Los siguientes relatos contienen imágenes que pueden afectar la sensibilidad de algunas personas. Se recomienda discreción por parte de los lectores.
(el caso de la mesa de saldos)
Dos estudiantes de letras se pasean por la mesa de saldos de una librería de usados. El plan es sencillo: robar algunos títulos que no deberían estar ahí para revenderlos con la merecida pompa y la justa recomendación en el Paseo de las Artes. Son jóvenes, son idealistas, son medio boludos. Saben a ciencia cierta que Rilke y Huxley merecen la misma exposición y estrellato de vidriera que tienen Paluch y Piña. Les jode que la buena literatura sea denigrada y que la industria cultural se pase por las bolas a los clásicos.
Casi logran su cometido, pero un policía los descubre y los lleva de las tiras de las mochilas a hablar con el dueño del negocio, un tipo regordete y sudado que usa arito, gorra y bigotes. Para sorpresa de los muchachos, el policía accede a escoltarlos al subsuelo de la librería, un lugar oscuro y húmedo al final de una escalera. Así que los estudiantes acaban uno al lado del otro atados a una silla y con una bola de plástico rojo en la boca, sujeta a una mordaza de cuero que les envuelve la cabeza. El policía es el primero en hablar:
—Traé al lelo.
—Pero el lelo está dormido.
—Bueno, me parece que lo vas a tener que despertar, ¿no?
El dueño de la librería abre un baúl del que sale un profesor de filosofía y humanidades, con el saco parchado en los codos. Tiene unos anteojitos redondos de marco finito y una polera verde de cuello raído. No habla. Con un gesto de confusión se deja conducir hasta el centro de la habitación donde lo atan de las manos a una cuerda que baja del techo. Pende como un adorno aparatoso y sin gracia. Lo único que balbucea son nombres. Uno de los estudiantes los identifica mentalmente como pertenecientes a la vapuleada Escuela de Frankfurt.
—¿Con cuál empezamos? —quiere saber el librero.
—Vamos con el morocho —dice el policía.
Lo levantan y se lo llevan al fondo. El amigo se escapa, golpea al profesor para que no lo delate y sube las escaleras. El negocio vacío es una invitación a la huída cobarde, pero antes de salir corriendo, escucha. Se queda un buen rato sin decidirse a regresar para darle una mano al amigo que los hombres vejan.
***
(el caso de la inscripción en la primera hoja)
Un señor mayor, jubilado, encuentra en un tacho de basura un ejemplar de Sobre Héroes y Tumbas. Le llama la atención el buen estado en que se encuentra el libro, así que decide llevarlo a su casa. Esa noche, después de cenar, se deja caer en un sillón y lo abre. En la primera hoja hay una leyenda:
ESTE LIBRO PERTENECE A UN MOVIMIENTO DE LIBROS LIBRES Y CUANDO LO TERMINE DE LEER TIENE QUE DEJARLO EN ALGUN LADO PARA QUE LO AGARRE OTRO.
La nota está firmada por una tal Ana. También hay un número de teléfono y el viejo decide arriesgar una llamada: es un celular, la tarifa es más cara, marca a regañadientes. Del otro lado, para su sorpresa, una joven desfachatada y pícara le ofrece una conversación de cuarenta minutos en la que abundan argumentos sobre los beneficios de volver a darle vida al misterio de los libros, matizados con lujuriosas referencias a las características de la tanga diminuta que lleva puesta. Al momento de colgar, el viejo tiene en una mano un papel con una dirección y en la otra una erección descomunal que lo deja sin aliento.
Esa noche no duerme y se debate entre las sábanas sopesando la posibilidad de aliviarse aún a riesgo de perder vigor para lo que a todas luces será un encuentro sexual desenfrenado.
