Damián lo encontró leyendo en un sillón, vestido con una bata vieja y unas pantuflas gastadas. Le convenía afrontar la situación con la misma ira de un condenado que viene a pelear para salvarse, por ello se concentró en la escena anterior frente al mostrador, donde había tamborileado los dedos con impaciencia mientras la enfermera buscaba el número de habitación. Quería transmitir eso lo más claro posible: le disgustaba tener que hacer esa visita.
La cabeza del hombre junto a la ventana asomaba entre la ropa como un chupetín pálido rescatado del piso debajo de la cama. A contraluz, el pelo parecía pelusa. Horacio cerró la revista de actualidad y, aún sentado, le tendió los brazos, invitándolo a ocupar una silla junto a él.
—Para nada mal —dijo Damián del lugar, recorriéndolo con la vista mientras asentía.
—Todos los hospitales son iguales; la comida es una mierda, te meten el dedo en el culo a cada rato, y se la pasan entrando para buscar dónde te pueden clavar una inyección.
—Ja —repuso sin emoción al comentario.
Horacio guardó silencio un momento. Detrás de su cabeza la ventana refulgía aplástandoles las sombras a los pies. Damián miró la suya, parecía un trompo. Un espejo demasiado inclinado que colgaba de una pared la reflejaba.
—Ustedes los jóvenes —dijo Horacio, como al pasar, con ironía.
—Nosotros los jóvenes ¿qué?
—Nada. Que se creen que los padres somos boludos, que no nos damos cuenta: el comentario no te pareció gracioso, te reíste para mostrarme, no sé, algo. Por ahí es apoyo —explicó con seguridad e intentando parecer simpático—. Si era eso, no hace falta. Pero igual te lo agradezco, ¿eh?
—Pa, no seas pesado, viejo.
Horacio torció la boca y asintió. Se disponía a decirle que el problema de los más jóvenes era que tenían el pasado demasiado cerca. El futuro ahora llegaba con tanta rapidez, que uno terminaba acumulando una cantidad enorme de información que hacía ver todo lo inmediato en perspectiva. “El paso del tiempo ahora es paso de información”, quería decir. Pero la línea le sonaba demasiado rígida, como un parlamento de filosofía. La cambió por un ofuscado:
—Ustedes los jóvenes no leen un carajo, querido. No saben leer y creen que nos pueden enseñar a nosotros, por favor.
Damián esta vez sí rió. Captó también el giro, la guardia baja, la posibilidad de colar un golpe que pusiera en riesgo el equilibrio del diálogo, agregando más emoción.
—¿O me equivoco? —lo instó Horacio.
—No sé. Me parece raro oír eso viniendo de un tipo que se olvidó cómo escribir.
Horacio se encaramó apenas en el sillón:
—¿Qué querés decir?
—Que no sabés redactar ni una carta, pa. Te he visto escribir dos o tres párrafos en veinte años y no sabés ni expresar una idea. Y la segunda vez pusiste “hago” sin hache —hizo un paréntesis con ambas manos en el aire y las separó para citar—: “ago lo posible por llevarle todo el lunes”.
Horacio se reclinó lentamente y se acomodó la bata que se le había abierto un poco al cruzar las piernas:
—No me cambiés de tema. Vos te creés que no te conozco, que no sé, por ejemplo, cuándo me estás mintiendo —Damián frunció el ceño por toda respuesta—. Ustedes los pendejos se olvidan que nosotros los hemos criado, los hemos visto aprender el mecanismo de construcción de una mentira, y se creen que ahora que han pasado unos años no nos acordamos qué cara ponen cuando están diciendo una huevada. O fingiendo —agregó mirándolo con los ojos bien abiertos por un instante.
—¿Y eso qué tiene que ver?
—Tiene que ver con que no somos tan distintos, Dami —retomó Horacio en tono conciliador—. Tiene que ver con que yo también he pasado por las mismas cosas que vos, he aprendido a sufrir, a llorar —enumeraba con dramatismo—. Y a paladear la humillación y la vergüenza de crecer. A mí a tu edad también me preocupaban las minas, y pensaba que nunca iba a poder terminar con una —hizo una pausa y batió el aire delante de su rostro con los dedos hacia arriba, con suavidad—. A uno le pasa que piensa que acercarse a una mujer es difícil y resultará siempre en un desastre…
—Pa…
—… uno cree que —continuó Horacio con la mirada clavada en un punto ciego en el suelo, llevándose en cámara lenta el puño a la cara—… Que se va a morir sin ponerla, creo.
