Peinate que viene gente


Fernet Bronca

Al presentador sólo le quedaba una uña. Cuando niño se había apretado el índice con una puerta, y era la única que no masticaba cuando estaba nervioso. Esa falange, con terminación a medio camino entre felina y aviar, albergaba un hueso con memoria para el dolor. Mientras la gente terminó de acomodarse en el auditorio, se la comió igual.

A pocos pasos, con las luces sobre la cabeza, el doctor Aurelio Selén torcía el codo del micrófono para que tomara mejor su voz en el estrado. Del congreso participaban varios países; en la cuarta fila, cuatro cordobeses especializados en trastornos gástricos representaban a Argentina: el matrimonio Sosa (él, alto, de bigote frondoso y hombros anchos; ella, tetona) y los doctores Moreno (petiso, retacón y con anteojos de marco grueso) y Talsseda (pelado como la rodilla de un bebé).

—Parece que hubo un quilombo bárbaro por culpa de este viejo —comentó Sosa por sobre el escote de su mujer. Los gastroenterólogos lo miraron—. No lo querían invitar porque es una máquina de hacer cagadas.

Moreno había inventado una válvula que se metía por el pupo y permitía la liberación de gases en pacientes con estreñimiento. Así se había ganado la foto de tapa en una revista europea como médico del año. Oscar Talsseda, experto en hernias de hiato por esfuerzos, asintió. Después trajo a colación el episodio del congreso internacional de Brasil, tres años atrás, cuando Selén, quien ya carraspeaba haciendo temblar la sala desde los parlantes, tuvo que salir por la puerta de atrás, custodiado por la policía.

—¿Es el mismo viejo de aquél hotel? —rememoró su colega.

—Sí, el mismo que hizo mierda la habitación. Un loquito galopante.

Moreno revoleó la mirada como restándole importancia y sentenció:

—Es un viejo choto, le dan demasiada importancia, no sé por qué lo siguen invitando si lo único que hace es chupar como una esponja. Me juego los dos huevos a que ahora está borracho.

—Es un investigador premiado en muchos lugares del mundo, Talsseda —explicó la mujer de Sosa—. Será por eso…

El presentador escupió una uña en forma de sable curvo y se llevó un micrófono inalámbrico a la boca. La sala entera comenzó a guardar silencio tras el saludo con voz de radio. Apenas si se escuchaban crujir butacas y una que otra tos dispersa:

Contamos ahora con la presencia del prestigioso doctor en (blablabla), Aurelio Selén, quien ha venido especialmente desde Italia a presentarnos un trabajo de investigación sobre (blablabla). Les recordamos que el doctor Selén, entre otras cosas

Termine de una vez, mierda —interrumpió Selén de manera tajante. Se encontraba justo detrás del presentador mirándolo con desprecio mientras apoyaba el rostro sobre la palma de la mano—.Va a durar más su introducción que lo que tengo que decir yo en este congreso —agregó.

Selén había pasado su juventud en Argentina, por lo que su español sonaba como el de un taxista porteño que se queja en una tarde de granizo. El presentador hizo el ademán de llevarse otra vez el micrófono a la boca, pero el disertante se palmeó los glúteos demostrando su impaciencia, así que finalmente el joven desistió y abandonó el escenario.

—… cien años organizando congresos y todavía no podemos saltearnos las partes aburridas. Tanta formalidad al pedo, parece mentira —comentó Selén mientras revolvía sus papeles y se acomodaba los anteojos—. En fin. Quiero contarles que yo había preparado un tema especial para tratar hoy con ustedes, pero lo cambié antes de venir porque hace poco estuve en Argentina y estoy impactado con el misterio de los secretos corporativos que atentan contra los derechos del consumidor.

El público intercambió miradas de desconcierto. Talsseda se inclinó hacia Moreno y le dijo al oído:

—Lacio del pedo.

Quiero hablarles de un caso en particular —retomó Selén—. O de dos casos que me parecen emblemáticos. Ambos son bebidas: una con alcohol y la otra no.

—Qué viejo hijo de puta, mirá cómo te arruina la organización de un congreso un tipo como éste —le apuntó Sosa a su mujer, que miraba el escenario con la boca abierta.

—… una bebida es norteamericana, la otra es de Italia— prosiguió el investigador.

