Peinate que viene gente


Adiós Sant Celoni y aquí tienes Pagrís, Rocamadour

De no ser por la acertada intervención de María, hubiera perdido el tren, el vuelo y los estribos. Esta madrugada trotamos con el Chiri por las calles adormiladas de Sant Celoni para llegar a horario. Con paso ligero y sostenido, coqueteamos con la muerte y el asma, pero lo logramos.

Cuánta decisión en esos trancos con jadeo, cuánto compromiso coronario.

Ayer pasamos la tarde en lo de Hernán, con Korochi y con el Chiri. Nos bajamos varias pavas de mate mientras discurríamos sobre blogs, mujeres, películas, series y libros, mientras el mundo giraba fuera de la ventana con indiferencia.

La noche cayó y enseguida vinieron las pizzas, preparadas por el Gran Comequechu, que nos envió tres (una homónima que es im-pre-sio-nan-te, y una Orsai, con un quesito medio camembert que estaba para ir a buscarlo y chuparle los dedos).

Volvimos ya cansados y, antes de dormir, nos armamos como diez puchos con el Chiri para acompañar la última charla cara a cara hasta nuevo aviso. Nos fuimos a dormir muy tarde, y yo puse el despertador para saltar de la cama tres horas después, pero no lo escuché.

Por suerte María sí. Qué bueno.

Nos despedimos con el Chiri fundiéndonos en un beso apasionado con un talón pegado al culo y después trepé al tren. En el apuro, debo confesar, olvidé sacar el ticket, así que el viaje me salió gratis. Una involuntaria argentineada me permitió ahorrarme el coste hasta el aeropuerto. Poco después el avión de Ryanair desgarró las nubes del cielo de París y me escupió sobre las campiñas francesas.

Empecé a sentir la barrera idiomática ni bien me bajé.

Es una presencia viva, una fragancia oscura. La gente acá tiene la boca llena de peces y de flores, como diría Cortázar, pero además, les da por el medio de los huevos escuchar palabras en inglés.

Seguí a la manada como un autómata hasta un colectivo. Me acomodé junto a un señor que parece que había desayunado caca, porque su aliento pestilente me hacía rebotar la cabeza contra los vidrios. Setenta kilómetros de resistir la nausea y apretar la mandíbula me permitieron llegar a destino.

Bajé del autobus visiblemente descompuesto, para encontrarme con una ciudad arrasada por una ventisca fría y lluviosa. Los edificios se te vienen encima en París, y los carteles de las calles no ayudan para nada, menos todavía que la gente balbuceando respuestas desganadas y sin sentido.

Por algún juego del azar que no busco comprender, puse el culo en un metro que me dejó a los pies de la Torre Eiffel.

La concentración de los que ven materializada semejante postal es contagiosa. Caminé los alrededores esquivando puestos callejeros que venden torres en miniatura, gratamente impactado por las mujeres parisinas. La arquitectura acá está muy bien, pero llaman mucho más los culos.

No tenía más tabaco, así que pateé sin rumbo para ver si encontraba algo.

Almorcé dentro de un supermercado, en el que podés comprar salchichas y pan y armarte tus propios panchos. Los precios en este lugar son un delirio, todo está por encima de los diez euros. Me pasé las siguientes dos horas olfateando orines y preguntando tarifas en los hoteles.

Todavía no puedo definir Pagrís.

Para peor de males, hice base en una zona muy extraña. Creo que es una especie de gueto afroamericano (de ahí que sea tan barato). El lugar se llama Hotel Dumas, o algo así, y cuesta 35 billetes. Está dentro de una galería repleta de peluquerías, santerías y locales de piercing, regenteadas por negros. Se respira una atmósfera cargada de tensión, pero no deja de ser pintoresco.

Creo que ni Bukowski en sus años mozos recayó en una habitación tan mugrosa como la que me dio el conserje (un viejo pelado que habla en griego). No puedo dar con mi contacto parisino así que no me queda más que hacer noche ahí, a ver qué sucede luego.

Lo único que pudimos sacar en claro con el tipo del mostrador es el número de mi pasaporte. Yo le digo cosas y el tipo dice “oui”, pero estoy seguro de que no entiende un sorete. Lamento no hablar francés, me estoy jugando la suerte en un partido de Dígalo con mímica, sin conseguir ni una toalla ni una clave de para el supuesto Wi-Fi, que no figura en lista de redes.

Debajo de la cama hay dos platos, uno con agua y otro con unas bolitas que (espero) son comida para gatos. Escoba no juega, desodorante ambiental tampoco. El lugar entero huele a cloaca rebalsada, y hoy cuando salía, la huésped del frente se me quedó mirando como si hubiera visto al diablo mismo. Dije bonyur, pero se limitó a cerrarme la puerta en las narices.

Pude, por fin, darme un baño. Me sequé con una remera y traté de no apoyar nada fuera del cubrecamas, porque la habitación está llena de colillas de cigarrillo y de ceniza. En cierta forma, me recuerda a mi departamento de soltero.

Ahora llueve y estoy refugiado en una veredita angosta, chupándome un café raro que sale como seis euros. Necesito mantenerme despierto, el cuerpo empieza a pasar factura y las energías decaen a ritmo vertiginoso.

Ya he reservado pasaje de regreso a Madrid, donde pasaré la última noche antes de terminar el viaje.

Hasta el momento, París no me gusta, pero creo que es porque estoy en un barrio en la relomada del culo. Tengo que ponerme a buscar datos geográficos que levanten un poco el rating de la ciudad, o me llevaré una impresión muy poco placentera.

