Fue el último verano que pasó en Villa Boba. Flotaba como un sapo en la pileta municipal, lanzando chorritos con la boca mientras su nariz boyaba cerca de la línea de flotación de dos culos chismosos que comentaban:
—Y esa que está ahí es la hija. Pobrecita, con semejante madre, qué va a ser de esa chica.
Aprovechó para girar lentamente con los ojos al ras del agua y ahí, en el extremo opuesto, una morocha entraba por la escalera colgante. Uno de los culos a su lado continuó:
—¿Es borracha, la madre?
—¡Y drogada!
Había mucha gente intentando refrescarse. La pileta era grande, pero parecía un fuentón lleno de meada caliente y azulada. Se deslizó en el caldo aquél como lo hubiera hecho un caimán, con el sol hirviente tamborileando sobre su cabeza.
—Parece que la madre la golpea —alcanzó a oír que decía uno de los culos parlantes.
La chica tenía una bikini roja que cubría con sutileza un cuerpo delgado y fibroso rematado por dos piernas largas y torneadas. Llegó hasta ella y se quedó flotando junto a uno de esos pies con las uñitas pintadas, el que dibujaba círculos en la superficie del agua.
—Esas dos viejas de la otra punta están hablando de tu mamá. ¿Qué le pasa a tu mamá? —dijo.
La chica lo miró, se puso el pelo detrás de las orejas descubriendo un moretón verdoso en forma de estrella que le adornaba el pómulo. Le faltaba un aro.
—Mi mamá está loca.
Él metió la cabeza en el agua y se peinó el pelo hacia atrás. Después salió y se sentó al borde, junto a ella.
—¿Loca-loca? —preguntó haciendo girar el índice sobre su sien.
—Sí. Cree que viene de otro planeta y cosas así. Dice que tiene poderes especiales, que se puede tele transportar.
—Ah.
—¿Querés verla? Vivimos en la casa esa que está cerca de la usina. La de tejas negras.
—Dale.
Caminaron hasta la casa despacio bajo el sol, compartiendo un cigarrillo. Cuando llegaron, frente a la puerta, él la tomó por los brazos y le dio un beso en la boca. Tenía los labios salados y suaves. Le gustó besarla y que ella le correspondiera, así que la besó otra vez mientras el pito se le paraba y empujaba el elástico de la malla.
El interior de la casa estaba fresco y olía a pintura y removedor. Junto a una persiana baja por donde entraba el sol fileteado, se desnudaron. Ella se arrodilló mientras él separaba las piernas. Desde algún lugar de la casa llegaba el ruido del motor de una heladera.
La cabeza de la chica iba y venía contra su cuerpo. Le gustaba el ruido insolente de la baba (como burbujas explotando amplificadas), la forma en que ella le clavaba las uñas en los cachetes del culo para tomar envión.
Faltaba poco y entonces una sombra atravesó el pasillo, de una puerta a la otra. Él intentó apartar a la chica, pero no puso demasiado empeño, la fricción de la lengua y los labios ahora había dado paso a una sucesión de mordidas mecánicas que alternaban el placer con un dolor punzante. Se sentía raro.
—Ahí… pasó tu-tu… vieja, me pare…ce.
De pronto la chica trabó la mandíbula y la mitad de su pene quedó atrapado en un cepo filoso, mientras las muelas rasgaban el glande.
Gritó y la golpeó, pero ella no soltó. Volvió a golpear, esta vez con más fuerza, sobre su ojo derecho. Temió que los nudillos le reventaran el cerebro y que la boca no se abriera nunca más, pero la chica lo liberó y cayó de culo sobre las baldosas frías.
—¡Hija de remil puta! ¡Me la mordiste toda! —dijo él.
Ella se limitó a reír. Y desde alguna habitación se escuchó que también reía la madre. Se reían parecido, solo que la carcajada desde la habitación era aguardentosa, más áspera.
Tuvo miedo, confusión. Por fin salió corriendo mientras la chica desde el suelo, iluminada a rayas, sacudía la lengua a través de sus labios rojos de sangre.
