Peinate que viene gente


Tango que sangrás jalea

Siempre que hago este recorrido siento que viajo hacia el origen de mi sexualidad. Me pongo a pensar en posturas, mañas, berretines. Es como si este trayecto desembocara en el pasado, en una evocación que sabe a siesta de iniciaciones con erecciones contundentes.

Había un tango que decía:

Vuelvo a la tapera
donde me enseñaste a ser hombre,
la parra apoyada sobre rayos de sol
y yo resbalando con vos
bajo las hojas negras de la siesta.

Creo que lo escribió Cadícamo. Qué poesía tiene el tango, la puta. Aunque para cantor yo lo elijo a Goyeneche. El Polaco tenía los huevos como dos garrafas de quince. Hay una anécdota que contaba mi abuelo, que lo había ido a ver a no sé qué club en Buenos Aires. Recién terminaba de cantar Garúa — “una hilera de focos lustra el asfalto con su luz mortecina”— y estaba acodado sobre un bafle empinando una botellita de agua mineral finamente gasificada (andaba jodido de la acidez, el Polaco).

Un tipo se le acercó y le dijo:

—Para mí que te hacés el compadrito en el escenario, pero en realidad te gusta que te pechen los vagones.

Por toda respuesta Goyeneche rompió la botella de vidrio contra el parlante y esgrimió los restos como un arma improvisada. El otro tipo reculó asustado y el Polaco le gritó:

—¡No ande por ahí contando intimidades de la gente!

No sé si será cierta la anécdota. Mi abuelo decía que “el Polaco terminó con los ojos rojos como si le hubiera chupado la pija al diablo, de tanto reírse”. Estoy seguro de que la metáfora no es suya. A mi abuelo le gustaba hablar muchas boludeces y copiar frases de la calle para adornar sus cuentos. Mi vieja siempre me pedía que no lo frecuentara porque era mala influencia.

Para mediados de enero mi vieja me llevaba al campo de los González. Tenían una casa de veraneo antigua, de esas con techos altos de revoque y caña. Todo el lugar olía a moras podridas y a meada de murciélago. Si te parabas en la galería, el aburrimiento te hacía rodar la vista por encima de las salpicaduras irregulares de pasto, porque después de eso no quedaba otra cosa que un horizonte monótono e interminable. Había una quinta con lechuga y tomate, un aljibe al lado de la parra, y tenías que caminar esquivando los perros dormidos y las gallinas chuecas. Un embole.

No me gustaba el lugar, supongo que a mi vieja tampoco, pero instalarnos por un tiempo en lo de los González nos salía baratísimo. Desde que no estaba más mi viejo, nosotros éramos dos almas pegajosas que se adherían con firmeza a las oportunidades.

Vivíamos en un departamento gris y cavernoso ubicado en las entrañas de un edificio derruido del centro. Yo no sabía lo que era una parra, un aljibe ni una mina, y esperaba esas vacaciones como se espera la resolución de un dilema tormentoso, porque intuía que el único sol que valía era el que brillaba allá en enero, y hasta que llegaban esos días de campo, yo me borraba las huellas digitales tamborileando los dedos sobre los muebles o suicidándome a pajas, lentamente.

Cuando hay una mina que te gusta y vos sos chico, todo es tragedia.

Odiaba a mi vieja con esmero. No sé si animada por la sobreprotección o el sadismo, a ella le encantaba hacerme quedar como el culo delante de la gente. Ni bien poníamos pie en la casona de los González, por ejemplo, se apretaba las tetas y con cara de susto empezaba a gritarme:

—¡Tené cuidado, Ramón, no te vayas a acercar a esa parra que está llena de bichos con infecciones!

A la boluda le gustaba poner en evidencia que yo era una mierdilla tan insignificante, que si me picaban los huevos dos hormigas cagaba fuego. El comienzo de las vacaciones era para mí la apertura de la temporada de Morir Víctima de una Fatalidad Estúpidamente Horrenda.

“¡Salí de abajo de los postigos esos, te podés decapitar si viene un viento fuerte!”, o “¡No camines descalzo que te vas a enterrar un clavo y con el tétano te vas a quedar paralítico de tantas inyecciones, TE LAS PONEN EN LA PANZA!”.