Todo está muy sucio y gris en París. Bebé Rocamadour, bebé, bebé.

Esta noche me desmayaré en el corazón de un hotel siniestro, y pondré mis sueños en manos de fieros vigilantes de color. Mañana buscaré otro hospedaje.

Creo que no he visto ni un uno por ciento del potencial poético de esta ciudad. Mala cosa entrarle al país de Cortázar por el costado menos romántico.

Ahí viene la cuenta. El mozo aprieta con los labios un puro explotado, como de dibujos animados.

—Mercí, che culiado —le digo cuando me da el vuelto—. Más caro que el ocote, el cafecito.

—Mercí, mercí —contesta.

Sonríe como si supiera algo que desconzco. O quizá sea la cara que ponen cuando le dan las monedas a los turistas que van a volver a sus casas lejanas sin un peso.

Contentos, pero sin un peso.




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13 aportes »

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  1. 1

    Comentario de Federico Gauffin un 30 marzo 2011, tipo 14:47


    Priiiiii !!!!!!!!!


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  2. 2

    Trackback de BlogESfera.com un 30 marzo 2011, tipo 14:48


    Informaci�n de BlogESfera.com……

    Puedes valorar este post en BlogESfera.com haciendo click aqui….


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  3. 3

    Comentario de Federico Gauffin un 30 marzo 2011, tipo 14:54


    ¡Vamos, carajo! Primer PRI que emboco. Debe ser por la diferencia horaria que te leí primero, che.
    Ahora, qué joda con París, ¿eh? ¿Estás seguro que el avioncito te dejo en el destino correcto? A mí me contaron que es más lindo, no la bosta de ciudad en la que aterrizaste.


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  4. 4

    Comentario de Jota un 30 marzo 2011, tipo 14:57


    Siempre quise comentar antes que los de BlogESfera.com, nunca lo logro, tal vez para la próxima.

    Vamos José! No seas modesto, toda la manada de giles va al arco del triunfo a la torre eiffel, vos vas a hacer TURISMO AVENTURA por las calles de París, eso es ser original!

    JAJAJAJAJAJA.

    No me acuerdo cómo di con tu blog allá por 2009 pero desde entonces es una alegría leer Peinate!

    Saludos!


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  5. 5

    Comentario de Despeinada un 30 marzo 2011, tipo 15:03


    Hay un libro que tiene mi padre (Claroscuro se llama y es más viejo que no se qué) donde narra en un episodio, su visita a Italia, Francia y España… Ej que ej igualito! jajajajaj. Para que luego digan que la gente cambia ;)

    Suerte!!!!!


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  6. 6

    Comentario de ceci un 30 marzo 2011, tipo 16:14


    Sea como sea tenés que llegar a Montmartre! ahí está el Moulin y unos sexshop que seguro dan buen material para cuentos. Qué lindo, serán los euros mejor gastados, que termines de 10 el viaje José!!


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  7. 7

    Comentario de Pancho un 30 marzo 2011, tipo 17:37


    Decíles “Alé cagué le malvón en el latón!” Todo con cara de furia. Eso descoloca a morir a cualquier francés de tres al cuarto.

    Luego te das media vuelta, mandá a la puta que lo parió a París, su torre del orto y el arco de mierda ese en donde no hay quien ataje, y volvete a comer pizas y fumar chala con Hernán y el Chiri.


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  8. 8

    Comentario de pulpo un 31 marzo 2011, tipo 0:51


    Je, excelente las descripciones, creo que a muchos nos ha pasado lo mismo, nos mata que nada salga menos de 10 euros en París, pero al fin de cuentas se termina disfrutando.
    Para cambiar terriblemente la impresión, nada como subir hasta la basílica de Sacré Coeur y bajar por el Montmartre… es inspirador y te hace olvidar un poco la impresión gris, fría y con olor a cloaca con la que te reciben.
    Que sigas disfrutando!


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  9. 9

    Comentario de Marcos Dione un 31 marzo 2011, tipo 6:02


    cabeza, te faltan las frases matadoras para el no-franco-parlante en la tierra del vino y el queso. lo primero es preguntarle cortésmente si habla inglés o español:

    exquiusemuá, (mesié, madam), bonyú. parlevú (anglé, español)?

    si te dicen que no, salís con ésta:

    dacórd, cé pá gráv

    (ok, no problemo)

    y siempre al final:

    mercí bocú, (mesié, madam). orvuá, bon yurné.

    espero te sirvan.


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  10. 10

    Comentario de diego un 1 abril 2011, tipo 22:32


    Es como el negativo de la historia del negro en la peatonal, solo que ahora el que no encaja es el blanquito argento en pleno territori franco-argelino. un abrazo. diego


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  11. 11

    Comentario de Bryce un 7 abril 2011, tipo 21:11


    como me haces cagar de risa!


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  12. 12

    Trackback de Bitacoras.com un 27 abril 2011, tipo 15:10


    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: De no ser por la acertada intervención de María, hubiera perdido el tren, el vuelo y los estribos. Esta madrugada trotamos con el Chiri por las calles adormiladas de Sant Celoni para llegar a horario. Con paso ligero y sosten…..


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  13. 13

    Comentario de Mayka R. un 18 junio 2011, tipo 4:07


    buenísima la crónica

    —Mercí, che culiado —le digo cuando me da el vuelto—. Más caro que el ocote, el cafecito. !!! jajajajaj

    “…había desayunado caca” jajajaj!!! lo agendaré :p

    A mi me encantan las películas y la música francesa, pero me imaginaba a París más o menos así, sobre todo los ‘perfumes’…
    Salut!


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