Filosofía en el mercado

Ensayo- "Los dinosaurios se extinguieron porque no sentían amor"

0
92

El amor, ese sustantivo abstracto del que tantos autores hablaron a lo largo del tiempo. Ese sentimiento o estado psíquico emocional que hace despertar pasiones, traspasar fronteras y movilizar corazones. El amor se encuentra en la existencia de cada ser humano. Se podría decir que es algo inexorable en la humanidad. Él está presente en la vida cotidiana, religiosa, matrimonial, material y sexual, si se quiere, también.                                       

Desde que hombre es hombre y tiene razón, a nuestros días, intentó comprender y racionalizar este sustantivo tan incorpóreo. Desde filósofos hasta economistas intentaron darle sentido y lugar al amor y sus derivados. Frederich Engels(1884), realiza una crítica radical de la familia desde los griegos hasta la burguesía y condena a esta “institución” por subyugar a las mujeres y conservar la propiedad privada mediante las leyes de la herencia. Según el filósofo alemán, el matrimonio burgués, caracterizado por la monogamia y el «afecto», no es más que una apariencia hipócrita, condicionada por la pertenencia de clase más que por los sentimientos, y cuya causa en última instancia no es el amor sino la conveniencia.

El `verdadero´ amor romántico, por lo tanto, sólo podría surgir en la clase obrera, pues ésta no tiene ninguna riqueza material que ganar o perder. Como afirman Marx y Engels (1848), la familia y el amor quedarían libres de sus lazos de dominación e interés sólo en una sociedad comunista, puesto que allí la propiedad privada y las ganancias económicas no serían motivo para formar una pareja. Resulta evidente que, como condición previa para las relaciones humanas auténticas y genuinas, la utopía política de estos dos autores supone la existencia de una separación total entre los sentimientos y la mercancía, el amor y los intereses económicos. Y de hecho un dato que lo confirma es que uno de los primeros países en legalizar el aborto libre y gratuito fuese en la Unión Soviética comunista, en 1920.

El capitalismo afectó ampliamente la historia del mundo con la invención del asalariado: al dotarlo de cierta autonomía económica y material, el hombre dejó sus comunidades de origen, el peso de la tradición de la religión y la imposición de los casamientos arreglados.Por lo que obtuvo la libertad de casarse con quien quisiese. Es decir, el advenimientos del capitalismo es el momento de la invención del “matrimonio por amor”.

 El amor romántico se ha convertido en un elemento íntimo e indispensable del ideal democrático de la opulencia que acompañó el surgimiento de los mercados masivos, con lo cual ofrece una utopía colectiva que trasciende y atraviesa todas las divisiones sociales. Sin embargo, en paralelo con ese proceso, también ha patrocinado, por así decirlo, los mecanismos de dominación económica y simbólica que se encuentran en funcionamiento en la estructura social

El capitalismo nos impone un molde en el cual debemos encajar, o al menos aparentarlo, si pretendemos funcionar dentro de la sociedad. El amor no ha logrado escapar a esta máquina que avanza constantemente y nos impone una receta, una fórmula que nos homogeneíza a todos.

¿Por qué prevalece más la imagen de una pareja caminando de la mano por

la playa que la de un hombre y una mujer mirando televisión tranquilos?

¿Hasta qué punto nuestros momentos románticos están determinados por la representación del amor en el cine y en la televisión? ¿En qué medida un paseo bajo la luz de la luna es un momento de romance perfecto o simplemente una simulación de lo ideal visto una y otra vez en las pantallas? 

La sociedad en la que nos encontramos inscriptos, los círculos que frecuentamos nos moldea aunque no lo notemos. Los marcos culturales nombran y definen las emociones, señalan los límites de su intensidad, especifican las normas y los valores asignados a ellas, y ofrecen símbolos y escenarios culturales para que adquieran un carácter de comunicatividad social. La tradición cultural de cada uno, sea cristiana, romántica, científica u otra, nos hará interpretar por ejemplo la excitación sexual de diversas maneras: como “un encuentro de dos almas destinadas a estar juntas”, “un amor a primera vista”, “un enamoramiento”, “un momento de lujuria” (ya sea un pecado o un fastidio placentero), o un simple “desequilibrio hormonal”. Del mismo modo, la sensación fisiológica asociada con los celos puede entenderse como un signo de pasión romántica, una manifestación de inseguridad o un intento de control.                                          

Intentar romper estas estructuras impuestas por la industria cultural y permitir la formación aleatoria de parejas implicaría un cambio radical en la estructura social vigente. Aunque dicha transformación radical no se haya concretado

En el nivel de la representación simbólica el amor romántico articula un modelo utópico y un anhelo de soberanía del individuo por sobre los intereses del grupo, y a menudo en contra de ellos. Mucho antes de que surgiera el individualismo posesivo del capitalismo comercial e industrial, el amor romántico rendía homenaje al individualismo moral, un valor de importancia suprema para dicho capitalismo.

Entonces si se trasciende el mercado ¿Se podría llegar al amor universal?

“Aquel impulso amoroso que instituyó la familia sigue ejerciendo influencia en la cultura, tanto en su forma primitiva, sin renuncia a la satisfacción sexual directa, como bajo su transformación en un cariño coartado en su fin. En ambas variantes perpetúa su función de unir entre sí a un número creciente de seres con intensidad mayor que la lograda por el interés de la comunidad de trabajo. La imprecisión con el que el lenguaje emplea el término amor está, pues, genéticamente justificada. Suele  llamar así a la relación entre el hombre y la mujer que han fundado una familia sobre la base de sus necesidades genitales; pero también denomina amor a los sentimientos positivos entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas, a pesar de que estos vínculos deben ser considerados como amor de fin inhibido, como cariño. Sucede simplemente que el amor coartado en su fin fiel en su origen un amor plenamente sexual, y sigue siéndolo en el inconsciente humano. Ambas tendencias amorosas, la sensual y la de fin inhibido, trascienden los límites de la familia y establecen nuevos vínculos con seres hasta ahora extraños”. (Freud 1929)

Los socios comerciales son intercambiables dentro del mercado y las relaciones varían con las circunstancias económicas, mientras que en el marco del amor romántico, la persona que amamos y con la cual nos sentimos unidos es única e irremplazable. 

El amor romántico no es racional sino irracional, no es lucrativo sino gratuito, no es utilitario sino orgánico, y no es público sino privado. En síntesis, el amor romántico parece evadir las categorías tradicionales según las cuales se conciben el capitalismo. Tanto en el ámbito académico como en la cultura popular y en la esfera del “sentido común”, el amor romántico se eleva por encima del intercambio comercial e incluso mas allá del orden social en general

Este es del ideal que nos muestran en los medios, en la escuela, en donde sea que estemos, hasta que la muerte nos separe. El amor se convierte en el refugio para la autenticidad y la calidez que nos ah robado esta época cada vez mas tecnocrática y legalista. Una resistencia contra lo efímero.  

Por Stefexa