Debo reconocer que mi madre siempre ha sabido cómo teñirme las mejillas color hematoma. Con el corazón acribillado por una ráfaga de hielos y la vergüenza como una bufanda de cadenas, sólo me quedaba buscar una sombra y encogerme. Sentía por ella un odio agrio y bullicioso que me enmudecía. La oía hablar y se me atravesaba la comida, la veía mirarme y se me gangrenaba el alma. Tal vez su animosidad recrudecía en la casa de los González porque ahí se materializaban las sospechas de que yo, al campo agreste y a las vacaciones reparadoras, me las pasaba por las pelotas.

Si me comía semejante viaje era por Mariana, la hija de los González, la chica que me volaba la cabeza.

Voy por esta ruta pensando en ella. Los años pasan hasta ponernos en perspectiva con los giros que pega la vida y que te dejan sentado de culo en la banquina. ¿Cuántas veces hice este camino con el pito duro hasta encallar en la orilla de sus piernas? Me lo pregunto mientras cacheteo los papelitos de caramelo que hay sobre el asiento del acompañante y acomodo el ramo de flores.

Empieza a caer el sol, yo no seré Goyeneche, pero…

Todavía me camina la boca nuestro primer beso bajo la parra, un chupón lascivo y clandestino como el tango, prohibido e hirviente. Los primeros besos parecen choques de guindas en almíbar que embargan la voz y hacen doler los huevos hasta la médula. Cierro los ojos y aparezco otra vez bajo las uvas con ella, decididos por un acuerdo tácito nacido de las miradas fugaces en los pasillos y de los pies desnudos que buscan por debajo de la mesa.

—¡Ramón, no salgas a esta hora que te vas a insolar y te vamos a tener que internar en el pueblo, mirá que tienen una clínica de mierda y TE PODÉS AGARRAR SEPTICEMIA!

Me basta apretar los párpados y de nuevo nos hemos fugado por primera vez después del almuerzo con Mariana y estamos ciegos por la resolana. Jadeamos estupefactos por el hilo de baba que nos une, ajenos al mundo, guarecidos en el quilombo de las chicharras a la siesta. Las hojas de la parra se mueven apenas y le cubren de sombras un ojo, la nariz, la boca. La cara de Mariana huele a sudor dulce y a mate amargo, una combinación deliciosa y embriagante. Su cara se deshace y se recompone como un rompecabezas velado entre la luz de un sol fulminante. La posibilidad de que nos descubran es un latido vivo y alarmante que me hace dibujar circulitos húmedos en la malla, oscuras monedas que no tintinean.

¿Cuántos años han pasado? Me salgo de la ruta y tomo el camino de tierra franqueado por los eucaliptos altísimos. A esta hora y con el sol muriéndose entre las ramas, los nidos de las loras parecen vasijas negras dadas vuelta. Bajo la ventanilla y dejo que me desgarre la cara una brisa agreste y terrosa.

Siempre quise tener los huevos que tenía Goyeneche en el relato de mi abuelo. El tango es indignidad que nace del drama para dar valor. A Mariana el tango le parecía una mierda. Yo era la sombra de un compadrito que ante la mirada de la mina amada, sangraba jalea. Sólo restañándonos la piel borrábamos las diferencias; yo dejaba de ser un espectro gris encadenado a la nostalgia cuando me colaba entre sus piernas, ella renunciaba a su libertad apabullante cuando me sujetaba por las orejas.

—Mi chiquito tonto de ciudad —me decía.

El portón está abierto y las rejas herrumbradas emergen dislocadas entre la maleza tupida. Andá a saber cuántas veces nos besamos sobre el lomo de este sendero a la noche. Los pies mojados por el rocío, los oídos desbordados por el coro de las ranas en los charcos. No hay jadeos más perturbadores que los que parimos en la inmensidad de un campo de estrellas, cuando descubrimos en el otro una adicción desconcertante.

Jadeamos bajo los faroles de kerosene en la galería, y en el baño, a oscuras, con los vidrios de la ventana golpeados por cascarudos kamikazes.

Por cuatro años consecutivos vacacioné en esa casa. Fueron tiempos de explorar una frontera sexual difusa e inagotable con todas las licencias. A veces el amanecer nos sorprendía trepados a los árboles y fundidos sobre las ramas, retozando como los mandriles. Otras, despertábamos estornudando por alergia a la alfalfa, desnudos entre los caballos del establo, con la bosta pegada a los cachetes. No sé ya la cantidad de veces que nos aventuramos sobre la tierra arada saltando alambrados, desnudándonos a la carrera hasta chocarnos con un beso que nos estaqueaba en medio de la noche.