Al día siguiente el jubilado pasa por una farmacia y apuesta por la buena fortuna comprando un estimulante sexual, dos condones y un lubricante. A los veinte minutos está parado frente a la fachada de un caserón carcomido por la humedad, mirando nerviosamente hacia todos lados. Es un barrio fulero que sirve de marco para una batalla interna y sin cuartel entre su instinto de conservación y sus irrefrenables ganas de echar un polvo. Por fin, desde una esquina, ve avanzar a una joven que se balancea con gracia sobre dos piernas largas y fuertes que asoman por debajo de un vestido floreado con escote generoso. El viejo sonríe y pregunta con voz entrecortada:
—¿Ana?
Cinco minutos después están en el primer piso de la casona. Ella se desviste sin mayores ceremonias, con movimientos mecánicos. Se deja los zapatos de taco puestos. El jubilado sonríe en camiseta y boxers desde la cama. La mujer apaga la luz y avanza entre las aspas cegadoras de los rayos de sol que se cuelan por la persiana. Sus pechos son firmes, turgentes, inquisidores. Los pezones emergen de la oscuridad con cada paso para dar un guiño lascivo e irreverente. El cabello le barre los hombros con suavidad. El viejo estira la mano para tomar un cachete de culo y ella aprovecha para pegarle con un florero en la cabeza.
Esa noche el jubilado vuelve en sí dentro de la bañera. No puede ver, tiene los ojos cubiertos por una venda y flota entre cientos de cubitos de hielo, sumergido en agua fría. También le cruzan la cintura dos suturas largas y rosadas.
***
(el caso del acompañante terapéutico)
Un accidente cerebro vascular dejó truncos los negocios del señor N. Su mujer, como parte de la terapia de rehabilitación, ha contratado los servicios de un acompañante terapéutico. Entre las amistades hay esperanzas de que N recupere el habla merced a los esfuerzos del muchacho, especializado en terapias de aprendizaje a través de la lectura y la escritura. Sólo N sabe que el joven es un sicópata drogadicto que aprovecha la sesión de tres horas para hacer experimentos con sustancias ilegales sobre su anatomía. La primera tarde le hizo fumar un porro largo como un puntero, el miércoles siguiente lo obligó a dar varios nariguetazos de cocaína —tapándole la boca con la mano—, y la última vez le metió de prepo en la boca un hongo acaramelado.
N no puede hablar y teme que en la próxima entrevista el acompañante le haga tragar una píldora que lo pase para el otro lado. Lo desespera la idea de que el reloj se vaya comiendo los minutos que faltan para el encuentro. Cada droga actúa sobre le cerebro prisionero golpeando con la fuerza de un hongo nuclear que ilumina un desierto anochecido. N tiene pánico, está perturbado y la presión se le sube por las nubes. El médico que lo revisa cada tanto ha recomendado administrarle algunos psicofármacos para controlar su angustia.
No habla, pero su cara es un mapa preciso para llegar al origen de algo espantoso.
N recuerda con exactitud la experiencia con las dos primeras sustancias; escucharon Wagner y algo de rock de los setenta mientras el chico —embriagado y eufórico— bailaba como un poseso por toda la habitación. Con el hongo, sin embargo, la memoria se le hizo trizas, dejándole un rompecabezas de piezas disueltas bajo el agua: no sabe si soñó o si realmente el muchacho le tomó la mano obligándolo a garabatear su firma en algunos papeles. Hasta le parece que hubo más gente en la casa (¿Un enano vestido de leopardo? ¿Una travesti rústica? ¿Un negro?).
La mujer de N ha dado órdenes expresas de que no se moleste a su marido a la hora de la terapia, así que no existe la posibilidad de que los descubran y lo rescaten. El acompañante tiene la llave del portón, una entrada secundaria por la que se accede directamente a la biblioteca, donde paciente y profesional pueden encerrarse y trabajar sin ser interrumpidos.
