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	<title>Peinate que viene gente &#187; Filial</title>
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	<description>humores // culturas // escritos // misceláneas</description>
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		<title>Una nena mentirosa</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Aug 2009 19:00:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filial]]></category>

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		<description><![CDATA[Que conste que me contengo bastante para no engrosar la lista de los que se ponen monotemáticos y babosos con estas cosas&#8230;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Que conste que me contengo bastante para no engrosar la lista de los que se ponen monotemáticos y babosos con estas cosas&#8230;</p>
<p><span id="more-3188"></span><br />
<object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="495" height="344" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="data" value="http://www.youtube.com/v/eBFl_BWTAm0&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;rel=0" /><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/eBFl_BWTAm0&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;rel=0" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="495" height="344" src="http://www.youtube.com/v/eBFl_BWTAm0&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;rel=0" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" data="http://www.youtube.com/v/eBFl_BWTAm0&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;rel=0"></embed></object></p>
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		<title>La crueldad del pasado en blanco y negro</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Jun 2009 15:55:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filial]]></category>

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		<description><![CDATA[En los últimos meses hemos tomado por asalto —y a los gritos— la guardia de un montón de hospitales. Me lo hizo notar una amiga con la que estábamos poniéndonos al día sobre las pequeñas rutinas accidentadas de nuestros hogares. Todas mis anécdotas terminaban más o menos con la misma frase: —… en la guardia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En los últimos meses hemos tomado por asalto —y a los gritos— la guardia de un montón de hospitales. Me lo hizo notar una amiga con la que estábamos poniéndonos al día sobre las pequeñas rutinas accidentadas de nuestros hogares. Todas mis anécdotas terminaban más o menos con la misma frase: </p>
<p>—… en la guardia nos dijeron que todo estaba bien, así que volvimos a casa.</p>
<p>—¿Por qué van tanto a los hospitales? —quiso saber ella, con toda razón. Y no supe qué contestarle. </p>
<p>A medio vestir, con la cabeza llena de shampú, o dejando la cena en el fuego, en el barrio nos conocen porque somos de salir corriendo a las puteadas con las niñas en los brazos. Los motivos varían, también los escenarios. La última vez, festejando el cumpleaños de mi viejo en Las Sierras, Niki encontró un termómetro escondido en el fondo de un bolso y se las ingenió para romper uno de los extremos con los dientes antes de mandarse un fondo blanco de mercurio.</p>
<p><span id="more-2388"></span>Si hace un buen rato que no escribo sobre mis hijas, es por falta de tiempo. A los resfríos con broncoespasmo y fiebres altas hay que sumarle, cada tanto, estas variables: flamear sobre la ruta que une Córdoba y Alta Gracia en un auto a ciento cincuenta por hora con una remera blanca fuera de la ventanilla y el puño rebotando sobre la bocina. </p>
<p>La sucesión de episodios terribles que nos hacen llorar de angustia al menos una vez por semana, tienen que ver con la personalidad. Niki es un cóctel explosivo de humores biliares otomanos. Al parecer le hemos pasado un legado genético libanés que la hace paladear la sed de la aventura con ansiedad. Al tiempo de escribir esto, Lulú es muy pequeña todavía; no camina, no habla, sólo pega grititos de alegría y le sonríe a todas las cosas que pasan frente a su cochecito. Su hermana, en cambio, con dos años y medio vividos a pura adrenalina, va por la vida probando la resistencia de las cosas, tentando a la suerte.</p>
<p>A mí me confunden los matices. Por la noche, cuando nos entregamos a nuestros rituales, con Niki todo es hermoso: le doy un baño, le seco el pelo, le pongo el piyama, le doy la mamadera, le hago &#8220;cosquis&#8221; y le leo. Pero de día evoco bastante seguido el relato de Fontanarrosa <strong>Nadie, nunca me pegó tanto como mi hijo</strong>; cada vez que trato de levantar a mi primogénita para que no se acerque al fuego, o a un nido de avispas, o a un manojo de cables electrocutados: ella sabe que puede sentarme de culo en el suelo pateándome las pelotas con sus zapatitos de gamuza. O los otros, de salir, que son charolados.</p>
<p>—<acronym title="puteada en árabe cuya traducción y correcta escritura desconozco"><em>Co sék mal íshe</em></acronym> —digo con las manos sobre los huevos y en cuclillas, falto de aire.</p>
<p>Una lágrima me gana la mejilla y mi mujer me palmea el hombro con displicencia. Tal vez el día de mañana este tipo de diferencias sean tema de sobremesas entre los cuatro. Yo diré:</p>
<p>—Vos, Luigi, eras más propensa a deslizarte con suavidad desde los cochecitos y las camas como si fueras un bife sonriente que buscaba probar la solidez del piso.</p>
<p>—¿Y yo, viejo? —me preguntará Niki.</p>
<p>—Bueno —resumiré—: a vos te iba más la onda de hacer una mortal con doble Nelson en el aire antes de caer de cabeza desde una hamaca paraguaya, con mucho ruido a huesos.</p>
<p>Hasta que esa sobremesa futura llegue, no me queda otra que sospechar que el mambo genético libanés que yo he sepultado bajo 34 años de estricto autocontrol, ahora anida, libertino e incontenible, en la sangre de mi niña, impulsándola a mandarse una cagada atrás de otra, sin miramientos.</p>
<p>Yo había leído algo sobre cómo los niños se recagan a golpes, rompen cosas, rayan paredes y muebles, o hacen mierda las macetas, pero en ninguna parte se habla de la cantidad de energía que uno debe invertir para mantener el equilibrio.</p>
<p>—¿Qué estoy haciendo mal? —suelo consultarle a mozos y a psicólogos, sabiendo de antemano que les importa un carajo dar respuestas.</p>
<p>Las bondades de la fotografía digital y de los celulares con cámara nos han permitido ver, como en los últimos minutos de una película de suspenso, una compilación de los momentos vividos desde que nacieron las niñas y hasta la fecha. Cada instantánea nos muestra que la mayor es un torbellino incansable que se la pasa corriendo y cantando a los gritos (cada 90 fotografías sólo conseguimos dos en las que ella salga en foco), mientras que la otra reincide en dos motivos invariables: durmiendo o con una sonrisa en los labios.</p>
<p>—¿Cómo éramos, viejo? —querrán saber.</p>
<p>—Niki, pura energía incontrolable; Lulú, una sonriente vagoneta.</p>
<p>Las personalidades empiezan a tallarse desde una edad temprana. Amo a mis dos niñas con locura, pero la raíz de ese amor es, de alguna manera, entender sus diferencias: mientras que a una le encantan los besos y las caricias, la otra se limpia las mejillas y pone cara de haber masticado un cascarudo antes de patearte y salir corriendo.</p>
<p>Solemos hablar mucho de este tema con mi mujer. Hemos consensuado una metodología de crianza pedagógica que pretendemos sostener, aún a riesgo de que eso nos lleve a terminar encorsetados en sendas camisas de fuerza.</p>
<p>—Pero soy buenita, yo —se excusa Niki antes de cantarme alguna canción para hacerme dormir <a style="display:none;" id="ddetlink1551937822" href="javascript:expand(document.getElementById('ddet1551937822'))">(sé que no ganará un American Idol, pero es muy divertido escucharla)</a>
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<p>—No se trata de una cuestión de bondad, hijita —le respondo, desconcertado.</p>
<p>A pesar de los sismos en la rutina diaria, la paternidad está sembrada de remansos. Estoy empezando a sospechar que la relación entre padres e hijos se construye sobre una pugna interminable merced de la cual nos medimos, nos aprendemos, crecemos y nos desarrollamos. Niki, que se dirige a nosotros usando nuestros nombres de pila, comprende a la perfección que algunas cosas conllevan sus riesgos, pero le da igual.</p>
<p>Lejos estoy de eludir la responsabilidad sobre nuestros ensayos de paternidad. Desgajamos los días con invenciones y engaños cariñosos para mantener su atención sobre el plato de la cena o el almuerzo, o intentando canalizar su inagotable energía en cosas menos destructivas. Pero eso no quita que todas las noches, antes de empezar a roncar como borrachos de plaza, volvamos a preguntarnos si lo que estamos haciendo está bien o si somos dos terribles hijoputas. </p>
<p>Hay que dudar. </p>
<p>A pesar de que vamos desdoblándonos para cubrir las tareas, sabemos que descargamos la batería en nuestra primogénita. Luigi no tiene ni la mitad de fotografías, ni la mitad de videos. Mientras que de Niki hay toneladas de megabytes que registraron un montón de situaciones, de Wiyem tenemos sólo postales icónicas: primer puré, primer balbuceo, una cadena discreta de risotadas y algunas más en las que sale muy graciosa con un gorrito, o con un vestido a lunares negro. </p>