—Soy puto, pa.
La declaración resonó con un eco frío y amplificado. Lo buscó con los ojos sin mover la cabeza y se concentró en la idea del miedo: su rol lo instaba a optar por una reprimenda por la broma fuera de lugar, pero era mucho más productivo activar la alarma. El peligro estaba en que no se tratara de un chiste. Quiso demostrar eso, una leve desesperanza al chasquear la lengua con el paladar, como un guiño cómplice que sonara más a ruego que a convicción.
—Pero ¿y la flaquita esa que a veces va a casa?, la rubiecita que baila todo el tiempo, la que tiene un anillito en la boca —retrucó tomándose un labio con dos dedos.
—Es un chabón, pa. Es flogger.
—¿Flogger? —repitió levantando las cejas y tipeando con los dedos en el aire, sobre un teclado inexistente.
—Sí, viejo. Los de la computadorita.
Guardaron silencio. Damián se reclinó en su silla y apoyó el mentón sobre una mano. Sonaron más fuerte los ruidos de pasos y una voz de pasillo cortó el aire hablando de porcentajes dentro de una jeringa. Pitidos, alguna impresora, el lejano llamado de los altavoces. Buena musicalización. Horacio se esmeró en convertirse en una bola de malhumor, expresando su descontento con la boca fruncida y una ceja en alto. Asentía lentamente.
—Te quedaste callado —observó Damián.
—¿A qué viniste?
—¿Cómo a qué vine?
—Sí, ¿a qué mierda viniste? —preguntó al tiempo que giraba sobre su culo para mirarlo de frente—. Yo no te pedí. No necesito tu lástima. Soy un tipo lo suficientemente…
—Por la guita, viejo —lo interrumpió Damián con indiferencia—. Vengo porque vos sos el que tenés guita. Mamá no me tira ni un mango. Dice que por tu culpa ella perdió su carrera y se arruinó la vida criándote los hijos. “Lo menos que puede hacer ahora tu padre, es pagarte el viaje” —agregó imitando una voz femenina.
—Yo… —ensayó Horacio, pero Damián lo interrumpió.
—Me voy a ir al carajo de este país, viejo. Odio esta ciudad de mierda, su gente de mierda, sus prejuicios de mierda. Quiero rajar a cualquier lado. A una isla, no sé.
Horacio había abierto la boca para terminar de construir la réplica, pero le pareció mejor idea encarar por otro lado. Respiró hondo y soltó el aire con un silbido.
—Esa hija de puta me cagó la existencia —dijo por fin, en tono reflexivo, casi para sí—. Yo podría haber tenido la mina que quisiera, ¿sabés? Así de minas se me tiraban a los pies. Me las podría haber cogido a todas, pero la elegí a tu madre, ¿sabés? Elegí sus ataques de celo, sus prepoteadas —dijo levantando un poco la voz—. Lo que yo hice fue quedarme al lado de una persona que me puso las pelotas en una morsa por veinticinco años. ¡VEIN-TI-CIN-CO!
Los dos volvieron a quedarse callados, hasta que de pronto Damián señaló, temeroso, la ventana.
Horacio sabía que los argumentos y las quejas terminaban ahí, que era necesario pasar a otra cosa, pero el fragor de la disputa le llenaba la boca de palabras calientes que pujaban por salir. Tuvo que medirse. Hay un tiempo para todo, uno demuestra inteligencia cuando puede manejar ese caprichoso reloj que contabiliza nuestras alocuciones improvisadas. Se volvió para mirar lo que Damián le mostraba detrás del vidrio y se llevó las manos a la cabeza, un ademán recurrente de acomodarse las mechas de pelo que le poblaban la cabeza cuando se ponía nervioso.
—Es… —empezó a decir—. Parece…
Los dos tenían ahora la boca abierta y habían comenzado a pararse. Horacio tanteaba el espacio detrás de él, retrocediendo muy lentamente. Incluso había puesto una mano en el brazo de Damián, tratando de alejarlo de los vidrios. Damián estaba quieto, bañado en una luz púrpura muy intensa que le encendía los ojos con un azul muy brillante. Estos detalles se percibían gracias al espejo, porque, estando de espaldas, de él sólo se apreciaba una silueta delgada y negra.
