A Sarah siempre le han gustado las caras de la gente cuando tiene un orgasmo. Esa mueca indefinida compuesta de dolor, rabia, placer y tristeza. Pero en este caso, el extraño apenas si frunce los labios. No hay nada. Después se le quita de encima, indiferente.
A ella le ha dolido, pero duda sobre cómo referirse a su sexualidad frente a una persona que no conoce. Sólo se le ocurren tres formas para nominar sus partes: una es vulgar, la otra demasiado científica, y la última, pueril.
Él enciende un porro y la mira.
—¿Estás bien?
Sarah sonríe con timidez.
—Me duele ahí —le contesta.
Él ríe. Es una carcajada desagradable y hace que el adverbio quede flotando sobre las sábanas, absurdamente literario, como escrito en itálicas.
Sarah se cubre con la sábana. La tela está impregnada de sudor. El olor se le antoja agrio, más allá de la dimensión de lo conocido, como un hedor superlativo, tridimensional.
—Nunca me había dolido así —dice ella, casi para sí—. Nunca había hecho esto…
—¿”Esto”? —pregunta él con tono de burla.
—… acostarme con un extraño —aclara Sarah con las mejillas encendidas de vergüenza.
—¿”Acostarme”? —la remeda él.
Se hace un silencio. Ella lo ve buscando la ropa junto a la cama y cae en la cuenta de que acaba de tener sexo con un desconocido que usa calzoncillos de Mickey Mouse. Se siente, además de sucia, tremendamente humillada.
—Nunca me había “acostado” con una judía —dice él mientras se pone las medias.
—Quiero que te vayas —dice Sarah—. Quiero que te vayas ahora.
Él se vuelve con el porro entre los labios. Suelta otra carcajada y la ceniza se desprende, regando las sábanas.
—¿”Ahora”? —pregunta dibujando comillas con los dedos de ambas manos.
—Te lo estoy pidiendo bien…
—Las mujeres están todas locas —dice volviendo a agacharse para buscar el pantalón—. “Quiero que te vayas ahora” —repite imitando la voz de Sarah con tono chillón.
—Hijo de puta…
Entonces él se voltea lentamente, se quita el porro de la boca y la mira.
—¿Sabés una cosa, nena? A mí no me gusta que me den órdenes. Menos una mujer que me quiere hacer creer que es la primera vez que levanta a alguien en un bar y se lo coge sin saber ni cómo se llama. Porque ni siquiera sabés cómo me llamo, ¿no?
Los ojos de Sarah se ponen vidriosos. Está arrepentida, pero no sabe qué hacer.
—Andate, por favor. Te lo estoy pidiendo bien, andate de mi casa.
Él se ha puesto de pie. Tiene una mano sobre una erección robusta que le deforma las facciones al dibujo de Mickey Mouse.
—Creo que antes de irme quiero una revancha —dice relamiéndose los labios—. Pero no quiero que nos “acostemos” —aclara dibujando comillas en el aire—, quiero taparte la boca.
Sarah se cubre la cara con las manos. Él avanza de rodillas sobre el colchón. Le gusta que las mujeres le obedezcan, sacar a la puta que hay en ellas con embestidas brutales. Es fuerte, no conoce el significado de la negación.
Duda cuando ve el brillo fugaz.
Ella está riendo a carcajadas y Mickey Mouse tiene un tajo que le separa la cabeza en dos.
***
Margaret niega con la cabeza. Es el material que tiene entre manos, la quinta novela de su autor estrella, John Passick. Pero algo no le gusta. Hace calor. Sobre las cabezas de ambos gira un ventilador de aspas oscuras que remueve un aire denso y azulado. Las persianas filetean un sol criminal de mañana de verano.
—¿Qué es, Margaret? Conozco esa expresión. ¿El título?
Los separa un escritorio repleto de papeles y de libros. Margaret ha dirigido grandes colecciones dentro de la firma, su opinión pesa en las decisiones de La Junta y rara vez se equivoca. Hay algo del último libro de John que no le gusta, en efecto.
—Demasiado sexual, John. Impúdico. Esa es la palabra.
—¿Y si en lugar de Masajes prostáticos a la siesta se llamara, por decir, Estimulación anal antes de caer la tarde?
