(Advertencia: post no apto para gente sensible).
Tengo por costumbre escribir sobre los procedimientos médicos menores a los que la Divina Providencia suele enfrentarme. Ya lo hice la vez que me volé los dientes de adelante, y en una que otra oportunidad en la que la espalda me pasó factura por tantas horas frente al monitor.
Será que tengo alma de médico frustrado (de pedo que logré inscribirme en medicina, abandoné cuando vi que había que estudiar matemática y química a rabiar), será que la relación científica que tenemos con nuestra biología me resulta morbosa y fascinante. O que tengo -dependiendo del punto de vista- algo de suerte.
Me quedé con la espina. Literalmente.
En Semana Chanta me poseyó el espíritu del cocinero telúrico y me dediqué, entre gallos y medianoche, a preparar varios fuegos con los que mi familia le dio rienda suelta a la pasión gastronómica. Primero arranqué con un pollo al disco, seguido de un asado monumental y, finalmente, trabajé sobre el epílogo de un lechón lujurioso al horno chileno.
Como no creo en dios ni en la santísima trinidad, sólo tengo en claro que Semana Chanta sirve para empujar el aparato digestivo hasta las fronteras mismas de la muerte.
Esos días frenéticos de preparar bagna caudas y huevos de chocolate caseros representan para nosotros, los agnósticos golosos, la oportunidad de tirar la chancleta del decoro y rellenarnos las tripas con bebidas espirituosas y cadáveres exquisitos. Y como vengo de una tradición netamente piromaníaca, lo que más me gusta es juntar leña, encender el fuego y sentarme a verlo arder, mientras fumo y leo hasta que esté la comida.
Fue en la primera mañana, la del pollo al disco, que me aventuré en un monte serrano para hacerme de maderitas y retazos que me sirvieran para cocinar a la llama. Como también le tengo mucho respeto y admiración a los ofídios y a los arácnidos con el culo rematado en aguijón, presto mucha atención antes de meter la mano en cualquier parte.
Pero esta vez el cálculo me falló y una larga espina de vaya uno a saber qué planta se metió debajo de la uña del dedo gordo de mi mano derecha, la que uso para limpiarme el culo, para escribir, para armar cigarros.
Al principio le resté importancia, porque más allá de una molestia y un picor no había nada. Además, después del segundo Malbec es como que Sayd te puede meter cien espinas de bambú en la uña de una pata que todo bien.
El problema empezó el domingo, cuando los vahos del alcohol comenzaron a disiparse.
Aquella molestia inicial se convirtió en una sensación dolorosa e intermitente, que se agudizaba cuando el brazo estaba en descanso, pendiendo junto al cuerpo. El lunes el dedo se hinchó y parecía de dibujos animados, todo rojo y con la uña medio levantada. Anoche dormí como el culo y el roce de las sábanas me resultaba insoportable, y esta mañana me dolía hasta la muñeca y el dedo se había puesto verde, con algunas manchas oscuras que no se veían del todo bien.
Llamé, por fin, a mi primo, que es cirujano, y le pedí que me recibiera.
Mi primo es un gran tipo, de esa clase de personas que te sacan lunares o te suturan golpazos con huesos a la vista mientras te pregunta cómo andan las cosas. Le tengo mucho aprecio, más allá de lo profesional (ha cosido a mis hijas en varias oportunidades y a mi propio padre, mientras mi hermano y yo lo sujetábamos a la camilla para que no huyera hacia la calle); Julio me cae bien, tiene sonrisa franca y mirada serena, tranquilizadora.
Cuando me vio frunció la boca y me sugirió que comenzara rápido con antibióticos, para poder pasarme a deguello mañana a primera hora.
Pero como me dolía mucho y ya no podía armar cigarros, se apiadó y me preparó el quirófano para una intervención rápida antes de seguir con sus pacientes. Se puso el guardapolvos, me acomodó en la camilla y me pidió que extendiera el brazo con el dedo podrido sobre una tabla de madera. La enfermera iba y venía trayendo cosas que hacen falta para estos procedimientos: el líquido marrón, las gasas, las pinzas, y una lata de esas que no sé para qué se usan.
Empezó con la anestesia, medio de coté, porque, en palabras suyas, “me vas a odiar para toda la vida si te abro así nomás”. Dolía un toque, pero soportable.
El problema vino cuando apoyó el bisturí.
Hoy, después de tanto tiempo, supe a ciencia cierta por qué no había pasado el cursillo de ingreso a medicina. No fue sólo por la perspectiva de vivir en una capacitación permanente, como sé que le ocurre a todos los profesionales de la salud. Tampoco por eso de estar disponible las 24 horas para que cualquier boludo te haga saltar de la cama porque la hija se rompió la frente contra la mesa de luz. Ni siquiera por la obligación de contestar consultas de parado en medio de una fiesta, no.
Es por cosas como las de hoy. Por la remota posibilidad de que un dedo te eyacule tres certeros chorros de líquido cadavérico en medio de la cara. Escribo este breve agradecimiento para Julio, víctima de un cumshot abominable. Para que sepa cuánto lo respeto y lo aprecio por su dedicación y su estoicismo.
Escribo esta crónica desagradable porque la medicina, para mí, ya es algo que ocurre del otro lado del mostrador.
Y es mejor así.
Creo que elegí bien. Con media uña despegada y envuelta en vendajes, con la espalda rota y la salud minada, elegí bien. Puedo darme el lujo de sumar palabra por palabra, sabiendo que, en los brazos de los calmantes y los antibióticos, mañana será otro día. Prefiero esta trinchera de letras digitales y frases altisonantes a esas secuencias indignas de una vocación que te expone a experiencias desagradables.