II
[…] El hombre avanza con paso firme hacia el mostrador. La mujer que lo aguarda es la encargada de chequear los ingresos en el aeropuerto; está sentada en un taburete, flanqueada por dos militares negros y tiene cara de pocos amigos:
—Pasaporte —pide.
Él saca sus papeles. Uno de los militares se inclina con discreción y echa un vistazo a lo que hay dentro del bolso.
—¿Por qué se fue de la isla? —pregunta la mujer.
—Soy deportista. Campeón Nacional de Salto en Largo —dice él.
Los militares se miran y luego miran el pasaporte. La chica revisa los papeles y los sellos. Cada tanto hace girar un papel y copia números y nombres en un cuaderno grande que tiene junto a un florero.
—¿Cómo le fue en la competencia, camarada? —quiere saber uno de los militares.
—Perdí. Me ganó un americano —responde.
La mujer le devuelve los papeles y le pide que ponga el bolso sobre una mesita de control que hay al costado. El pasajero pregunta si hay algún problema y los dos militares vuelven a mirarse.
—A menos que usted se niegue, no hay nada de qué preocuparse —explica la mujer.
El hombre duda. Piensa en su hijo pequeño. Ahora mismo se enfrenta a un dilema, puesto que si abre el bolso, sabe que habrá problemas. ¿Qué hacer? Pasan unos segundos dilatados hasta que se decide.
Los militares tardan en reaccionar. El pasajero es un atleta y en tres pasos ya está corriendo por la sala de embarque, en dirección a la salida. Hay ochenta metros hasta la puerta que da a la calle.
La mujer del mostrador grita pidiendo que lo detengan.
Conscientes de que no lograrán alcanzarlo, los uniformados desenfundan las armas y abren fuego. Los estampidos retumban en la sala ensordeciendo a todos y el atleta cae aparatosamente.
Su cuerpo se desliza boca abajo por el piso de baldosas un par de metros antes de quedar mortalmente quieto. Hay alaridos, correrías.
Un superior se acerca y revisa el bolso.
—Hijo de su puta madre —dice con una sonrisa de satisfacción.
Adentro hay dos mudas de ropa, tres remeras, un pantalón corto, dos pares de medias y una bolsa grande de caramelos rosados.
III
[…] Está parada frente al espejo del baño con la pollerita rendida a sus pies. En una mano tiene la remera y el corpiño, en el reflejo su desnudez resulta extrema, inquietante. Le gusta lo que ve, el torso delicado, las tetitas puntudas. A muchos les calienta así, filosas y medianas. Lo sabe por cómo le silban en la calle.
Los señores mayores le dicen cosas en las veredas cuando el viento sopla frío y sus pezones empujan irguiéndose tras la tela.
Se pone de costado para mirarse mejor. Una teta está un poco más abajo que la otra, pero apenas se nota. Un amigo suyo decía “en bolas y con la luz apagada todos estamos culeables”. Se mira la cintura, los pelitos rubios y finos arremolinados sobre la raya que le divide los cachetes del culo.
Siempre pensó que el suyo era un culo chato, pero eso se arregla empujando hacia atrás y arqueando la espalda. Así le enseñó una amiga que hay que hacer para zafar cuando de fábrica el culo no viene bien parado, ahora que está de moda tener la cintura como un posavasos y las tetas como melones.
Sale del baño con los zapatos puestos. Camina desnuda entre los hombres. Dos de ellos están sentados en un sillón con los pantalones abiertos y se tocan y le sonríen. El tipo de la gorrita le indica que se siente sobre la cama.
Las paredes están cubiertas por telas de color azul. Cruza las piernas y las luces se encienden. Ella dice:
—Me llamo Laura y me encanta la pija.
—¡Corten! —dice el de la gorrita. Y se acerca para hablarle.
El aliento le huele a fantasma de chicle y a herrumbre. Los tipos del sillón se siguen tocando, el camarógrafo revisa el display y después acomoda una de las luces que hay sobre un pie. Hace calor, mucho calor.
