A pesar del asco siguió hundiendo los dedos en el hueco caliente, al principio indeciso, luego ayudándose con las uñas para rajar los tejidos y despegar los músculos. El calor pringoso se le secaba en las arrugas de la palma de la mano, o sobre las muñecas, formando un guante reseco hecho de pelos y manchas costrosas de sangre.
Debía seguir, con todo y náusea, si quería alcanzar el plomo.
Contuvo la respiración e introdujo un dedo con firmeza en el interior del orificio hasta rozar la superficie metálica y áspera. Luego los dedos fueron dos y cuando por fin la piel se rasgó con el mismo sonido que hacen los abrojos al separarse, supo que estaba cerca. El olor de la sangre flotaba como una nube ferrosa frente a sus ojos.
Con dos dedos serpenteando en la pulpa oscura, se concentró en asir la bala.
Sus movimientos de ajuste y acomodación hacían manar el líquido en ríos irregulares que inundaban la mesa y se derramaban por el borde hasta ganar el piso con un goteo persistente.
Por fin la tuvo.
Apretándola como a un apéndice infernal, tiró de ella hasta sacarla. Después la levantó y la puso frente a sus narices.
“Es hermosa”, pensó.
Le gustaba el gris aflorando en la mezcla carmesí, la irregularidad del plomo entre los coágulos, el brillo de sus dedos ahora bajo la lámpara.
Pensó en las metáforas de las series: “Una bala que lleva un nombre”, o “Te llenaré de plomo”.
Lo trajo a la realidad la carne temblorosa, la piel amarillenta plegada en torno al pozo negro y magullado. No había mejor síntesis para el dolor que la pornografía de ese muslo.
Enjugó el sudor de su frente cenicienta con el antebrazo, luego dejó caer la bala al suelo y empinó la botella para dar el último trago.
Faltaba su otra pierna, donde no le habían pegado un tiro sino dos.
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Comentario de Gaby* — un 1 febrero 2010, tipo 1:10
Me hiciste sufrir, José, que te parió. Excelente. Felicitaciones.
Comentario de Despeinada — un 1 febrero 2010, tipo 1:38
Jo
Cada que me saque una astilla me acordaré de este relato
Comentario de Lilith — un 1 febrero 2010, tipo 1:50
Un brindis por la buena salud de la oscuridad.
Bueno bueno, Playo.
Comentario de VNe — un 1 febrero 2010, tipo 3:24
Qué buen relato! … Me gusto mucho.
Comentario de profe — un 1 febrero 2010, tipo 9:16
Muy bueno. Me sorprendió el final, como siempre.
Comentario de Matías — un 1 febrero 2010, tipo 9:36
Muy buen relato! hasta me dolió!
Saludos,
Comentario de Matías — un 1 febrero 2010, tipo 12:14
¡Genial! Me encantó el final.
Saludos.
Comentario de Lale — un 1 febrero 2010, tipo 14:28
Ah papá, de donde sacaste tanto dolorrrrrr
Comentario de elrober — un 1 febrero 2010, tipo 16:51
no le deseo ni a mi peor enemigo tener que sacarse una uña encarnada como la que tuve en el dedo gordo de mi pie izquierdo luego de que empezó a crecer por donde no debía, con posterioridad a un tratamiento que me hice con antimicóticos de casi un año y medio (si, tenía hongos debajo de las uñas, y qué?! ) al dolor y la sangre sumale un olor nauseabundo y una contractura cervical y dorsal… jodido, che… . Encima del balazo podés vengarte, de la naturaleza tomando cursos equivocados, no.
Comentario de Lilith — un 1 febrero 2010, tipo 22:39
A ver, elrober, cito:
“Por efecto de las contracciones al comienzo del período de dilatación y por la presión que ejerce la cabeza del bebé sobre el cuello uterino en la fase final del mismo, disminuye su consistencia (reblandecimiento), se acorta y finalmente se dilata en forma progresiva, desde 3 – 3,5 cm. hasta alcanzar los 10 cm. de circunferencia en los embarazos a término. Al mismo tiempo el bebé va descendiendo por el conducto genital, adaptándose a la forma y dimensiones del mismo. Para esto adopta la forma de un cilindro, para colocar los menores diámetros fetales en correspondencia con los más pequeños de la pelvis materna. Cuando logra pasar por el menor diámetro pelviano, entre el pubis y la parte más saliente del sacro, se dice que el bebé está encajado. Cuando llega a la parte del canal del parto que tiene forma acodada, efectúa un movimiento de rotación para colocar debajo del pubis el punto de mayor flexibilidad, la nuca, cuando la parte que avanza primero es la cabeza (presentación cefálica). Tomando el occipital como punto de apoyo al pubis, se desliza en forma de arco extendiendo la cabeza para finalmente llegar al exterior durante el período expulsivo.” (Agrego que a veces vienen de culo).
Sí, las uñas encarnadas son dolorosísimas…
Comentario de roberto fantasy — un 2 febrero 2010, tipo 1:24
mierda!, carajo…
vaya a saber porqué me vino a la mente, Sierra Maestra.
