Más allá de la foto

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Este 5 de noviembre se festejó la vigésima Marcha del Orgullo Gay bajo el reclamo de “Ley de identidad de género YA” y el “reconocimiento de nuestras hijas e hijos”.

La cita se programa para las 3 de la tarde, un hermoso sábado soleado. Desde esa hora se inicia la pre-marcha en un escenario montado en Plaza de Mayo que irradia música y política alternadamente. A su alrededor se instala una pequeña feria que vende todo lo que uno se pueda imaginar y más, con los 6 colores de la bandera gay. Se venden pines, cinturones, collares, pulseras y hasta mates que pretenden hacer al mismo tiempo de adorno y representación de una identidad. Entre los puestos también se instalan organizaciones que proclaman y buscan adeptos a distintas leyes, movimientos y demás propuestas alternativas, como la idea de un nuevo colegio orientado a la no discriminación sexual. Organizaciones anti iglesia y al mismo tiempo religiones satélites en las cuales ser gay no es un problema. La Juventud Peronista y los Putos Peronistas. Oficialistas, y no oficialistas. Todo esto se concentra en la histórica plaza que hoy se pinta de 6 colores. Pero la Marcha del Orgullo Gay no es sólo una marcha. No es una manifestación de puro reclamo político, es también una fiesta, es un espacio donde mucha gente distinta se siente unida, identificada por algo en común. Hay un clima de unión y respeto, que se conjuga con un reclamo social por más igualdad. 

Desde las 3 de la tarde hasta las 6, la plaza se va llenando de gente. Cada año se suman miles, tanto de la comunidad LGTB (Lesbianas, Gays, Trans y Bisexuales) como no. Están aquellos que deciden mostrar un poco más de su cuerpo para atraer las miradas de todos, tanto por la escasez de ropa como por la alta producción de un disfraz. Encuadre preferido de las cámaras, a los que los medios les que encanta mostrar. Lo curioso a destacar es que no hay casi vigilancia policial. Se vislumbran sólo un par de policías en los comienzos de cortes de calle y eso es todo. 

A las 6 comienza la marcha. Miles de camiones tuneados se convierten en boliches donde cualquiera, si quiere, puede subir y bailar un poco para todos. Cada camión representa tanto organizaciones de derechos humanos, como boliches conocidos, partidos políticos o  simplemente un espacio que alegra otros espacios. El resto vamos al lado de estos camiones; caminando, bailando, saltando, retrocediendo, adelantándonos, todo es causa de celebración. La marcha en sí dura horas. A las 6 se parte, pero todavía son 20.30 y en Plaza de Mayo siguen saliendo camiones-boliche. 

La marcha comienza en Av. de Mayo, desde la plaza, para recorrer toda la avenida hasta llegar al Congreso de la Nación. Vale rescatar que pasar marchando ese sábado y llegar a 9 de julio es como un alivio, un ensanche, una posibilidad de expansión, el cielo abierto parece reflejar la recompensa de una lucha por la igualdad que no termina. Nos recuerda que sólo estamos a mitad de camino; después de ese alivio se sigue marchando y festejando hasta llegar al Congreso donde ya hay un escenario montado y hay música por doquier. Música del escenario y de los tantos camiones-boliche, cada uno es libre de elegir la música que le guste y bailar. Hay murga también. Todo convive y convive en paz. Luego comienza el discurso político, los pedidos por la identidad de género, los testimonios de las chicas trans y travestis, y la cosa se pone seria. Algún famoso, como el de gran hermano sube a decir unas palabras también. Los que quieren, escuchan; se apabulla lo que no gusta y se festejan lo que sí. En el escenario van pasando distintos discursos.

Después sigue la fiesta, empiezan a tocar bandas, y se reinstalan puestos de ventas, que ya a esta altura venden más comida y bebida que otra cosa. La noche se cierra con la aparición siempre fiel de Leo García para montar un show que todos disfrutamos, en el cual todos nos sentimos identificados y unidos bajo la canción que dice “yo soy lo que soy”.

Porque la Marcha del Orgullo Gay es eso, es el festejo de poder decir acá estamos. 

Por Natalia Paola Arena

@neclus