—Lo que tenemos que hacer, Laura —le explica el de la gorrita— es convencer a los tipos de que realmente te gusta la pija. Tenés que hablar de la pija como si hablaras de tu comida preferida. Si podés —ilustra pasándose la lengua por los labios—, agregá un gesto, algo que demuestre que estás diciendo la posta, porque así como lo decís parece que fueras torta.
Ella baja la cabeza y se mira el pubis. Los pelitos brillan bajo los tachos de luz caliente.
Asiente en silencio y luego levanta la vista esperando la señal. El tipo de la gorra hace girar la mano y ella repite el parlamento, esta vez, pasándose la lengua por los labios. Se ríe un poco, involuntariamente.
—Bárbaro —dice el de la gorrita—. Muchachos, vamos a garchar.
Los tipos del sillón se acercan y se acomodan junto a ella en la cama. Le pasan las manos por el cuerpo y se turnan para hacerle girar la cabeza.
Se siente dirigida, sumisa, sin mucho que aportar. Durante la próxima hora y media hará cosas que no imaginó nunca tan reales, tan crudas, tan dolorosas, frente a una cámara digital.
Después se irá y alguien vendrá a descolgar las sábanas que tapan las paredes.
Ya en su casa se dará un baño y pensará en sus padres, en su rostro repartido por cientos de computadoras en países lejanos, en miles de ojos anónimos mirándola hacer lo que hace falta para pagar el alquiler.
Nunca olvidará esa tarde. En su memoria quedará grabada una réplica de la mancha de sangre que tiñó las sábanas de su primera vez.
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Comentario de José Playo — un 5 Enero 2010, tipo 12:52
Lamento las demoras de actualización, pero estaba de viaje por las fiestas, lleno de chiquillos por todos lados y sin ganas de buscar un cyber.
Estos cuentos se llaman:
I
Vacaciones en familia
II
Pasaporte
III
Cámara digital
Saludos y un placer estar otra vez acá.
Comentario de sabalero — un 5 Enero 2010, tipo 14:16
Todavia no lei pero estoy medio tapado de laburo, me alegro que lo de cerrar el blog haya sido una joda y andate a la puta que te pario por hacernos esperar hasta hoy para volver.
Comentario de José Playo — un 5 Enero 2010, tipo 14:21
@sabalero: hasta en esa forma sutil y mirthalegranina para putear se lee cariño. Gracias, sabalero. Abrazo,
José.
Trackback de Bitacoras.com — un 5 Enero 2010, tipo 14:27
Información Bitacoras.com…
Valora en Bitacoras.com: Fue el último verano que pasó en Villa Boba. Flotaba como un sapo en la pileta municipal, lanzando chorritos con la boca mientras su nariz boyaba cerca de la línea de flotación de dos culos chismosos que comentaban: —Y esa qu…..
Comentario de Lucas, desde Pest — un 5 Enero 2010, tipo 14:52
I: Carajo, el tarascon de las pesadillas…
II: Sin palabras. Caramelos…
III: Crudisimo. Algo de culpa.
Como ve, Playo, ha logrado que sucesivamente me encoja en la silla, se me encoja el alma, y se me diluyan las ganas de cojer.
Por un ratito nomas.
Abrazo y bienvenido.
Comentario de Rob — un 5 Enero 2010, tipo 15:34
jodido Pepe! también te mando con mucho cariño a putear por la bromita que nos gastatste! bienvenido y aqui seguiremos, ojalá que sea un gran gran gran gran año para todos, abrazo muy fuerte!
Comentario de Rob — un 5 Enero 2010, tipo 15:36
por cierto que el cuento del pasaporte me lo imaginé ilustrado por el negro fontanarrosa y actuado por boogie el aceitoso… mi favorito fue el de la camara digital, que cosas…
Comentario de Adriana Mufarrege — un 5 Enero 2010, tipo 15:45
Qué susto nos diste José.
Los tres cuentos excelentes, aunque hoy que estoy un poco bajoneada me acaban de dejar en un pozo que termina cerca del centro de la tierra…
Comentario de Rox — un 5 Enero 2010, tipo 16:45
Menos mal que era broma nomás.. me estaba muriendo de la incertidumbre..