<p>Desconozco lo que ocurre en otros hogares, si los niños de otras familias también se la pasan reventándose a golpes contra las paredes, o cayéndose por las escaleras como muñecos. Yo sólo sé lo que ocurre bajo mi techo. Sólo sé que mis dos hijas son diferentes y que se nos irá la vida enjugando lágrimas y besando raspones fieros. </p>
<p>Tal vez esté escribiendo esto para excusarme a futuro, como un pedido de indulto retroactivo potencial para con mi pequeña Lulú, a la que hemos puesto en piloto automático. Por primera vez en la vida tengo miedo de la fatalidad de un infarto que me fulmine o me deje medio lelo, sin la posibilidad de explicar cómo estamos viviendo estos días tremendos. </p>
<p>Dejar constancia; la crueldad del pasado en blanco y negro debe servir para eso. </p>
<p>Así que acá estamos en los primeros días de junio, paladeando un invierno tímido e indeciso, haciendo todo lo posible para arreglarles el mundo, mis niñas. Ahora mismo estamos escribiendo sus historias con una tinta difusa e insuficiente. Tiene que ser así. La vida se maneja con un guión trillado y recurrente. Lulú: llegará tu momento de putearme, de gastar unos mangos en terapeutas de ceño fruncido, de discutir con mi fantasma todas las equivocaciones y los descuidos. Niki: calculo que harás lo mismo, pero más violento.</p>
<p>Vamos a fallar, hijas. Es inevitable que fallemos. </p>
<p>Mientras tengan presente que todo fue parte de una apuesta ciega para que vayan por la vida aprendiendo a estar bien y a ser felices, encontrarán consuelo. Tengo que creer en eso. </p>
<p>Llámense por teléfono. Júntense a rearmar estos pasajes incompletos. Soy pésimo dando consejos, pero a esto se los digo con una seguridad que me asombra: hoy fue un día como todos los otros. Tomen nota de esto. </p>
<p>Las dejo ahora. La pequeña Niki va a llegar en cualquier momento del jardín y la bebé Lulú está batiéndose a duelo en su cochecito con un muñeco. </p>
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		<title>Sabios consejos</title>
		<link>http://revistapeinate.com.ar/2009/04/16/sabios-consejos/</link>
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		<pubDate>Thu, 16 Apr 2009 03:21:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filial]]></category>

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		<description><![CDATA[En el misterioso mundo de la paternidad pueden ocurrir muchas cosas que no has previsto. Que tu vida gire en torno a un régimen de mamaderas o generar un vínculo estrecho con la materia fecal de otras personas, son clarísimos ejemplos. Serrat tiene una canción sobre Esos locos bajitos que derrocha ternura y contagia necesidad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el misterioso mundo de la paternidad pueden ocurrir muchas cosas que no has previsto. Que tu vida gire en torno a un régimen de mamaderas o generar un vínculo estrecho con la materia fecal de otras personas, son clarísimos ejemplos. </p>
<p>Serrat tiene una canción sobre <em>Esos locos bajitos</em> que derrocha ternura y contagia necesidad de trascendencia en formato descendencia. Con la canción de Serrat más las publicidades de pañales y los libros de paternidad, parece que todo está resuelto. Por si esto fuera poco, una vez que encarás la empresa, podés caer cada tanto al consultorio del pediatra, que te firma cheques en blanco de tranquilidad. Toda contrariedad se convierte, entonces, en “fáciles procesos”. </p>
<p>El sueño de los niños, sin ir más lejos, se soluciona con una simple normativa, y tomen notas, padres novatos:</p>
<p>&#8220;Hay que poner a las dos niñas juntas en una pieza así se acostumbran a dormir solas y se vuelven independientes&#8221;.</p>
<p>Es buenísimo. Una promesa de autonomía infantil y noches de reparador silencio.</p>
<p>¿Cómo? ¿Usted no conoce el sonido de dos pequeñas criaturas roncando suavecito una vez que las ganó el sueño?</p>
<p>¿No lo conoce, en serio?</p>
<p>Bueno, gracias a los maravillosos libros de psicología infantil y a la certera recomendación del pediatra&#8230;</p>
<p><span id="more-2237"></span>&#8230; tampoco nosotros:</p>
<p><object width="150" height="50" data="http://muzicons.com/musicon_v_srv_new.swf" type="application/x-shockwave-flash"><param name="align" value="middle" /><param name="allowScriptAccess" value="sameDomain" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="flashvars" value="&amp;nomuz=muzicon%20unavailable&amp;site=http://muzicons.com/&amp;icon_pic=67.png&amp;music_file=http://revistapeinate.com.ar/audio/las_coristas.mp3&amp;bg_color=898989&amp;type_of_clip=simple&amp;text_color=FFFFFF&amp;text_message=party%21" /><param name="src" value="http://muzicons.com/musicon_v_srv_new.swf" /><param name="quality" value="high" /></object></p>
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		<title>Acerca de la sonrisa regular</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Sep 2008 07:03:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breve relato]]></category>
		<category><![CDATA[Filial]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde el viernes los teléfonos no han parado de sonar. Cada vez que alguien llama a la puerta, temblamos: la procesión de familiares perfumados cargando regalos no cesa. Somos una familia numerosa, lo que me hace sospechar que esta circulación será constante en los próximos meses. Y no me preocupa, fijate vos. Debe ser porque [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Desde el viernes los teléfonos no han parado de sonar. Cada vez que alguien llama a la puerta, temblamos: la procesión de familiares perfumados cargando regalos no cesa. Somos una familia numerosa, lo que me hace sospechar que esta circulación será constante en los próximos meses. Y no me preocupa, fijate vos. Debe ser porque estoy ablandándome. Pienso en esto cuando los espejos me devuelven esta versión mía familiar y sociable que antes me habría empalagado. O sea, me miro y ya no encuentro rastros del fóbico ermitaño que arrojaba cosas a las puertas y puteaba en lugar de hablar. Todo este proceso de paternidad ocurre con una vertiginosidad pasmosa y las cosas cambian así, paf, sin darte mucho tiempo para pensar.</p>
<p>No sé qué es lo que ha pasado en los últimos tres días, te digo la verdad. El viernes por la mañana desayuné un café en mi casa viendo las noticias de un mundo convulsionado en el que los latinoamericanos volvíamos a amasijarnos y por la tarde aparecí en una sala de parto apretándole la mano a mi mujer mientras nuestra segunda hija asomaba la cabeza y empezaba a berrear.<br />
<span id="more-854"></span><br />
—¿Cuánto hace que no nos vemos? —me preguntó un ex compañero de colegio al que me crucé camino al hospital— ¿Veinte kilos?</p>
<p>Cambia. Todo cambia. Es la naturaleza de la evolución. Hoy salimos al mundo envueltos en una resina pringosa y mañana somos médicos, periodistas, usureros, curas o viajantes (en todos los casos tendemos a engordar).</p>
<p>—Lo verdaderamente increíble —le digo a mi mujer— son las casualidades.</p>
<p>—Algodón —contesta ella.</p>
<p>—¿Te diste cuenta de que nuestras hijas nacieron a la misma hora y asistidas por los dos mismos médicos?</p>
<p>—Óleo.</p>
<p>Estamos viviendo una vorágine de adaptaciones: pañales con meconio (las primeras cagadas que hacen los bebés son una sustancia espesa y verde-oscura que es como un alquitrán), es lo que más hay que manipular.</p>
<p>—Otro cogollo —decimos cuando es hora de higienizar.</p>
<p>El cuerpo humano es una obra maestra de la ingeniería biológica:</p>
<p style="padding-left: 60px;">* La mujer no fabrica leche hasta que pasó el parto, momento en el que estallan no sé qué hormonas y sale un primer tapón blancuzco que se llama calostro y que tiene un montón de defensas que el bebé necesita. Los primeros tetazos son una vacuna natural.</p>
<p style="padding-left: 60px;">* Venimos seteados con un único reflejo, el de succión, una mueca automática que nos tuerce la cara hacia el costado para garantizar que demos con un pezón y nos podamos alimentar. A un recién nacido le tocás la mejilla y enseguida tuerce la cara esperando que le des de mamar.</p>
<p style="padding-left: 60px;">* Las contracciones, que primero sirven para expulsar al bebé, continúan todo un día luego del parto. Esta insistencia se debe a que son indispensables para sacudir la cavidad abdominal y empujar los órganos de regreso a su lugar.</p>
<p style="padding-left: 60px;">* Podría seguir escribiendo cientos de boludeces más, pero no quiero cansar.</p>
<p>Pero hay mucho sacrificio en esto del milagro de la vida, mucho quilombo que te convierte la cara en una máscara hecha mierda que no ves las horas de poner sobre la almohada. La paternidad es una prueba de resistencia corporal que te hace venerar los silencios como si fueran un oasis en medio de una batalla interestelar.</p>
<p>Nuestra primogénita no está muy convencida con los cambios. El encuentro con su hermana, sin ir más lejos, fue un choque durísimo que propició algunos berrinches memorables y que nos consumió las pocas fuerzas que nos quedaban. Para no infartarnos convinimos un sistema de tareas compartidas: a mi mujer le toca asistir a Luigi, a mí me corresponde hacer lo propio con Niki, y un par de veces al día hacemos un balance general. Mister Magoo (como cariñosamente le decimos a la bebé) por ahora está tranquila y le importa tres carajos nuestros horarios (buena señal). El mayor problema es contener a su hermana, cosa que hago con prolongados baños relajantes, mucha conversación en los almuerzos y una que otra versión alternativa de los clásicos infantiles antes de apolillar.</p>