Me gusta porque escribir es recordar. Mientras que otras profesiones, por obligación, demandan aprender a olvidarse…
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Trackback de Bitacoras.com — un 27 abril 2011, tipo 15:10
Información Bitacoras.com…
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Comentario de Liliana — un 27 abril 2011, tipo 15:17
Ay! Me dolió a mí! Excelente relato, el alegato final: una perlita.
Comentario de sandylikesand — un 27 abril 2011, tipo 15:21
Me dio un poco de asco… y conmiseración por tu primo. Igual, una pinturita…
Comentario de José Playo — un 27 abril 2011, tipo 15:22
Ojo que venía con advertencia al comienzo.
Comentario de Cerdos y Cerdas — un 27 abril 2011, tipo 15:29
zas en toda la car! jajaja, me cagué de risa
Comentario de victoria — un 27 abril 2011, tipo 17:04
a mí no me dio asco, quizás porque me imaginaba algo peor, ja. La descripción de los gajes del oficio del médico, en el marco de los argumentos de por qué no pasaste el cursillo, es excelente y el final es genial.
Comentario de Vic — un 27 abril 2011, tipo 17:24
Me atrevo a una pequeña corrección: es ofidios, no ofideos. Y por lo otro, por mi especialidad trabajo en el quirófano y lo que le pasó a tu primo sucede seguido y con cosas peores..
Comentario de José Playo — un 27 abril 2011, tipo 17:26
Se agradece la corrección, Vic. Va mi solidaridad.
Comentario de il Santi — un 27 abril 2011, tipo 18:15
Qué raro vos, paveando en las clínicas-slash-sanatorios.
Me dio gracia lo de “cumshot”, no lo había visto incorporado en ningún texto español que se precie de ser leído (léido)… Un abrazo bazo y linda reflexión la del final.
Comentario de Natushka — un 27 abril 2011, tipo 20:04
Aaaaaaaarrgggggghhhhhhh!
Comentario de Lucas, desde Pest — un 27 abril 2011, tipo 20:37
Estupendo, Playo!
Hacia mucho que no comentaba pero este texto esta mortal.
Es necesario conocer las cosas que no podriamos hacer ni bajo amenaza de una noche con Zulma Lobato. Porque es posible que haya gente cuyo trabajo sea justamente ese (no, acostarse con ZL no, me referia a hacer otras cosas que uno ni a palos).
Y esa gente merece muuuucho aprecio.
Y lo del cumshot abominable me desarmo de risa.
Abrazos.
Comentario de elrober — un 27 abril 2011, tipo 22:12
tampoco creo en Dios, fué una consecuencia de estudiar medicina hasta tercer año, nos pasó a varios compañeros hasta a algunos que venían de pueblos muy católicos. Una vez en Parqye Síquiman una prima se cayó arriba de una planta de tuna, le sacamos muchísimas púas que le quedaban adentro y se infectaban
Comentario de Despeinada — un 28 abril 2011, tipo 3:20
Jo…mucho respeto a los bichos y no usar guantes….. Será que después de la segunda vez que me dieron la del tétanos y las respectivas de la rabia, yo me ando con cuidado…
Dijera que ojalá te pasaran más cosas que lo escribes genial, pero mejor apúntate a paramedico, seguro te da suficiente material :)
Suertudo!
Comentario de Federico Gauffin — un 28 abril 2011, tipo 8:10
Playo, vos sabés que te banco hasta la muerte pero te juro que, más allá de “líquido marrón” no pude continuar mi lectura… Mejor lo sigo leyendo este fin de semana, cuando me ponga en pedo.
Comentario de victoria — un 28 abril 2011, tipo 12:32
el mail autoprogramado al comentarista debutante, es lo más. Lo amé!
Comentario de EFB — un 28 abril 2011, tipo 17:22
Hay cosas que te dan asco, risa o logran que reflexiones.
Anoche, entre imprudente y accidente, mi mano derecha le hizo un fino a los dientes de una sierra en la carpintería. Casi pierdo la yema del mayor y me gané 7 puntos.
Reflexiono sobre mi paseo de 2 horas dentro del Hospital de Urgencias y recuerdo el asco de una pierna con fractura expuesta que estaba a un metro de mi cara, me rio del pedazón que tenía el linyera, con el marote enchocolatado, que trataba de explicar q se había resbalado. Recuerdo cuan rápido me di cuenta que lo mío era mas susto que drama.
Completé mi boleta del ProDe pero los últimos 10 fueron en menos de un año.
Mientras vos señalás, yo opino!
Comentario de La curiosa — un 1 mayo 2011, tipo 17:50
Uh…la que me espera…litros y litros de liquido marron…bue…dificultades del oficio
Comentario de Ric — un 2 mayo 2011, tipo 15:29
Excelente! Al final y como deferencia con los actos del hombre que ocupan presente, pasado y, con lacerante engima, un futuro; esta línea te han quedado de antología:
Me gusta porque escribir es recordar. Mientras que otras profesiones, por obligación, demandan aprender a olvidarse…
Mis respetos.
Comentario de Claudina — un 3 mayo 2011, tipo 19:45
Soy Medica y me gusta escribir, a modo amateur. Será porque me gusta recordar y otras tantas olvidar. Gracias por este texto.
Comentario de nucklon — un 30 mayo 2011, tipo 16:41
hu negro, te compadezco a vos por el dolor del dedo, y a tu primo por haber soportado la cremosa sustancia en el rsotro…”cumchota” en el norte usamos esa palabra pa otra cosa jejejejej….el final lo voy a copiar para subirlo al face mio, bye
Comentario de Nicolas Galian — un 13 julio 2011, tipo 3:33
Qué asco, pero me gustaría que me pases un link o varios donde salgan relatos y fotos de casos así, me re moriría de risa.