Te extrañamos, pero bien merecidas que te tenes una vacaciones..
Muy buenos los cuentos, algo crudos para este clima de joda de despedidas de año del que venimos, pero fiel a tu estilo.
BIENVENIDO!
Espero ansiosa algo sobre tus nenas, que calculo con las vacaciones podrás haber juntado bastante material..
BESOS
Rox.
Comentario de sabalero — un 5 Enero 2010, tipo 20:33
Eso de que en bolas y al oscuro todos somos culeables es una gran verdad, el problema es cuando prendes la luz y se te pasa el pedo, puede salir cualquier cosa, igual yo muy exquisito que digamos no soy.
PD: me niego a desear felicidades por el cambio de calendario porque esta semana es igual que la pasada que era del otro año y asi (aunque hayamos chupado y comido como termitas que chupan y comen mucho), en todo caso el “que se cumplan todos tus deseos” debiera ser un continuo.
Comentario de Lale — un 5 Enero 2010, tipo 21:18
Bueh, me sumo a los puteadones por la bromita del 28… la puta madre josé!
Hecho esto, paso a comentar que muy buenos los tres relatos. Como siempre, pura crideza y pura realidad.
Saludos calurosos!
Comentario de Natushka — un 5 Enero 2010, tipo 23:02
La segunda me dio escalofríos
La tercera también me dio escalofríos… pero de otros. Me hizo acordar una escena de “Requiem for a dream”.
Escalofriante regreso el suyo
Un abrazo.
Comentario de Natushka — un 5 Enero 2010, tipo 23:04
Excelente título, olvidé mencionar. Nunca mejor puesto.
Comentario de EscuchoVisiones — un 6 Enero 2010, tipo 0:15
@Lucas, desde Pest:
a mi al contrario, me dieron ganas de coger jaja
Comentario de Gastón — un 6 Enero 2010, tipo 10:29
Ahhh pero que bromista el señor! y yo me la comí como el mejor…que pedazo de cul*ado. Muy contento de leerte de nuevo y como para sacarme la bronca te digo…la frase esa del post anterior “…un placer tocar con ustedes en la borda de un barco sin mar…” es recontra gay boló, parece escrita por Guido Suller.
Comentario de Federico Gauffin — un 6 Enero 2010, tipo 13:24
Me gustaron los tres pero me quedo con Vacaciones en familia. ¡Salute!
Comentario de José Playo — un 6 Enero 2010, tipo 14:50
@Lucas, desde Pest: de las tres consecuencias la más preocupante es la última, pero apuesto a que se le curará pronto. Me mató “Algo de culpa”. Abrazo, L.
@Rob: gracias, había dejado programada esa entrada hace un tiempo, hasta que se me ocurriera algo más original para hacer. A mí también me sorprendió cuando me preguntó un amigo si era cierto que cerraba: “¿qué cosa?”. Buen año para vos también. Abrazos.
Comentario de José Playo — un 6 Enero 2010, tipo 14:56
@Rob: cómo se lo extraña al negro… Te dejo un link de reconciliación.
@Adriana Mufarrege: no sé por qué salieron tan oscuritos, es cierto. Habrá que ver qué sale en la próxima tómbola. Para curar tu bajón te recomiendo estos videos:
Uno.
Dos.
Tres.
Cuatro.
Cinco.
Seis.
Comentario de José Playo — un 6 Enero 2010, tipo 15:00
@Rox: y eso que todavía no me las tomé, a las vacaciones. Este año volvemos a no coincidir con mi chica, que tiene que trabajar todo enero. Ya vendrán crónicas filiales. Y una sorpresa con respecto a la estética de este blog. Abrazo y gracias por el aguante, Rox.
@sabalero: ojo que quizá la otra persona puede estar pensando lo mismo, ja. Che, yo también tengo la sensación de que todavía estoy en diciembre. Raro.
Comentario de José Playo — un 6 Enero 2010, tipo 15:03
@Lale: y eso que me estoy midiendo para no irme al carajo. No me ha hecho bien leer a Palahniuk.