<p>Mi cerebro resiste a base de glucosa, sólo así me sobrepongo a la confusión y a la burocracia del trámite de nacer. En las últimas horas hemos desfilado con la bebé por salas de espera minúsculas atestadas de gente que tose, por oficinas del Registro de Nacimientos donde abundan las empleadas que fuman más que en los bingos. Yo me empeño en recordar las caras de la gente que desearía putear: la señorita que trabaja en el CPC de la Ruta 20, la enfermera que nos ladró las instrucciones sobre los horarios de visita, el viejo que en la cola del super nos puso cara de culo cuando le pedimos que nos diera permiso para pasar.</p>
<p>De vez en cuando te cruzás con buenos samaritanos que compensan la balanza y hacen que un día fulero remonte. Una mujer, por ejemplo, nos cambió su número en la fila para darnos prioridad.</p>
<p>—Va muy lento y yo no tengo tanto apuro —dijo dedicándole una mirada a nuestra pequeña—: Mi hijo me dio una nieta hace poco&#8230; No tengo tanto apuro.</p>
<p>Pienso que hay muchas razones para no sentir que este mundo es un sorete contaminado y abominable, diga lo que diga la televisión. Ya no quiero otra vuelta en la calesita gris de la feria del malestar, y me lo recuerdo a mí mismo cada vez que me cruzo con un espejo.</p>
<p>Los puños en la cintura, los ojos bien abiertos, la sonrisa crujiendo para asomar:</p>
<p>—No vas a rejuvenecer, macho. Este optimismo infantil debe ser lo que algunos llaman felicidad.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Carta abierta a la inminencia</title>
		<link>http://revistapeinate.com.ar/2008/09/11/carta-abierta-a-la-inminencia/</link>
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		<pubDate>Thu, 11 Sep 2008 04:01:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filial]]></category>

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		<description><![CDATA[Querida hija nonata: falta poco. Poquísimo, si me pongo a pensar. Las horas me pasan sobre la cabeza como flechas y se clavan en el reloj de la pared. Acá se respira un aire enrarecido y ya no se lo atribuimos a mis pedos ni al tupper lleno de coliflor. Sabemos que es ansiedad, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Querida hija nonata: falta poco. Poquísimo, si me pongo a pensar. Las horas me pasan sobre la cabeza como flechas y se clavan en el reloj de la pared. Acá se respira un aire enrarecido y ya no se lo atribuimos a mis pedos ni al tupper lleno de coliflor. Sabemos que es ansiedad, y la combatimos como podemos. Es nuestro segundo embarazo y todavía no hemos podido superar la confusión. Como siempre, quien mejor lleva las cosas es tu madre. Hace cosas increíbles, como pensar en todo y en mí, por ejemplo. Prepara bolsos para los tres, hace llamadas para ver dónde dejaremos a tu hermana ese día, o se echa un pique hasta una casa de juguetes y compra un cosito para regalarle a Niki de tu parte. Ha leído que eso hay que hacer y lo hace. A mí me encanta cuando pone en práctica teorías. De tan metódica parece una tesis y no le discuto nada, sé que es bueno organizarse cuando todo alrededor da vueltas como si fuera una ruleta para hamsters.</p>
<p><em>Confusión.</em><br />
<span id="more-815"></span><br />
Que te guste lavar platos con los auriculares hasta el hueso cuando promedia el tercer fernet, no quiere decir que seas tonto. Eso descubrí ayer. Disfruto, para qué lo voy a negar, de cargar la esponja con detergente y empezar a fregar como una tarada. Por lo general me pasa frente a los platos lo mismo que cuando voy en colectivo: me distraigo y se me ocurren cosas. Voy cacheteando ideas y de pronto me crucé la ciudad o me hice cagar la pila de mugre que había en la pileta.</p>
<p><em>Distracción.</em></p>
<p>Me gusta escribir estas cosas porque tengo una memoria de mierda y mañana ya no me acuerdo de nada. Además, tal vez algún día se te dé por leerlas y descubras cómo es este pasado en el que estamos montando guardia por vos. Tu mamá está haciendo un curso de preparto, por ejemplo. Yo fui a dos clases (sólo nos requieren en dos, estamos condenados a ser prescindibles) y la pasé muy bien. Tenés que llevar un par de medias limpias para que no haya olor a pata, entonces te podés tirar en unos almohadones y te pasan videos de partos con gente sonriente y diapositivas de dibujos de úteros. También te llenás de crema, te hacés masajes y ensayás respiraciones, todo con una musiquita de palitos y pájaros y aguita que cae, casi como si estuvieras atrapado en un libro de Osho. Todos los hombres son animales acorralados que no tienen ni puta idea de lo que les espera. Como buenos primerizos creen que la vida es una propaganda y ya van a ver. Cuando me preguntaron cómo era la experiencia tuve que esforzarme para no pronunciar “exorcismo” ni “carnicería” y me limité a sonreír como si hubiera merendado opio. Es parte del show, todos lo necesitamos, la fuerza está en la voluntad.</p>
<p><em>El condicionamiento pavloviano me la agarra con la mano.</em></p>
<p>Hay una chica que va al curso de preparto con el hermano porque el marido está de viaje; el hermano está nervioso y lo reconoce, cosa que me parece muy sana. La señora que nos da la clase tiene una tracalada de alumbramientos en el currículum y yo le estoy quemando la cabeza a tu mamá para que le preguntemos cuánto nos cobra para suplantarme. No creo que podamos destinar ni un peso para gastos extras, así que lo más probable es que veas mi caretón cuando te asomes para conocer qué hay de éste lado.</p>
<p><em>No pasa nada.</em></p>
<p>La ansiedad es rara. Si me cuelgo pensando siento que me trepan arañas de metal por las piernas. Se ha dado la puta casualidad de que justo en los últimos meses salieron más trabajos que de costumbre, todos muy disfrutables. Estoy culo al norte, sí; no tengo tiempo ni para cagar, claro. Pero todo está bien. No descarto que sea éste el motivo de mi disfrute con los platos y los colectivos: necesitamos descansar y esto recién empieza: todavía falta la parte más jodida, que es cuando vos no parás de llorar y nosotros envejecemos un año por noche. Pero en eso no hay que enfocar, cuanto menos lo pensás, más liviano se hace. En palabras de mi tío, “no hay que preocuparse al pedo porque en treinta años las cosas se calman”. A veces llego a la cama y me desplomo junto a ustedes. Caigo como si fuera un mueble y la Niki se ríe porque reboto en el colchón. Tu hermana ya aprendió a imitar mis ronquidos; vos le preguntás cómo hace papá cuando duerme y ella abre la boca y deja escapar un grito similar al que largan los terneros cuando les sacan las bolas. Me hace reír.</p>
<p><em>Acomodar.</em></p>
<p>Están pasando muchas cosas y todas juntas, así que pocas veces tengo tiempo de parar la pelota y mirar. Bailo mucho, es la única gimnasia que hago. Salgo al patio con los auriculares y hago movimientos pélvicos dislocados y con poca gracia mientras mi perra salta para todos lados, loca de contenta. Decir “mi perra” me hace sentir un gordo rapero en una prisión estatal. Es nuestra perra, se llama Senka y no le gusta ladrar. Es un milagro de la genética y yo por ahí la piso sin darme cuenta. Vivo aturdido y hago recreos porque entiendo que en ellos también anida la felicidad. Para mí la felicidad es tocar una guitarra imaginaria que te sale igual que la original.</p>
<p><em>Desconcierto.</em></p>
<p>El mayor problema que tenemos hasta el momento son los celos. Niki está como si se hubiera comido un diablo, se tira al vacío desde lugares altos, nos caga a trompadas en la cara. La paternidad es, esencialmente, una tensión entre la violencia y la baba. No hay escape, el binomio es un vicio y todo lo que quieras cambiar será inútil como silbar bajo el agua. Tengo menos estado que Palestina y menos lomo que un sándwich vegetariano, pero tomo Ginko Biloba, que es un placebo yuyal antioxidante con el que cagás como si estuvieras radioactivo. Quiero creer que me hace bien y me lo clavo a la mañana con el primer café. Estoy leyendo como puedo y escribo sólo para el trabajo. Me salgo de la vaina por terminar un cuento, cualquier cosa que me distraiga, pero me salen cosas como ésta y nada más.</p>
<p><em>Deshoras.</em></p>
<p>Estamos en fecha. Hay marcas de las mordidas del fuego en las Sierras de Córdoba, en los árboles, en los caballitos que te quiero mostrar, en los sueldos y en los sobreprecios. Me desplomo en los sillones y te llamo por tu nombre, porque encuentro placer al ensayar. Imagino viajes en auto con ustedes, discusiones, portazos, menstruaciones, aptitudes, querencias. Bruxamos de noche y no escuchamos los teléfonos ni el timbre. Lloramos con ojos de médula, con labios de pulpa. Simulacros de baño con muñecos, el fantasma de la corriente fría que te hace engripar, las hojitas de eucaliptus girando en el agua sobre la estufa, los mocos, las soluciones salinas, las tetas que llorarán de felicidad.</p>
<p>Creo que tenemos todo listo, pequeña; sólo te pido que no sea hoy, esta noche me toca descansar.</p>
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		<title>Rehabilitaciones discutibles</title>
		<link>http://revistapeinate.com.ar/2008/07/07/rehabilitaciones-discutibles/</link>
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		<pubDate>Mon, 07 Jul 2008 15:38:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filial]]></category>
