
leer lo que falta de: Ludwig Van Beethoven…
Quería graficar el escándalo político del gobernador Eliot Spitzer y la supuesta aventura que le costó las pelotas. Elegí una pintura muy conocida del artista Grant Wood, “Gótico Americano” y me puse a hacer chanchadas con el photoshop.
Parece que parodiar esta obra no es algo muy original que digamos.
Miren, por ejemplo, la tracalada de interpretaciones nacidas de este cuadro que se pueden encontrar usando Google Image:

leer lo que falta de: ¿Cuántas parodias de la misma pintura?…

No hace falta mucha explicación. Son publicidades gráficas que rescatan una de las voces cómplices más originales para poner al servicio de la venta: el humor.
Aunque ahora se haya puesto de moda ir de frente con golpes de efecto, no estaría mal regodearse con el guiño amistoso que proponen las agencias cuando buscan llegar al público con un buen trabajo de anclaje. Está bien, es cierto, las piezas en sí pasan a ser objetos memorables y, en la mayoría de los casos, olvidamos como por obra del Alzheimer qué producto promocionaban con apuestas tan hilarantes. Me la fuma. Y el fenómeno financiero de la creatividad puesta al servicio del marketing, también.
Propongo que lo financiero os la fume a ustedes del mismo modo, que hagamos a un lado los billetes y nos quedemos con las ideas volcadas en estos trabajos premiados en los últimos tres años.
leer lo que falta de: 32 publicidades gráficas humorísticas…

Les prometo que van a ver una lista de tapas mucho más fieras que ésta primera con la que arranco. En la vieja versión del blog había una sección de links, entre los que se contaban la web del Museo de las tapas de álbumes fieras.
Lejos de intentar emular al talentoso blog La Memoria que perdimos, pero con muchas ganas de divertirme con ustedes, les dejo algunas tapas que estuve viendo y que me impresionaron bastante (hay un desnudo, no se recomienda a menores de edad).
Me atrevo a redefinir el concepto de arte: “toda obra de alguien que se diga artista y que al cabo de un año no provoque risa”…
leer lo que falta de: 28 tapas de discos HORRIBLES…
Pepo decía que todas las personas deberían tener «un proyecto».
Llamaba al suyo “Retratos de muerte: las víctimas que no vemos”, y consistía en recorrer rutas y autopistas buscando animales muertos.
Recorría kilómetros y kilómetros en su Peugeot 504, echándole el humo de sus cigarrillos al volante, hasta encontrar lo que buscaba. Entonces estacionaba, preparaba la cámara y hacía cuatro tomas (siempre cuatro).
Pepo tenía una metodología caótica para hacer su trabajo.
En más de una ocasión me ofrecí a darle una mano para lavar su auto (que era un chiquero), o para que acomodáramos su estudio, en el que las repisas desvencijadas por el peso de cámaras y objetivos rechinaban, y en el que las mesas rebalsaban de papeles, tuercas, tornillos, filtros, envases vacíos.
Durante más de 4 años se dedicó exclusivamente a fotografiar los cadáveres de los animales aplastados en la ruta; perros, gatos, caballos, iguanas, ovejas, comadrejas. Lo que fuera que estuviera pudriéndose entre banquina y banquina, o que se llenara de gusanos a la vera de un camino, Pepo lo inmortalizaba.
Alcancé a hojear cinco álbumes de distinto tamaño con cientos de fotos de animales muertos. Eran imágenes cruentas y hermosas, pobladas de ángulos caprichosos: un pentagrama de colores polarizados y blancos sobre negros plenos.
Siempre pensé que nadie entendía mejor la poesía de la muerte, la pornografía del absurdo, que Pepo.
A veces, cuando discutíamos, me enseñaba un viejo recorte de diario con estadísticas de fatalidades en las rutas, apuñalando el papel con su índice y a los gritos:
—¿Y los animales? ¿Por qué nadie habla de ellos?
Nunca supe qué responderle.
La última vez que lo vi, intenté convencerlo de hacer una exposición. Era una buena idea, cualquier galería se habría interesado en darle un lugar, pero a Pepo la posibilidad de bastardear su trabajo lo irritaba, y me lo hizo saber echándome a patadas de su casa.
Nunca más volvimos a vernos.
leer lo que falta de: Retratos de muerte…
leer lo que falta de: El origen del baile del caño…
leer lo que falta de: No, no va…
Ya no me convence la explicación de que las mujeres tienen menos tolerancia a las bajas temperaturas. Me hace dudar la contradicción: las chicas se quejan porque no entran en calor en la cama, o porque quieren que las ventanas y las puertas estén herméticamente cerradas, o que la calefacción del auto brame como si fuera un crematorio con ruedas. Hasta ahí, digamos que entiendo con buena voluntad las diferencias.
Pero ¿qué pasa cuando la misma mujer se prepara para salir un gélido sábado por la noche, y se calza con naturalidad una pollerita y una remera y dice “estoy lista, ¿vamos?” ¿Es que la baja temperatura afecta los sentidos o hay algo más que no comprendemos? ¿Qué pasa cuando insistís con que lleven una campera o una túnica o un poncho para que después no se quejen de que no sienten las piernas?
Pasa lo que pasa: algunas te dicen que no les combina con el color de la hebilla que tienen en la cabeza.
Lo pienso y lo repienso y sólo puedo aventurar una explicación: el secreto de las mujeres es acumular calor en los días de reposo para poder aguantar esas noches antárticas sin que se les mueva un pelo. Es como que acopian el tufo de los calefactores (he visto mujeres que llegan a sentarse sobre ellos), o esperan que hierva el agua con las manos prácticamente sobre las llamas, o se acuestan a dormir con pesadas prendas que las dejan afiebradas, cosa que les permite después una autonomía térmica de varias horas, lo que dure una salida a la calle en bolas.
Señores: hay algo que no estamos entendiendo, y es que el rechazo por una campera no es una simple cuestión de moda ¿La verdad? No la necesitan. En cierta forma, envidio esa bendición del cielo de no sufrir el calor. leer lo que falta de: Labios Azules…

¿Alguien sabe por qué hay una sola torre construida en la iglesia?
Alguna vez escuché que sólo está terminada la que “representa” la obra de dios y que la inconclusa es la del hombre. Como metáfora está muy linda, romántica, pero arquitectónicamente no me cierra.
Estas fotografías pertenecen a una serie que hice en Los Capuchinos, algunas sobre la fachada (los rostros de las estatuas), otras en interiores (con película blanco y negro, mucho grano, bien de adolescencia).
leer lo que falta de: Capuchinos…

leer lo que falta de: ¿Vio la luna?…
Peinate que viene gente la tiene más grande con WordPress - Plantilla basada en GimpStyle de Horacito y configurada lascivamente por José, que la tocó y se fue.
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