Margaret deja escapar una carcajada involuntaria y se acomoda los anteojos. Mientras, John busca los cigarrillos en el bolsillo de la chaqueta.
—Vamos a tener problemas —advierte ella—. Ya sabes cómo son los viejos de la Junta, no les complace mucho este tipo de literatura.
John sopla una nube de humo hacia el techo. El ventilador hace un rulo con ella y la desarma.
—Creo que mi vieja amiga editora sabrá cómo convencerlos de que un libro de Passick, vende —dice John, confiado.
—El año pasado tuvimos problemas con El detective Vergatiesa. Y el anterior no nos fue mejor con Mujer que llora pide polla. Estamos caminando sobre terreno delicado —advierte Margaret.
John apaga el cigarrillo sosteniéndole la mirada. Margaret se quita los anteojos.
Por unos segundos, el tiempo parece pausado en la oficina, todo está quieto, a excepción del ventilador. Entonces Passick se levanta de la silla y barre los papeles que hay sobre el escritorio. Margaret, editora en jefe de Publish Afections, se incorpora como impulsada por un resorte y ambos entrechocan los dientes con torpeza, ensayando un beso. Rodean el escritorio hasta encontrarse, luego caen al piso, donde se arrancan las ropas.
—Oh, Margaret —murmura John—, pensar en ti hace que el caracol del amor me teja un péndulo de baba entre las piernas…
Ella gime y le hunde la lengua hasta provocarle una arcada.
—¡Más! —pide—. ¡Dime más, John!
—Oh, Margaret, pondré señaladores en tus sobacos y debajo de tus pechos, para recordar qué lugares no he bautizado con saliva…
John suda. Una mano de la mujer le alborota el cabello, la otra se las arregla para bajarle los pantalones.
—¡Oh, amo Publish Afections! —alcanza a decir John antes de que Margaret lo haga inclinarse sobre el escritorio.
—Oh, Masajes prostáticos… es un título hermoso, John —comenta ella, mojándose un dedo.
Él piensa: “El arte es una forma de sublimación mercantilista para la perversión”.
Ella imagina que está rellenando un pavo para la cena de Acción de Gracias.
***
Félix se limita a dejarse mecer sin ofrecer resistencia cada vez que el agua le cubre las piernas. Sus amigos lo miran desde la barra del bar en la playa. Han planeado este viaje durante seis meses, ahora están molestos: no les cabe en la cabeza que alguien pueda deprimirse en un lugar así, con los cuerpazos que se contonean en la arena.
Discuten. Les duele ver al compañero sentado como un muñeco en la orilla, indiferente a todo. Hablan y toman cerveza en la barra mirando cómo el mar, a unos veinte metros, cada tanto, sube con pereza para dejar espuma en el regazo de Félix.
—No podés estar deprimido en Brasil —dice Inflú—. No podés. Si estuviéramos en Rusia, ponele. Pero en Brasil no hay forma. Nos va a terminar cagando el viaje.
Tincho apura lo que queda en su botellita y se limpia la boca con el reverso de la mano. Mira la silueta de Félix recortada contra el sol que se mete en el horizonte como una moneda al rojo vivo.
—Hay que entenderlo, pobre Félix. Está pasando por un momento jodido —explica.
—Oh, bueno —se queja Inflú—, entonces armemos los bolsos y vamos a internarnos todos a un monasterio.
Tincho ríe. Después señala dos morochas que vienen hacia la barra. Inflú mete panza.
La chica de bikini fucsia les dedica una mirada. Inflú codea discretamente a Tincho para que se ponga alerta:
—La del arito en el pupo es mía, boludo —dice casi en un susurro.
Félix ahora arma montañitas de arena. Sigue dándoles la espalda, con el torso flechado por el sol. La piel, hasta hace unas horas blanca como un lienzo, ahora está morada. Tincho anticipa mentalmente una noche larga poniendo cremas, varios días por delante cancelando planes para asistir al amigo en reposo, afiebrado. Piensa en las ampollas y resopla.
—Somos argentinos —empieza a decir Inflú, convencido de que la sola mención de su nacionalidad puede abrirle las piernas a cualquiera.