		<category><![CDATA[Sobre el uso indebido del chupete]]></category>

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		<description><![CDATA[Maldigo la hora en que dije que estaba listo para el tratamiento, porque ahora tenemos en la casa un alma penitente que llora su adicción mientras nosotros bailamos un tango posmoderno entre cuatro paredes. Los días pasan como barridos luminosos, y deshojamos sin ganas el calendario de una rehabilitación fuera de control, casi sin esperanzas. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Maldigo la hora en que dije que estaba listo para el tratamiento, porque ahora tenemos en la casa un alma penitente que llora su adicción mientras nosotros bailamos un tango posmoderno entre cuatro paredes. Los días pasan como barridos luminosos, y deshojamos sin ganas el calendario de una rehabilitación fuera de control, casi sin esperanzas. A esta altura ya no sé qué vino primero, si el sueño malhumorado, la acidez o el bloqueo creativo. Tampoco me molesto en contestarme, porque desde hace quince días sólo me comunico con el mundo a través de gruñidos de distintas intensidades (un “grrrr” es sí, un “GRRRR” es no).<br />
<span id="more-259"></span><br />
El lenguaje se simplifica a la hora de sobrellevar procesos nefastos e interminables, pero eso no sirve para llenar un currículum.</p>
<p style="padding-left:180px;"><em>Nombre completo: AY, JOSÉ.<br />
Estado civil: ATURDIDO.</em></p>
<p>Cada vez que me siento frente al monitor es como si me enterraran en un cofre de telgopor, en lugar de manos tengo dos arañas pálidas y locas que saltan sobre el teclado al ritmo de un mambo incoherente que no me permite cumplir con algunas entregas pautadas. Todo es lentitud, ceremonias tortuosas para que nuestra hija concilie el sueño. Las siestas tienen preludios de una hora de gritos pelados, alaridos desgarradores y pedidos coléricos.</p>
<p style="padding-left:180px;"><em>Publicaciones como autor y coautor: VAYAN A TOMAR POR EL CULO Y OTROS BREVES RELATOS.</em></p>
<p>Lo más fácil, claro, sería abrir la heladera, sacar <em>Eso</em> y mandar el tratamiento a la mierda. Yo soy el monarca del Principado del Facilismo, cuanto menos cuesten las cosas, mejor. Así he perdido trabajos importantes y amistades verdaderas y nunca me he quejado. Hasta hoy:</p>
<p>—No, hija. No te puedo dar <em>Eso</em>.</p>
<p>Los compromisos me aterran. Soy de los que se pasan horas frente a un papel antes de firmarlo. Cuando mi mujer me propuso echarle una mano a la pinina con esto de su adicción, tuve que armarme de valor y por primera vez, no mostrarme cobarde:</p>
<p>—¿Estás listo, estás seguro?</p>
<p>—Sí, claro.</p>
<p>Entonces fuimos hasta la habitación y hablamos con la pequeña, le explicamos que era el último día, que la ayudaríamos a terminar con su dependencia, porque eso es mucho mejor.</p>
<p>Y sin embargo, por alguna razón, <em>Eso</em> sigue estando ahí, al alcance de la mano, como si fuera una jeringa sedienta sobre una cuchara oxidada que se calienta con un encendedor, como si fuera una línea de cristales blancos a punto de tomar vuelo hacia el canuto enrollado de un billete.</p>
<p>La paranoia me dicta que tal vez esta prueba tenga una doble función: a pesar del pacto preexistente, yo me dejo caer en el suelo frente a la heladera y me tiento con hacer trampa a cada rato. La carne es débil.</p>
<p style="padding-left:180px;"><em>Cargos de gestión académica:<br />
PRESIDENTE DEL COMITÉ “SEÑORES QUE DORMITAN EN UN SILLÓN”.</em></p>
<p>La gente que me conoce ya no me reconoce. Perdí algunos kilos y lo que antes tenía por sonrisa ahora es una mueca horrible que hago mostrando los dientes. Mi mujer trabaja doble turno y yo he firmado contrato para volver a cumplir tareas supervisado por jefes. En ese frenesí nos hacemos tiempo para atender a nuestra pequeña alma penitente. Las siestas son horribles, sí, pero la noche es lo peor: hay cabriolas, llantos, patadas y toses que a veces terminan en vómitos.</p>
<p style="padding-left:180px;"><em>Actividad profesional que desempeña: ENFERMERO EXISTENCIALISTA CON LOS HUEVOS ESTRANGULADOS POR LA PRESIÓN.</em></p>
<p>A todo el mundo le gusta reflexionar sobre la paternidad. Hay cada pelotudo teorizando al respecto, que dan ganas de llorar. Donde quiera que vaya me cruzo con pseudo expertos, huevones con tesis y estudios de campo, empiristas, funcionalistas, gente de izquierda y Kirchneristas. Todos saben más que vos, siempre.</p>
<p>—Los chicos son todos iguales, no hay que darles mucha bola.</p>
<p>O:</p>
<p>—Una buena pateadura a tiempo les ahorra dolores de cabeza más adelante.</p>
<p>Lo cierto es que ninguno vuelve a una casa donde los vidrios cimbran, ninguno tiene los nervios destrozados. Nosotros la vemos a <a href="http://joseplayo.blogspot.com/2008/07/story-line.html" target="_blank">Ingrid</a> y lloramos, abrimos el botiquín y se nos caen los mocos, nos tocan bocina y pedimos perdón.</p>
<p style="padding-left:180px;"><em>Experiencia docente: QUIERO QUE ME ENSEÑEN A NO ASESINAR</em>.</p>
<p>A veces, cuando una somnolencia me embriaga y termino haciendo reverencias sobre los libros, pienso en la ciudad. Córdoba sigue desdoblándose del otro lado de mi puerta, la gente taconea el centro esquivando puestos ambulantes, depositando cheques, oliendo cartoncitos con muestras de perfume, ladrándole a los celulares, dejando caer limosnas.</p>
<p>Que las vidrieras se encarguen de grabar las máscaras de los que están haciendo funcionar el mundo. Que los que pelean, peleen. No hay mucha diferencia entre las batallas que unos y otros libramos: allá ustedes haciendo que palpite el músculo del orbe; acá, en barrio Parque Capital, a diez cuadras de la ruta, a mil kilómetros del descanso, nosotros libramos una contienda modesta e improvisada, pero que creemos, también, indispensable.</p>
<p>El resto es historia, mi estimado.<br />
<span style="color:#ffffff;">.<br />
.<br />
.<br />
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.<br />
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		<title>Carta a futuro</title>
		<link>http://revistapeinate.com.ar/2008/05/30/carta-a-futuro/</link>
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		<pubDate>Fri, 30 May 2008 06:43:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filial]]></category>
		<category><![CDATA[Misivas filiales]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando ya tengas edad de escupirle correos al tonto que te robará los “te extraño”, todo esto que te escribo sonará todavía más cursi que hoy, que es invierno y es un año perdido en el pasado. Es 2008, niña. Para que te ubiques, había unos quilombos bárbaros entre el gobierno y el campo, en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando ya tengas edad de escupirle correos al tonto que te robará los “te extraño”, todo esto que te escribo sonará todavía más cursi que hoy, que es invierno y es un año perdido en el pasado.<br />
<span id="more-223"></span><br />
Es 2008, niña. Para que te ubiques, había unos quilombos bárbaros entre el gobierno y el campo, en casa todos teníamos tos por un invierno que llegó con retraso, a tu hermana se le soltó la lengua y ya no quisimos detener esta verborrea de vocablos atropellados.</p>
<p>Tal vez ya seas grande para cuando puedas entender esto. Me gusta imaginar que dirás “mi viejo estaba al pedo y escribía un blog mientras buscaba trabajo”. Me gusta pensar también que dirás eso en inviernos futuros que te sorprenderán ensayando fumatas con el vapor de tu aliento cálido.</p>
<p>Acá en el pasado todavía estamos estrenando siglo y casa. Gracias a tu madre, una lectora compulsiva de Avisos Clasificados, conseguimos una que nos gusta y es cómoda. Sale más barata que el resto porque el frente no está terminado. Está buena, pasamos desapercibidos en una cuadra llena de parejas jóvenes con casas inconclusas e historias repetidas en los mismos patios.</p>
<p>Formar una familia, creo, es no dejar de pelear nunca por lo mismo que no sabemos que estamos buscando. Te sugiero que tomes nota de esto: cuanto más fácil parezca algo, más ruido hará cuando se rompa y no puedas arreglarlo. Las cosas que se disfrutan cuestan una barbaridad. Hacerle entender a tu madre que si me olvido de algo es porque soy artista, es un claro ejemplo. Ahora ella compró un pizarrón en el que me deja anotados los mensajes: citas con el médico (un señor que tiene un aparato antiguo con el que te espiamos por un televisor en blanco y negro), fechas importantes, cosas que tengo que traer del súper cuando voy a buscar Coca-Light.</p>
<p>Todo es tan viejo y obsoleto en este 2008 que ha pasado. ¡Pizarrones con notas! ¡Qué antigüedad!</p>
<p>Tu tío trajo un narguile, pero no puedo usarlo. Nuestra convivencia depende en gran parte de cuánto humo deje yo fuera de la casa, y está bien que así sea, ustedes son muy chiquitas todavía como para andarlas fumando. Esta norma humística se aplica con igual rigor para el hogar donde quemamos leña que viene de El Chaco. Tenemos una puntería fenomenal para alquilar casas con sistemas de calefacción de antaño; antes fue una salamandra diabólica, ahora es un hogar nostálgico. Delante de las llamas oscilantes escribo y leo y como maní salado. O tomo Fernet con Coca y pienso en tu futuro, uno que no he programado.</p>