¿Que si me ha tentado hacer lo mismo con otras mujeres? Claro. Pero siento que con nadie vale la pena reinventar esos preludios; como en el tango, las cosas ya nunca van a brillar igual. Renuncio a la traición cortésmente y en eso, quiero creer, me parezco un poquito al Polaco. Un poquito.

Estaciono junto al aljibe, el cielo se desangra sobre el horizonte y el verde se despega de los árboles. Yo no sé si sus padres se hacían los boludos, o qué. Tampoco sé por qué no intervenía mi madre. Podrían habernos descubierto cientos de veces, pero jamás nos confrontaron. Cada mañana los desayunos eran una rutina tensa y desafiante que prometía estallar y no estallaba.

Bajo del auto con el ramo de flores en una mano. Las luces de la casa están encendidas y la puerta se abre.

La parra sobrevive a pesar del tiempo. La oscuridad no alcanza para borrar la silueta tosca del aljibe. La vida nos ha hecho rebotar como tabas en la polvareda para dejarnos sobre el mismo suelo con las caras cambiadas. Sé que los hombres somos el resultado de una ecuación de renuncias y elecciones, y que el tango es un lenguaje que no entiende de fronteras.

Mariana ahora me mira desde la galería en la que nos conocimos y por detrás de ella asoman nuestros hijos cagados, sucios, indomables. Sobre el horizonte las nubes parecen postales de olas que no terminan nunca de romper.

—¿Trajiste las tapas de empanada? —me pregunta ella.

—Carajo —digo—. ¿Podés creer que me olvidé, che?




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  1. 1

    Trackback de Bitacoras.com un 29 marzo 2009, tipo 14:15


    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Siempre que hago este recorrido siento que viajo hacia el origen de mi sexualidad. Me pongo a pensar en posturas, mañas, berretines. Es como si este trayecto desembocara en el pasado, en una evocación que sabe a siesta de ini…


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  2. 2

    Comentario de paulina un 29 marzo 2009, tipo 16:21


    Me encantó este cuento. Está en primera persona y eso siempre me atrapa de una forma rara. Le pido menos cuidado a la primera persona que a la tercera, soy jodidita.
    El clima tan intimista que tienen tus cuentos, está buenísimo.
    Y el final inesperado…en fin, todo. Me encantó, che.
    Paulina
    P.D: El cuento de “Las rutas de noche”, también me gustó mucho, y otra vez, el final inesperado…qué facilidad la tuya!
    Y joder!, qué polémico ese “pedo”.

    Saludos


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  3. 3

    Comentario de juanperse un 29 marzo 2009, tipo 16:25


    que bueno josé! me quede con eso de q las madres a veces te hacen quedar como un pelotudo frente a ciertas situaciones con comentarios de mierda, ni con un callate mama se solucionan a veces, saludos!


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  4. 4

    Comentario de Liliana un 29 marzo 2009, tipo 22:27


    Es uno de esos domingos que despertás a mediodía para sentir las ganas de volver a dormirte hasta la noche, hora en que la cama espera letargosa el hasta mañana que ni siquiera podés declamar a viva voz.
    Es así. Hay domingos que debieran pasar por alto el almanaque … a menos, claro, que prendás la compu y leás un cuento como este. Maestro, José. Felicitaciones :)))


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  5. 5

    Comentario de elojocondientes un 30 marzo 2009, tipo 3:29


    Un maestro Ud, realmente. Felicitaciones.


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  6. 6

    Comentario de CERDOS Y CERDAS un 30 marzo 2009, tipo 6:41


    José, primero hay que saber pajearse,
    despues amar, despues partir
    y al fin andar para ponerla…

    ¡¡¡Eterna y vieja juventud!!!

    Saludos desde el Chiquero


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  7. 7

    Comentario de Luchino un 30 marzo 2009, tipo 8:48


    La puso en el árbol, la puso en la huerta, la puso en el establo, la puso, la puso, la puso…

    Y de ahí salen los pibes… jajaja

    Muy bueno José, empecé la semana con buena onda…

    Abrazo

    Se ven al rato…


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  8. 8

    Comentario de Lale un 30 marzo 2009, tipo 10:09


    Jajajaja

    muy bueno. Nostálgico, tierno y gracioso, todo al mismo tiempo.

    Encima, me dieron ganas de comer empanadas. :D

    Saludos!


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  9. 9

    Comentario de Aldana un 30 marzo 2009, tipo 10:13


    Magnifico como nos tenes acostumbrados¡¡¡

    Con esas descripciones detallistas me hiciste viajar a mi infancia en Rio Ceballos(cuando se podia dejar la bici en medio de la calle por 2 dias y nadie la tocaba).