A la última sesión el acompañante cae con un inyectable. Se quita lentamente la ropa y luego calienta con un encendedor un polvillo que descansa sobre una cuchara. N intenta apartar el brazo, pero el muchacho es fuerte y le clava la aguja hasta el plástico, metiéndole por vena una fuerte dosis de heroína mal cortada.
Antes de hundirse con un sacudón en el fondo de la inconsciencia, N ve al muchacho destrabar el cerrojo de la puerta que conduce al interior de la casa. La mujer de N, desnuda, entra en la habitación. Los párpados de N caen pesados como persianas. Lo último que ve es a su mujer dar un salto y atrapar entre sus piernas el torso del muchacho. Después, oscuridad y jadeos, la realidad como una calesita imparable; el vómito y una flaccidez desesperante.
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Comentario de Elchango — un 29 Junio 2009, tipo 21:08
Tan buenos. Warning con la secuencia espacial del jubilado, lo duermen de un florerazo en una casona y se despierta en un departamento (te traicionó la infancia vivida en un dpto o el mito urbano) Abrazo grande y qué lindo leerte la pucha
Comentario de Gabriela — un 29 Junio 2009, tipo 22:26
Simplemente genial!!
Comentario de José Playo — un 29 Junio 2009, tipo 22:41
@Elchango: Qué maestro. Gracias por la corrección, fue tal y como lo describiste. Ja.
@Gabriela: tante grazie.
Comentario de nene — un 29 Junio 2009, tipo 23:08
“Es un barrio fulero que sirve de marco para una batalla interna y sin cuartel entre su instinto de conservación y sus irrefrenables ganas de echar un polvo.”
Este tipo de descripciones son las que más me cagan de gusto, Playo, por eso te leo siempre ha vito? (dicho con acento norteño)
Abrazo.
Comentario de claudia — un 29 Junio 2009, tipo 23:51
Mitos Urbanos. Falta el que va al cine y se clava una aguja infectada con HIV y el que se levanta una mina que le pide que la deje frente al cementerio.
Comentario de Escuchando Visiones — un 30 Junio 2009, tipo 0:06
exclelentes historia, y buen guiño pulpfictioniano en la primera
grande!
Comentario de José Playo — un 30 Junio 2009, tipo 0:07
@nene: sos un amor. Por eso te estimo.
@claudia: sí, hay un mito urbano adaptado, pero los demás son un homenaje cinematográfico (también adaptado) y una historia verídica un poquito tuneada para no comprometer al que me la contó
Comentario de José Playo — un 30 Junio 2009, tipo 0:09
@Escuchando Visiones: el caso iba a llamarse “Pulp Friction”, pero me sonó muy porno. ¡Gracias!
Trackback de Bitacoras.com — un 30 Junio 2009, tipo 0:12
Información Bitacoras.com…
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Comentario de jorge — un 30 Junio 2009, tipo 0:15
el primero es “pulp fiction”,
para los otros dos espero el comentario de algun cinéfilo,
si es que son fragmentos de alguna película, o novela.
Comentario de Karmakiller — un 30 Junio 2009, tipo 2:02
OOOOHHH!!! Tremendo, gráfico…me gusta.
Sobre todo la del viejo, verde. Es muy biográfica de mí futuro. Te lo autorizo, un abrazo José
Comentario de Sir Nenon — un 30 Junio 2009, tipo 2:22
Primera vez que me acerco a sus escritos. Memorable primera vez por suerte. Excelentes los tres, un festín de perversión para todo aquel que intente pecar de ser un “lector generoso”. Entrada, plato y postre, lo concatenado será decir: Pucha, estoy pipón.
Saludos y mis humildes felicitaciones una vez más.
Comentario de Nevermind — un 30 Junio 2009, tipo 2:35
Me dejaron sin aliento. El segundo más que los otros. Extrañaba ese estilo crudo y urbano.
Comentario de Lilith — un 30 Junio 2009, tipo 8:19
Ah… el maravilloso olor de la sordidez urbana.
