Peinate que viene gente


Revista Orsai: el asunto sos vos

Supe de la existencia de Casciari a mediados de esta década, cuando los diarios ponían periodistas desorientados a escribir notas sobre el fenómeno de los blogs. Entre las cosas que se decían (el blog venía a matar a los libros, a los viejitos que cruzan con lentitud las calles, a los pandas), el nombre de Hernán brotaba titular de por medio. La noticia era que un joven argentino se había disfrazado de mujer en España, para parir un género literario nuevo: la blogonovela.

¿Quién era este señor que no vendía poemas aburridos a la luz de las velas, ni tediosas novelas de ranking baldías de emoción? ¿Por qué se juntaba gente alrededor de un fogón virtual para disfrutar del placer de contar historias? ¿Cómo era eso de regalar literatura envuelta en jamón crudo para cosechar lectores donde no los había?

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Los niños dicen siempre la verdad

Diálogo en el auto. Niki va pensativa mirando por la ventana:
—¿En qué pensás, hijilla?
—En vos...
—Ay, pini, qué lindo que pienses en papá, me hace sentir que...
—¡No! ¡En vos lai íe!
—Ah.


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Peatonales de Górdoba

Diez y media de la mañana en el centro de Córdoba. El sol cuece la peatonal a fuego lento mientras cientos de personas apagamos las baldosas con pasos amargos y negros. La ciudad se camina con prisa para llegar a ninguna parte.

Antes de la esquina de Rivadavia y 25 de Mayo, frente a un quiosco de revistas, un grupo nutrido de transeúntes se subleva. La coreografía rectilínea del absurdo ya no es un flujo de ida y vuelta, algo hace que la gente se detenga y se arremoline desordenadamente.

Algunos se llevan los anteojos de sol a la frente, otros se ponen en puntas de pie. No llego a ver de ver de qué se trata, pero escucho las voces de los protagonistas, crispadas y subiendo de tono a medida que las frases se apilan unas sobre otras.

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Crónica de endrogada matinal

Llegué a la guardia caminando como Frankenstein, saqué número y esperé. Pronto me llamaron, entregué el carné y me fui a buscar el consultorio, perdido en un pasillo atestado de gente hecha mierda. Ubiqué una butaca libre para acomodarme. A mi lado había una chica joven en silla de ruedas. Estaba con el marido, que le sobaba los hombros. La chica sostenía la cabeza con una de sus manos y con la otra se golpeaba el muslo. Le decía a su pareja:

—No te banco, Javier. No te banco.

A mi lado había una señora con olor a naftalina. Intentó dos veces darme conversación, pero después de haber dormido un par de horas con la espalda hecha un nudo, no suelo responder muy bien.

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Algo tuyo

Tomó con delicadeza la pelusa de su ombligo y la observó. Con la otra mano quitó los pelos negros que habían salido con ella, después la puso en un frasco de vidrio del armario. Se bañaba cada tres días con exactitud, tiempo calculado para que la pelusa creciera obteniendo el tamaño adecuado. Había descubierto que en menos días no tomaba consistencia y, pasado ese lapso, la pelusa disminuía en volumen y se apelmazaba.

Tres días hacían falta para estacionarla.

Tenía siete frascos con bollitos de todos colores. Ruly, con más de ciento cincuenta kilos de humanidad, estaba obsesionado con las pelusas… y con las mujeres. Pensaba que la única manera de entender lo segundo era coleccionar revistas porno. Su favorita era Piernas de Infarto.

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Dormir y soñar

Las niñas duermen. El interés por la lectura ha comenzado a dar sus frutos: no conciben entregarse al sueño sin antes escuchar alguna historia. Tienen, claro, sus preferencias. Lulú está obsesionada ahora con La Bella y la Bestia y a Niki le fascina un cuento que se llama La verdadera historia de los tres cerditos y el lobo (el lobo cuenta su verdad y despeja las dudas: hizo lo que hizo, no porque es un terrible hijo de puta, sino porque no puede pelear contra su instinto).

Si no escuchan cada renglón, cada frase, no se relajan. Y sus ojitos vagan por el techo mientras le ponen imágenes a las palabras. Después, satisfechas, se duermen.

Siempre me ha interesado la relación que las personas tenemos con el sueño. Así como algunos gozan del privilegio de una actividad onírica prolífica, otros entendemos esto como un trámite. A excepción de las contadas ocasiones en las que nos perturba la materialización vívida de una teta o el fatídico brete (casi pongo bretel) de una pesadilla, hay un montón de nosotros que casi no soñamos nada.

Yo, por ejemplo, sólo sueño con tres cosas: una casa que no existe, una conversación con un muerto y algo que no me animaré a escribir nunca.

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Diez predicciones científicas sobre Facebook

De acuerdo al estudio de un montón de científicos que se pusieron a hacer encuestas, cálculos y exceles, estas son las diez cosas que ocurrirán con Facebook en los próximos años:

1) Eventualmente, se superará la capacidad de cinco mil amigos por persona. Al pedo, pero se superará.