    Y que decir del final, inesperado como siempre, mientras leia pense que ella iba a morir…

    Saludos!!!


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  10. 10

    Comentario de lulilu un 30 marzo 2009, tipo 10:21


    José: tu cuento me alegró, aunque sea por un ratito, la vida. Hace 3 días que vivo un infierno en mi corazón y lo único que quiero es llorar. Pero abro hoy tu blog y me arrancaste una sonrisa. Gracias. Besos.


    Reply to this comment

  11. 11

    Comentario de Luchino un 30 marzo 2009, tipo 11:27


    Jajajaja, Aldana tiene razón… yo también pense que era fiambre… y que además era una mina mayor… jajaja

    Que la hija de los González tenia 30 o 40 años y el pibe 10… jajajaja y por eso se habia muerto antes…

    Pero vos sos todo un señorito ingles… como se te va a ocurrir algo tan guarro… jajaja

    Abrazo!

    Se ven al rato…


    Reply to this comment

  12. 12

    Comentario de Rox un 30 marzo 2009, tipo 12:23


    Me encantó.. Y como juanperse me enganché con la madre:

    “A la boluda le gustaba poner en evidencia que yo era una mierdilla tan insignificante, que si me picaban los huevos dos hormigas cagaba fuego.”

    Muy buena descripción, me sentí identificada con esta parte..


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  13. 13

    Comentario de Flora un 30 marzo 2009, tipo 14:13


    Impecable.


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  14. 14

    Comentario de Martín - Aquende Libros un 30 marzo 2009, tipo 18:14


    Yo también pensé que la mina había crepado, y las flores eran para la tumba…

    Y si lo que llamaste “maya”, es el short de baño, es “malla”, con ll.


    Reply to this comment

  15. 15

    Comentario de José Playo un 30 marzo 2009, tipo 18:28


    Con razón cada vez que voy a la pileta siento que lo tengo a Apocalypto metido en el culo.

    Pensaste que había crepado, pero no decís qué te pareció el post, fiel a tu estilo recio y reacio. Deberías ponerte una librería.

    Qué bueno que no me perdonen una. Ofrezco disculpas, tengo una pésima ortografía.


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  16. 16

    Comentario de José Playo un 30 marzo 2009, tipo 18:41


    @paulina: la primera persona obra de maneras misteriosas. A mí me han dicho mucho que es una voz cansadora, y aunque reconozco que limita bastante más que la tercera persona (que te permite cosas imposibles), me resulta tantísimo más cómoda. Caprichos…
    Qué bueno que el final les haya resultado inesperado. Cuando lo terminé me dije “ah, sí, al final se quedó con la mina, ¿y?”. Pero bueno, gustos son gustos. Por el protagonista y por nosotros, digo.
    Los pedos siempre son polémicos, de ahí que no pasen nunca desapercibidos.

    @juanperse: yo siempre he creído que es la función principal de las madres, hacernos ensayar el “callá, mamá” una vez por día, cuando menos. Igual se hacen querer.

    @Liliana: vengo arrastrando el sinsabor de varios días de mierda, me tuve que poner mucho las pilas para que al final del relato el protagonista no se la comiera a la susodicha acompañándola con papas. Qué bueno que haya servido para algo no caer en el pesimismo. Gracias.


    Reply to this comment

  17. 17

    Comentario de José Playo un 30 marzo 2009, tipo 18:49


    @elojocondientes: chaagracia.

    @CERDOS Y CERDAS: con razón me ha ido tan mal, he mezclado peligrosamente todos los pasos en mi vida. Abrazo.

    @Luchino: dicen que los pibes son una consecuencia directa de eso que decís que hizo en el establo, la huerta y el árbol. Qué lindo que te haya servido, cabeza. Pude arreglar los anteojos después del efusivo abrazo que me dejó con los cristales en la mano. Dios salve a La Gotita.

    @Rox: queda mal decir que yo también, pero yo también :O

    @Flora: pecar como dios manda, diría Andahazi, de quien no he leído nada.

    @Martín – Aquende Libros: nada, te contesté antes.


    Reply to this comment

  18. 18

    Comentario de José Playo un 30 marzo 2009, tipo 18:54


    A propósito del comentario de Martín, tuve un Deja vù acá.