Très bien los tres, Playo. Sobre todo el último. Notable cómo se le quemó la mariposa al quía dentro de la escafandra.
Saludos.
Comentario de Martín - Aquende Libros — un 30 Junio 2009, tipo 10:08
¡Por fin unos cuentos que me gustan, cabeza!
Aunque el primero ya lo recrearon hasta los Simpson vea usted…
Comentario de lulilu — un 30 Junio 2009, tipo 10:15
Hola José! Me quedaron las tripas revueltas che! Los tres están buenos, pero me mató el del viejo, conozco varios viejos chotos que le podría pasar tranquilamente. Siga así, cuidate de la gripe! Un beso
Comentario de Dorotea — un 30 Junio 2009, tipo 11:20
Buenísimo José! textos para un corto. Buen material.
Y sí Lilith, ¡ardieron mariposas nomás!
Comentario de sabalero — un 30 Junio 2009, tipo 12:21
Oscuro Playo, oscuuuro. Asi me gusta.
Comentario de nucklon — un 30 Junio 2009, tipo 13:20
que buen manera de describir imagenes en nuestro inconciente oscuro,…lo del jubilado me parecio excelente!!!!! playo me encantaron estos relatoshh!!!
Comentario de chicokc — un 30 Junio 2009, tipo 13:27
Genial Playo, el primero es un buen homenaje y hasta música le puse.
Un florerazo, que buen golpe! El tercero me recordó un poco a Acid House.
Saludos!
Comentario de alejandro — un 30 Junio 2009, tipo 14:59
inquietante…
Comentario de Lucas, desde la Republica — un 30 Junio 2009, tipo 15:11
La libreria no estara dentro de una galeria centrica, no? Ahora me dio cierto sutil cagazo volver a ese lugar, y eso que siempre pague los libros que me lleve (creo).
Buenisimos los relatos che. Abrazos.
L
Comentario de Pau Jimenez — un 30 Junio 2009, tipo 17:21
Hacia un tiempo que no pasaba por aqui!!! Qué placer, qué placer Playo.
Coincido con todo lo que te comentaron antes: excelente, inquietante, oscuro buuu!!jaja
Besotes José!
Ya falta cada vez menos;)
Comentario de alea — un 30 Junio 2009, tipo 18:09
A mi también me mató la oración que comentó nene más arriba, es de esas joyas raras que leés y te da un escalofrío en todo el cuerpo…
Esa frase justifica los 3 relatos; me gustó muchísimo el segundo, además de la joyita.
Comentario de ana — un 30 Junio 2009, tipo 18:11
Que julepe Playo!!! Queres que hoy no duerma?
Muy buenos!
Saludos.
Comentario de maniática — un 30 Junio 2009, tipo 22:37
¡cómo me gustó el último!
salud
Comentario de Despeinada — un 30 Junio 2009, tipo 23:04
No sé por qué pero estos giros a mí me ponen mal… Sin embargo no me prohibe reconocer lo bien escrito XD
Comentario de Nicasius — un 30 Junio 2009, tipo 23:34
Que bonito playo… Así me gusta, sin tanta vuelta.
Saludos
Comentario de vagina way — un 1 Julio 2009, tipo 9:36
Buenísimos. El título: genial. Hasta los titulillos me gustaron, el primero muy gracioso: “El caso de la mesa de saldos… ooohoohoooooo” ja ja
(El segundo medio trestristestigres… igual confío en tus elecciones)
Comentario de vagina way — un 1 Julio 2009, tipo 9:39
@Martín – Aquende Libros: no lo puedo creer! Playo te dió en la tecla o nos vamos poniendo más sensibles? Explicá porfa.
Comentario de Dr. CroW — un 1 Julio 2009, tipo 15:19
No dejás de sorprenderme chabón. Muy bueno.