2) Facebook cotizará en bolsa como ninguna otra empresa: habrá clínicas para rehabilitación de facebookers (feizbuqueros) y haremos manifestaciones céntricas porque Facebook paga bajos sueldos, no arregla los baches de las calles hechas mierda y el transporte y la educación dan ocote.

3) Facebook sacará un navegador, un sistema operativo, un GPS, una línea de vibradores y una marca de fasos. Google irá en picada y terminará siendo como Altavista, Audiogalaxy o CJ.

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Preguntas sin respuestas

Un señor viejito que tropieza en la calle, ¿cae de maduro?

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Madrugadas impredecibles

A las cuatro de la mañana mi hermano me despertó sacudiéndome los hombros. Me pedía entre susurros que no levantara la voz. Me despabilé de inmediato, pero él seguía zamarreándome como si estuviera electrocutado. Tuve que empujarlo para que me soltara. Me senté en la cama y lo miré:

—¿Qué pasa, boludo?

—Hay alguien abajo.

El miedo de Pablo me contagió enseguida. Fue como si el exudado gélido de su temor me salpicara en la oscuridad. Empecé a bajar de la cama:

—¿Y el papá?

—Bajó también, pero todavía no volvió.

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The doors of perception

¡Que Twitter y sus 140 caracteres la sigan chupando! ¡Que Twitter y sus 140 caracteres la sigan chupando! ¡Que Twitter y sus 140 caracteres

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Tres estilos terapéuticos

El primer terapeuta al que visité tenía barba, anteojos, y un consultorio que parecía un museo de ciencias naturales. Fui dos veces. En la entrevista de presentación, antes de sentarme, me puse a ver los animalitos disecados que tenía sobre una repisa (había un quirquincho, algo parecido a un águila y un castor). De reojo vi que él tomaba notas en una libretita.

—¿Le interesan los animales? —quiso saber.

—Msé.

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Rapid eye movement

De niño solía fantasear con la idea de que por una hora el mundo entero se paraba; todos quedaban congelados y el único que podía andar a sus anchas era yo. Recuerdo que me veía a mí mismo entrando y saliendo de las jugueterías con bolsos cargados que arrastraba luego —con visible dificultad— hasta mi casa. Hoy sigo soñando con lo mismo, pero reemplacé las jugueterías por bancos y financieras.

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Tres crueldades pasatistas

Mi hermana nació dos años antes que yo. Mis padres querían un varón y eso, creo, le complicó un poco la vida. Apenas terminó el secundario, Pili se puso de novia con un rastafari. A mi viejo lo ponía verde ver que el rasta (Gregorio, se llamaba) cayera a casa con los ojos raspados y asaltara con tanto descaro la heladera.

—¡El hijo de puta me come los fiambres! —le decía a mi vieja.

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Sin Anabell en la cama

Ya no estás, Anabell, en la orilla de la cama; ya no veo tu negro pelo cayéndote por la espalda, ni los rosados dedos de tus pies debajo de tus nalgas blancas.

Vacío quedó tu rincón, ése que a golpes de enojo la noche de anoche vi que te forjabas; me enseñaste a descreer de las bondades
de la voz baja.

Ya no estás, Anabell, en este lecho vasto y pálido que se puebla de arrugas insignificantes bajo el peso solitario de mi espalda.

Embriagadas las sábanas, testimonia la tela la ausencia desenmascarada: ya no pasean entre las almohadas tus tobillos, tu cuello, la piel que aprendí a recorrer sin prisa
mientras te amaba.

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Boludo grandote

grandes revelaciones del boludoDos indicios de que, ya con 35 años, no has madurado un sorete…

1)
No podés escuchar estas palabras sin esbozar una sonrisa estúpida:

Bergamota // Culinario // Parangón // Nitrato // Toronja // Porongo // Oligarca // Anales // El apellido Orgás Morales // Apoyar // Mover // Chupar // Tubo // Miembro // Órgano // Salchichón primavera // Manguera // Palo // Caño // Bulto // Paquete // Berenjena // Banana // Palanca // Miembro honorario // Envergadura //
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Actitud Peinate 37


La evolución de una enfermedad nefasta

En mis años escolares, allá por los comienzos del ochenta, contraje una afección milenaria y difícil de tratar. Se la conoce comúnmente como “alergia a los amanerados”. El síntoma por excelencia es el que te hace gritarle MARICÓN al compañerito de voz aflautada en el recreo.

Como buen enfermo crónico, aprendí a convivir con esos estornudos sin reflexionar. Los exabruptos salían en piloto automático.

Hoy, ya un poco más grandecito, sé que aquellos viejos colegios de varones (colegios homosexuales, bah) funcionaban con la mecánica selvática de las prisiones estatales: recintos testosterónicos en los que sobrevivían a duras penas los diferentes (el gordo, el petizo o el puto, por ejemplo), martirizados por el matón que se afeitaba los bigotes desde tercer grado.

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