@Natushka: me alegra saber que hubo escalofríos varios. Esa frase está inspirada en un pasaje de una de mis pelis favoritas, Sueños de Libertad, se la dice Tim Robbins a un colorado que lo anda buscando para hacerlo su bitch. Qué buena peli… ¿Lo mejor? Esas ganas de escribir. Que no se vayan, que no se vayan.
Comentario de José Playo — un 6 Enero 2010, tipo 15:06
@Natushka: primero se iba a llamar “Variaciones sobre la mala reputación”, pero temí que se confundiera con un análisis sobre las pelis de Almodovar.
@Gastón: ja, tenés razón. Y me la merezco. Abrazo. Ja.
@Federico Gauffin: vos sabés que nunca sé si el orden de uno y otro influye en cómo serán recibidos. Hay, de hecho, algunas teorías editoriales que hablan de eso a la hora de compilar un libro de cuentos. Abrazo.
Comentario de El hippie — un 6 Enero 2010, tipo 15:13
MUY BUEN REGRESO! Esperado, por cierto.
Vacaciones en familia es el relato de los aplausos de pie.
El deseó de un buen año; buenos meses; buenos días; buenos momentos para todos los que se peinen. En el bicentenario “ingrato”. SALUDOS, elhippiequeanda.
Comentario de Despeinada — un 6 Enero 2010, tipo 21:10
Feliz Año y Reyes!
Gracias por los regalos!
El primero genera miedo, el segundo no le entendí, y el tercero no lo creí… pero los tres cautivantes.
Dije gracias? Pos eso XD
Comentario de alea — un 7 Enero 2010, tipo 0:18
Me sumo a las voces de bienvenida para vos ,José, y de felicidades para todos, menos para sabalero (te deseo que junio sea el mejor mes de tu vida)
Leí con mucha tensión los tres cuentitos. Me gustó más el primero; me dió mucha risa la conversación de los culos y dios nos libre del sexo con mordidas sangrantes.
En el segundo, me gusta el clima súper formal y que de repente el atleta salga corriendo y le disparen es disparatado y gracioso. Yo no entiendo si los caramelos son para el hijo (no veo la reputación) o si los caramelos rosados son gays (y ahí me confunde el hijo)
Del tercero no me gusta el final, con los padres y la virginidad; me gustan tus personajes destruídos que no se tienen lástima.
(Es muy gracioso: “Muchachos, vamos a garchar”)
Abrazos y gracias por estar
Comentario de vagina way — un 7 Enero 2010, tipo 9:45
Pero … qué descripciones!!!
Realmente te sitúan en el contexto estos cuentos, me hicieron estremecer y hasta poner la piel de gallina.
Muy buenos!!!
Hasta me dieron ganas de comer caramelos rosas!!! (ojo!! no el caramelo del primer cuento jajjaj!!)
vaya a saber…
Comentario de José Playo — un 7 Enero 2010, tipo 14:10
@El hippie: mis hijas “intervinieron” el ejemplar que me diste de Ingratos, eso es una buena señal. Gracias por los comentarios, hippie. Abrazo.
@Despeinada: me voy a sentir medio pavo explicando el segundo, pero si no se entiende, lo tenemos que descular. El cuento transcurre en un aeropuerto de Cuba, país que sólo permite que sus deportistas puedan salir de vez en cuando de la isla. Es un lugar donde hay muchas restricciones, entre las que se cuenta (con mucho rigor y so pena de acabar tras las rejas), traer material de contrabando. Los caramelos son eso. La reputación tiene que ver con que el tipo es deportista y se espera de él una conducta intachable. Ojalá se haya entendido, saludos y gracias.
Comentario de José Playo — un 7 Enero 2010, tipo 14:13
@alea: como le decía a Despeinada, los caramelos son caramelos, es la circunstancia lo que los hace peligrosos. Ahora que lo decís, es cierto, todos mis personajes están rotos, ja. Gracias por la devolución y buen año para vos y todos los demás.
@vagina way: ja. Nunca digas “de este caramelo no he de comer”. Abrazo.
Comentario de Lucas, desde Pest — un 7 Enero 2010, tipo 16:58
Ya ta, ya se me paso.