<p>Niki, tu hermana, empezó la guardería. Tu mamá está haciéndole creer que se llama “colegio”, y la condiciona para que asocie las actividades lúdicas con el deber, cosa que me parece muy bien. A mí me tomó ocho años terminar el <span style="text-decoration:line-through;">puto</span> maldito secundario, así que estoy de acuerdo con trabajar para que a ustedes les cueste un poco menos desde temprano.</p>
<p>Tu mamá es psicóloga y encima es inteligente. Yo, porque la quiero y por las dudas, le hago caso.</p>
<p>Papá es feliz. Anotálo. Acaba de publicar su tercer libro y ahora mismo está escribiendo el programa de una materia que tiene que empezar a dar en julio. Aunque no tenemos el techo lleno de manteca, sabemos que vos dormís arrebujada en el brillo de un televisor que transmite un programa de religiosos brasileros que exorcizan al diablo y entonces todo está bien.</p>
<p>Un padre no puede pedir nada más que eso para ser feliz: que en el tele haya tres tipos de camisa y corbata sosteniendo a una gorda que aúlla una mezcla de arameo y dialecto de Villa Lugano.</p>
<p>—<em>Saca el demonio deische cuehpo</em> —dice uno de ellos, micrófono en mano.</p>
<p>—<em>SAAATAAAÁN ME TIENE EN SU PODER</em> —responde la mujer con el rostro desencajado.</p>
<p>Y vos y tu mamá y tu hermana están quietitas ahí, roncando.</p>
<p>Hoy papá fue al centro después de ver un documental sobre los 39 años del cordobazo. Caminó las calles en sepia evocando la pasión de quienes hicieron algo para que a todos se nos acomodara el pasado. Supongo que es propio del hombre, esto de construir. Y espero que allá en tu futuro la gente no caiga muerta en las paradas de colectivo como en este 2008 del carajo. Dos por tres ponés la pata en la vereda y el señor que estaba por subir se va al suelo, fulminado. Ambulancias, gritos, correrías. Nos hemos insensibilizado tanto que ya todos pasamos de largo.</p>
<p>A veces papá camina estas calles cuando ya no queda luz. Siempre va apurado. Lo primero que cambia en la vida de un padre es que no vuelve jamás a caminar despacio. Hay que hacer todo rápido: chuparse un café en la editorial, visitar la librería de Martín Balbo, saludar a los abuelos, comprar praliné y regalarlo.</p>
<p>Cuando sos padre, los colectivos te dejan olvidado en las paradas, donde te abrazás sin esperanzas a los caños mientras el precio del cospel se va al carajo. A mí nunca me gustaron mucho los niños, ¿sabés? Ustedes gritan demasiado, hacen berrinches, rayan los cds y escriben sobre los libros que compramos.</p>
<p>La paternidad confunde, pequeña. Como padre, corrés el riesgo de enamorarte locamente de tu ciudad, porque acá están cerquita las veredas que galopaste con una pelota bajo el brazo, y es muy tentador esto de querer repetir los experimentos que resultaron.</p>
<p>La paternidad te hace escribirle cartas a los hijos nonatos, te hace anticipar la ecografía del cuarto o quinto mes, en la que te confirmarán que será una niña y al fin podrás anotarla con el nombre por el que venís peleando.</p>
<p>Dejo constancia, bebé: decidir cómo ibas a llamarte fue una de las cosas más difíciles de este 2008 alocado. Pero es parte del juego que jugamos, donde hay mucho calendario deshojado con cariño.</p>
<p>Te veo en octubre. Ya tendremos tiempo de hablar bien sobre todo esto. Ahora es tan temprano&#8230;</p>
<p style="text-align:center;"><a title="Votar Anotación en Bitacoras.com" href="http://bitacoras.com/votar/anotacion/externo/favicon/revistapeinate.wordpress.com/2008/05/30/carta-a-futuro" target="_blank"><img class="aligncenter" style="border:0 none;vertical-align:middle;" src="http://bitacoras.com/images/agregador/bitacorascom16x16.gif" alt="Votar" /></a><em><a title="Votar Anotación en Bitacoras.com" href="http://bitacoras.com/votar/anotacion/externo/favicon/revistapeinate.wordpress.com/2008/05/30/carta-a-futuro"><br />
</a></em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Aprovecho el espacio<br />
para agradecer a Patricio<br />
de <a href="http://www.hablandodelasunto.com.ar/?p=526" target="_blank">Hablando del Asunto<br />
por su post</a>.</em></p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>Los miedos mínimos</title>
		<link>http://revistapeinate.com.ar/2008/04/30/los-miedos-minimos/</link>
		<comments>http://revistapeinate.com.ar/2008/04/30/los-miedos-minimos/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 30 Apr 2008 18:14:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cosas]]></category>
		<category><![CDATA[Cotidianas]]></category>
		<category><![CDATA[Filial]]></category>

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		<description><![CDATA[Habiendo cumplido 33 años, sabrás que no has madurado un sorete cuando no puedas empuñar una perforadora sin pensar que se trata de un arma futurista sofisticada. Con uno de estos aparatos, no importa la mecha que me pongan, no paro más: paredes, muebles, pisos, azulejos, baños: todo lo hago mierda, todo lo lleno de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Habiendo cumplido 33 años, sabrás que no has madurado un sorete cuando no puedas empuñar una perforadora sin pensar que se trata de un arma futurista sofisticada.<br />
<span id="more-206"></span>Con uno de estos aparatos, no importa la mecha que me pongan, no paro más: paredes, muebles, pisos, azulejos, baños: todo lo hago mierda, todo lo lleno de tacos de plástico y tornillos, y mi mujer me llama y yo voy corriendo con un prolongador, llego hasta ella y le digo:<br />
—¡Atrás!<br />
Entonces acciono la función percutor (o algo así) para que la mecha se meta bien y tiemblen las paredes. Después fumo en la vereda con la cara llena de polvo de ladrillo y las manos magulladas.<br />
Estamos haciendo mierda la casa nueva, pero va a quedar bien.<br />
Compré unos clavos muy grandes para colgar los cuadros pero no le dije nada a Natty, quiero que sea una sorpresa el tamaño de los cosos que enterré en la pared cuando nos vayamos de acá y bajemos los adornos.<br />
Estamos los tres resfriados, llenos de mocos, cansadísimos, hartos de las bolsas y las cajas.<br />
El lunes a la una y media de la tarde tengo que ir a Canal Diez a promocionar mi libro en el programa de la Poletto. No quiero pensar mucho en ello porque estoy como con una alergia subcutánea que me tiene los huevos llenos y sé que es todo nervioso. Mi mujer lo encuentra terriblemente cómico y yo no le veo la gracia.<br />
La casa no tiene mucho patio, por ejemplo, y ella quiere fletar a la perra al negocio de mi suegro.<br />
No es la misma, ella. La mudanza y el embarazo la han cambiado y la desconozco.<br />
Tengo miedo.<br />
Me niego a que me dejen sin la única compañera incondicional de fumatas en el mínimo patio, y entonces la saco a pasear con cara de &#8220;me encanta pasear el perro&#8221;.<br />
Nadie me lo cree. Ayer dimos un paseo más largo de lo habitual por ser el día del animal. Es algo personal, un tire y afloje con el que pretendo demostrarle a mi chica que puedo cumplir una promesa que hice hace dos años (de pasear la perra seguido).<br />
Pueden encontrarnos a mi mascota y a mí de cinco a seis en el Parque de La Vida, huyendo de una jauría de perros. Sé que nos van a terminar alcanzando. Sólo rezo para que se conformen con someter su culito canino y no el mío, fruncido y paranoico.<br />
Todo es tan nuevo, todo es tan raro.<br />
No sé qué hago en esta casa, pero estamos más cómodos y queremos que todo salga bien. No me voy a poner en filosófico-pelotudo porque se me acaba el tiempo en el cyber y a mi lado hay un muchacho con una gorra marrón que se hace el que chequea los mails y me mira lo que escribo.<br />
¿En qué nos hemos convertido?<br />
¿Debería drogarme antes de ir a lo de la Poletto?<br />
No me gusta la televisión. Todo sea por mi libro.<br />
Les dejo un abrazo grande, no sé en qué andarán ustedes, pero el espacio a continuación es, justamente, para que me cuenten eso.</p>
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		<title>Secuencias de otoño</title>
		<link>http://revistapeinate.com.ar/2008/04/17/secuencias-de-otono/</link>
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		<pubDate>Thu, 17 Apr 2008 04:55:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cotidianas]]></category>
		<category><![CDATA[Filial]]></category>
		<category><![CDATA[Postales de otoño]]></category>

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		<description><![CDATA[Abril es un viaje en colectivo con las ventanillas abiertas, papeles que se vuelan, estornudos como regaderas, una chica con botas que me clava el taco sin querer en el meñique mientras la armónica de Dylan se me sale por las orejas. El pasajero que tengo al lado, un viejito de bufanda, se queja. Detrás [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Abril es un viaje en colectivo con las ventanillas abiertas, papeles que se vuelan, estornudos como regaderas, una chica con botas que me clava el taco sin querer en el meñique mientras la armónica de Dylan se me sale por las orejas.<br />
<span id="more-201"></span>El pasajero que tengo al lado, un viejito de bufanda, se queja.<br />
Detrás de estos anteojos oscuros nadie sabe que voy escribiendo obituarios de almíbar para las amistades muertas. Ni los jóvenes que pegan los mentones al pecho y simulan sueños de estrategia.<br />
La gente sube y baja en cámara lenta.<br />
—¿Va para <acronym title="Argüello, populoso barrio de la capital cordobesa, pronunciado en cordobés"><em>Aaargüeio</em></acronym>?<br />
—Ni cerca.<br />
