Peinate que viene gente




Aviso importante

Peinate que viene gente en versión digital cierra sus puertas y no vuelve más. Este blog me ha dado muchas alegrías, pero todo, siempre, tiene un final. Por motivos personales que no vale la pena hacer públicos, abandono acá. Ha sido un viaje alucinante, un placer tocar con ustedes en la borda de un barco sin mar.

Hasta que volvamos a encontrarnos.

José.

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Resumen para los amigos que están lejos

Mi casa huele a geriátrico en un país caluroso: estamos haciendo que las pequeñas dejen los pañales, pero el método funciona bastante mal. No bien abrís la puerta, el olor de las meadas y los sorongos golpea como un tincazo en el pescuezo.

Lulú y Niki sonríen y se cagan agarraditas de una silla, o mientras dibujan en un cuaderno, y después salen corriendo todas embarradas por ese mundito pequeño de living con padres que las persiguen con trapos y lampazos.

El técnico del lavarropas, el cartero, el electricista, todos creen que el que anda con un sorete encallado en el bolsillo trasero soy yo, y me pasan presupuestos, me entregan cartas o me cambian de lugar los enchufes arrugando la nariz.

Deben pensar:

—Un hombre grande todo cagado, ¿cuánto le puedo cobrar?

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Le dicen...

... Alikal: primero la pastilla y después el polvo.

(oído al pasar)



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Pasando revista en Córdoba

La tradición revisteril de esta ciudad es sólida, pulmonar y tiene una calidad alucinante. Abundan ejemplos que me dan la razón (de antes y después de Hortensia). Siempre me han gustado las revistas, desde que me cayó en la mano el primer ejemplar de Peter Mayle y hasta nuestros días, pasando por Nippur, D’Artagnan, La piedra en el zapato y la Peinate que viene gente.

Todo lo que nazca en la casa de uno que trasnochó y se levantó encaprichado, merece mi respeto.

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Los riesgos de patear descalzo

Ahí está la mina, parada del otro lado de la calle. Imposible no verla al salir de la oficina, hay poca gente y tiene un aire familiar. ¿Quién es? ¿Qué hace ahí? Está buena: caderas bien puestas, pinta de ir a los bifes, boquita sensual.

Es la que lo ha estado llamando a la oficina. Tres o cuatro veces por día:

—El señor no recibe llamadas si no puede decir por qué tema es —mandó a decir con la secretaria.

Pero insistió e insistió. Dijo que tenía que tratar un tema delicado.

Un tema delicado.

Cuando por fin hablaron, él le dijo “no te conozco, no me suena tu nombre”.

Ella respondió:

—A veces me llamo Melissa, no sé si te acordás.

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300 palabras sobre el fin del mundo

Las chances de que una nave extraterrestre hostil se ponga a hacer sombra sobre la Torre Ángela son escasas. Ni hablar de un posible tsunami con energía suficiente para cruzar todo Buenos Aires y desparramarse más allá de la Panamericana. Por ese lado (no lo digo yo, lo dice el INDEC), el riesgo será moderado.

El fin del mundo, de acuerdo a las estadísticas pochocleras, es glamoroso y empieza barriendo París, alguna capital con mezquitas o pirámides, y termina por convertir a Nueva York en una pecera; entonces Bruce Willis fuma y rescata en helicóptero a Morgan Freeman, que hace de Obama.

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