—Damián, hijo…
—Estamos hasta los huevos, viejo —enunció sin mirarlo—. Esto es grande, MUY GRANDE. No creo que me dejen salir del país en avión después de esto. Es muy…
La luz ganó intensidad de pronto para apagarse después. La sala quedó completamente a oscuras. Al cabo de unos segundos interminables en los que sólo se oyó el crujido de una butaca y una garganta aclarándose, una voz áspera y profunda habló desde ninguna parte:
—HABRÍA UN VIAJE FINAL PARA DAMIÁN. NO SERÍA COMO LO HABÍA PLANEADO, PERO SERÍA SU ÚLTIMO VIAJE.
La gente estalló en aplausos y al otro día la nota en el diario le dio a la obra un puntaje regular. Hablaban sobre el personaje de Horacio, un tanto forzado.
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Comentario de Martín - Aquende Libros — un 28 Mayo 2009, tipo 11:24
pri!
Comentario de Ana — un 28 Mayo 2009, tipo 11:28
Que bueno, José!!! Muy bueno!!!
Saludos!!!
Comentario de profe — un 28 Mayo 2009, tipo 11:42
Está bueno.
Comentario de José Playo — un 28 Mayo 2009, tipo 11:43
@Martín – Aquende Libros: interpreto la onomatopeya monosilábica como un aporte a la altura de tus antecedentes de indiferencia para con los autores que te garroneamos libros.
@Ana: gracias, Ana. Sospechaba que el golpe final sería recibido como en el relato anterior, pero al releerlo ahora lo encuentro más disfrutable y distinto.
Comentario de Nicolás — un 28 Mayo 2009, tipo 12:00
Muy buen relato José, conociendote, uno espera un final sorpresivo, que, en este caso me sorprendió gratamente.
Una pregunta desde mi ignorancia gramatical: en la frase “Vos te creés que no te conozco, que no sé, por ejemplo, cuándo me estás mintiendo”, ¿el adverbio de tiempo lleva o no lleva acento? En caso de llevarlo, ¿la oración debería ser interrogativa, o es indistinto?
saludos
Nicolás
Comentario de lulilu — un 28 Mayo 2009, tipo 12:02
Muy bueno José! Me gustó! Abrazo
Siga así.
Comentario de Martín - Aquende Libros — un 28 Mayo 2009, tipo 12:06
@José Playo: Todavía no lo leí. Sólo estaba manifestando mi presencia aquí. Lo leo y te critico. Abrazo.
Comentario de José Playo — un 28 Mayo 2009, tipo 12:06
@Nicolás: no sé hablar en términos de adverbio y esas cosas, lo aprendí muy caseramente, pero también tengo dudas con ese acento. De hecho, en la primera versión estaba sin tilde, aunque ponerle los signos de pregunta me parecía excesivo. Creo que se puede, pero vamos a tener que esperar a que venga uno que sepa escribir bien en castellano. Gracias por lo demás. Repito: buena observación, veamos qué dice el resto del tema del acento.
@lulilu: grachie, mucha grachie.
Comentario de José Playo — un 28 Mayo 2009, tipo 12:07
@Martín – Aquende Libros: fijate si podés echar luz sobre el tema del acento. Vos sabés de esas cosas. Abrazo y gracias.
Comentario de vagina way — un 28 Mayo 2009, tipo 12:32
Cómo me atrapó! Muy bueno, me gustó mucho!!
Comentario de Sabri — un 28 Mayo 2009, tipo 12:39
Que bueno es volver por acá!
Besos!!
Comentario de Martín - Aquende Libros — un 28 Mayo 2009, tipo 12:50
@José Playo: @Nicolás: El vocablo “cuándo” lleva tilde en las oraciones interrogativas o exclamativas, sean éstas realizadas dentro de una pregunta, o sea, cuando lleva signos de interrogación (interrogaciones directas), o sean aquéllas formuladas dentro de una oración, como si estuvieran ocultas (interrogaciones indirectas). En este caso, estás formulando una pregunta, aunque dentro de una oración, por lo tanto, debe llevar tilde.
Técnicamente, en este caso es un pronombre enfático.
Comentario de Rox — un 28 Mayo 2009, tipo 14:34
¿Que se les venía del otro lado de la ventana?
Estaba esperando que alguien espichara de verdad. Los finales como este donde todo era un sueño, o parte de una obra no me terminan de convencer del todo, hay algo en ellos que no vá con mi gusto personal.. que se yo..