Abril es la recta final de un contrato de alquiler sobre el que queremos poner la firma con violencia; la posesión de una casa con fachada incompleta, revoque grueso, tres dormitorios, un calefactor, un hogar a leña.<br />
Daremos de baja los servicios, volveremos a la Edad Media.<br />
Treinta y tres años, una botellita de Coca de uno con cincuenta, el sobaco lleno de carpetas. Dictarle excusas al celular mientras rodamos sobre los puentes y las avenidas, esquivando los semáforos y las aceras.<br />
—Córdoba es hermosa. Deberías conocerla.<br />
Abril es dos colectivos por día -dos de ida, dos de vuelta-, es una tracalada de entrevistas imperfectas.<br />
En abril ensayamos mudanzas que no molestan y nos ensañamos con los libros que no ponen las cartas sobre la mesa: ya no queremos literatura, necesitamos una ventana mínima por la que el sol pueda entrar y encontrarnos cuando los ojos se nos despegan.<br />
Abril, otra vez las cajas de la mudanza que nos escarmienta, una panza que nos separa en la cama y a la vez nos acerca.<br />
Voy por las rotondas sobre la fila de la izquierda, asiento individual, quinto lugar, detrás de una nuca cualquiera.<br />
Y si viajo parado las calles me bambolean.<br />
Parado está bien.<br />
La mano firme sobre los caños que me reflejan.<br />
La música de la ciudad por la mañana es un veneno que te cocina empezando por las piernas.<br />
Trepa.<br />
Fachadas que en todo este tiempo han cambiado la mueca, árboles que se yerguen adultos, con robustez nudosa delante de puertas que solía golpear cuando tenía el reloj en la muñeca.<br />
Castro Barros al 50, cuatro almohadones, la historia de una fellatio incompleta. El motor que pelea por colarse dentro de las orejas.<br />
Los viajes en colectivo son los padres putativos de las mejores ideas, aunque nos embargue el equilibrio cabalgar con ellas.<br />
Puertas que se abren y escupen espectros sobre las aceras.<br />
Pedacitos de plástico, pergaminos diminutos amasados de impaciencia.<br />
Me trepo a los colectivos de abril agachando la cabeza.<br />
Busco sin saberlo al viejito con maletín de médico que supo venderme en cada viaje del pasado las porquerías más diversas.<br />
Estará muerto, me digo. Junto al chofer hay una caja de turrones viejos que sirve de lápida para el desaparecido colega.<br />
La vida es un proyecto de relatos escandalosos que viajan bajo el sol con los árboles barridos en la vereda.<br />
Suelos de goma, asientos con molde para formar culos, apretones y empujones en los semáforos, bultos que se estacionan sobre las hombreras. Los rostros amanecidos y hechos mierda.<br />
Abril, mi hija ya sabe que estoy detrás de la puerta, ya dice papá y se divierte pateándome entre las piernas.<br />
La paternidad es un dolor de huevos que nos deja de rodillas, una sonrisa mientras nos mordemos la lengua.<br />
Nuestra campaña de cuarto mes en el calendario: erradicar “pelotudo” y sembrar “pelonfái”, por mucho que nos guste putear a diestra y siniestra.</p>
<p>Soplarán fríos los vientos sobre nuestras sábanas cuando el invierno meta la lengua por nuestra ventana abierta.<br />
Nos sorprenderá por la tarde trocando el chupete por un Palito de la selva.<br />
Al fondo habrá más lugar por la mañana.</p>
<p>El mundo, el calendario, los colectivos, nosotros,</p>
<p>con nuestros muertos y nuestros dilemas<br />
seguiremos<br />
dando<br />
vueltas.<br />
<span style="color:#ffffff;"> .<br />
.<br />
.<br />
.</span><br />
<strong>Tags Bitácoras</strong>: <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/breve+relato+poético+ante+la+inminencia+de+la+mudanza">breve relato poético ante la inminencia de la mudanza</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/aunque+ya+conseguimos+casa">aunque ya conseguimos casa</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/todav�a+falta+firmar+el+puto+contrato">todavía falta firmar el puto contrato</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/y+eso+nos+hace+pensar+en+poes�a">y eso nos hace pensar en poesía</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/porque+la+incertidumbre+es+poes�a">porque la incertidumbre es poesía</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/no+me+vengan+a+joder+con+que+no">no me vengan a joder con que no</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/peinate+que+viene+gente">Peinate que viene gente</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/peinate">peinate</a><br />
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		<title>Setecientos días después</title>
		<link>http://revistapeinate.com.ar/2008/03/04/setecientos-dias-despues/</link>
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		<pubDate>Tue, 04 Mar 2008 22:48:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filial]]></category>

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		<description><![CDATA[Setecientos días después y otra vez haciendo circulitos en las páginas de los clasificados. Aunque sabemos que es inútil: no hemos dejado en todo este tiempo de llamar para preguntar por las casas detrás de los carteles, y con cada consulta que hacemos, parece, fomentamos el incremento de billetes sobre un precio al que ya [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Setecientos días después y otra vez haciendo circulitos en las páginas de los clasificados.<br />
Aunque sabemos que es inútil: no hemos dejado en todo este tiempo de llamar para preguntar por las casas detrás de los carteles, y con cada consulta que hacemos, parece, fomentamos el incremento de billetes sobre un precio al que ya no llegamos.<br />
—Lo que buscan, de mil para arriba.<br />
—Mmmm… Lo pienso y lo llamo.<br />
<img src="http://revistapeinate.files.wordpress.com/2008/03/camuflage.jpg" alt="ilustración de un post viejo, reflotada" style="margin-right:15px;margin-top:10px;margin-bottom:5px;" align="left" border="0" />Otros barrios, otras calles, la historia se repite. Deambulamos ampliando el recorrido cuando vamos a la panadería o a la farmacia, y damos amplios rodeos por calles que hace meses no transitamos.<br />
Estamos estudiando y repasando.<br />
Las fachadas se suceden en un calidoscopio lento y satánico. Cada tanto dejo caer el culo en una verja y apunto en mi cuaderno algún dato. Me he convertido en un detective al que no se le escapan los jardines delanteros con el pasto alto, las persianas cerradas, los papeles acumulados en los buzones, la tierra y los excrementos en las puertas de los extraños.<br />
<span id="more-183"></span> —¿No sabe si la casa del lado se alquila?<br />
—Nooo, yo no sé nada. Váyase o llamo a la policía.<br />
Tal vez yo ya esté loco y no me he dado cuenta. Me lo digo cuando traspongo cercos y rejas bajas, cuando camino en silencio y me paro en los portales y, con los ojos alineados en los huecos entre las maderas de las persianas, respiro el profundo aroma del hogar abandonado.<br />
Anoto: “Living grande = sistema blotting en la pared sobre el zócalo = humedades que vienen desde abajo. <u>Negociar con la humedad</u>”.<br />
Y esto último, subrayado.<br />
Solamente un tarado hace eso. La locura crece en un frenesí que te convierte la cabeza en un ábaco. Fingimos dormir y fingimos cagar, cuando en realidad estamos sacando créditos virtuales con recibos de sueldos prestados.<br />
Setecientos días después y empezás a jugar al Rummie de los sin techo, al Burako de la clase media que fuma en un patio y hace operaciones inmobiliarias imposibles con los dedos de la mano.<br />
—Tienen un hijo en Italia, pero a la señora la internaron, así que tendría que hablar con el chico que es el que maneja todo desde allá.<br />
—Gracias. Buenos días.<br />
Viejas casonas aplastadas por el tiempo, con las paredes ocultas detrás de enredaderas voraces que trepan para arañar los vidrios rotos de las ventanas. Soñar con tejas sueltas, con domicilios donde ocurrieron crímenes espantosos que abaratan muchísimo los costos. No tener problemas en compartir habitaciones con espectros, o desayunar en la cocina con los fantasmas torturados.<br />
Apuntar en el cuaderno “Alquilar una <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Casper" target="_blank"><i>Casper</i></a>”, saltar las tapias, invadir domicilios, correr riesgos innecesarios. Aprovecharse de la miseria del otro, de la mala fortuna del prójimo, del miedo a los muertos y a los condenados; jugar un Quini6; camuflar la desesperación con maquillaje de rutina mientras los días siguen contando.<br />
—Andaban mal, ellos. Parece que tienen muchas deudas… él se dio al juego y a la bebida, creo que terminó preso…<br />
—Ajá. ¿No sabe en qué cárcel puedo ubicarlos?<br />
La vileza, el derrumbe, los ladridos de un perro abandonado a la buena de un dios inmobiliario en el vientre de un patio lejano. Mail a todos con asunto “buscamos”. Sopesar las oportunidades de que Jeffrey Dahmer, John Gacy o Charles Manson hayan vivido en este barrio.<br />
—No conozco a ningún <i>Clacy</i>, señor.<br />
—Gracias de todas formas.<br />
Los huevos sitiados por tarjetas personales de los vendedores que nos llenan los bolsillos. Repetir la ceremonia de seguir a jóvenes de traje cuyas voces reverberan en habitaciones vacías.<br />
Llega un punto en el que todo se resume a esquivar cucarachas muertas en el piso mientras tus pasos retumban en habitaciones sin vida, tomando datos.<br />
—Salvo el detalle de las paredes y el techo, es una casa muy cómoda y el barrio es muy seguro.<br />
—¿Por qué los alambres de púa en el patio si es tan seguro el barrio?<br />