Los traductores se esforzaban por interpretar las oraciones erráticas para volcarlas a su vez en los auriculares de los asistentes que no hablaban español. Había una delegación completa de japoneses que observaban atónitos el inesperado giro de la conferencia y sacaban fotos con sus celulares.

—… ninguna de las dos empresas se ha dignado todavía a revelar cuál es la fórmula con la que preparan sus brebajes, privando al público consumidor de su derecho natural de decidir qué es lo que se meten en la boca. En otras palabras, dos bebidas que, escudadas en una artimaña, nos tienen agarrados de los huevos —remató el disertante.

Dos oleadas de murmullos nacieron entre los asistentes —que ya comenzaban a intercambiar opiniones a favor y en contra del discurso—, la primera, de los hispanoparlantes; la segunda, de los que usaban auriculares y escuchaban con demora la traducción.

—Uy, está loco como una cabra —diagnosticó Moreno mientras se acomodaba los bifocales—. Chupado y con ganas de hablar, a este viejo no lo para nadie —agregó.

Talsseda le hizo una seña para que lo dejara escuchar, repentinamente interesado en el tema.

—… lo más increíble del caso —continuó Selén— es que en algunos países ambas bebidas se consumen juntas a modo de trago largo, con una aceptación cada vez mayor entre el público joven, un público que, todos sabemos, es bastante fácil de manipular porque tiene la cabeza llena de pajaritos y boludeces.

—¿De qué habla? —quiso saber Moreno.

—¿No te das cuenta? —respondió Tasseda con el rostro y la pelada iluminados por un repentino descubrimiento—. ¡Está hablando del fernet con Coca!

Los dos hombres miraron otra vez hacia el escenario y guardaron silencio. Justo en ese instante una persona de la organización se acercaba hacia el estrado y le decía algo al oído al disertante. Selén escuchó con atención y acto seguido le metió un cachetazo al mensajero y volvió a dirigirse a la audiencia:

Me piden que me baje del escenario; que no siga. Estos hijos de puta —dijo mientras señalaba al muchacho ruborizado a su lado—, estos subnormales a ruedita ¡ME ESTÁN CENSURANDO LA PONENCIA!

Otro murmullo brotó en la multitud. Comenzaban a dividirse las aguas entre los presentes. Algunos tomaban nota, otros, acodados en los apoyabrazos, intercambiaban opiniones, el resto pedía silencio con agudos chistidos, para no perder el hilo de la presentación. Se trataba de una exposición urticante.

—Qué viejo chiflado —se quejó Moreno al tiempo que limpiaba con la corbata los cristales de sus anteojos.

—Pará, pará —terció Talsseda pasándose una mano por la calva—. Te digo que no es del todo descabellado lo que está planteando el tipo.

—¿Qué me querés decir? Estamos en un congreso internacional y el viejo ya se puteó con el locutor y con uno de los organizadores delante de todos. Lo tendrían que encerrar en una clínica para ancianos seniles, no darle un micrófono para que diga pavadas.

—¿Te parece en serio que son pavadas? Pensá bien en el fernet con Coca —dijo enumerando con los dedos—: no sabés la fórmula, no sabés qué mierda estás tomando…

—¡Son yuyos! ¿Qué mierda va a ser? —interrumpió Moreno.

En el escenario el muchacho de la comisión organizadora emprendió la retirada con la cabeza gacha y Selén retomó su acalorado discurso:

Dicen que están hechas a base de yuyos… ¡YO DIGO QUE LOS VENENOS TAMBIÉN ESTÁN HECHOS A BASE DE YUYOS!

La multitud soltó una exclamación de asombro.

Dicen que tienen propiedades todavía no descubiertas —agregó con un brazo en alto—… ¡YO DIGO QUE LA MIERDA TAMBIÉN SE USA COMO ABONO, QUÉ TANTO JODER!

Los fotógrafos del evento ya no bostezaban al fondo del salón; ahora ganaban el pasillo y los espacios entre la primera fila y el escenario para hacer instantáneas, entusiasmados con la posibilidad de vender el material en los periódicos sensacionalistas. Moreno suspiró en medio del bullicio:

—No puedo creer que pagamos semejante viaje para venir a escucharlo a este hijo de puta.

Estoy hablando —retomó Selén indiferente al ruido— de la abominable combinación de fernet con Coca Cola, señores.