Comentario de roberto fantasy — un 2 febrero 2010, tipo 2:34
@Lilith: si parece doloroso parir, es porque no recordamos el desgarro radical de nacer. En algún lugar del cerebro deben estar esos momentos incendiarios de salir de la plácida muerte. La asfíxia hormigueando la sangre, en una montaña rusa de adrenalina y oscuridad que amenaza con un final inminente, caos de la materia innombrada, total desconocimiento, que parece no terminar nunca, desesperación extrema, pánico absoluto, marasmo, y track, la explosión, los pulmones quemando, y durante unos momentos ser terror, un fuego que hay que apagar a gritos, músculos, cartílagos y costillas estallando en dolor, garganta de fuego. Luego pasada la crisis el sistema comienza a segregar sus drogas, dopaminas, endorfínas, y comienza el olvido, necesario y reparador de semejante trauma. El cerebro tal vez guarde bajo siete llaves esos momentos, aunque dicen que con ciertas drogas se puede recordar y volver a vivenciar el nacimiento, paso. Tal vez nos lleve toda la vida superar esos minutos que hayan sido vivenciados como horas o dias, de terror total y absoluto.
Tal vez por eso el cerebro se niega a recordarlo. Dicen que recordamos los traumas cuando estamos lo suficientemente fuertes para recordarlos sin que reproduscan la crisis traumática original, del final inminente.
Quien tuvo ataques de pánico sabe de que estoy hablando. El miedo se retroalimenta y produce mas miedo que paraliza la respiración y que puede producir un paro o no, lo que se dice morirse de miedo, creo que está relacionado con una pequeña filtración de ese pánico inicial guardado en el inconciente que fue el nacimiento.
Si la propuesta es hurgar la llaga, hurguemos hasta el raquis, hasta el momento en que el primer primate despertó a la cociencia, como en la película “Estados Alterados”,
bueno, los dejo que ahí viene el médico de guardia con una jeringa en la mano.
-si, ya apago maestro, estaba viendo los resultados del clausura, el rojo, un lágrima, son mas pecho frío que riquelme, son,…si hasta los putos de racing nos bardean…
Comentario de Lilith — un 2 febrero 2010, tipo 5:40
@roberto fantasy: antes de abandonarse a la experimentación, pruebe con un cólico renal. Por ahí se ahorra años de búsqueda.
Comentario de elrober — un 2 febrero 2010, tipo 14:40
@Lilith: si, y ese tremendísimo dolor las hace poseedoras de por vida, (y por el sólo hecho que son los seres humanos que poseen los órganos) del derecho de quedarse con los hijos cuando ocurre la fatalidad de darse cuenta que la personas que elegiste para traer al mundo al niño no sirve para mierda, ESO es dolor, tener que ser una visita en la vida de tu hijo, o que él sea una visita en la tuya. Daría horas, días, meses, de trabajo de parto, contracciones, dilatación pélvica, cirugía y post-operatorio, por poder tener ese derecho que a ustedes les viene de arriba basado en no se que pelotuda y arcáica ley, no se quejen las mujeres de ese maravilloso dolor, es un don . Disculpáme, no es mi intención herir, ni menospreciarte ni a vos ni a las mujeres, es sólo un punto de vista formado a partir de de otro dolor que me vino a mente por tu comentario y es un poco de lo que habla el post de José…
Comentario de Lilith — un 2 febrero 2010, tipo 15:55
@elrober: Lo que vos mencionás es bastante más complejo que mi comentario sobre el dolor de parto. No obstante, es un respetable punto de vista.
Comentario de joaquin — un 2 febrero 2010, tipo 16:59
Hola qué tal? estuve viendo algunas cosas en tu blog. Trabajo con posicionamiendo web y tengo una propuesta de publicidad : 50 euros cada mes por incertar pequeños links de nuestros anunciantes. Son 50 euros mensuales para cada blog que se registre con nosotros.Es compatible con publicidad de google-
Saludos -comunicate-
Comentario de rob — un 2 febrero 2010, tipo 17:52
@lilith, un cólico renal! se de lo que hablas… aaaaarrggghh!! @elrober: ese dolor del que hablas debe ser terrible porque es un dolor del sentimiento que sin lugar a dudas trasciende hacia el plano físico; esa clase de dolor que anida en el pecho y que se agolpa como catarata reprimida por un dique. Vamos, que para ponerlo en terminos coloquiales vendría siendo como cagar pa’ dentro… amar duele, no cabe duda…
Comentario de Luis — un 3 febrero 2010, tipo 1:45
Auuuu!!! Me froté por un momento el cuerpo y las manos, como si me estuviera sacando yo la bala! Buenisimo… pero eso de la carne que hace ruido desgarrándose me dio mucha impresion jaja
saludos!
Comentario de euge — un 4 febrero 2010, tipo 19:54
he parido y he tenido una uña encarnada, en el dolorometro la uña no compite.
pero volviendo al relato de jose lo que mas “senti” fueron los olores, muy bueno!
Comentario de sabalero — un 6 febrero 2010, tipo 12:35
Cuanto dolor en estos comentarios
Comentario de Camilo — un 7 febrero 2010, tipo 19:19
Ahhrrrggg!!!
Duele, duele, duele!
Uno por cada bala. Buen Giro, Playo.
Saludos
Comentario de lujan — un 8 febrero 2010, tipo 17:03
me pareció excelente el realismo del relato
Comentario de lujan — un 8 febrero 2010, tipo 17:05
Me olvide decirte que te escuché en la nota con Teté, un lujo
Comentario de elrober — un 8 febrero 2010, tipo 17:40
@Lilith: gracias lilith, que bueno que mis palabras llegaron a tus ojos en el real sentido con el cual las escribí
Comentario de José Playo — un 13 febrero 2010, tipo 0:18
Espero superar pronto esta etapa oscura, seguro que todo se calma cuando llegue el invierno. Gracias por los comentarios, en serio, muchas gracias. Aunque no parezca, es importante saber que hay gente del otro lado leyendo.
Salud.
Comentario de Leandro — un 3 abril 2010, tipo 16:57
muy Borges, buenisimo