—Te averiguo y te llamo.<br />
Paranoicos, locos, borrachos, golpeadores, drogadictos, despatriados, shaolines, niños mimados con ahorros acabados. Quiero la dirección de todos ellos, todas las formas de pago.<br />
Setecientos días después, volver de las vacaciones y empezar a descolgar los cuadros, embalar los libros, desclavar las repisas, bostezar de pie en el living con la mirada anclada en la lista de cosas que vamos a olvidarnos.<br />
—¿Y si buscás un trabajo fijo? Por ahí, con más plata…<br />
—Estoy en eso.<br />
Recuperar los viejos contactos, abrir los diarios y anotar cientos de números telefónicos, miles de celulares, interminables listas con abreviaturas para:<br />
—Tres dormitorios / baño / cocina / living / patio.<br />
—Fuá.<br />
—Mil cuatrocientos. Dos meses por adelantado.<br />
—Uh…<br />
Setecientos días después, ¿y si nos vamos a vivir al campo?<br />
—Es lejos, pero no tanto. Y es mucho más barato.<br />
—Mmmm.<br />
¿Una venta de garage en un garage prestado? ¿Quién me comprará las Ñ que guardo? ¿Quién querrá llevarse en una bolsa nuestra vajilla sin estilo, nuestros platos de todos colores y tamaños?<br />
Mi hija nómada y su mamá optimista y yo en el patio que ya no es nuestro, elucubrando.<br />
Debería haber estudiado para otra cosa. Malditas carreras artísticas. Los médicos tienen lindas casas, los abogados tienen lindas casas, y los ingenieros.<br />
Me cago en los cuentapropistas y en los escritores, en los sueños ponzoñosos, en las quimeras. Me cago en Chanquete, que vivía en un barco.<br />
Solo, bañado por la mirada de un perro que resopla salpicando sobre las baldosas una lluvia de gotitas, pienso en el comienzo de todas las novelas, que siempre empiezan con un giro en la vida de un extraño.<br />
En mi ex-casa ha vuelto a crecer el pasto.<br />
Leer “Política y Economía”, anticipar el batacazo, ponerse en guardia, pertrechar alimentos, restringir los gastos.<br />
—Con Cristina se viene el quilombo, este país se va a la mierda…<br />
—¿Cómo saben? ¿Y yo qué hago?<br />
Analistas políticos de cotillón escondidos en los bares detrás de los pocillos y los vasos.<br />
No les temo.<br />
Ni a ellos ni al fracaso.<br />
Argentina es un torbellino cíclico, una centrifugadora que nos exprime hasta secarnos.<br />
Sin embargo, entre vuelta y vuelta, arrugados, tenemos tiempo para reír, para cantar, para tirar una maderita hasta el fondo y esperar que, de una vez por todas, la boluda de nuestra perra nos la traiga y no se nos quede mirando.<br />
Los viejos hábitos son difíciles de romper: por suerte mi mascota está acostumbrada a que yo me viva quejando.<br />
Mi mujer y yo, de alguna manera, amamos reponernos a los sacudones, al parvo virus, al último número en la panadería, a la belleza del desencanto.<br />
Por eso seguimos levantando el teléfono. Por eso seguimos llamando.<br />
—Tres dormitorios, baño, cocina, living, patio.<br />
—¿Anotaste el número?<br />
—Sí. Listo.<br />
—Beso, estás muy linda hoy.<br />
—Dame la mano, sigamos buscando.<br />
<font color="#ffffff">.<br />
.<br />
.</font></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Once meses</title>
		<link>http://revistapeinate.com.ar/2007/11/08/once-meses/</link>
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		<pubDate>Thu, 08 Nov 2007 19:24:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filial]]></category>
		<category><![CDATA[cumpleaños]]></category>
		<category><![CDATA[Ficciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Nota que me pidieron para una revista y que al final no salió. Ilustraciones: Luis Paredes Sospecho que mi hija sabe. Sus ojos enormes nos siguen y la certeza se materializa en su cabecita: falta un mes para su cumpleaños y no hemos organizado nada. Nuestro dilema es un trabalenguas: el primer cumpleaños que le [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><em>Nota que me pidieron para una revista y que al final no salió.<br />
Ilustraciones: <strong>Luis Paredes</strong><br />
</em><br />
<img src="http://revistapeinate.files.wordpress.com/2007/11/luci_2.jpg" alt="luci_2.jpg" /></p>
<p><span id="more-135"></span><br />
Sospecho que mi hija sabe.<br />
Sus ojos enormes nos siguen y la certeza se materializa en su cabecita: falta un mes para su cumpleaños y no hemos organizado nada.<br />
Nuestro dilema es un trabalenguas: el primer cumpleaños que le festejamos a una persona que va a festejar su primer cumpleaños. El margen de error es enorme.<br />
—¿Esto es realmente una familia? —le pregunto a mi mujer.<br />
La duda es un animal que camina sin hacer ruido hasta hincar los dientes en la coraza que nos protege de la culpa.<br />
—¿Somos buenos padres? ¿Estaremos generando un trauma que convertirá a nuestra bebé en un adulto resentido? —pregunto con pesar.<br />
Es que tenemos tantos parientes que han sido víctimas de gruesos errores de crianza y hoy son la cara de culo infaltable en los casamientos, que la perspectiva nos atormenta.<br />
Me juego el mate a que la mayoría de ellos no tuvo un buen primer cumpleaños.<br />
—¡NO PIENSO DISFRAZARME! —declaro, de pie, en el living.<br />
Las máscaras, las túnicas y las pelucas caen al suelo, mudas. Disfrazarse es un viaje de ida. Tengo un tío gordo al que siempre ridiculizan sistemáticamente en las fiestas; es “el tío que siempre se disfraza” y lo será por el resto de sus días.<br />
Y le pesa, ojo. Lo confesó en la soledad de una terraza, con la espalda apoyada en el tanque de agua, un día en el que lo sorprendí cuando subí al techo para acomodar la antena. Sólo se limitó a mirarme, a dejar que esos ojos que tantas veces le dieron vida a las caretas de Batman y de Larguirucho, destilaran la desesperanza plañidera. La botella de ginebra carraspeó, vacía, mientras giraba sobre la capa aisladora.<br />
—Ojalá que nunca te toque —recuerdo que dijo con una sonrisa difusa, producto del pedo que cargaba.<br />
—No pienso disfrazarme —le repito a mi mujer—. Lo último que necesito es crecer y convertirme en el tío Toto.<br />
—Shhh —responde ella.<br />
No estamos solos; está nuestra hija que escucha. Sus ojitos asoman sobre un peluche nefasto que pierde relleno enquilombándonos el living.<br />
Esa mirada, no me jodan, demuestra que sabe.<br />
—…que no pienso disfrazarme para el concurso ese que me contaste —miento para distraerla.<br />
La paternidad me ha convertido en un fabulador patológico, en un artista del engaño, en un David Copperfield sin glamour.<br />
Falta un mes para su cumpleaños y no tenemos más que incertidumbre y malos ejemplos. Los cumpleaños de boludos grandotes como nosotros son diferentes. ¿Globos? Yo no los colgaría para alegrar la vista de seis barbudos que en realidad vienen a verme porque hay cerveza. En las fiestas infantiles, en cambio, esos detalles hacen a la ceremonia. Digo, sin esos detalles, no hay fiesta.<br />
Pensemos en la piñata, una cosa tosca que cuelga deforme desde el techo con el vientre cargado de porquerías, la madre nodriza de los globos, condenada a un palazo que termine su dolor. Y de ahí en más, la torta, los vasos descartables, las velitas, los bonetes, las narices falsas, el griterío infernal de esas gargantitas mínimas.<br />
Soy dramático y quejón por naturaleza.<br />
¿Qué hacen los buenos padres?<br />
Me llevo ese interrogante a la cama, y continúo rumiándolo en la oscuridad.<br />
—No tengo tiempo —declaro.<br />
—¿No tenés tiempo? —repregunta mi mujer.<br />
Sabe que cuando miento y me repreguntan, acabo confesando la verdad.<br />
—Tengo que escribir una nota de veinte páginas para una revista —sigo embarrándome.<br />
Mientras lo hago, aprieto un ojo bien fuerte, a la espera de la estocada final de la verdad, que siempre nos desvela.<br />
—¿Veinte páginas no es mucho? ¿Sobre qué es? —insiste ella.<br />
Si mi mujer volviera a nacer, sería un investigador de casos fraudulentos en una compañía de seguros: puede oler las excusas pelotudas a la legua.<br />
—Es sobre los derechos de los niños, sobre lo que necesitan, sobre la constitución de los hogares, sobre la función del Estado, sobre desarrollarse y convertirse en adultos sanos —enumero.<br />
Se hace un silencio. Recién entonces, una vez verbalizada, comprendo la consigna de la Revista, hasta el momento pensaba que se trataba de explicar sucintamente lo que es un hogar modelo para un niño.<br />
—Nunca entiendo las consignas a la primera vuelta —observo.<br />
—Es un tema muy interesante. Yo soy de las que piensan que en los buenos hogares a los niños se les da lo que necesitan, que no es otra cosa que amor.<br />
—Claaaro —digo mientras volteo la mano en la oscuridad.<br />
—Y soy de las que piensan que los pequeños detalles son los que importan, no los planes grandilocuentes —continúa.<br />
Amo cuando dice esa palabra. Es la única persona que debería tener permiso en este planeta para usarla en mi casa.<br />
—Los pequeños detalles… —repito en voz baja.<br />
—Sí, como un padre que se anime a dejar de lado los prejuicios y que tenga huevos para ponerse, por ejemplo, una careta.<br />
Desde una terraza imaginaria tío Toto parece gritarme:<br />
—¡Cuidado, es el comienzo del fin!<br />
Me dispongo a retrucar con cualquier pavada, cuando las luces lejanas de un auto anónimo barren el cuarto desde la calle y descubren la sonrisa dormida entre nosotros.<br />