Comentario de quito — un 28 Mayo 2009, tipo 14:42
gran relato…
acerca de lo del tilde… es una duda muy usual… muchas gracias por plantearla y por la explicación…
una vez más peinate aporta literatura en muchos aspectos…
gracias!
Comentario de Lale, Talones de la cabeza — un 28 Mayo 2009, tipo 15:18
La gran puta!
De lo bien que venía leyendo, mientras intercalaba esto con la conversación por messenger con un amigo
“…una voz áspera y profunda habló desde ninguna parte:
—HABRÍA UN VIAJE FINAL PARA DAMIÁN….”TRRRRINNNNNNNNNNNNNNNNNGGGGGGGGG!!!!!
QUizo iniciar una fucking videollamada que me hizo CAGAR HASTA LAS PATAS!!
Te digo, le dió un buen efecto al final jaja.
Un abrazo!
Comentario de Lale, Talones de la cabeza — un 28 Mayo 2009, tipo 15:19
*Quiso (mi amigo) iniciar una fucking videollamada…
Listo. Si no corregía eso, no iba a poder dormir la siesta en paz.
Comentario de Nicolás — un 28 Mayo 2009, tipo 15:55
Gracias Martin por la aclaración, y coincido con lo que dijo quito, en cuanto a los aportes de la literatura.
Creo, como seguramente muchos de ustedes, en lo importante que es ser exigente con uno mismo en cuanto a la forma de expresarse, algo así como una lucha anónima por mantener vivo nuestro idioma frente al constante menosprecio multimedial.
Nuevamente, gracias.
Comentario de Baltazar — un 28 Mayo 2009, tipo 16:44
Realmente muy sorprendente el tema y el final.
Me gustó.
Bien José!!
Y a propósito…averigué y es cierto eso de que los pronombres van con tilde cuando es pregunta.
Y que adverbios son los que terminan en “mente”
Y que antes de pe se escribe con eme.
Un mundo de revelaciones para mi.
Saludos
Comentario de Lucas, desde la Republica — un 28 Mayo 2009, tipo 18:01
Pero como, y nadie le tiro zapatazos al escenario?
El final de la obra es un tanto bizarro, el del cuento esta mucho mejor. Me explico: uno ha padecido esas obras que pretenden ser profundas, ‘para pensar’, con esos dialogos inverosimiles de peliculas argentinas. Pero es poco frecuente que desmadren hacia la ciencia ficcion (los personajes pedorros son absorbidos por el telon, no por los extraterrestres) asi que se te juntan soberanamente los deditos ante ese final.
El del cuento en cambio, si retoma lo inesperado, lo impensable como parte del argumento. Es como cuadros dentro de cuadros cuando creiamos que solo habia cuadros. Y ser cacheteados por la presencia de otro marco.
Bah, se me lavo la yerba del mate, no me hagas caso…
Abrazo.
Comentario de el Rafa — un 28 Mayo 2009, tipo 18:04
Muy bueno. El anterior cuento también me gusto y creo que en ambos salta la ficha que estas buscando nuevos finales para tus historias. Y humildemente creo que vas por muy buen camino en esa búsqueda.
Saludos
Comentario de alea — un 28 Mayo 2009, tipo 21:10
Me da culpa, pero no me engancharon los diálogos y mucho menos el final.
Para mí las frases: “Esto es grande, MUY GRANDE” y “HABRÍA UN VIAJE FINAL PARA DAMIÁN. NO SERÍA COMO LO HABÍA PLANEADO, PERO SERÍA SU ÚLTIMO VIAJE” son imperdonables.
Igual te quiero, pero me voy a leer “Posparto” o “Primera esquina con tetas” que me apuñalaron el alma, literalmente, y no dije nada. O “Tango que sangrás jalea”, o “Malhumor en las mañanas con niebla” o bueno, busco…
Abrazo
Comentario de tavo — un 28 Mayo 2009, tipo 21:16
La puta madre que buen cuento. Hijo de la gran puta, este (como otros) me deja pensando. ¿El final fue tentativo?
Comentario de tavo — un 28 Mayo 2009, tipo 21:28
La cabeza del hombre junto a la ventana asomaba entre la ropa como un chupetín pálido rescatado del piso debajo de la cama. A contraluz, el pelo parecía pelusa.
Esas dos oraciones me engancharon para todo el cuento.
Comentario de Grachu — un 29 Mayo 2009, tipo 1:27
Muy bueno!
Me recordó un capítulo de Friends en el que Joey trabaja en una obra de teatro super dramática y en el final viene una nave espacial y se lo lleva.