La chica de bikini fucsia lo fulmina con la mirada y Tincho lanza una carcajada. Inflú, desconcertado, mira a su amigo y a las mujeres, tratando de entender.
En ese momento se escucha el grito.
Félix ahora está de pie. Tiene los ojos sobre ellos, pero la mirada está perdida. Con un brazo sostiene por el cuello a una niña de trencitas en el pelo. Los gritos son de ella, que intenta apartarse. El mar les cubre los tobillos.
Tincho mira intentando comprender. Delante de Félix hay un par de huellas. ¿Su amigo ha retrocedido o el mar está avanzando? Las pisadas son frescas. La niña grita de nuevo.
—¿Qué hace este pelotudo? —pregunta Inflú.
Las chicas les preguntan si lo conocen. Tincho les explica que es su amigo, que está deprimido, pero que no sabe quién es la niña.
Una mujer corre ahora por la playa gritando:
—¡Ayelén, Ayelén, mi amor!
Félix vuelve la cabeza hacia ella y retrocede unos pasos más. Ahora el agua le llega a la niña a la cintura y a él hasta las rodillas.
—¡LLAMEN A LA POLICÍA! —pide la mujer.
Extrañamente, la gente en la playa parece estar bajo un trance hipnótico. Es Tincho el que reacciona, corriendo hacia su amigo, medio cegado por los reflejos del sol sobre el agua.
—Félix —dice jadeando—, ¿qué mierda hacés? ¡Soltá esa chica!
Pero Félix retrocede todavía más y le hace señas para que se detenga. Ahora el agua le llega a la niña al cuello y a él a la cintura. Las trencitas flotan sobre la superficie. Un paso más y la cabecita desaparecerá, junto al brazo color camarón, bajo la superficie.
Tincho se detiene. La madre ha llegado junto a él, también Inflú. Lentamente, una comitiva de gente bronceada forma un semicírculo que se interrumpe en donde el mar traza la línea que lo separa de la arena.
—Tranquilo, Félix —dice Tincho—. Tranquilo, que no pasa nada. ¿Querés dejar a la chica así hablamos? Todo se puede arreglar —le explica a la mujer—, esto no es más que una confusión.
Las chicas de bikini se han parado detrás de Inflú y le aprietan los brazos. Él siente que debe decir algo, piensa unos instantes y se dirige a Félix:
—Soltala, boludo, o te juro que te recontracago a trompadas.
De lejos se escucha un silbato. Tincho ruega que no sea la policía. Ahora sabe que prefiere noches de crema y ampollas antes que papeleos como preludio de un calabozo.
—Félix —dice tendiendo una mano—. Félix, no…
Vuelven a sonar los silbatos. Tincho ruega que sea el mar el que avanza y no de otra manera.
***
RSS feed para los comentarios de esta entrada. TrackBack URI
Peinate que viene gente la tiene más grande con WordPress - Plantilla basada en GimpStyle de Horacito y configurada lascivamente por José, que la tocó y se fue.
Entradas y Comentarios feeds.
XHTML y CSS válidos.
Comentario de Natushka — un 15 febrero 2011, tipo 22:39
Aaargh, qué te parió, Playo.
El primero me dejó así: O.o
El segundo así: xD
El tercero asi: D:
Qué emoticonera me levanté hoy jajajaa.
¿Se supone que alguna vez deberías dejar de sorprendernos? No parece que eso vaya a suceder.
Tres aplausos. Con diferentes emociones pero con la misma intensidad.
Un abrazo.
Comentario de Natushka — un 15 febrero 2011, tipo 22:40
Me olvidaba: “—Oh, Margaret —murmura John—, pensar en ti hace que el caracol del amor me teja un péndulo de baba entre las piernas…” QUE HDP, me rei cinco minutos seguidos con esa línea.
PD: ¡Pri!
Comentario de Marco — un 16 febrero 2011, tipo 2:15
Excelentes los tres, pero me quedo con el segundo. Quizas porque me hizo acordar vagamente a “El poeta que fumaba” y de cómo me cague de risa cuando lo leí.
Además el cierre es perfecto:
Él piensa: “El arte es una forma de sublimación mercantilista para la perversión”.
Ella imagina que está rellenando un pavo para la cena de Acción de Gracias.