Comentario de Negrita — un 1 Julio 2009, tipo 17:19
Te empecé a leer hace poco y cuando tengo un ratito en el trabajo me vengo para acá a ver qué hay, cada vez me engancho más, y estos tres cuentos en particular me parecieron MUY BUENOS! Un beso grande.
Comentario de Julio — un 1 Julio 2009, tipo 22:06
Playo, hasta aca llegé. Salgo del ostracismo de lector anónimo para aplaudir, como dijo uno por ahi, cagado de gusto. Es muy bueno lo que hacés. Abrazo
Comentario de Luchino — un 2 Julio 2009, tipo 1:22
Me vuelvo chango!!!!
Muy bueno loco, me hiciste acordar de una forma un poco más rustica al “solteron” de Arlt.
Imaginate si serán buenos, que Martín dijo que le gustaban y eso que hay que conformar a alguien de su tamaño…
Abrazo!
Se ven al rato…
Comentario de jorge — un 2 Julio 2009, tipo 5:47
la célula nerviosa se ha habituado tan bien a todo que debemos renunciar definitivamente a concebir una locura que, penetrando en los cerebros, los hiciera estallar.
Comentario de Nicolas — un 2 Julio 2009, tipo 9:28
José: me gustaron mucho los tres casos.
Una pregunta: ¿No tendrás en el baúl de los recuerdos algo como para matizar esta psicosis que se vive con la Influenza A? Se me ocurre algo estilo Saramago, no se.
Nicolás
Comentario de Luchino — un 2 Julio 2009, tipo 12:12
@Nicolas: ¿Notaron como volvió el tema de la influenza A, exactamente el lunes siguiente a las elecciones?
No te manipulan nada los medios de comunicación, jajaja… (si, si, es irónico)… Cambiaron las propagandas políticas por gente infectada…
La psicosis la crean ellos y manipulan a la gente para crear pánico y que las noticias tengan impacto, así se vende hoy en día…
Yo era feliz porque no tenía que escuchar más propagandas y ahora ya secaron el craneo con la Influenza pero nadie explica que es una gripe y que se puede prevenir como se previene de cualquier virus que anda dando vueltas, tampoco dicen que la gente que muere es porque la Influenza se convierte en neumonía y, mucho menos, dicen que si te hagarra el bichito y te curas, no te puede volver a agarrar más porque desarrollas anticuerpos…
En fin, espero que me agarre o que se vaya pero ya, porque me secó el cabeza y todavía no viene la gente como apra que me peine…
Se ven al rato…
PD: Fue una respuesta un poco catártica, no es nada personal… jajajaja…
Comentario de Luchino — un 2 Julio 2009, tipo 12:13
PD2: Vendría muy bien una Playeada para cortar con la psicosis…
Comentario de vagina way — un 2 Julio 2009, tipo 12:48
Sí! una Playeada de perversión para los noticieros de todo el país!! Qué caigan los zombies, ya van a ver como hablan de otra cosa mientras les comen los…. ja!
Comentario de vagina way — un 2 Julio 2009, tipo 12:48
… me fuí.
Comentario de Valeria — un 2 Julio 2009, tipo 16:44
Con la aclaración inicial leí con miedito… tapándome un ojo, mirando entre los dedos de la mano…
Dan miedo pero son muy buenos!
Excelente Playo.
Vale
Comentario de Diego — un 3 Julio 2009, tipo 9:22
No se si será por alguno de los últimos post, pero el último me sonó bastante King, che… muy bueno, una premisa estupenda para un buen corto o una nouvelle… de pronto al ñato lo ví con la cara de Paul Sheldon, o con la de James Caan, que viene a ser lo mismo.
Comentario de javier — un 8 Septiembre 2009, tipo 0:01
ohhhh deliciosas….
la tercera fue una puñalada en mi alma! me dolió en lo mas profundo.
porque me tocan asi todas las historias de engaños? me carcomen la conciencia…
excelente José… excelente!
gracias!