Peinate que viene gente


Por la mitad

IMAGENEsta parte del año me encuentra siempre con la mesa de luz sucumbiendo bajo el peso de libros por la mitad.
Tengo en la cabeza seis o siete números de página memorizados: La Sombra del Agua, de Fernando López; La Historia de Lisey, de Stephen King; Nieve, de Orhan Pamuk; Doña Flor y sus dos Maridos, de Jorge Amado; Cuentos que me apasionaron 2, seleccionados por Ernesto Sábato; Pandora en el Congo y La Piel Fría, de Albert Sánchez Piñol (los estoy releyendo).
Daría una bolsa de monedas de chocolate por una revista Gente para entrar al baño a cagar sin tantas letras.
O una Caras.
Se hojean rápido, se descartan, no molestan, a veces traen un culo, y la mayoría, un montón de titulares muy graciosos, cuando no vienen con notas que de tan bizarras dan ganas de comentarlo.
Cuando decido atravesar la puerta de la habitación de azulejos acompañado de un libro, sé que al salir correré el grave riesgo de caer, porque las piernas se me inutilizan. Luego de unos, digamos, diez minutos ahí sentado, y habiendo pasado algunas páginas, el trámite inicial pierde todo sentido y lo único que importa es seguir devorando las hojas, buscando lo que yo llamo “estructura memorizable”, que viene siendo una parte del texto que se pueda identificar con facilidad para retomar la lectura. Y demoro, porque el inconciente me dicta que debo seguir, que ya vendrá una parte mejor para tirar el ancla. Mientras tanto, las piernas se me duermen y se me solidifican, convirtiéndose en bloques de cemento erizados. Al pasar al bidet, cuando por fin libero los muslos del peso del resto del cuerpo, un estallido de sangre me recorre con vigor hasta los zapatos. Entonces debo apurarme, salir de ahí cuanto antes y buscar una silla o un banco, algún lugar donde echarme hasta que las venas se desdoblen, se flexibilicen, vuelvan a enderezarse. De lo contrario, como me ocurre a menudo, mis extremidades se acalambran dolorosamente y cada paso es imposible, cada vez que el pie toca el suelo un golpe eléctrico me recorre masticando mis pantorrillas hasta estacionarse en mi cintura.
Duele. Leer en el baño duele. leer lo que falta de: Por la mitad…



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