Comentario de José Playo — un 29 Mayo 2009, tipo 9:33
@Martín – Aquende Libros: gracias por despejar las dudas, sabía que entre todos esos libros debías tener alguno de gramática. Beso.
@Rox: pasa. Ya engancharemos con otra cosa. Abrazo.
@quito: ¡Fue Martín el que hizo el aporte!
@Lale, Talones de la cabeza: te mandaste una instalación multimedia con el cuento. Ja.
@Nicolás: me costaría definirlo como una preocupación sobre el idioma en general y ponerme exigente con él. Supongo que sí lo soy a la hora de, por ejemplo, leer un blog. El filtro automático que tengo es que si la persona que lo escribe arranca comiéndose los acentos y desparramando errores, me está haciendo laburar la cabeza para entender qué quiere decir, y como ando vago y con poco tiempo, no le dedico ni un minuto. A la hora de escribir, en cambio, la única preocupación es no sonar demasiado rústico, con eso, creo, me contento. Resisto con gallardía los horrores ortográficos de los comentarios (los míos incluidos), porque se entiende que en el fragor de la batalla se nos pasan un montón de cosas. Hago esta distinción porque me parece que no es lo mismo lo que el autor labura para publicar y lo que alguien que pasó te comentó de refilón y a las apuradas. A mí me sirvió aprender a cagarme de risa de mis yerros, pensar que equivocarse siempre es una posibilidad. Abrazo.
Comentario de José Playo — un 29 Mayo 2009, tipo 9:47
@Baltazar: siempre tengo algunas de esas como armaditas en la cabeza, pero las tengo que pensar un toque cada vez que se me presentan. Calculo que el proceso siempre es el mismo (para saber cuál va), lo que cambia es que nos acostumbramos a hacerlo automáticamente. Yo tengo un drama serio con el tema “subordinadas” y también con las diferencias entre “adjetivo, sustantivo y adverbio”. Me cuesta mucho, será por el abuso de sustancias tóxicas en la juventud. Ahora, te confieso una cosa que no se la he contado a nadie, el “aun” (con o sin tilde) me resulta tan difícil de usar, que rara vez lo incluyo en algún cuento. Si está, te garantizo, es porque tuve que cortar el rapto de inspiración para buscarlo en el puto diccionario. Cada vez. No me lo aprendo. Abrazo.
@Lucas, desde la Republica: es que sí, cabeza. De una. Bien por ese mate suyo. El que toma y el que tiene en la punta del cuello. Otra vez lo escrito como refugio del marco y del marco que está adentro. Abrazo.
@el Rafa: gracias, che. Y posta que me ponen bien los finales distintos, aunque los lugares comunes me tengan agarrado de los huevos. Abrazo.
@alea: jajaja. GRACIAS. Abrazo. Los diálogos fueron la excusa para escribir este cuento, si te sirve de consuelo. Qué bueno que no haya borrado los demás. Qué bueno. Saludos.
@tavo: premeditado, premeditado. Cuando arranco con una historia, últimamente, no puedo sentarme a terminarla hasta que no le ubico un final tentativo en mi cabeza (que podrá variar o no más adelante, si funciona o no). Sin eso, ya no puedo sentarme a escribir por una cuestión de tiempo y laburos (qué feo es trabajar, por dios, con lo hermoso que estar al re-pedo). A veces pasa que los finales se me ocurren y entonces los anoto rápido y más adelante vuelvo sobre ellos para ponerles lo que venía antes, pero no siempre me acuerdo de por qué un tal Ricardo se rascaba la cabeza, por ejemplo. Entonces quedan como borradores hasta la victoria, siempre. Tengo tantos borradores que voy creando carpetas nuevas para empezar en otro lado cada mes. Es muy caótico. No sé porqué te cuento esto, debería estar terminado un presupuesto y dos currículas y me parece que le estoy esquivando al bulto. Abrazo.
@Grachu: jajaja, qué buen final. Yo siempre pienso en ese tipo de finales. Tengo toda una serie de cuentos con finales abruptos y absurdos de una línea, que son ideales para putear por descontento.
Comentario de Lale, Talones de la cabeza — un 29 Mayo 2009, tipo 10:03
*Ya repuesta del susto multimedial de ayer.
Tengo que coincidir con alea, y con grachu. También me acordé del capítulo ése de Friends, donde todo termina con Joey yéndose en la nave extraterrestre.