—¡Te dije! —exclamó Talsseda dándole un suave revés en el hombro a su colega—. Yo sabía que era el fernet con Coca.

Una bebida de mierda —continuó Selén—; un brebaje espantoso que gracias a sus componentes adictivos ha logrado permanecer y escalar posiciones en la pirámide del consumo de treinta millones de boludos en Argentina y otro tanto en Italia, donde también se la toman como si fuera una delicia… ¡A PESAR DE QUE ES MÁS AMARGO QUE LA AXILA DE UN LINYERA! —gritó antes de golpear con el puño el atril.

—A este le deben haber hecho probar Vittoni o Porta —ironizó Sosa, que junto a su mujer escuchaban con atención y con los brazos cruzados.

—No tiene idea de lo que habla —acotó Moreno. De pronto se sentía más cómodo ahora que sus colegas se mostraban solidarios en la defensa de la bebida emblemática de su provincia.

—Sí. No tiene idea. Además, Italia y Argentina no son los únicos países consumidores —agregó la mujer de Sosa con una ceja en alto en un gesto de picardía—. Nunca se imaginarían cuál es el tercero donde más se toma fernet con Coca.

—¿Francia? —aventuró Talsseda.

—No, ma qué Francia. A esos les sacás el vino y te cortan los huevos en fetas —repuso Sosa—. El tercero es la República Checa.

—¿Checoslovaquia? —preguntó Moreno.

—No, la República Checa. Ahora se llama así —explicó la mujer de Sosa.

—No me los hacía muy ferneceros que digamos —observó, incrédulo, Talsseda.

—Chupan que da miedo. En esos países fríos le dan al trago como locos —dijo la mujer.

—Tampoco sabía que hacía frío en Checoslovaquia.

—Un frío de cagarse —puntualizó Talsseda antes de indicarle que prestara atención a Selén.

—… el fernet con Coca Cola es una mezcla fatal que te da una cagadera de proporciones bíblicas —continuó el disertante—; lo que nos lleva a la conclusión de que es imposible que la gente consuma esa basura voluntariamente si no es por la acción de la publicidad engañosa. Además de la cantidad de

Una respuesta iracunda proveniente del sector de gente con auriculares cortó la frase de Selén por la mitad como un bisturí. Era una voz femenina que hablaba en otro idioma y el disertante se quedó quieto, con la mirada desafiante por sobre el lomo de sus anteojos, auscultando la sala. La mueca de enojo le había crispado las cejas que ahora parecían cepillos viejos y sucios de ceniza:

¿Quién se atreve a interrumpirme? —contestó primero en español y luego en checo—. Yo hablo de Italia y Argentina porque se me cantan los dos huevos —agregó.

Talsseda y Moreno se incorporaron un poco para ver quién había intervenido enojando tanto al disertante. En el sector de la República Checa había una mujer de guardapolvo que estaba de pie y miraba al escenario.

—Mirá cómo se enculó la checa —observó Moreno.

—Cómo no se va a encular, che. Este viejo no tiene idea de lo que dice —justificó Talsseda.

—Bueno, con lo de la cagadera del fernet no estuvo tan errado. Yo cada vez que me chupo con fernet al otro día parezco un pozo de petróleo dado vuelta —agregó Sosa.

—Lo dijiste bien —respondió su mujer mientras le señalaba el mentón con el índice—: “cuando te chupás”, no te pasaría si tomaras sólo un vaso. Tenés que chupar menos.

Para sorpresa de todos, la mujer de la delegación checa avanzó con paso firme hacia el escenario. El auditorio enmudeció, pero Selén continuó, desestimando el incidente:

De todas maneras, los checos y los argentinos y los italianos son igual de idiotas porque toman la misma porquería —dijo mientras volvía a reordenar los papeles—. Y no me hagan hablar de los japoneses, que no hacen otra cosa que sacar fotos con esos celulares de mierda.

La mujer caminaba por el pasillo entre las butacas, escoltada por los flashes de los telefonitos orientales. Los fotógrafos del evento también habían volteado la cabeza y ajustaban con celeridad los objetivos para conseguir un plano medio de la chica. Los destellos cesaron cuando llegó hasta la escalera y empezó a subir haciendo ruido con los tacos.

—Buen culo —observó Talsseda.

—Medio floja de tetas —repuso Moreno.

