(Advertencia: post no apto para gente sensible).
Tengo por costumbre escribir sobre los procedimientos médicos menores a los que la Divina Providencia suele enfrentarme. Ya lo hice la vez que me volé los dientes de adelante, y en una que otra oportunidad en la que la espalda me pasó factura por tantas horas frente al monitor.
Será que tengo alma de médico frustrado (de pedo que logré inscribirme en medicina, abandoné cuando vi que había que estudiar matemática y química a rabiar), será que la relación científica que tenemos con nuestra biología me resulta morbosa y fascinante. O que tengo -dependiendo del punto de vista- algo de suerte.
Me quedé con la espina. Literalmente.
leer lo que falta de: In your face…
La Luli viene a verme. Está destrozada por lo del Beto. Me toca el timbre y la hago pasar. Es un día caluroso, tiene la cara blanca con unas ojeras de esas bien oscuras. Ha estado llorando. Nos abrazamos, nos sentamos en el sofá y destapamos unas cervezas.
—Tengo que hablar con vos, Juan —me dice.
Yo sé de qué viene la cosa. Soy el último que lo vio al Beto con vida. Y ella era la novia. Ella necesita saber.
—Vos estuviste con él ése día, contáme, por favor, necesito saber…
Le alcanzo un pañuelo y me lo llena de una mezcla babosa de mocos y lágrimas. Está destrozada. La culpa te destroza. Ya sea porque te olvidaste de darle de comer al gato y se te ahogó con un pedazo de almohadón cuando estaba hambriento, o porque a tu vieja le cortaron el teléfono que olvidaste pagar. La culpa es jodida. Pesa. La puta si pesa.
—Yo lo llamé por teléfono la noche anterior y quedamos para ir al mecánico —le digo.
Ella rompe en un llanto:
—¡Pero si el Beto no tenía auto!
leer lo que falta de: Qué te voy a explicar…

(En Barcelona, con Ian McEwan, que me persiguió para que nos sacáramos una foto.
Nunca pude decirle que no a Ian.
Me pidió que le diera saludos a Javier y a Cristina; cumplo con transmitirlos).
leer lo que falta de: No te vayas de España sin antes tomarte una foto conmigo……

No puedo creer la velocidad con la que estoy escribiendo. Voy en un tren que apenas si toca las vías, de regreso a Madrid, después de pasar un día muy bonito en Toledo.
Tenía una pequeña confusión respecto de mi horario para volver a Argentina, así que el equívoco me regaló una jornada extra e inesperada.
Después del paseo nocturno de ayer por Madrid, me estaba faltando más tierra adentro. Las calles madrileñas en los fines de semana parecen una salida de viaje de estudio para gente grande; todos derrapan. Voy en el tren pensando en eso.
leer lo que falta de: Nunca escribí tan rápido en mi vida…

Ayer me tocó hacer una inspección involuntaria por todos los sanitarios de París. Tuve la poco feliz idea de alimentarme en un mercado en el que los vendedores manipulaban los sánguches con las manos medio sucias. Terminé, como dicen las abuelas, con “descompostura de vientre”. O “desarreglo”. O “cagadera”.
Creo que ya mencioné el hecho de que en Europa no hay bidet. Lo consideran un artefacto antihigiénico. Pero lo de París es un extremo, porque ahí, además, tampoco les importa si la gente se caga encima.
Yo creo que la relación de una sociedad con sus heces define a esa sociedad, y que el sexo oral debe ser una desilusión en estas tierras.
leer lo que falta de: Adiós Pagrís y aquí tienes Madrid; última parada…
Peinate que viene gente la tiene más grande con WordPress - Plantilla basada en GimpStyle de Horacito y configurada lascivamente por José, que la tocó y se fue.
Entradas y Comentarios feeds.
XHTML y CSS válidos.