia de la mayoría, me encantó lo del pedito… porqué? porque pone al personaje dentro de una realidad… aún no conozco a nadie que tenga culo de muñeca, y menos en situaciones en las que la tensión provoca distensión de las vías de escape… me pareció acertado mencionarlo, y de pronto si no se quiere un silencio de los inocentes es un buen yeite para un tarantino…
entiendo igual que esto es lo de menos… me interesa más que nada resaltar cosas como “En la línea lejana del horizonte nacía un serrucho desafilado de montañas que llegaba hasta donde la vista alcanzaba.”… con este tipo de frases el relato te pone dentro del auto como espectador o incluso protagonista porque te enseña y comparte el contexto…
me gustó mucho, más que el de los dos soldados/conejillos de indias…
siempre un gusto andar de visita por acá…
slts.
Comentario de Fledermaus — un 25 febrero 2009, tipo 23:43
No se por qué tanta historia con las meadas. Me ha tocado viajar de noche, viajes largos y es algo que uno tiene que hacer.
Tenga o no que ver en una historia de este calibre, es lo de menos.
Para mí, es como una especie de impás, como para que el lector no termine de arrancar el relleno de la silla.
Te tensiona mucho, me gusta.
Como siempre, un placer leerte… y un placer estar comentando de nuevo, después de tanto tiempo.
Un abrazo, José.
Comentario de Federico Gauffin — un 13 marzo 2009, tipo 23:33
Shit! ¡Mocaso!
Comentario de Federico Gauffin — un 13 marzo 2009, tipo 23:34
@Federico Gauffin: Que seguro se hacían moco, a eso me refería.
Comentario de rubicuello — un 26 marzo 2009, tipo 22:53
porque un pedito y no un buen pedo,el vago camionero peludo macho no se puede tirar un pedito,suena muy putito …
un besito en el pupito ,,papi
Comentario de nucklon — un 14 abril 2009, tipo 21:23
che ahora tambien tengo que aprender a hablar ingles???? quien es el yanquilandia este???
Comentario de Dante — un 16 julio 2009, tipo 13:42
@Martín – Aquende Libros:
Seguro a vos te habrí salido mejor.
Comentario de Martín - Aquende Libros — un 17 julio 2009, tipo 10:33
@Dante: Es muy probable.
Por otro lado, ¿no te pusiste a pensar que tal vez, sólo tal vez, el guiño que está en el comentario significa algo?