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  19. 19

    Comentario de sabalero un 30 marzo 2009, tipo 19:00


    Interesante concepto ese de sangrar jalea, muy conveniente para ciertos momentos de mierda.
    Muy buen final y no puedo evitar pensar la cagada que se habra comido por haberse olvidado las tapas de empanadas, que por mas pasión y correr en bolas por campos arados que hayan disfrutado en la adolescencia la rutina siempre vuelve perqueñas tragedias familiares esas boludeces.
    ¡Que capo Luca Prodan! (estoy escuchando SUMO)
    Jorge


    Reply to this comment

  20. 20

    Comentario de José Playo un 30 marzo 2009, tipo 19:16


    @sabalero: suscribo la continuidad mundana que le pusiste a lo de las empanadas; pasa en la vida real.


    Reply to this comment

  21. 21

    Comentario de Fabiana un 30 marzo 2009, tipo 19:50


    Me enganché como de costumbre con el cuento.

    De él, hay dos cosas que me identificaron: para los que vivimos siempre en la ciudad, cualquier cosa que nos ofrezca el campo es una novedad increíble. Y me reí con el tema de no caminar descalzo, de pescarte alguna porquería, etc.

    Yo que soy “todo cemento” reconozco que la tierra y los bichos me dan asquito.

    ¡Qué diferente se vive, por Dios!

    Me encantó. Saludos.


    Reply to this comment

  22. 22

    Comentario de José Playo un 30 marzo 2009, tipo 20:12


    @Fabiana: yo tenía un profe de gimnasia que me decía “claro, vos no corrés bien porque sos chico de departamento”. Un gran hijo de puta con silbato.


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  23. 23

    Comentario de Lucas, desde la Republica un 30 marzo 2009, tipo 22:21


    Buenisimo Playo, como suele suceder me quede de cara con el final.
    Yo imaginaba una historia de esas que se vuelven espeluznantes, con las mujeres que te rompieron la cabeza convertidas en matronas tan sexies como Martin Karadagian. Suponia que al volver al escenario de polvos idilicos te esperaria ella con otro macho: el puestero borracho o el hijo del chacarero vecino, a cual mas descerebrado y celoso. Imaginaba al protagonista corriendo al 504 (no se porque imagine que tenia un 504) tratando de evitar que le corten el cuello con algun aparejo de campo o le coloquen las flores como florido supositorio, todo ello con notable efecto visual para desagravio del esposo de la chica.

    Lo de las madres es cierto, la mia por suerte fue discreta, talvez porque vivir en la Quinta Santa Ana en los 80 era como vivir en un barrio con Sierra Maestra propia (la loma donde ahora pulula el Nuevocentro) y eso implicaba vivir disfrazado de raspon y moretones. Hasta los nenes intelectuales nos subiamos a los arboles, nos cagabamos a palos en la bici y nos embarrabamos hasta las orejas en cada inundacion.

    Abrazo che, que lindo leer esto en un dia jodido.

    L


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  24. 24

    Comentario de el Rafa un 31 marzo 2009, tipo 0:10


    Simplemente impecable!!!!!


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  25. 25

    Comentario de Martín - Aquende Libros un 31 marzo 2009, tipo 1:51


    Zafa. Y no voy a decir “zafa de pedo” porque los pedos traen discusión.


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  26. 26

    Comentario de Martín - Aquende Libros un 31 marzo 2009, tipo 1:52


    ¡Tengo interné en las casa’, por eso comento a estas horas!


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  27. 27

    Comentario de Dorotea un 31 marzo 2009, tipo 9:51


    Excelente! huele a campo campo.
    Gauchita la Mariana eh? (cómo se va olvidar las tapas de empanadas, una falta de respeto para tanto amor).
    Saludos José


    Reply to this comment

  28. 28

    Comentario de José Playo un 31 marzo 2009, tipo 11:26


    @Lucas, desde la Republica: me parece que todos hemos estado pasando momentos de mierda. Qué cosa, che. Ojalá se mejore todo.

    @el Rafa: gracias, Rafa.

    @Martín – Aquende Libros: sos el Clint Eastwood de los comentarios de blogs. Por la edad, digo.

    @Dorotea: me encanta ese olor. Ahora, antes no tanto. Defiendo a muerte el olvido de las empanadas. Estoy con Ramón.