Comentario de José Playo — un 7 Enero 2010, tipo 17:04
@Lucas, desde Pest: lo celebro con un dolor de cabeza y un malestar general como hacía años no tenía. ¿Un consejo que nadie me pidió? No coman NUNCA en un coso que se llama Funny Ville o algo así, en el shopping. Casi nos mataron.
Comentario de ana — un 8 Enero 2010, tipo 13:09
Hola José! Gracias por los tres cuentos.
El último me pareció medio obvio… solo eso.
Compré, despues de haber asistido a una charla tuya, “La irrupción… vol I”. Y me encanto!
un abrazo
Comentario de nana — un 8 Enero 2010, tipo 18:55
¡Qué buen título! Ahora, bastante oscuro todo. Me hiciste poner mal, con el segundo sobretodo.
Menos mal que era joda.
Comentario de elrober — un 8 Enero 2010, tipo 20:05
yo sabía que el boludito estaba hinchando la bolas, pero había, por las dudas, planeado secuestrar a tu perro y atarlo en paragolpe trasero y arrastrarlo por todo Bella Vista para pedirte que vuelvas a escribir en el blog. De los cuentos, el del cubano me recuerda porque no soporto a la gente que sigue mirando con cariño a Fidel y a todos sus secuaces
Comentario de Charrúa — un 8 Enero 2010, tipo 23:37
algunas locas erotizan, ninfomanas que se pasean por pueblos a la madrugada con andar rápido, faldas livianas y boca facil, cerca de los cementerios,
insinuandose en la sombras, dan miedo y eso es lo que erotiza, el peligro,
el muchacho tendría que haberle rebajado todos los dientes con una amoladora industrial Black & Decker.
Comentario de - Redwolf - — un 12 Enero 2010, tipo 10:33
José, un gusto leerte de nuevo, me gustaron mucho los cuentos… especialmente el tercero, y comparto con el que mencionó un poco de culpa.
Te cuento que ayer pasé por la sucursal de El Ateneo de la calle Florida al 600 (Capital Federal) en busca de alguno de tus libros. Los muy giles tenían por sistema que tenían un ejemplar de Peinate Vol2 y uno de La belleza, y resultó ser un error de inventario ¬_¬ los tuvieron que pedir a la central y sabe Magoya cuándo los traerán. Te me hacés el difícil, eh! Ya encargé Peinate 1 y La belleza.
Abrazo.
Comentario de Tinchoº! — un 13 Enero 2010, tipo 5:59
José,
“Cámara digital” acabó con mis ganas de distraerme con pornografía durante mis noches solitarias en Córdoba.
Muy bueno saber que volviste.
Un abrazo
Comentario de Paul — un 20 Enero 2010, tipo 11:42
Muy crudo. Ponele queso y sale terrible sanguche.
Comentario de pablo — un 21 Enero 2010, tipo 12:45
Gracias por la magia… un placer tenerte de vuelta!
Comentario de José Playo — un 13 Febrero 2010, tipo 1:09
@ana: ¿viste que para algo servían las charlas? Me alegra mucho saber eso, muchas gracias.
@nana: tengo mis momentos de oscuridad, a tono con los cortes de luz de enero. Saludos.
@elrober: menos mal que se entendió que fue en chiste. El plan era siniestro…
@Charrúa: me encantan los productos Black & Decker. Mi mujer me regaló un taladro el año pasado. Era amarillo y no me acuerdo a quién se lo presté.
Comentario de José Playo — un 13 Febrero 2010, tipo 1:12
@- Redwolf -: qué cagada, esas cosas me ponen de la cabeza, porque un lector que no consiguió el libro es un desencuentro horrible. Ojalá se pongan las pilas, ojalá no te desinfles. Abrazo y gracias.
@Tinchoº!: tengo la sensación de que esas ganas nunca se van para siempre. Abrazo y gracias.
@Paul: no sé por qué pero me acordé de cómo le dicen en la hamburguesería del payaso: “regu con queso”. Y se me hizo agua la boca, che.
@pablo: gracias por el aguante. Abrazos.