Peinate que viene gente


El poder de la síntesis, 83 ejemplos gráficos

Quienes mejor manejan la síntesis, al parecer, son los publicistas. Tras años de entrenamiento en el arte de comprimir un mensaje, el resultado son piezas gráficas que trascienden a veces la marca que promocionan. Esos anuncios que cruzamos en la calle, que esperan al dorso de las notas que hojeamos en las revistas, se valen de la exageración, la emotividad y el humor para hacernos ver las cosas de otra manera. Volvemos al rubro de las compilaciones, ya no para revisar ejemplos impactantes de publicidades perturbadoras, si no para compilar postales de simpatía…

(este post puede contener imágenes que afecten la sensibilidad de alguien)

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600 palabras sobre las teorías paternales

Antes de que naciera nuestra primera hija, yo engrosaba la burda lista de padres primerizos arrogantes. Era uno más de esos neuróticos que enuncian máximas tozudas de crianza: “mi hijo dormirá en su habitación desde la primera noche”, o “que llore hasta que reviente, mis tiempos son tan importantes como los suyos”, o “jamás renunciaré a la intimidad de la pareja”.

Por aquellos días, la repetición de estos conjuros idiotas parecía suficiente para salvarme de un futuro incierto de lustrar con el culo, una vez por semana, un diván: de verdad pensaba que el resto de los padres eran medio boludos si no podían doblegar la vigorosa resistencia de los infantes.

Antes del parto, caramba, yo era invencible.

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On the rocks

Para buscar hielo había que subir, apoyando las manos en los muslos, hasta la casa. Estaban al final de una pendiente pronunciada, en dos sillas enfrentadas al lago, desde donde bebían contemplando el atardecer. Era una playita privada, en la superficie del agua se quebraba el reflejo de las montañas.

Felipe y el Coco, sin ganas de trepar como cabras a cada rato, se habían armado de una heladera portátil.

El cielo derramaba tonos dorados sobre la coronilla de las sierras. Frente a ellos se abría la bahía con casas repartidas a lo largo de la costa. La mayoría estaban construidas en terrenos que acababan en rampas para hacer descender las lanchas y los veleros. Felipe fue el primero que tuvo ganas de mear.

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