Serena, ya no estás y la paradoja de tu nombre todavía resuena. Serena… La huella sebácea de tu frente, impresa a golpes de tanto reprocharme, empaña el mundo del otro lado de los cristales de mi ventana.
Esta casa te homenajea con silencios, Serena.
En la mesa de luz todavía hieden tus zapatos, y es que tu olor a pata vikingo trasciende las fronteras, mofándose del polvo pédico, de los sahumerios de frambuesa. Serena…
Serena, en las noches de media luna, cuando las almohadas arrugan la nariz, todavía flota el fantasma de tus injurias, el lenguaje soez que usabas para enamorarme. Recuerdo el cheque de quinientos pesos en concepto de daños que tuvimos que entregar en el hotel donde la primera noche desnudamos nuestras almas. Había que ver cómo quedaban las habitaciones donde pretendíamos, qué ilusos, desatar tu pasión arrolladora sin causar problemas. ¿Cuántos veladores me arrojaste a la cabeza? ¿Cuántos placares volteaste tratando de aplastarme?
Me pregunto entre lágrimas sorbidas, qué será de aquélla particular manera que tenías de escarmentarme. Polvo entre los dedos de un arqueólogo enamorado, Serena.
Aunque enrojecidos, los cachetes de mi culo recuerdan a pies juntillas tus nalgadas. Y cuando brindabas, Serena… Cuando llegaba a casa para encontrarte desnuda entre botellas, borracha del hastío que mi compañía te producía… ¡Ay! ¡Cómo me esmeraba en limpiar los inodoros que ensuciabas!
Después dormías, Serena. Destilando en la almohada ronquidos de caverna con ínfulas de refinería, entonces yo aprovechaba para besarte.
Amparado en la impunidad de tu trance onírico, recorría tu cuerpo esquivando adrede los caminos hondos que alguna vez transitaron las venéreas. Y tu boca, Serena, atribulada por el fuelle de los bronquios tabacales, soltaba quejidos que parecían nombres.
… Agrios nombres en tu boca, como quejas, Serena.
Confundido yo, iluso yo, más de una vez creí distinguir vacuos «Oh, así, papito; oh, así, dale».
Rememorabas entre sueños, tal vez, a tu padre.
Pero hoy es hoy, Serena.
Ya no estás.
Y la paradoja de tu nombre, todavía en esta casa, resuena…
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(Rescate emotivo:
relato perteneciente
al volumen 1 de Peinate).
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Trackback de BlogESfera.com — un 1 marzo 2011, tipo 13:16
Informaci�n de BlogESfera.com……
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Comentario de Jota — un 1 marzo 2011, tipo 13:19
Tal vez Serena y Anabell sean amigas y se fueron juntas!
Gran blog José!
Abrazo!
Comentario de Pancho — un 1 marzo 2011, tipo 13:31
Es la cosa más asquerosamente hilarante que leído.
“creí distinguir vacuos «Oh, así, papito; oh, así, dale»”. No podés. Estoy en el laburo, che! Jiji… casi pongo “estoy laburando”. Vago, sí, pero nunca mentiroso flagrante.
Comentario de Despeinada — un 1 marzo 2011, tipo 15:23
o.0
Comentario de Sandra Montelpare — un 1 marzo 2011, tipo 18:22
Caigo rendida a sus pies señor Playo!! Paradojalmente de – so – pi – lan – te!
Comentario de federiquito — un 1 marzo 2011, tipo 23:31
excelente, Don Playo!!
Comentario de La curiosa — un 2 marzo 2011, tipo 2:24
Siempre tan romantico Playo…!Jeje sos un guacho…gracias por hacerme reir..
Besitos..!
Larita
Comentario de sabalero — un 2 marzo 2011, tipo 8:12
Lo del “olor a pata vikingo” es genial (me siento identificado), muy bueno.
Saludos
Comentario de alacran — un 2 marzo 2011, tipo 9:00
Soberbio relato, adornado con apuntes que de la risa se me arruga hasta la remerita. Único.
Beso.
Comentario de Alfredo — un 2 marzo 2011, tipo 13:08
José: muy bueno, como siempre….lo de los veladores me hizo reir mucho….jaja..siga así!!
Comentario de Federico Gauffin — un 3 marzo 2011, tipo 20:42
No creo en las coincidencias. Por eso mismo es que estoy seguro de que Serena es la loca de mi suegra.
Comentario de szkolenia BHP online — un 11 marzo 2011, tipo 6:43
Muy, muy bueno, gracioso :)
Me gusta tu blog muchissimo, es muy interesante. Quiero escribir el blog a mi misma pero no tengo tiempo para hacerlo. Saludos de Polonia!
Comentario de Joana — un 1 octubre 2011, tipo 9:33
juajua jua !!! Serena! mas ruidosa que una cascabel!! maravilloso señor Playo