Hay bares que se destacan por el decorado, bares que son pura moza llena de tetas, bares con propuestas originales, y bares en los que lo más importante es la gente que los frecuenta.
Estos últimos son los que me gustan, después del que viene con tetas.
Estoy convencido de que el pulso de una ciudad se mide de uno y otro lado de la barra. Es lo primero que quiero ver cuando llego a algún lado: me gusta hacerles preguntas boludas a los mozos, escuchar conversaciones de otras mesas, mirar por los ventanales cómo pasan los autos.
El sábado por la noche conocí, por fin, un bar que nació de una sucesión increíble de buenas voluntades puestas al servicio de un sueño: seguir leyendo y celebrar las letras impresas que cruzan los mares en busca de sus lectores.
leer lo que falta de: Bar Orsai, borracheras de alegría…
Desde hace rato que con el cine viene pasando algo raro. Bah, no tan raro: el cine se ha quedado sin ideas. Y lo que es peor, no sabe ya con qué cuchara raspar el fondo del frasco.
Las precuelas, los héroes de cómics, las remakes, las versiones de libros raros o directamente malos.
Sobre esto último, el cine nunca pudo conformar a todo el mundo. En dos horas no hay tiempo para pintar a fondo los personajes, ni para desarrollar más que un puñado de conflictos sin aburrir o confundir a los espectadores.
Y entonces llega un momento en que todos esos yeites traperos y refritados, te ponen los huevos en 3D.
Ahora me gusta el cine sólo cuando tiene algo interesante para contar. Pasa cada vez menos. Por eso fue gratísima la sorpresa con De Caravana. Y, menos mal, no quedó sólo en eso.
leer lo que falta de: La Purga…
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