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  29. 29

    Comentario de CERDOS Y CERDAS un 31 marzo 2009, tipo 11:34


    uy, José, cómo te rompen las pelotas acá con la ortografía.
    Lo bueno que siempre se aprende.
    La otra vez me hincharon lo huevos con “lúcido” y “lucido” – aprendí otro cosa-
    Abrazo de gol


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  30. 30

    Comentario de José Playo un 31 marzo 2009, tipo 12:02


    @CERDOS Y CERDAS: todo bien, yo también aprendo una bocha con las correcciones. Me parecen fundamentales, sobre todo en materia de acentos. Me cuido muchísimo con ellos, porque las palabras mal acentuadas, además de confundirme bastante, me obligan a poner el freno de mano entre párrafo y párrafo. Perder la atención en un párrafo por un acento es una picardía. Parece una obviedad, pero todo lo que vaya en desmedro de la atención que le ponés a un escrito, jode al escrito, en mi humilde opinión. Si hay que corregir, hay que corregir, entonces no hay lugar para el orgullo, porque lo que importa es “el mensaje” y que éste sea disfrutable, en el caso de espacios como estos. Creo.


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  31. 31

    Comentario de Federico Gauffin un 31 marzo 2009, tipo 12:40


    ¡¡Me encantó, Playo!! ¡¡Muy bueno!! Me hizo acordar a mi pubertad. Jejeje. ¡¡Un abrazo grande!!


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  32. 32

    Comentario de euge un 31 marzo 2009, tipo 14:59


    quisiera tener la sintesis de clint, pero me sale lo pasional y los signos de admiracion…que gustazo leerte!
    muy buen golpe domestico el de las empanadas y he sido mamá y mariana, te compadezco y apenas vuelva “el nene” le pido disculpas.


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  33. 33

    Comentario de maringa un 31 marzo 2009, tipo 15:47


    copadisimo tu amor , sobre todo la capacidad que tenes para dejarlo inmortalizado en cada detalle , que copado , besotes y quiero unas vacaciones asi en cualquier lado pero asiiiiii!!!


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  34. 34

    Comentario de Dr. CroW un 31 marzo 2009, tipo 16:43


    Muy bueno Josele. Me lo devoré para distraerme del laburo (hoy es uno de esos días) y la verdad que surtió efecto. Me abstraje de todo.


    Reply to this comment

  35. 35

    Comentario de Frnnd un 31 marzo 2009, tipo 21:59


    José:

    Comencé a leer el texto creyendo que se trataba de una história lacrimógena, sensible, bien de tango; hasta que caí esta frase: …terminó con los ojos rojos como si le hubiera chupado la pija al diablo…
    1/2 hora reloj haciendo fliflá en el piso, apretandome la panza y soltando pedos esporádicos que me daban más risas todavía.
    ¿Cómo expresar, onomatopéyica y textualmente, esa carcajada que todo el mundo resumen con un frío y patetico “Jaaaaaa”?
    Casi me muero de la risa. Te lo juro por ésta.
    Un zoabra.


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  36. 36

    Comentario de DrJuano un 16 abril 2009, tipo 12:11


    El “Polaco” con agüita mineral… andá a saber qué le daba tanta sed (!!!!)


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  37. 37

    Comentario de María un 21 abril 2009, tipo 19:06


    precioso. me dolió un poco la panza de lindo.
    me re gustao.
    un placer leerte.
    maria


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  38. 38

    Comentario de Marta un 26 abril 2009, tipo 19:40


    Excelente relato. Tiene todos los ingredientes para que el lector siga raudamente hasta ese final inesperado que te trae a la realidad cotidiana.

    Felicitaciones.


    Reply to this comment

  39. 39

    Comentario de Marta un 26 abril 2009, tipo 20:03


    Agregué tu link a mi lista de recomendados en mi blog.

    Saludos desde Morteros, prov. de Córdoba, Argentina.


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  40. 40

    Pingback de Tweets that mention Peinate que viene gente » Blog Archive » Tango que sangrás jalea -- Topsy.com un 6 abril 2010, tipo 0:07


    [...] This post was mentioned on Twitter by Juan Ignacio Arina. Juan Ignacio Arina said: "Tango que sangrás jalea" http://bit.ly/9pcDCj fué el #primer cuento de José Playo que leí. Es una buena carta de presentación. [...]


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  41. 41

    Trackback de Ultram tramadol. un 15 junio 2010, tipo 15:35


    Ultram….

    Ultram. Ultram and tylenol 3 with cod. Ultram tramadol. Ultram injections. Ultram ortho mcneil….


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  42. 42

    Pingback de Reseña de los libros Peinate que viene gente, La belleza del escándalo y Peinate Vol. II – Dayana un 31 octubre 2011, tipo 20:40


    [...] Tango que sangrás jalea [...]


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