¿Qué es una sonrisa? Nuestra hija tuvo sólo once meses para ensayar la suya, y, sea como sea, esta mueca simpática es el mayor logro de la humanidad. Me cago en la rueda y en la imprenta.<br />
De pronto descarto la idea de pedirle a mi cuñada que se haga cargo de todo y que me llame cuando haya que despedir a los invitados. ¿Qué me pasa? ¿Qué siento, además de temor porque mi mujer no es ninguna boluda?<br />
Que estoy en falta. Eso es.<br />
“Debo hacer algo que promueva esta muequita rosada”, pienso.<br />
¿Piñatas? ¿Espantasuegras? ¿Parientes lacios del pedo que se agarrarán a mi cuenta? Acabo de entender que para una foto en la que ella se ría y a nosotros nos falte la mitad de la cabeza, todo eso bien vale la pena.</p>
<p style="text-align:center;"><img src="http://revistapeinate.files.wordpress.com/2007/11/luci_1.jpg" alt="luci_1.jpg" /></p>
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		<title>Licencia</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Jul 2007 04:43:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cotidianas]]></category>
		<category><![CDATA[Filial]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué será de este cuarto de hora que pasamos a la luz de nueve velas cuando se termine julio, cuando llegue agosto, cuando estemos en vísperas de marzo?<br />
Nueve chasquidos sobre la rueda del encendedor para ganar terreno sobre el motor de la heladera que la noche ha silenciado.<br />
Retazos de un martes pasado y pisado.<br />
Que cuando es hora de iluminar la sonrisa de mi pequeña, no mido los gastos.<br />
Yo brego por el brillo monacal que me muestre el dientecito con el que tanto hemos soñado.<br />
Es pequeño y aserrado.<br />
Lo respetamos.<br />
Cucharitas de plástico para la cena, soy un viejo pelotudo salpicado con puré, sonriendo de felicidad por saberme tan afortunado.<br />
¿Qué será de esos ladridos que durante una hora rebotaron contra los vidrios empañados cuando sea otro año?<br />
Besos de noches de martes, fotocopias de retina, un lamparón de recuerdos enfundados.<br />
¿Cómo llegaremos a fin de mes? Me importa tres carajos.<br />
¿Quién ganará las elecciones? Allá ustedes, me tiene sin cuidado.<br />
A mitad de camino entre un libro de muertos y desaparecidos encontrados, las bombillas se apagaron.<br />
Nueve chasquidos sobre la rueda del encendedor y estoy de vuelta enmarcado en la postal más extraña que me ha tocado ver desde que presencié un parto.<br />
Mi familia pequeña al calor de una salamandra, zapatitos pequeños que colgaría de los espejos retrovisores de todos los autos.<br />
¿Mal gusto? Chúpeme usted un huevo, y si no le alcanza, venga y míreme mientras cago.<br />
Este mundo de juguetes regordetes, de pañales pesados, de sueños inquietos y siestas en los brazos.<br />
Qué raro.<br />
Estas mañanas que amanecen tan de repente con una carcajada infantil saliéndose de mi regazo.<br />
Qué extraño.<br />
Estos mediodías a puro babero, estas canciones que voy inventando.<br />
¿Qué sería de mí si antes de dormir no hundo la nariz en tus pelitos despeinados?<br />
Nueve besos sin ruido.<br />
Ensayos de prolijidad sobre la mejilla más hermosa que jamás he besado.</p>
<p>Lindísimos ensayos.</p>
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		<title>Anda un caño</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Jul 2007 16:15:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filial]]></category>

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		<description><![CDATA[A ver, pongamos algo en claro: si me hago un pique hasta las sierras para ver la nieve, ni en pedo me pongo atrás de un colectivo en la ruta. Descarto, por cierto, cualquier vehículo particular; los particulares no tienen onda. De más está decir que ni chupado viajaría mirándole el culo a un motociclista. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A ver, pongamos algo en claro: si me hago un pique hasta las sierras para ver la nieve, ni en pedo me pongo atrás de un colectivo en la ruta.<br />
Descarto, por cierto, cualquier vehículo particular; los particulares no tienen onda.<br />
De más está decir que ni chupado viajaría mirándole el culo a un motociclista. No. Tampoco.<br />
Nosotros, que somos jóvenes y argentinos, que tenemos la sangre sedienta de aventuras, cuando nos echamos un pique hasta las sierras para ver la nieve, viajamos detrás de esto:</p>
<p><span id="more-54"></span></p>
<p style="text-align: center;"><img src="http://revistapeinate.files.wordpress.com/2007/07/tanque.jpg" alt="tanque.jpg" /></p>
<p>Mi mujer ríe. En el asiento del acompañante, ríe. No sé, encuentra gracioso que semejante cosa vaya delante de nosotros, apuntándonos.<br />
—Deberíamos ahorrar para comprar uno de esos —comenta, mientras yo empiezo a preocuparme. Esto es una ruleta rusa militar. Mala cosa.<br />
¿Estos tipos le vaciaron el cargador al pistolón ese? ¿Quién certifica que no van a meterse en un bache que haga que se les escapape un cuetazo? Imagino los destrozos de semejante cañón escupiéndonos una plomada en la cara.<br />
Tengo en la mano una moneda de un peso para pagar el peaje. No se puede uno llevar el dinero a la tumba. Salvo que seas un faraón, pero ni así le veo la gracia.<br />
—Cuando viene uno atrás con las luces altas&#8230; —dice ella, con la cara iluminada por la fantasía vengativa vial—. Imaginate la cara que pondría si lo apuntás con eso.<br />
—¿Se puede salir a la ruta con semejante cañón? —digo—. No es lógico que permitan circular ese armamento, no estamos en guerra, mirá si se les escapa un tiro.<br />
Cuando los adelantamos, uno de los muchachos de boina le guiña el ojo a mi mujer.<br />
Ella sonríe.<br />
Me pregunto si esta persona que tengo en el asiento del acompañante no será parte de una conspiración gubernamental. La miro. Quiero descubrir que es una agente secreta.<br />
¿Y si realmente es una agente secreta?<br />
Un auto que viene detrás me hace juego de luces; está desesperado por pasar, a pesar de que estamos muy cerca del peaje. ¿Adónde va con tanto apuro?<br />
Me hago a un lado. Pasa.<br />
Miro a mi mujer.<br />
¿Y si realmente es una agente secreta? Podríamos conseguir un cañón de esos. Inventaríamos algo y nos lo darían. &#8220;Úsenlo con cuidado, sáquenlo a la ruta sólo si es absolutamente necesario&#8221;, pienso que nos dicen.<br />
Le sonrío.<br />
Me sonríe.</p>
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		<title>La mejor de las drogas</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Mar 2007 04:50:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Playo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filial]]></category>

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		<description><![CDATA[De todas las drogas (naturales y sintéticas), mi hija es la mejor. Los pro-cocaína, que viven en la cuerda estridente de un violín en llamas, desconocen la euforia, la verdadera euforia, de dos puños minúsculos agitados con algarabía en medio de un ensayo de “ajó”. Los pro-faso, los todo bien, no saben lo que es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>De todas las drogas (naturales y sintéticas), mi hija es la mejor.<br />
Los pro-cocaína, que viven en la cuerda estridente de un violín en llamas, desconocen la euforia, la verdadera euforia, de dos puños minúsculos agitados con algarabía en medio de un ensayo de “ajó”.<br />
Los pro-faso, los <em>todo bien</em>, no saben lo que es despertar con 37 grados de carnecita perfumada a tu lado en la almohada, roncando como roncan los ángeles, con los labios ruborizados por un qué me importa.<br />
Los cultores del opio, eternos espíritus anestesiados, no saben lo que es pasear 5 kilos de humanidad perfumada desde una cama a una cuna en puntas de pie, repitiendo en la madrugada el mismo beso entre babas y bostezos primarios.<br />
Los rodillas muertas del chute heroínico, qué saben ellos del latido de las venas cuando las paredes revientan en un llanto arcaico, qué podrían decir de la tranquilidad postrera cuando el respingo se consolida como una desolación.<br />
Mi hija es adictiva como el paco.<br />
Si estoy en la calle y esquivo los bares y sus diarios, no es por otra cosa que por esta abstinencia de piernas regordetas, de cachetes inflados. Esta imperiosa pulsión que me llama desde una sangre oscura que late entre pliegues de enteritos y baberos es más fuerte que la voluntad, más vasta que el delirio.<br />
Cuando mi hija crezca y lea esto, tal vez recuerde los bigotes punzantes que la plagaron de besos ásperos de tabaco y alcohol. Quizá se rasque la cabeza e intuya que el pelo le creció abonado con una saliva profusa que la bautizó con diez millones de apodos diminutivos en calzoncillos y camisón.<br />
Nosotros, mi mujer y yo, seguiremos acá dosificándola todo lo que podamos. Porque sabemos lo cruel que es esta adicción. Porque sabemos que cruzamos la puerta con prisa y hacemos girar la llave con torpeza si regresamos presintiendo un llanto mortificador.<br />
De todas las drogas, mi hija es la mejor.<br />
Lleva consigo la recompensa de un postre edulcorado, la melodía apelmazadota de un carillón, cien paisajes imposibles, un encuentro entre pañales sucios de gorjeos y fruición.<br />
De todas las drogas, mi hija es la mejor.<br />
Es la que promueve los olvidos, los textos como éste, los vuelcos que nos da el corazón.<br />
Feliz tres meses, pequeña.<br />
Te estamos disfrutando como yonkis.<br />
Te estamos disfrutando un montón.</p>
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