Pero acá ví dos finales que se me superpusieron, el de Sci-fi guerra de los mundos y el de la obra. Creo que me hubiera llegado un poco más si hubiera sido uno de los dos.
Mah’ si, usté es el escritor. Usté sabrá!
Saludos van,
Lale
Comentario de pinamar — un 29 Mayo 2009, tipo 10:32
- Soy puto, pa
- no te creo, retrucó tomandose un labio con dos dedos
los dos tenian la boca abierta y habian comenzado a pararse
- ..hasta los huevos, es muy grande , MUY GRANDE !
- se chocan los planetas?
- no, nos están invadiendo las naves imperiales Deep Purple.
acciona la alarma Black Sabath, y trae a todos los Mercedes Sosa y Enrique Iglesias que
puedas…deprisa, no hay
tiempo que perder!
- soy Ritchie Blackmore, pa…
- taxi !
Comentario de Martín - Aquende Libros — un 29 Mayo 2009, tipo 11:02
@José Playo: Tengo unos cuantos, pero no me hizo falta consultarlo. Si querés (o necesitás), te vendo alguno.
Comentario de vagina way — un 29 Mayo 2009, tipo 11:14
Como dijo Lucas, me gustó esto de cuadros dentro de cuadros, me parece muy interesante, me hace laburar las neuronas… Tal cual lo hace el maestro Paul Auster.
Comentario de José Playo — un 29 Mayo 2009, tipo 12:55
@Martín – Aquende Libros: siempre tengo la sensación de que te estás por jugar. Y me equivoco, claro está.
@vagina way: a mí me alucinaba cuando Auster le tiraba toda la carne al asador de la casualidad. Eso era fantástico y no sé porqué estoy hablando en pasado.
Comentario de Despeinada — un 29 Mayo 2009, tipo 19:46
No termino de entender el por qué en el hospital…. buenísimo el final…el de la nota del periódico seguro tenía hijo puto XD
Comentario de alea — un 30 Mayo 2009, tipo 15:28
Playo, borrás algo y venimos con Lenny, Karl, Moe, Marge, etc,etc y apedreamos el blog.
Revolviendo, casi muero de risa con éste:
http://revistapeinate.com.ar/2008/04/02/el-autor-material/
Gracias!!
Comentario de ociredef — un 30 Mayo 2009, tipo 16:14
al principio, antes de saber que era una obra, me pareció genial pensar que toda la conversación fue un preámbulo para hablar de lo que realmente le preocupaba al pendejo y al padre. como un secreto que los ligaba en el pasado. Limaduras nomás. El final del final (valga la redundancia) me dejó con ganas de “ver” la obra desde el principio.
Abrazo!
Comentario de Fabiana — un 1 Junio 2009, tipo 8:58
Ando con muy poco tiempo, por eso me cuesta mucho sentarme y leer tus textos como lo hacía antes. Pero cuando puedo sigue resultándome un placer.
Saludos.
Comentario de Dr. CroW — un 1 Junio 2009, tipo 23:20
Hermoso, Playo (que no es lo mismo que “Hermoso Playo”)
Gracias por compartir estas cosas con los analfabestias que te seguimos.
¿Así que hay olor a broli?
Comentario de José Playo — un 2 Junio 2009, tipo 0:40
@Despeinada: era una opción que me permitía más versatilidad.
@alea: ese salió de pedo.
@ociredef: quizá la historia daba para más y ese corte funciona como un trailer. Limaduras también por acá.
@Fabiana: gracias. Qué cagada lo del tiempo, me está pasando igual.
@Dr. CroW: así es (acidez). No sé si éste alcanzará a entrar. Un placer verte por estos pagos. Abrazo.
Comentario de Guillermo Rodríguez — un 2 Junio 2009, tipo 0:41
El relato está muy bueno. No veo problemas en ninguno de los personajes. Entré como un caballo.
Comentario de José Playo — un 2 Junio 2009, tipo 1:05
@Guillermo Rodríguez: muy lindo saberlo. Se agradece.
Comentario de Lilith — un 3 Junio 2009, tipo 0:18
Don Playo, con respeto y pidiéndole disculpas de arranque digo no me gustó. Probablemente tiene un crecimiento dramático la historia, pero yo no se lo encuentro. Y los diálogos me parecen, como decirle… estereotipados al mango, como armados para deslucir frente a un final que entró con fórceps.
Para mi suerte en este mismo blog hay mucho de su cosecha que me cierra redondamente. Brindo por eso.