Chinos; japoneses; turcos; tanos; sudacas; checos —continuó Selén con la voz aguardentosa— ¡TODOS PUTOS Y CAGONES!

La mujer se acercó hasta el disertante y le tendió una mano. Para sorpresa de los presentes, tras unos segundos de visible conmoción, el científico le entregó el micrófono y se derrumbó en la silla que había a sus espaldas. Inmediatamente la chica lo abrazó.

—No entiendo un carajo —dijo Moreno, a quien los anteojos le pendían de la punta de la nariz.

Sosa esbozó una sonrisa y le palmeó la pierna a su mujer. Después se volteó hacia sus colegas y explicó:

—Pasa que Selén trabajó muchos años para imitar la fórmula del fernet en Italia, por eso se pone así: está resentido.

Talsseda y Moreno se miraron atónitos.

—¿En serio? —preguntaron a coro.

—Sí. No sé la cantidad de años que este viejo se pasó obsesionado con sacar los componentes.

—Por eso lo trasladaron a Argentina, donde continuó sus investigaciones para develar el misterio —terció la mujer de Sosa—. Dicen las malas lenguas que su intención era fundar una compañía que compitiera con las marcas líderes. Y que después quería sacar la fórmula de la Coca y así crear una combinación nueva que barriera con todo lo del mercado.

—“Fernet Bronca” —soltó Moreno.

—Pero la ambición lo llevó a meter la pata una y otra vez —continuó la mujer—. Selén recorrió el mundo entero sin lograr un sabor ni parecido. Terminó vendiendo su cuaderno de investigación a una firma que usó sus avances para fabricar la Hepatalgina.

—Qué cagada —opinó Talsseda frunciendo los labios.

—Desde entonces va por el mundo de congreso en congreso despotricando contra las multinacionales y los laboratorios —agregó Sosa—. Y cuando engancha uno así, internacional, entonces arma unos quilombos de novela —dijo mientras señalaba el escenario donde Selén lloraba desconsoladamente contra el vientre de la muchacha que le sostenía la cabeza.

—Pobre tipo —dijo Moreno.

—Pero tiene un costado caliente, el viejo —agregó Talsseda—. Mirá cómo se la quiere atracar a la flaca del guardapolvo.

—Esta es la mejor parte —dijo Sosa al tiempo que se ponía de pie—: la chica del guardapolvo es checa, y además es su hija.

Moreno y Talsseda abrieron los ojos. La mujer de Sosa retomó el relato:

—Cuentan las malas lenguas que Selén va de congreso en congreso intentando encontrarla; ese es su verdadero objetivo ahora que se ha hecho viejo. Lo que está ocurriendo ahí ahora mismo —dijo señalando al escenario— es histórico. Es la reconciliación del padre y la hija después de años de separación.

—Bueno —repuso Moreno—; tanto como “histórico”…

—Sí, Graciela —intervino Sosa—. Lo histórico va a ser el asado que nos vamos a comer cuando volvamos a Córdoba —reflexionó. Después se volvió hacia Moreno y Talsseda para agregar—: por supuesto, los colegas están invitados.

Los cuatro intercambiaron teléfonos y direcciones antes de incorporarse a la muchedumbre que abandonaba el salón en medio de un bullicio ensordecedor.

—¿Qué le vio esta mina al boludo de Sosa? —preguntó Moreno en voz baja cuando la mujer se hallaba a prudente distancia.

—Yo qué sé —contestó Talsseda y se quedó pensativo un rato antes de agregar—: Algunos misterios es mejor no intentar develarlos.

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  1. 1

    Trackback de Bitacoras.com un 7 febrero 2011, tipo 13:05


    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Al presentador sólo le quedaba una uña. Cuando niño se había apretado el índice con una puerta, y era la única que no masticaba cuando estaba nervioso. Esa falange, con terminación a medio camino entre felina y aviar, alberga…..


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  2. 2

    Comentario de Sandra Montelpare un 7 febrero 2011, tipo 13:36


    Excelente excelente ese cierre clap clap clap clapppppppppppppp


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  3. 3

    Comentario de rosarino un 7 febrero 2011, tipo 23:33


    nice to have you back, mr.


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  4. 4

    Comentario de Gallo un 7 febrero 2011, tipo 23:56


    Como me cagué de risa José! Ya le paso el link a mis compadres ferneceros, se van a enamorar de vos, que les tocás un tema tan preciado como el fernucco. Che y no es “Vittone” o está puesto así a propósito? Un abrazo.