Comentario de Sandra Montelpare — un 16 febrero 2011, tipo 8:09
Ah Playo: usted sí que tiene una escritura del carajo!! me caí de culo leyendo estos tres!!!!!!!!!!!! pero el segundo es tan tan tan bueno!! touchè!!
Comentario de Pancho — un 16 febrero 2011, tipo 15:27
Muy buenos! Muy disfrutables, cada uno a su manera. El primero es simplemente soberbio.
La del péndulo por sí sola vale el Nobel de literatura. Mortal.
No sé si perdonarle que Inflú haya dicho “Oh, bueno”, en lugar de “Ah, bueno”. :)
Comentario de La curiosa — un 17 febrero 2011, tipo 1:11
Jejeje que decir..!El primero me dejo helada jeje sublime…elo segundo jejejejej genial..escritor tenia que ser el galán…esas frases…puuuf seducen a cualquier mujer y el tercero simplemente ohhhhhhhhhhhh…
Geniales..como siempre…
Saludos señor..!Que este bien..!
Comentario de Julian — un 17 febrero 2011, tipo 4:06
Soberbios, todos.
“Las chicas de bikini se han parado detrás de Inflú y le aprietan los brazos. Él siente que debe decir algo, piensa unos instantes y se dirige a Félix:
—Soltala, boludo, o te juro que te recontracago a trompadas.”
JAJAJAJAJA, me reí muchísimo con ese pasaje.
Trackback de BlogESfera.com — un 17 febrero 2011, tipo 22:10
Informaci�n de BlogESfera.com……
Puedes valorar este post en BlogESfera.com haciendo click aqui….
Trackback de Bitacoras.com — un 18 febrero 2011, tipo 9:33
Información Bitacoras.com…
Valora en Bitacoras.com: A Sarah siempre le han gustado las caras de la gente cuando tiene un orgasmo. Esa mueca indefinida compuesta de dolor, rabia, placer y tristeza. Pero en este caso, el extraño apenas si frunce los labios. No hay nada. Después …..
Comentario de Federico Gauffin — un 18 febrero 2011, tipo 20:50
¡Buenísimos los tres pero me quedo con el segundo!
Comentario de Federico Gauffin — un 18 febrero 2011, tipo 20:51
@Federico Gauffin: (¿quedo muy boludo si digo que no entendí el final del tercero? Shhh… Que quede entre nosotros, por favor).
Comentario de Dorotea — un 19 febrero 2011, tipo 11:01
Uno y dos: aplausos!!!!
Uno: culpa, tensión y asco, lograste una mezcla climática muy buena.
Dos: no puedo parar las carcajadas!
Comentario de Despeinada — un 23 febrero 2011, tipo 1:49
Frases hechas nomes para cada uno:
1.- El valiente dura hasta que el cobarde quiere
2.- A quién le dan pan que llore
3.- Cuídate de las aguas quietas
Saludos tardíos
Comentario de elrober — un 24 febrero 2011, tipo 1:31
manipular a alguien para cortarle la chota es entendible, si sos un resentido de mierda y un sádico, manipular a un amigo para que deje de mirar minas y te mire a vos si sos puto, es comprensible, pero manipular a alguien para meterle el dedo en el culo, seas lo que seas es de hija de puta (ojo, talvez juancito es el manipulador, ojaldre)
Comentario de Max — un 3 marzo 2011, tipo 14:13
Playo, lo hiciste otra vez… ja
Muy buenos los 3…
En lo particular, por estilo y afinidad, me gustó más el 3º, más obscuro, más raro…
Coincido con la mayoría… el 2º es un cago de risa, jaja
Felicitaciones nuevamente…
Saludos
Comentario de nana — un 3 noviembre 2011, tipo 13:33
Me llegó hoy aviso al mail de hay algo nuevo en Peinate. Vengo a leer y ya los había leído. PERO no había caído en John Passick : P
Escribe lindo usté. ¿Pagó el hosting? Pague, no sea playo.
Comentario de el dani — un 3 noviembre 2011, tipo 16:43
…Vaya escritor el john para poder pensar algo mientras lo rellenan como a un pavo! jaja
Este blog…. Buenazononnn