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  5. 5

    Trackback de BlogESfera.com un 8 febrero 2011, tipo 5:06


    Informaci�n de BlogESfera.com……

    Puedes valorar este post en BlogESfera.com haciendo click aqui….


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  6. 6

    Comentario de Walterio un 8 febrero 2011, tipo 8:33


    Me hiciste inaugurar el día a las carcajadas.

    He asistido a congresos donde los ponentes, sin estar borrachos no distaban mucho de la exposición de Selen.


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  7. 7

    Comentario de Camilo un 8 febrero 2011, tipo 9:34


    Ahhh…. bueeeee…
    Se dignó a reaparecer el Sr. Playo!

    Por suerte, después de leer la historia del Fernet Bronca no puedo más que sonreír.

    Abrazo José, bienvenido nuevamente a la vida pública.
    Contá un poco en que andás metido, che.


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  8. 8

    Comentario de Monica un 8 febrero 2011, tipo 14:20


    Bienvenido Sr. Playo. Se lo extrañaba por aquçi…


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  9. 9

    Comentario de Ano Nimo un 8 febrero 2011, tipo 15:36


    “(…) —respondió Tasseda con el rostro y la pelada iluminados (…)” Corregí el apellido que el Dr. se puede cagar de odio.
    Yo también me preguntaba que le vió la mujer de Sosa a su marido. A mi también me copó la mina desde el principio. Saludos


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  10. 10

    Comentario de Max un 8 febrero 2011, tipo 16:19


    Ha volvido!! je

    Muy interesante José… me hiciste reir mucho… un culebronazo te mandaste, más rico con Coca, je

    Saludos!


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  11. 11

    Comentario de Mely un 8 febrero 2011, tipo 16:22


    Hola Jose….la historia me parecio divertida, me senti en medio del congreso y todo…..lo del fernet me parecio genial, preguntas y afirmaciones que quedan dando vueltas………pero lo de la hija, fue cualquiera, me cago el relato jaja….. En fin es un yin y yang….Abrazo Jose.


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  12. 12

    Comentario de La curiosa un 8 febrero 2011, tipo 20:03


    Jeje muy bueno volver a leerte Playo…y si…siempre logras hacerme largar esa carcajada que hace que mi vieja me mire como si estuviera loca…o se asome al monitor a ver que mierda estoy haciendo jeje Muy bueno…Saluditoos..!


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  13. 13

    Comentario de El_Agustín un 8 febrero 2011, tipo 20:33


    Jaja ¡Muy bueno!


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  14. 14

    Comentario de Federico Gauffin un 8 febrero 2011, tipo 21:34


    ¡¡Eheee!! Volviste, chango. Cuánto me alegro.
    Con respecto al gusto del fernet, tengo que decir que coincido en cuanto al gusto a axila de linyera (aunque, por suerte, nunca he probado una).


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  15. 15

    Comentario de fede_cba un 8 febrero 2011, tipo 21:44


    jajaj muy bueno me cague de risa ( no po rel fernet) me parece que el viejo es el dueño de 1882 porqu ele quiso copiar a branca y es horribleeeeee
    igual no me importa que tenga, me gusta y punto, de algo hay que morirse cheeeee


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  16. 16

    Comentario de sabalero un 9 febrero 2011, tipo 8:26


    Bienvenido de vuelta Playo!!! ta bueno el cuento, yo me chupe con lo que me chupe tengo cagadera asi que no se si creerle a este señor.


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  17. 17

    Comentario de Pancho un 9 febrero 2011, tipo 9:36


    Fabuloso! Nadie, en ninguna parte del mundo, del universo, putea como un Cordobés.

    Tiene que ser una especie de don o algo por el estilo.

    Aunque personalmente, hubiera cambiado “axila” por “sobaco”. Axila es una palabra muy fea, como sin querer.

    Es tan malsonante como decir “pene” en lugar de “poronga”, algo así.


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  18. 18

    Comentario de nana un 14 febrero 2011, tipo 17:29


    “…usó sus avances para fabricar la Hepatalgina” Es genial.

    ¡Me encantó, Playo! Para mí es remedio. Bueno, era, tanto me insistieron que te lo tomo 30/70 ó 70/30, ponele, nunca sé cuál va primero.


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